domingo, 2 de abril de 2017

La Trilogía de Jared Diamond: De civilizaciones y el medio ambiente.

Recreación artística de la ciudad de Mari, tal como posiblemente fue hacia 3.000 a.C.
Uno de los grandes atrevimientos que existen en materia de historiadores, es ser un generalista. Antaño, hablando del Renacimiento hacia atrás, cuando el conocimiento histórico era más bien limitado, era factible escribir crónicas y anales que abarcaran civilizaciones completas, e incluso Historias Universales, sin que nadie arriscara demasiado la nariz ante lo ambicioso de la empresa. Pero hoy en día, con la cantidad de información disponible, si pusiéramos a competir a un especialista de la Civilización Griega a escribir una historia global de la misma (unos mil años en total), y a otro especialista que lo fuera en la Segunda Guerra Mundial que hiciera lo mismo en su propio campo (unos seis años en total), es muy probable que ganara el segundo. De la Segunda Guerra Mundial lo sabemos casi todo prácticamente día por día, mientras que por otra parte, lo que (no) sabemos de los griegos a veces nos lleva a ignorar décadas e incluso siglos completos de su desarrollo. Y a esto debemos sumarle cómo nuevas herramientas que vienen desde la Economía, la Ecología, la Psicología, etcétera, han contribuido a mejorar en buena medida nuestros datos y enfoques sobre el pasado. En esta abundancia de información, los especialistas en una parcela histórica determinada la tienen mucho más fáciles que los generalistas empeñados en construir colosales retratos de la Historia en su conjunto, o a lo menos, de fenómenos históricos de largo alcance, más allá de unas fechas determinadas, o un imperio también determinado.

Es por eso, entre otras cosas, que la labor del historiador Jared Diamond es tan interesante. Porque Diamond es un generalista en la vena de un Arnold J. Toynbee, o de un Edward Gibbon, aunque adaptado por supuesto al espíritu de lo que es finales del siglo XX y comienzos del XXI. Diamond no ha construido una teoría global de la Historia ni mucho menos, ni tampoco ésa era su ambición; lo más cerca que estuvo de ello fue con Armas, gérmenes y acero, y aún así, se limitó a los temas de las relaciones entre la Historia y la Ecología. Pero tres de sus obras parecieran querer formar una trilogía. No han sido escritas de esa manera, y de hecho se pueden abordar en cualquier orden, pero si se leen en el orden en que fueron escritas, aparece una apasionante teoría acerca de cómo nos relacionamos con el medio ambiente, de cómo tales relaciones influyeron en el devenir de nuestra Historia, y por qué no, de cómo pueden ayudar a configurar nuestro futuro... o el fin de éste. La primera de estas obras es El tercer chimpancé, que lidia con la problemática de qué nos hace humanos, y de cómo el sustrato evolutivo, biológico y ecológico de nuestra evolución nos ha configurado como criaturas históricas. La segunda de estas obras es Armas, gérmenes y acero, que analiza en detalle los factores ecológicos y las adaptaciones sociales al medio ambiente que permiten a algunas civilizaciones tomar la delantera por sobre otras en la carrera tecnológica y social. Y la tercera es Colapso, a través de la cual estudia cómo es que determinadas civilizaciones terminan entrando en conflicto con sus respectivos medios ambientes y de cómo tales catástrofes ecológicas han arrasado con éstas... y de cómo eso mismo podría llegar a pasarnos a nosotros. Yo recomiendo encarecidamente la lectura de las tres, pero como es posible que quieran hacerse una idea acerca de ellas primero, es que le dedicaremos un comentario al asunto acá en la Guillermocracia.

El tercer chimpancé: Somos una monada.

En 1.992, apareció publicado el primer gran libro de Jared Diamond, con el título de The Rise and Fall of the Third Chimpanzee (El ascenso y caída del tercer chimpancé); ignoro si alguna vez fue publicado con dicho título en castellano, pero en cualquier caso, en la reedición de 2.006 el señor Diamond cambió el título por el actual, que es El tercer chimpancé (The Third Chimpanzee). Y ya que estamos en esto, debe valer una aclaración. Diamond llama tercer chimpancé al ser humano, a partir de un estudio cladístico. La Cladística ordena y clasifica las especies por su genealogía evolutiva, en vez de por caracteres comunes como la clasificación tradicional. Así, un grupo cladístico está formado por todos los descendientes de un antepasado común. Por ejemplo, tradicionalmente reptiles, aves y mamíferos son de grupos distintos, pero desde un punto de vista cladístico, las aves forman un grupo único con los reptiles vivos hasta el punto que podría llamárselos reptiles con plumas, y ambos a su vez forman un grupo menos homogéneo con los mamíferos, debido a que los antepasados comunes de reptiles y aves están más próximos entre sí, que entre éstos y los mamíferos. Visto así, resulta que los chimpancés se separaron evolutivamente de los gorilas, nuestros parientes más cercanos, hace unos diez millones de años. Luego, los chimpancés se dividieron en dos ramas hace unos siete millones de años, una de las cuales engendró a los actuales seres humanos, mientras que la otra a su vez se bifurcó hace unos cuatro millones de años, en los chimpancés comunes y los chimpancés pigmeos; o sea, desde este punto de vista, los seres humanos somos una tercera especie de chimpancés, al lado de los chimpancés comunes (Pan troglodytes) y los chimpancés pigmeos (Pan paniscus). Y ustedes creyendo que especies de chimpancés hay una sola, después de ver Lancelot Link.

El libro después sigue una estructura algo episódica, que le resta algo de solidez a la estructura total; de todas maneras, leído parte a parte, es un relato apasionante acerca de cómo muchas conductas y actitudes propias de la cultura humana en general, tienen sus raíces en mecanismos evolutivos anteriores a la civilización. Entre otras cosas, esos capítulos explican las bases biológicas por las cuales existen diferencias entre hombres y mujeres a la hora de seleccionar sus parejas reproductivas... y cómo esas diferencias se trasladan a los usos y costumbres propios de la civilización. Diamond hace esto de una manera muy cauta, sin juzgar ni disparar ni en contra del machismo ni del feminismo: lo explica como una realidad biológica con la que los seres humanos tenemos que lidiar, que debemos tener presente a la hora de elaborar políticas de género, y que no deberíamos arrojar bajo la mesa. Por si se lo preguntan, la idea básica es la siguiente. En términos biológicos, la labor reproductiva del hombre se agota en el acto sexual, mientras que la de la mujer se extiende a través del embarazo y los años de crianza, lo que genera un escenario económico diferente para hombres y mujeres: para la mujer es más rentable en términos biológicos engendrar descendencia con hombres comprometidos y con recursos físicos, económicos o intelectuales, mientras que para los hombres es más rentable engendrar descendencia saltando a lo loco de mujer en mujer sin comprometerse con ninguna. Así expuesto parece un panfleto sexista, pero no lo es: el espacio es poco y por eso no detallo más... y además, la mejor idea es que vayan y agarren el libro por ustedes mismos, que por algo el señor Diamond lo explica mejor que yo.

Luego, el libro incide en responder a algunas cuestiones culturales, desde un punto de vista biológico. Así, explora las características biológicas y antropológicas que convierten al lenguaje humano en una herramienta evolutiva. O se pregunta qué beneficios desde un punto de vista reproductivo puede tener el arte, tanto crearlo siendo un artista, como disfrutarlo siendo un coleccionista. Explica también una curiosa teoría por la cual, nuestra tendencia al alcoholismo y la drogadicción sí tiene un componente evolutivo, y por lo tanto, ser alcohólico o drogadicto, en cantidades moderadas por lo menos, es favorable desde un punto de vista biológico. Y termina con un tema más curioso aún, para un libro de estas características: hace un breve análisis de la llamada Paradoja de Fermi, aunque no menciona ésta por nombre. Llamada así, Paradoja de Fermi, quizás no les suene, pero han oído hablar de ella: es el nombre técnico que recibe la pregunta clásica de por qué, si hay tantas galaxias y estrellas, y existe una buena posibilidad de que surja la vida en ellas, todavía no hemos encontrado una civilización extraterrestre allá afuera. Es un tema que parece lejano a las preocupaciones de un historiador, pero vale la pena leer las reflexiones que Diamond le dedica al asunto.

Jane Goodall y un chimpancé, fotografiados por Hugo van Lawick para National Geographic (1974).
La siguiente parte tiene un poquito menos de interés, porque son cerca de 120 páginas en las cuales diserta sobre el tema que después trató de manera muy ampliada, el largo de un libro entero para ser exactos, en Armas, gérmenes y acero, que ya comentaremos. O tiene un poquito más de interés, si lo quieren ver así, porque funciona como una especie de resumen, boceto o borrador de lo que después va a ser Armas, gérmenes y acero. En definitiva, responde a la cuestión que acá en la Guillermocracia tratábamos a la pasada, en el posteo ¿1.492: Los amerindios a la conquista de Europa?, y que se relaciona con el problema de por qué fueron los españoles quienes invadieron a los incas, y no al revés. Y con la última parte del libro, unas cincuenta páginas, ocurre algo similar, ya que explora la posibilidad de un holocausto medioambiental en nuestro mundo contemporáneo, a través de la ocurrencia de eventos tales en el pasado de la Humanidad; dicho tema, lo expandió después en su libro Colapso. Ya lo decía; aunque estos tres libros no fueron escritos como una trilogía, y de hecho se pueden leer por separado, hay una cierta unidad temática entre ellos que hace mucho más provechosa la lectura de los tres, en orden de publicación.

Como decía más arriba, el libro se perjudica un poco de una estructura algo episódica; a ratos parece más un cajón de sastre en donde ir metiendo temas curiosos y pintorescos, que un relato organizado acerca del sustrato biológico de la experiencia humana. El tema tampoco es novedoso, y los más veteranos entre mis lectores, es posible que recuerden el clásico El hombre desnudo de Desmond Morris de 1.970, texto respecto del cual El tercer chimpancé parece en muchos respectos algo a medio camino entre una actualización, y un sucesor espiritual. Pero para cualquier lector interesado en entender la experiencia humana, este libro arroja bastante luz sobre las conexiones entre nuestra muy civilizada y apolínea fachada de gentes sobrias y racionales por un lado, y las dionisíacas animaladas que son el pan nuestro de cada día por el otro, aunque no queramos admitirlo. Yo, por lo menos, no bebo un vaso de licor de la misma manera, desde que el señor Diamond me enseñó que hay una ventaja evolutiva en ser un refinado catador de alcohol...

Armas, gérmenes y acero: Para conquistar a los incas primero hay que inventar la civilización.

El segundo libro de esta trilogía informal es Armas, gérmenes y acero, (Guns, Germs and Steel: A short history of everybody for the last 13,000 years), publicado en 1.997. El libro parte de una pregunta en apariencia muy simple: ¿por qué los blancos desarrollaron tanto cargamento y los nativos de Nueva Guinea no? Esa pregunta se la formuló uno de esos nativos al señor Diamond, cuando él estaba trabajando en Nueva Guinea; cargamento llaman a los cachivaches tecnológicos de la civilización moderna, porque obviamente venían en las bodegas de los barcos. Diamond reformula esa pregunta en términos algo más históricos: ¿por qué Francisco Pizarro capturó y ejecutó a Atahualpa en nombre de Carlos V, y no fue un general de Atahualpa el que cruzó el Océano Atlántico y capturó y ejecutó a Carlos V de España? Es una pregunta que no siempre se plantea porque la respuesta parece absurdamente simple: porque los españoles estaban más adelantados que los incas, por supuesto, así como en la actualidad, los occidentales están más adelantados que los papúes y por eso tienen más cargamento. Por supuesto que ésa es la respuesta, pero eso lleva a la pregunta verdadera: ¿por qué los occidentales se pusieron a la cabeza del mundo, y no los incas o los papúes? ¿O los musulmanes o los chinos, ya puestos? Ni qué decir, el título del libro cuenta como un spoiler de la respuesta: se llama Armas, gérmenes y acero, ya lo dijimos. Por cierto: parece un poco redundante mencionar las armas y el acero en el título, porque se infiere que el acero venía en las armas de los conquistadores, pero en el título original tiene más sentido. En inglés, guns se refiere a las armas de fuego, y steel alude a las armas blancas, por supuesto, ya que al comenzar el moderno imperialismo occidental, en el siglo XVI, la Revolución Industrial y las acereras todavía pertenecían al futuro.

Lo que Diamond propone, es una respuesta de múltiples causales. Para Diamond, el predominio de Occidente, y más en general del mundo eurasiático, se debe a una combinación de factores que lo mismo podrían haberse producido de la manera en que se produjeron, o de otra. Pero por simplificar un poco, o un mucho, mejor dicho, podríamos decir que la secuencia lógica es más o menos la siguiente: ciertas características de geografía física y biológica ayudaron a determinadas civilizaciones, las eurasiáticas, a producir más y mejores alimentos. Esas levísimas diferencias en la línea de salida, acumuladas durante unos cuantos miles de años, creó en el mundo eurasiático la densidad poblacional, la acumulación necesaria de recursos, y la masa crítica de científicos necesaria para lanzar la civilización. Obviamente, disparar la carrera por la civilización de manera autóctona unos cuantos cientos o miles de años antes de que otras civilizaciones autóctonas hagan lo mismo, cuenta como una ventaja de salida. Y el efecto acumulado de todo esto, habría llevado a que Occidente acabara por ponerse a la cabeza del mundo.

Un punto clave, es la estructura misma de la geografía mundial. Todos nosotros hemos aprendido en el colegio, el famoso mantra de los continentes: Europa, Asia, Africa, América, Oceanía, y si a tanto alcanza el cariño, la Antártica. Pero Diamond observa que en realidad, desde un punto de vista de la distribución, lo que existe es una única y gigantesca masa continental eurasiática, con Africa pegada tras los insalubres climas del desierto del Sahara y la jungla tropical, y luego algunos territorios dispersos aquí y allá: América, Australia, la inhabitable Antártica, y otros territorios mucho menores que por lo mismo apenas califican para islas. Cada región de la Tierra en donde se desarrolló la agricultura y la ganadería, creció en torno a un núcleo duro de cultivos y animales domesticados... pero luego, en Eurasia fue posible intercambiar cultivos y animales domésticos en mayor escala que en otros continentes, simplemente porque Eurasia era más grande. Y se pone mejor: en Eurasia las tierras cultivables se alinean de este a oeste, y por lo tanto, al estar más o menos en la misma latitud y por lo tanto bajo climas relativamente similares, los cultivos se propagan con mayor facilidad que de norte a sur o a la inversa. Es por esto que fue más fácil llevar cultivos entre China, la India, el Medio Oriente, el Sahel y Europa, por ejemplo, que entre Mesoamérica y el territorio andino, o a la inversa. De hecho, hasta donde sabemos, no hubo traspaso de especies domesticadas entre Mesoamérica y el mundo andino sino hasta que ambos mundos fueron puestos en contacto bajo las espuelas de los conquistadores españoles.

La fundación de la ciudad de Lima, cuadro por autor desconocido.
Esto quiere decir que las civilizaciones eurasiáticas dispusieron de una mayor cantidad de granos a partir de los cuales obtener dietas más nutritivas. También dispusieron de animales como los caballos, mientras que el caballo americano fue extinguido antes de que a alguien se le ocurriera intentar domesticarlos. Y el asunto llega incluso a nivel de guerra biológica: más especies de animales domésticos significa mayor contacto con microorganismos ocultos en estos animales, y por lo tanto mayor inmunidad. A la larga, esto significa que cuando los eurasiáticos entraron en contacto con otras civilizaciones, fueron las otras civilizaciones las que fueron exterminadas por epidemias y plagas contra las cuales los eurasiáticos tenían defensas, mientras que los eurasiáticos tenían sistemas inmunológicos mucho mejor preparados para combatir las enfermedades llegadas desde afuera. Al último, el efecto acumulativo de todo esto llevó a que las civilizaciones eurasiáticas se vieran presionadas a crear los Estados para gobernar a más gente, la escritura para administrarla, las armas para obtener ventajas competitivas en las guerras, todo eso antes que otras civilizaciones en otras regiones del mundo. Esto significa que, en definitiva, cuando ocurrieron los choques de civilizaciones, como por ejemplo la gigantesca colisión en serie que aconteció a través del Atlántico a través de 1.492, los eurasiáticos estaban en mucho mejor pie para contender con civilizaciones rivales, que estas civilizaciones rivales para lidiar con los eurasiáticos.

Eso sí, Diamond insiste en que no es un determinista ecológico ni mucho menos. Diamond habla de tendencias generales o universales. Entrando a nivel de detalle, comienzan a operar otra clase de fenómenos históricos o sociológicos. Por ejemplo, ¿por qué China, si iba a la cabeza del progreso científico en la Edad Media, colapsó hasta un punto tal, que a inicios del siglo XX los bárbaros de la otra punta de Eurasia se la estaban fileteando en trozos? Tanto China como Europa son civilizaciones eurasiáticas, y por lo tanto, según esta teoría, forman parte del mismo barco. Sí, señala Diamond, pero aquí es en donde entran factores tales como la organización política, el grado de autoritarismo, los beneficios de un sistema de escritura por sobre otros sistemas de escritura, etcétera. Es posible conjeturar, por ejemplo, que si las expediciones chinas enviadas por Yong Le en el siglo XV hubieran seguido en el tiempo, quizás hubieran sido los chinos quienes hubieran visitado Portugal en 1.498, y no Vasco de Gama quien hubiera llegado a la India en tales fechas. Pero eso no sucedió por cuestiones de política interna en China, que van más allá de un tema meramente ecológico.

Colapso: El juego de la gallina que llamamos el mundo.

Colapso (Collapse: How Societies Choose to Fail or Succeed), publicado por primera vez en 2.005, es un poco el reverso del anterior. En Armas, gérmenes y acero se examinaban las cuestiones acerca de cómo las civilizaciones acumulan recursos de acuerdo a su entorno geográfico y ecológico; aquí se trata de cómo las mismas se deterioran de acuerdo a tales entornos... y la gestión de recursos que hagan las civilizaciones en cuestión. El libro parte con una especie de monografía de cerca de cien páginas, casi un libro dentro del libro, describiendo la situación ambiental de Montana en Estados Unidos. Diamond lo hace desde un punto de vista bastante particular: el de los distintos intereses cruzados por el tema, incluyendo a los habitantes viejos del lugar, los nuevos residentes que van a Montana como a una zona de descanso, las empresas mineras, las forestales, los pescadores en los ríos, etcétera. A través de este análisis pormenorizado, Diamond deja caer una verdad que por bestia, no siempre se entiende bien: los problemas ambientales son complejos porque su resolución implica transacciones muy complicadas en donde todos quieren que los demás cedan, sin querer ellos ceder. Diamond argumenta que los problemas ambientales de otros tiempos y lugares muy probablemente se parezcan a Montana: muchas civilizaciones han terminado mordiendo el polvo frente a los colapsos ambientales, no porque fueran brutos salvajes que tuvieron la desgracia de no nacer occidentales, o fueran tontos, o supervillanos dispuestos a cargarse el mundo entero con ellos mismos, sino gentes interesadas en mantener sus propias sociedades aunque sea porque en ello se les iba el poder e incluso la subsistencia, pero que también están sometidos a tensiones sociales e incluso a la pura y crasa ignorancia acerca de cómo funciona el mundo, leyes naturales incluidas.

A continuación, Diamond hace un repaso de varios colapsos ecológicos en el mundo. Parte con Isla de Pascua, lo que le ofrece un excelente modelo de trabajo porque hablamos de la civilización más aislada en toda la Historia Universal, y por lo tanto, es posible descartar toda influencia foránea porque la crisis que vivieron los pascuenses y que llevó a la extinción de su civilización, fue por completo autóctona, fueran los pascuenses responsables de ella o no. Como complemento añade el colapso de Pitcairn, Henderson y Mandareva, en la Polinesia, antes de dedicarles sendos capítulos a los anasazi, y a los mayas. Luego de lo cual dedica tres episodios completos a describir el colapso y de hecho la desaparición por completo de las colonias vikingas de Groenlandia, colapsadas hasta un punto tal que estos fieros guerreros nórdicos acabaron siendo exterminados por... los esquimales. Sí, señores: vikingos contra esquimales, y ganan los esquimales. He ahí una estupenda oportunidad perdida, guionistas de Deadliest Warrior...

Lo que viene a continuación, es más crítico. Diamond aparta la mirada desde las sociedades del pasado, y las dirige hacia las del presente. Su análisis de las causas demográficas subyacentes al genocidio en Ruanda es demoledor. Luego viene un muy instructivo capítulo en donde se pregunta, y se responde por supuesto, por qué a pesar de compartir una misma isla, la República Dominicana es un país que vive en una cierta prosperidad dentro de las limitaciones propias de un país en vías de desarrollo, mientras que su vecina Haití se ha transformado en lo que esencialmente es un agujero infernal sobre la faz de la Tierra. Y luego, para que no le critiquen centrarse en el Tercer Mundo, le dedica sendos capítulos al progresivo colapso ecológico de China, así como a la incómoda situación vivida por los australianos en una Australia quizás demasiado frágil para sostener con seguridad a una población acostumbrada a vivir según el estándar de la civilización occidental.

Ruinas mayas de Palenque, fotografía por Jan Harenberg.
Diamond concluye que no hay una razón única por la cual, tales o cuales civilizaciones sufran un colapso ecológico. Hay varias posibles razones, y según las circunstancias, pueden presentarse unas u otras, por lo general actuando varias de ellas en conjunto. En algún caso, se trata de una incapacidad para prever los resultados de determinadas acciones. A veces, simplemente no existe el conocimiento científico necesario para determinar que una acción en particular va a rematar en un daño ecológico irremediable. En otros casos, el peso de las tradiciones y la inercia de las instituciones desempeña un rol fundamental en impedir que se tomen las medidas necesarias para contrarrestar la degradación ecológica. En algunos casos, dichas decisiones son simplemente imposibles, porque se trata de una versión del juego de la gallina: van dos automóviles al precipicio, y gana el que llega más cerca del mismo sin acoquinarse, pero los dos pierden (el juego, el automóvil y probablemente la vida) si ambos conductores se tiran al precipicio. A veces, ese juego de la gallina se juega entre líderes locales, o reyes, o países, que quieren superar en riqueza y prestigio a los otros por un tema de orgullo nacional, o incluso de supervivencia en un mundo internacional darwiniano con cada superpotencia tratando de clavar las garras en el vecino a la primera muestra de debilidad.

El autor insiste mucho en que su libro no pretende entronizar héroes y defenestrar villanos. Respecto de las empresas que explotan el medio ambiente, por ejemplo, ni las sataniza ni las alaba. Simplemente, explica, ellas operan de acuerdo a incentivos económicos. Determinadas políticas tributarias y jurídicas harán rentable degradar el medio ambiente, y determinadas otras políticas las incentivarán a cultivarlo y respetarlo. Mismos seres humanos, incentivos distintos. También insiste en que el análisis de la supervivencia de las civilizaciones respecto de su entorno es sólo una parte del problema en total, y que no es partidario del determinismo ecológico; una misma situación ecológica puede significar para una civilización salir adelante e incluso fortalecerse, y para otra, sucumbir. Las civilizaciones son sinergias enormes y muy complejas, y establecer una suerte de retrato robot de cómo éstas van a reaccionar en conjunto frente a las crisis ambientales, es una tarea por lo menos, algo complicada. Lo cual hace el reto mucho más difícil, por supuesto.

Después de la Trilogía.

Desde la publicación de estos tres libros, Jared Diamond ha añadido uno más: El mundo hasta ayer (The World Until Yesterday: What Can We Learn from Traditional Societies?), publicado en 2.012. El mismo se trata, según tengo noticias, acerca de las lecciones que podemos aprender nosotros los entusiastas pero a veces un tanto cerriles occidentales, respecto de las civilizaciones que consideramos como primitivas. Como no lo he leído, no puedo comentarlo de momento en mayor profundidad, ni tampoco puedo señalar si podemos considerarlo como el cuarto libro de la trilogía o algo así. También, debemos ser ecuánimes y consignarlo, sus teorías han recibido algunas críticas. Su análisis del cataclismo de Isla de Pascua, por ejemplo, ha sido acusado de etnocentrista, cosa que en lo personal no me parece, pero eso es materia de opiniones; lo cierto es que nuevas investigaciones sobre la materia desde 1.997 han planteado escenarios ligeramente diferentes al desarrollado por Diamond en su libro, aunque la materia sigue tan abierta como en los días en que el libro estaba caliente y fresco en las estanterías. También se ha publicado en inglés un libro llamado Questioning Collapse, en 2.010, que ni he leído ni sé si hay traducción al castellano, pero que según noticias, ha sido escrito como crítica a las teorías de Diamond. Pero aunque las teorías diamondianas no sean perfectas, y no conozco alguna que lo sea, no me cabe la menor duda que el ingente esfuerzo de investigación, racionalización y exposición desempeñado por Diamond en estas tres obras, así como el vastísimo panorama histórico que cubre, le tienen ganado un más que meritorio lugar entre los historiadores modernos. Y no creo exagerado tampoco considerarlo como uno de los grandes historiadores de todos los tiempos, así a secas, aunque todavía es algo prematuro hacer una afirmación valórica de este calibre; al respecto, el tiempo dirá.

Jared Diamond en 2.007.

5 comentarios:

CESAR_55 dijo...

Gracias por la recomendación, Guillermo.
Lo del primer libro me recuerda a algunas reflexiones de Ken Wilber en “Breve historia de todas las cosas" que me dejaron intrigado, porque luego el libro las usaba para unas reflexiones de corte budista neocientífico que casi me tiran por la borda.
Bueno, con este autor tengo más seguro un buen enfoque del tema. Gracias nuevamente, lo buscaré desde ahora.

CESAR_55 dijo...

He vuelto corriendo y con el hipo atorado. Estuve mirando por ahí y al parecer sr considera que la trilogía real consiste en “Armas, gérmenes y acero", “Colapso" y “El mundo hasta ayer", mientras que el tercer simio es considerado un intento previo... En cualquier caso le echaré el ojo a los 4. Gracias de nuevo.

murinus2009 dijo...

He visto los libros de Jared Diamond, desde hace unos 10 años o mas, principalmente, "Armas Germenes y Acero" y "Colapso", los otros, no los conocía hasta esta entrada, siempre me han parecido interesantes, pero por alguna extraña razón no los había comprado.

Esta Entrada es una buena oportunidad para buscarlos, por lo pronto, aprendí un termino mas que no había escuchado: "Cladística"

Curiosamente el concepto del "Cargamento" tiene su equivalente en la obra de Marvin Harris: "Cerdos Vacas Guerras y Brujas", Harris es antropologo y en ese libro, analiza la explicacion racional, a porque existen tabús de distinto tipo, a la tecnología occidental le llama "Cargo" y alas religiones que ofrecen una recompensa para mas alla de la muerte: "Religiones Cargo".

Respecto a que Jared Diamond, sea considerado uno de los "Grandes Historiadores de todos los Tiempos", Guillermo, tu eres el primer comunicador al que escuchó decirlo, si sobrevivimos al colapso, creo que el tiempo te dará la razón, si no...la obra de Diamond será buena fuente de consulta, si queda alguien quen quiera saber que pasó.

Gracias a @CESAR_55 por la advertencia del libro ese de "Breve Historia...".

Gracias Guillermo y hasta pronto.

Martín dijo...

De estos libros de Diamond sólo he leído Colapso, y me pareció bastante convincente. No perfecto, pero sí bastante sólido. Por lo mismo, he buscado los otros libros del autor, pero que no estén a precios prohibitivos.

Guillermo Ríos dijo...

@Cesar_55, no he leído El mundo hasta ayer, así es que no opino. En cuanto a El tercer chimpancé, lo que decía, varias de sus ideas Diamond las desarrolló en los otros dos volúmenes siguientes. Aún así, es una lectura muy interesante, de todos modos.

@murinus2009, si soy el primer comunicador que lo dice, y el tiempo me da la razón, entonces voy a quedar como un rey.

El fenómeno de los cargo cult, la verdad es que lo conozco más bien de lejos, así es que no me pronuncio mucho. Aunque cada vez que brota, no puedo evitar acordarme de El regreso del Capitán Acero, un muy simpático capítulo de esa vieja serie de animación que es Los centuriones...

@Martín, Colapso es un libro extraordinariamente bien documentado. Y sobre todo, están muy bien hiladas las ideas que nos llevan desde los ejemplos del pasado, hasta el retrato de la actualidad. Aunque ahora, como decía, las tesis que plantea acerca de Isla de Pascua están bajo fuego, pero supongo que eso es inevitable, ya que la ciencia avanza, surgen nuevas evidencias e interpretaciones, y eso obliga a modificar cosas.

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