jueves, 4 de mayo de 2017

Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta - Episodio 6.


Como muchas urbes eslavas, Misselburgo era una ciudad cuyo casco histórico era una trasposición del retorcimiento arquitectónico de la arquitectura medieval, al siglo XXI. Y uno de estos edificios era el antiguo palacio de los Duques de Misseldavia, reconvertido en Palacio de Gobierno. En cuyo interior estaba Caslav Marinovic, Presidente de Misseldavia, entrevistándose con Goran Gerceg, su Ministro de Relaciones Exteriores. Muy brevemente, Goran le había expuesto al Presidente Marinovic la situación: Annabelle, la principal responsable del programa de construcción misseliana a nivel mundial, había muerto en un confuso incidente en Santiago de Chile. Irina, la única superviviente, viajaba de regreso a Misseldavia para informar en persona. El asunto involucraba explosiones, y la ejecución de Leandro, el principal administrador de Ibis Blanco.

– Sabes que esto nos expone a un incidente internacional, ¿verdad? Ya tenemos bastante con los rusos amenazando nuestras fronteras, para que además… – dijo el Presidente Marinovic.

– Por supuesto – dijo Goran. – Por eso preferí consultarlo de inmediato.

– Gerssel, hay un problema adicional con todo esto – dijo el Presidente Marinovic, usando el verdadero nombre misseliano de Goran. – Sin perjuicio de que me darás el informe definitivo cuando Irina llegue a Misseldavia… sabemos que Annabelle y tú tenían una relación… más que profesional. Y eso puede significar problemas. Sabes que es muy mal visto que los misselianos nos mezclemos con los humanos. Hemos venido a la Tierra desde nuestro planeta Missel para controlar a los humanos, y para preparar nuestra última línea de defensa en contra de la Progenie de Imagocoyotl, no para perder el tiempo en tonteras sentimentales, ni menos en hacer el payaso con los humanos.

– Entiendo, señor. Tendrá mi renuncia en el escritorio en pocos minutos, señor – dijo Gerssel.

– Bueno, es de buen decoro que te la acepte, Gerssel – dijo el Presidente Marinovic, en tono un tanto paternal. – Pero no dejemos que un error corte tu carrera. Eres uno de mis mejores hombres, Gerssel. Creo que puedo encontrar a dos o tres ineptos que puedan ocupar el cargo, lo suficientemente imbéciles como para que necesiten a alguien con experiencia trabajando con Arquitectura Oculta que los asesore y dirija todo en las sombras. Alguien como el anterior y ahora renunciado ministro, por ejemplo.

– Entiendo señor. Y gracias – dijo Gerssel.

– Bueno… eso es todo, hasta el reporte de Irina. Y… creo que quizás nos estamos humanizando mucho diciendo esto, pero… siento mucho su pérdida personal.

– Gracias, señor – dijo Gerssel, mientras internamente empezaba a calibrar qué iba a hacer con Corona de Amenofis. ¿Qué había pasado realmente en ese lugar apartado del mundo, por qué Annabelle había viajado especialmente hasta allá, por qué se había desatado todo ese incidente? Gerssel averiguaría la verdad a cualquier costo, y cuando la tuviera… la venganza sería dulce, sería muy dulce. Sus conexiones con Arquitectura Oculta eran buenas, y serían suficientes para desatar el Protocolo de Erradicación Humana sobre Santiago de Chile, ello si fuera preciso.

Este episodio se titula: “Bienvenidos a Corona de Amenofis”.

Una vez más, Llacolén se negó a tocar su almuerzo. Después de todo lo acontecido la noche anterior, lo único que quería era descansar. A su alrededor, la gente del restaurante se le antojaba increíblemente indolente. Pero ellos no podían saber nada. En particular, le dolía la muerte de Vicente. Nada decían en las noticias, pero no podía haber sobrevivido. La última vez que lo había visto, estaba en el pozo. Si por algún milagro no se hubiera muerto desangrado por la herida, la explosión de las cargas de dinamita tenía que haber terminado de matarlo. De rescatar su cuerpo, iban a tener que identificarlo con pruebas de ADN, porque a saber siquiera si hubieran quedado dientes para los registros odontológicos.

– Te has puesto a dieta, parece. Otra vez no estás comiendo – dijo Javier, bromeando. De todas maneras, se lo veía con el rostro cansado. En la mañana, había despertado con las noticias. Alguien había irrumpido en Corona de Amenofis, se había enfrascado en tiroteos, y había detonado cargas de dinamita. Y el lío entero de la investigación criminal, iba a caer sobre los hombros de Javier, como abogado de la constructora Ibis Blanco. Javier comentó: – Los tres guardias de la caseta, muertos, más otros cuerpos más que pillaron, y a saber qué más descubren. Ahora sí que las obras van a estar paradas varios meses.

Javier suspiró. Llacolén se dedicó a jugar con la comida. Hace casi un par de horas que se había encontrado con Yasna, pero después de que ella le dijera que venía del futuro, Llacolén se había parado y marchado sin oir nada más. Ella era una ingeniera, por el amor de Dios, no iban a engañarla con algo tan estúpido como eso. ¿Por qué clase de tonta la tomaban, por una lectora de cómics o algo así…?

– Además se cargaron al viejo, a Leandro. En su casa. Y a uno de sus hijos – dijo Javier. – Nada tiene sentido, todo esto es un desastre de mierda.

– ¿También lo mataron? – preguntó Llacolén. Javier asintió. Llacolén pensó un instante, y dijo: – Javier… tengo que decirte algo. Yo estuve ahí, anoche. En Corona de Amenofis.

Javier miró a Llacolén, impertérrito por un instante, y luego soltó una amena carcajada. Pero luego, al ver el rostro mortalmente serio de Llacolén, se quedó quieto. Javier jugueteó de manera algo infantil con el tenedor y la comida, y luego preguntó, con el tono de quien no quiere encontrar una verdad. Llacolén respiró hondo mientras pensaba las palabras, y luego dijo:

– Yo no quería que destruyeran las ruinas. Así es que… pensé en denunciarlas, de manera anónima. Para eso, le pedí ayuda a un trabajador. A un tal Vicente.

– ¿Ese Vicente… puede hablar?

– Está muerto. Es uno de los cuerpos que van a descubrir allá – dijo Llacolén, y no pudo evitar que sus ojos se humedecieran. Luego, luchando por que no se le quebrara la voz, añadió: – Está muerto porque yo lo embarqué en toda esta mierda.

– ¿Alguien los vio juntos a ustedes dos? – preguntó Javier. Su rostro ahora era pétreo.

– Creo que no… Bueno… Sólo la camioneta, cuando lo pasé a buscar. No sé si él le dijo a alguien.

Ahora, el rostro de Javier estaba enrojeciendo.

– Lo pasaste a buscar. A su barrio… su barrio… proletario. Así, tal cual. ¡Con razón, el idiota se subió! ¿Que dijo? Ah, esta minita que está por encima mío, que es ingeniera, me viene a buscar… Seguro la tengo loquita, me la voy a agarrar, ¿cierto? Eso dijo el maricón, ¿cierto?

– ¡Vicente no era así!

– ¡Claro que no! Eres una suelta. Eres… una… Sí, eres una ingeniera, pero al final, por debajo de que eres una ingeniera, eres una india de mierda. ¿Sabes una cosa, Llacolén? Si tienes cualquier problema y lío judicial en todo esto, te voy a defender. No te preocupes por eso, te voy a defender, y mejor todavía, te va a salir gratis. Pero va a ser porque soy el abogado de Ibis Blanco, y ese es mi trabajo. Pero además de eso, ya demostraste que soy mucho hombre para ti. Yo creía que no, que eras una gran mujer porque conseguiste titularte de ingeniera a pesar de ser una mapuche, y no. Así es que, aparte de eso… te vas… a… la mierda. Y ahí te quedas. Eso me pasa por no escuchar a mi madre. Ella me dijo… me dijo como eras. Y no la escuché, no le hice caso. Y… me tengo merecido lo que me pasa. Y… y… Eh… ¡Espera un minuto, para dónde vas! ¡Vuelve acá! ¡¡¡VUELVE ACÁ, TE DIGO, MIERDA!!! ¡¡¡VUELVE…!!! Pero qué… india… de mierda esta hueona…

OxxxOxOOOxOxxxO

Llareta se sentó en la Plaza de Cuzco, si se le puede llamar sentarse al dejarse caer como un costal de patatas en un banco de madera. Una vez en su asiento, miró a su alrededor, a los viejos edificios a su alrededor, algunos de los cuales databan de la época del dominio español. Suspiró. Tomó su bolso, lo abrió, y de su interior sacó la copia de su tesis. De manera mecánica, la abrió y empezó a leerla. Se conocía las palabras de memoria, por supuesto, pero quería leerlas una vez más, quería cerciorarse de que estaba en lo correcto, que sus ideas no eran una estupidez, que…

Alpaco Cuernavaca, su viejo profesor de Historia Occidental, al fin había tenido su venganza. Llareta sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas. El viejo la había tratado de manera grosera, había intentado seducirla, la había amenazado, y como nada de ello había resultado, se las había arreglado para ridiculizar su tesis hasta reducirla a la nada. Toda la Universidad de Coricancha se había reído de ella y de la defensa de su tesis. Por supuesto, era evidente que su tesis no era tan mala, pero el resto de los alumnos prefería estar del lado de los santos, ¿no? ¿O acaso alguien más quería exponerse a que el viejo Alpaco Cuernavaca lo reprobara, y además lo humillara de manera tan sonada y pública?

Llareta siempre había tratado de ir por la vida con actitud optimista y semblante sonriente. La vida puede ser mala, puede ser dura, puede ser cruel. Pero si te dejas derrotar, entonces estás acabada: la vida gana. Y sin embargo, parecía que mientras más lo intentaba, más gente le cobraba animosidad y la odiaba. ¿Por qué? ¿Por qué la gente era así? ¿Por qué no eran felices y dejaban ser felices a los demás? ¿Por qué ese empeño en arruinarse a sí mismos la vida, y además, arruinársela a los demás, en particular a los demás que sólo querían vivir tranquilos y en paz con el prójimo?

No pudo contener las lágrimas, aunque estaba en un lugar público. Hizo un esfuerzo para controlarse, y, de alguna manera, lo consiguió.

– No van a doblegarme. Jamás van a doblegarme – se prometió a sí misma Llareta. – Yo soy Llareta, del aillu de Licancabur, orgullosa hija de mi padre el curaca Cóndor Roca, y jamás van a doblegarme.

Llareta volvió, otra vez, a mirar su tesis. Se trataba de una idea provocativa e interesante. La tesis partía de una posición que algunos podían juzgar como herética. La tesis trataba acerca del Padre Genaro, el fundador del Genarismo, pero planteaba una idea inquietante: ¿había sido acaso doña Eduvigis, la madre del Padre Genaro, una misseliana?

Llareta había sido cauta al redactar la tesis. Afirmar que doña Eduvigis era misseliana significaba también que el Padre Genaro era a lo menos mitad alienígena. En general, los sumos sacerdotes del Genarismo mantenían una actitud tolerante respecto de estos temas, quizás porque el Genarismo era todavía una religión joven, y no se había fosilizado todavía en un montón de dogmas espúreos y sin sentido. Pero por supuesto, aunque había numerosas ramas y congregaciones distintas dentro del Genarismo, todas ellas podían cerrar filas contra alguien demasiado audaz en sus planteamientos.

Llareta había puesto el máximo cuidado en investigar las relaciones entre doña Eduvigis y los misselianos. No podía probar que ella fuera una misseliana, pero sí había conseguido aportar datos significativos, a partir de registros rescatados en fecha reciente de las ruinas de una oficina local de la ARCECh en Antofagasta, que doña Eduvigis sí había trabajado para los misselianos.

– Hola – dijo la voz de un joven.

– Hola – dijo Llareta, levantando la cabeza. ¿Quién era el muchacho? Parecía en sus veintes, pero más allá, tenía un aire diferente. El grueso de la población del Cuzco tenía rasgos indígenas, debido a que las guerras de instalación de Andinia habían acabado con el grueso de la población caucásica urbana, y la población indígena rural emigrada desde el campo había tomado su lugar. Pero el joven que le hablaba, claramente era una persona caucásica. Latina, pero caucásica.

Y desde luego, el joven no asistía a la carrera de Historia en la Universidad de Coricancha.

– Así es que te hicieron salame allá adentro, en la defensa de tu tesis – dijo el joven.

Cualquier chica se hubiera sentido ofendida con tanta familiaridad. Pero no Llareta. Ella opinaba que reirse de uno mismo siempre era una virtud, de manera que se encogió de hombros, sonriendo con los ojos entrecerrados, en actitud algo soñadora.

– ¿Y si te dijera que todo es verdad? ¿Absolutamente todo?

– Entonces partiría por preguntarte el nombre – dijo Llareta, ahora picada en su curiosidad.

– Leoncio. Me llamo Leoncio. Y sé lo que te digo, porque yo viví en Corona de Amenofis.

– Corona de Amenofis ya no existe – dijo Llareta, siguiendo lo que parecía una broma. – Santiago de Chile ya no existe, y seguirá siendo un cráter radioactivo durante los próximos tres o cuatro mil años.

– Yo viví en Corona de Amenofis, hace unos doscientos años atrás – dijo Leoncio. – Fui uno de los primeros residentes del condominio, viví ahí cuando se inauguró. Y puedo darte una pieza fundamental para tu tesis. Bueno… no puedo darte evidencias. No las tengo conmigo. Pero si sé cómo fueron las cosas. Corona de Amenofis es la pieza que te falta en todo esto.

– ¿Por qué? – preguntó Llareta, empezando a convencerse de que los estudiantes estaban montando una broma pesada para seguir burlándose de ella. Pero decidió seguirle el juego, para ver qué salía de eso.

– Corona de Amenofis fue construido por Ibis Blanco, una empresa que a su vez, era la fachada de una organización de espionaje e infiltración misseliana llamada Arquitectura Oculta. Y doña Eduvigis, la madre del Padre Genaro, vivió en Corona de Amenofis, al mismo tiempo que lo hice yo.

Ahora sí que Llareta se convenció de que todo era una broma de sus compañeros de carrera. Y se rio de buena gana porque los desastres siempre se soportan mejor con un poco de humor.

Por toda respuesta, Leoncio avanzó hacia Llareta, y le susurró algo al oído. Llareta dejó de reirse. Ahora, su rostro estaba completamente congestionado.

– ¡Yo nunca le dije eso a nadie! ¡Cómo sabes… que…! – soltó Llareta, luchando por no indignarse. – ¡Quién te… dijo… que…!

– Me lo dijiste tú misma, Llareta. Un día tú me dijiste: “Vengo del futuro”. Ahora me toca a mí decirte: “Vengo del pasado” – dijo Leoncio, y luego, como Llareta no respondiera nada, siguió hablando: – Puedo contarte muchas cosas de tu vida porque tú me las contaste en el pasado. Yo vengo acá para ayudarte a viajar al siglo XXI, porque tienes que vivir en Corona de Amenofis. Debes viajar allá y aliarte con una chica que es ingeniera, y que se llama Llacolén. Es necesario porque hay un montón de cosas que arreglar, y Corona de Amenofis está en el epicentro de la Historia de la Humanidad. En Corona de Amenofis confluirán muchas cosas de una manera u otra. Klunn y un grupo de cucarachas que vienen de un futuro postapocalíptico, incluso posterior a Andinia. Los misselianos. La ARCECh. La Progenie de Imagocoyotl. Las devi. Los qwindazar. Y unos tipos que no sé quienes son, que se identifican a sí mismos con un símbolo que es un círculo amarillo con bordes rojos, y un triángulo también rojo que mira hacia arriba. Así es que, Llareta, te pregunto… ¿quieres quedarte sentada para solamente escribir sobre Historia? ¿O en cambio prefieres… vivir la Historia?

– Suenas como un cartel de reclutamiento – dijo Llareta. – I WANT YOU IN THE CORONA DE AMENOFIS ARMY. Ya sabes, como en ese cartel de que yo te quiero en el Ejército de Andinia…

– Oye… yo sabía… eso otro de ti. ¿Me darás la oportunidad de ayudarte, si de verdad yo pudiera conseguir que viajes en el tiempo hasta la época del inicio del Genarismo?

– OK. Te ayudaré – dijo Llareta, luego de pensárselo por un instante.

– Gracias, Yasna.

– ¿Yasna?

– Llareta no es un nombre común… de hecho, no es un nombre, a inicios del siglo XXI. Así es que, cuando viajes allá, adoptarás el nombre de Yasna. Así fue como te conocí.

– Yasna… Primitivo, pero… suena bien – dijo Llareta. – ¿Y ahora…? ¿Qué sigue?

– Tu educación. Tengo que enseñarte todo lo que sé acerca de inicios del siglo XXI, para que estés preparada al llegar allá. Y además, tenemos que arreglárnoslas para fabricar una máquina del tiempo. Pero creo que juntos lo conseguiremos, así es que, ahora que estás a punto de aprender la arquitectura oculta de la Historia… déjame ser el primero en decírtelo. Yasna… Bienvenida a Corona de Amenofis.

FIN DE “CORONA DE AMENOFIS: ARQUITECTURA OCULTA”.

1 comentario:

murinus2009 dijo...

Este fue un final estilo...combinacion de: Lost, Volver al Futuro 1 y 2, Terminator 2, 3, 4, 5.

Eso me hace pensar que la serie original tuvo un final estilo Melrose Place,(que no he visto pero algo he escuchado) literal, volando el condominio por los aires y no solo el condominio, sino todo el Estado, Santiago de Chile, donde estaba el susodicho.

Lo notable será ver como arreglar las paradojas temporales creadas en esta historia.
Si se altero la construcción de Corona de Amenofis como llego la historia hasta Andinia que supongo es el nuevo nombre de Chile o alguno de sus Estados.
Como hicieron Leoncio y Yasna-Llareta para viajar en el tiempo de época en época, al final Leoncio dice que "hay que construir una maquina del tiempo" ¿como llego al futuro, con animacion suspendida?.
¿Será que Berthold Kaluza, proporciona "asistencia tecnica" para esta clase de necesidades?.

Va a ser divertido e interesante, ver que pasa si decides continuar con la franquicia de Corona de Amenofis, Guillermo.

A esperar el final de las otras Miniblogseries.

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