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jueves, 8 de septiembre de 2016

Los 50 años de Star Trek.

Escena de Star Trek: Sin límites, la película que celebra el aniversario 50 de la franquicia.
Hoy día, 8 de Septiembre de 2.016, se cumplen exactamente cincuenta años, medio siglo, desde el estreno de la serie televisiva Viaje a las estrellas, y por lo tanto, desde el inicio oficial de Star Trek como franquicia. Como sabemos, la franquicia se compone actualmente de seis series televisivas (Viaje a las Estrellas, Viaje a las Estrellas: La serie animada, Viaje a las Estrellas: La nueva generación, Viaje a las Estrellas: Abismo espacial 9, Viaje a las Estrellas: Voyager, y Viaje a las Estrellas: Enterprise), más diez películas ambientadas en la continuidad original, y otras tres películas ambientadas en una nueva continuidad alternativa, que puede ser considerada o no como un reboot a según el punto de vista. Y eso por no hablar de un universo expandido compuesto por novelas, cómics, videojuegos, y un bastante vasto mercadishing.

Por lo que algo diremos sobre esta franquicia, decana del actual modelo de franquicias en el mundo audiovisual. Y no porque haya faltado espacio en la Guillermocracia para Star Trek. Ahí está Los viajes de la nave espacial Enterprise, el episodio 40 de las Crónicas CienciaFiccionísticas. Luego vino una Interminablelogía en dos partes, en donde le hacíamos un repaso a la mitología interna completa de Star Trek, enfocándonos en la generación original primero, y en las series spin-off después. Y en forma adicional, le hicimos un pequeño tributo al cascarrabias Doctor McCoy en el posteo titulado Tributo al Doctor McCoy precisamente, porque no descartemos un título obvio sólo por su obviedad. Pero por la enorme influencia que ha tenido Star Trek tanto en las ficciones audiovisuales como en el mundo en general, la ocasión amerita un posteo especial.

Star Trek es una de las dos megafranquicias audiovisuales modernas que arrancan en la década de 1.960; la otra por supuesto son las películas de James Bond. Existen otras franquicias que se basan en universos de igual data, como por ejemplo el Universo Cinemático Marvel, pero la primera película de éstas data de 2.008, una nada en comparación a los cincuenta venerables años de Star Trek. Pero entre ambas, y las comparaciones son iluminadoras aquí, Star Trek ha andado bastante más a los tumbos que James Bond. En general, 007 se ha defendido a razón de una película cada pocos años, y ha conseguido ir cambiando y mutando con los tiempos para mantenerse siempre fresca y actual; por supuesto, esto hace que algunas películas sean risiblemente de su tiempo, pero es parte de su encanto. Star Trek, en cambio, ha pasado por épocas de sequía y abundancia. Hay épocas en donde no hay Star Trek en cines o televisión: desde la cancelación de la serie original en 1.969 hasta la serie animada en 1.973, o desde ésta a la primera película en 1.979, o todos los años desde 2.005 en que se canceló Enterprise, salvo por el estreno de las tres películas de la continuidad reboot. En otros tiempos han existido incluso dos series emitiéndose al mismo tiempo, y además las películas.

Esto ha hecho que el desarrollo de Star Trek haya sido bastante irregular, y al último le ha hecho más daño que bien a la franquicia, creo yo. Porque la misma nació primero un poco al calor de la mentalidad progresista de la década de 1.960. En la época, un tiempo en donde todos los héroes debían ser anglosajones de raza, tener una tripulación en donde caucásicos, negros, chinos, rusos e incluso un alienígena interactuaran en condiciones de igualdad en un puente de mando, era casi una revolución conceptual. También, tener una serie en donde los problemas se resolvieran en parte a disparos pero en parte también aplicando inteligencia, diplomacia y ciencia, era algo muy poco visto en televisión; Star Trek fue vendida como una especie de Western en el espacio, es cierto, pero no es menos cierto que en la época, los Western tipo Bonanza tenían la saludable tendencia de resolver todo a balazo limpio y sin más. Compárese esto con el final del episodio La ciudad al fin de la eternidad, que no presenta realmente ningún villano ni oponente, y el verdadero conflicto deriva de un horroroso dilema ético zanjado al final sin verdadera violencia, y se entenderá el punto.

Esta escena del capítulo Los hijastros de Platón es uno de los primeros besos interraciales en la televisión de Estados Unidos, y por lo mismo, despertó polémica en su día.
En la siguiente época de florecimiento de Star Trek, ya en la década de 1.980, se produjo un fenómeno intelectual interesante. ¿Cómo podían encajar los valores racionalistas y ecuménicos de Star Trek, en pleno Reaganismo? Recordemos, Ronald Reagan bautizó a su proyectado proyecto militar en órbita como Star Wars, no como Star Trek. Y Star Wars, el universo que en el intertanto había despegado con La guerra de las galaxias en 1.977, es casi lo opuesto de Star Trek. En Star Wars hay una profunda mentalidad de "no pienses, siente", ejemplificada en la famosa frase mística: "Usa la Fuerza, Luke", mientras que en Star Trek, en cambio, el principio es más o menos el opuesto: "Antes de hacer algo, mejor piénsalo bien, analiza, aplica la razón, busca salidas alternativas". Diríamos que Star Trek tiende a ser racionalista e ilustrada, y Star Wars tiende a ser emocional y romántica; y el Reaganismo fue una era emocional y romántica en donde Ronald Reagan ensalzaba a un héroe tan poco ilustrado y tan romántico como John Rambo. El viejo conflicto entre Ilustración y Romanticismo, en el Reaganismo se inclinaba hacia este último, y me atrevería a decir que eso dura hasta el día de hoy.

En este contexto, y desde su propia esquina, Star Trek se las arregló para ser un faro de racionalidad en medio de la catástrofe. Star Trek puso énfasis en las consecuencias de la venganza (La ira de Khan), en la importancia de defender el medio ambiente (Misión: Salvar la Tierra), o en afrontar los cambios sociológicos con espíritu de tolerancia y perdón (La tierra desconocida). No creo que Star Trek haya sido tan influyente como para cambiar la Historia Universal ni mucho menos, pero no me resulta difícil pensar que debe haber puesto su grano de arena en evitar la marcha hacia el desastre universal que bien podíamos haber vivido en esa década, si los cascos calientes de un lado u otro hubieran confundido el botón nuclear con las teclas para jugar Decatlón en el Atari 800XL. Un grano de arena no es más que un grano de arena, es cierto, pero tampoco es menos que un grano de arena.

En la década de 1.990, la franquicia empezó a trastabillar. Por dos motivos, uno externo y uno interno, creo yo. El motivo externo es que, en cierta medida y siempre dependiendo del punto de vista, la época hizo carne y concreto los valores que Star Trek había propuesto y representado para un futuro ideal: la tolerancia, la democracia, el multiculturalismo, el entendimiento entre las civilizaciones, etcétera. Es la época en la cual triunfó el libro El fin de la Historia y el último hombre de Francis Fukuyama, que predicaba el Liberalismo y la globalización como las fases finales de la evolución de la civilización humana; que ese libro hubiera sido escrito en Estados Unidos por un respetado intelectual que a la vez era nieto de un inmigrante japonés, algo debería decir. Por supuesto, después descubrimos que las cosas en nuestro mundo real no eran tan bonitas, que existían los antiglobalización que la liaron bien liada en Seattle en 1.999, o los terroristas musulmanes felices de cargarse torres con aviones en 2.001; pero el punto es que en ese minuto al menos parecía que habíamos llegado al universo de Star Trek, o a lo menos, a un sucedáneo bastante aceptable. Incluso, hasta la tecnología en algunos aspectos, como la telefonía celular, ya estaba el nivel de Star Trek, y en algunos incluso la superaba, como los computadores personales.

Y el motivo interno fue el problema del exceso de continuidad, omnipresente e inevitable en cualquier franquicia que crece más allá de cierto grado de desarrollo. Hasta mediados de la década de 1.980, hacerse trekkie implicaba haber visto una serie televisiva de tres temporadas, una animada, y tres o cuatro películas. Es una cantidad significativa de material, por supuesto, pero no era una suma irremontable para un ser humano promedio que deba compatibilizar Star Trek con estudiar, trabajar, tener una familia y leer lo que fuera el equivalente de la Guillermocracia en esos años. Pero luego, entre 1.987 y 2.005, vinieron tres series televisivas y seis películas más. De pronto, hacerse trekkie implicaba casi tanto trabajo como sacar adelante una tesis de doctorado. Con independencia de la calidad de las últimas películas, o de las cuestionadas series Voyager y Enterprise, lo cierto es que inventarse nuevas razas y situaciones era una constante huída hacia adelante que sólo sumaba más material a las enciclopedias. Esto es muy visible en Enterprise. La serie iba a ser una precuela a todo el material anterior, ambientada un siglo antes de la serie original, pero luego, apareció un misterioso viajero del tiempo desde un futuro mucho más futuro, y varias razas misteriosas del siglo XXX o algo así, lo que por supuesto enredó la continuidad mucho más. ¿Qué tan mala era la cosa? Lo suficiente como para que en 2.007, un par de años antes del reboot, una chica que en ese entonces andaba en sus catorce me preguntara: ¿Y qué es un klingon...? Una década antes, incluso hasta los que no veían Star Trek, tenían a lo menos una idea sumaria de lo que era un klingon, aunque fuera por las parodias de Star Trek dando vueltas allá afuera.

Esto es un klingon.  Y no, yo tampoco quiero encontrarme con uno.
Un ejemplo de esto es un capítulo entero de Abismo espacial 9, titulado Juicios y problemas con tribbles, y que es esencialmente un remake de un episodio de la serie original con personajes de la nueva serie insertados por ahí y allá vía efectos especiales tipo Forrest Gump, novedosos por ese entonces. La sola idea de recurrir a esta maniobra narrativa, es casi hacer oficial que los nuevos trekkies la iban a tener muy difícil para ingerir nuevo material. El episodio, por cierto, fue emitido en 1.996, como autohomenaje por los treinta años de la franquicia, y eso algo debería decir. Para peor, el capítulo no podía dejar en paz el tema de por qué el maquillaje de los klingon ha cambiado con los años, dejando que el espectador lo suponga un simple problema de presupuesto de la serie, porque todos sabemos lo roñosos que eran los decorados y efectos especiales de la serie original, incluso para los estándares de la época, y tenemos una idea de los malabares que hacían para hacer rendir el dinero. Pero en vez de ignorar el problema, la serie lo acreditó no como un tema de efectos especiales sino como una verdadera física dentro del universo, lo que obligó a proporcionar una explicación, haciendo así la continuidad todavía más complicada. Por si a alguien le interesa la respuesta: los klingon con otro maquillaje fueron en realidad un experimento médico klingon que salió mal.

Esto había llegado antes a un extremo con La caza, episodio de La nueva generación que explica por qué el universo de Star Trek está poblado con tantas razas humanoides. La respuesta anterior era sencilla: el presupuesto y el nivel técnico de los efectos especiales sólo permitía alienígenas que fueran actores humanos metidos en trajes de goma. Era una respuesta que estaba ahí, no molestaba a nadie, y podía aceptarse como un aspecto propio del universo de Star Trek que, siendo uno diferente al nuestro propio, no tiene por qué seguir al ciento por ciento nuestras leyes de probabilidad biológica, por las cuales tener tantas especies inteligentes humanoides sueltas en la galaxia es una casualidad estadística. Por si a alguien le interesa la respuesta: alienígenas ancestrales sembraron varios planetas, incluyendo la Tierra, con ADN humanoide. Es una respuesta interesante, y congruente con el resto de la serie... pero era un dato más que los potenciales fanáticos deberían aprender, para hacerse una idea de los detalles del universo narrativo de Star Trek.

Debido a estas dos razones, no es nada de raro que Star Trek haya colapsado a plomo, a inicios del siglo XX. En medio de la Guerra Contra El Terror, el racionalismo y el optimismo de Star Trek lucían como increíblemente ingenuos e incluso trasnochados. Peor aún, la propia franquicia había empezado a deconstruirse en Abismo Espacial 9, que mostraba en algún capítulo cómo la Federación no era tan pura e inmaculada, y tenía a su servicio la temible Sección 31, esencialmente un cuerpo de black-ops encargados del trabajo sucio. En la época hubo una serie con naves viajando por el espacio que capturó mucho mejor el espíritu de los tiempos, y ésa es Battlestar Galactica; lo que tiene guasa, si se piensa que ésta es un remake de una serie de 1.979 que nació como... un clon de Star Wars. Además, el muy merecido fracaso de Némesis en 2.002, la décima película de la franquicia, pareció poner fin a la andadura de Star Trek por los cines. En cuanto a la televisión, la última serie trekkie en ser cancelada, Enterprise, vio su fin en 2.005. Con un episodio que la enlazaba con La nueva generación, serie terminada una década antes, casi como revelando la falta de confianza en la propia Enterprise.

Para peor, ciertos movimientos corporativos a mitad de esa década acabaron en la escisión de los derechos entre dos compañías, con Paramount llevándose los derechos de Star Trek para el cine, y CBS con los derechos de la franquicia para la televisión. Esta es una de las principales razones por las que el reboot de Star Trek en 2.009, que a la fecha lleva acumulada tres películas (Star Trek, Star Trek en la oscuridad y Star Trek sin límites) no llevó a nuevas series televisivas. O de por qué la nueva serie televisiva prometida para 2.017, Star Trek: Discovery, se ambientará en la continuidad primitiva de Star Trek, y no en el universo del reboot. Por supuesto, hay también otros problemas. El presupuesto en actores, por ejemplo. Las películas anteriores al reboot se rodaron con los actores de las series televisivas, que se hicieron famosos gracias a ellas, y cuyo caché por lo tanto no era demasiado elevado. Las películas del reboot, en cambio, tienen que pagar las remuneraciones de Chris Pine, Zachary Quinto, Zoe Saldana, Karl Urban y Simon Pegg, que no son actores de primera fila, pero tampoco unos completos desconocidos más allá de Star Trek, y que por lo tanto, tienen un costo prohibitivo para darles contrato a todos por una sesión televisiva de 22 episodios con posibilidad de nuevas temporadas futuras, dentro de una franquicia cuyo gasto en efectos especiales debe ser alto precisamente por ser de Ciencia Ficción.

El puente de mando en el reboot de Star Trek.
Pero por supuesto, al final una parte importante del problema de Star Trek es que su espíritu racionalista e ilustrado no parece tener cabida en el mundo contemporáneo. Cuando J.J. Abrams montó el reboot de 2.009, la película Star Trek mostró una clara influencia de Star Wars. Quien conozca el pasado televisivo de Abrams puede adivinar los motivos: a Abrams lo motiva mucho más lo mistérico, lo inexplicado, y los personajes que están sueltos y luchando en medio de fuerzas que no alcanzan a comprender, que la exploración racional e ilustrada del espacio. O sea, entre ser ilustrado o romántico, Abrams tiende más a lo segundo. Por eso, Abrams encajaba mucho mejor en Star Wars que en Star Trek, como lo probó al dirigir El despertar de la Fuerza. Pero no por ello hay que despreciar el trabajo de Abrams para sacar a Star Trek de su marasmo. Lo cierto es que cada franquicia debe evolucionar y adaptarse a los tiempos para seguir atrayendo a nuevas audiencias, y Star Trek debía hacer lo propio, en vez de quedarse encasillada en fórmulas que ya habían probado su agotamiento con Némesis y Enterprise. Pero por supuesto, Star Trek no es Star Wars. Por mí, que existan ambas franquicias; yo creo que ambas son espejo la una de la otra, y se complementan muy bien en términos de presencia en nuestro imaginario colectivo. Por eso, transformar a Star Trek en Star Wars es algo tan fuera de lugar como la inversa, transformar a Star Wars en Star Trek. Pero, ¡ay!, cuando Star Trek volvió a ser un poco ella misma, con Star Trek sin límites, las audiencias le volvieron la espalda; de momento, la taquilla no ha respondido bien, y si consigue recuperar sus costos para la productora, tampoco parece que vaya a hacer demasiada caja.

¿Qué futuro le espera así a Star Trek? Quién lo sabe. Parece claro que el espíritu un tanto hippie de la franquicia original, ya no tiene cabida en nuestros tiempos, y si ha de ser planteado otra vez, debe ser en términos que funcionen para las audiencias modernas. Las películas del reboot hicieron su mejor esfuerzo, con resultados discutibles, pero al menos consiguieron mantener viva a Star Trek sin traicionar demasiado su esencia. Pero el verdadero reto va a ser cómo funcione Star Trek: Discovery. Según noticias, la serie se ambientará algunos años después del final de la serie original, por lo que suponemos, va a estar dirigida en lo principal a los fanáticos que esperan mucha continuidad.

Hoy en día quizás cuesta verlo, pero no cabe duda de que Star Trek ha sido una de las franquicias más influyentes del siglo XX. Star Trek probó que había lugar para la Space Opera en la televisión, y luego creció como una interesante alternativa a otras películas más aventureras pero quizás algo más banales, cuando dio su salto a los cines; así, Star Trek es la decana de franquicias como Star Wars, Battlestar Galactica, Babylon 5, Stargate, Space Battleship Yamato, Gundam, Robotech, y un largo etcétera. Star Trek ha sido también un espejo que ha intentado mostrar un reflejo de los problemas y preocupaciones de nuestro propio mundo, y en general ha cumplido en esto bastante bien. Pero tampoco cabe duda de que deberá ir ajustándose al ritmo de los tiempos si es que quiere seguir siendo relevante y significativa en mundo en definitiva muy diferente al cual nació, mundo que es diferente en parte por el mismo éxito e influencia que ha tenido Star Trek en el mundo audiovisual.

Y para desearle el mejor de los éxitos a la franquicia en el futuro... la banda EBM sueca S.P.O.C.K. nos explica lo malvados que son los klingon, en Never Trust a Klingon:



¿Nadie molesto con volver a publicar esta imagen? ¿No? Es sólo para mostrar la influencia de Star Trek en la cultura popular, no se crea otra cosa...

8 comentarios:

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Como era de esperarse en la Guillermocracia, un muy interesante repaso a estos cincuenta años de "Star Trek". Por otro lado, de lo poco que dijiste acerca de la última peli de la franquicia, parece que te gusto la última peli ¿O me equivoco? Me habría gustado saber más de tu opinión al respecto, mira que a mí de decepcionó tanto, que hasta escribí un post dando las razones de por qué no logró dejarme contento. A ver si lo lees y me das tu opinión, que me gustaría saber lo que piensa un compatriota, también amante de la ciencia ficción y de "Star Trek".
¡Larga vida y Prosperidad!

Guillermo Ríos dijo...

A mí en lo personal me gustó la tercera/decimotercera película de Star Trek, es la que más me ha gustado de la trilogía que conforma el reboot. Las dos anteriores, les agradezco que hayan modernizado a Star Trek, porque las películas de la Nueva Generación se sentían un poco anquilosadas incluso en su día, pero también echaron bajo la alfombra una de las grandes bazas de Star Trek, que es su contenido filosófico. Star Trek sin límites consigue ese equilibrio entre ser el blockbuster lleno de acción que más o menos se espera por estos días, y la reflexión más filosófica y humanista que es el espinazo intelectual de la franquicia. No es una película perfecta, podía haber sido mejor en algunos respectos, pero creo que es la mejor película trekkie desde Primer contacto, o sea, la mejor de las últimas dos décadas, lo que no deja de ser. Me pasaré en un rato más por el posteo de marras, para saber qué cosas te disgustaron de la nueva entrega.

Lino Moinelo dijo...

Hola. Bien, parece que Guillermo y yo coincidimos completamente sobre el asunto de "sin límites". En cuanto a la franquicia original y su época de los 90, su decaimiento fue debido además de aspectos como el exceso de estiramiento, a su conversión a "soap opera', telenovela o folletín. También, su escasa o nula evolución, limitándose a repetir los clichés que en su momento fueron revolucionarios, pero que a finales de siglo, resultaban demasiado juveniles.

Saludos

Guillermo Ríos dijo...

Los aspectos culebronescos de las nuevas series, la verdad no los noté. Llamémoslo la bendición de haber visto capítulos saltados y en desorden, en vez de sentarme religiosamente cada semana esperando el episodio estreno.

El tema de los clichés es complicado. Toda serie, para ser especial, debe diferenciarse a través de sus señas de identidad. El truco para modernizar una serie es no quedarse estancado en las señas de identidad para terminar volviéndose cliché, ni echarlas por la borda para perder su identidad propia. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero ahí están todas las actualizaciones de muchas franquicias que han funcionado bien o mal, a según si han logrado la alquimia o no. En ese sentido, en mi opinión personal, las películas de la Nueva Generación pecaron mucho de lo primero, y el reboot pecó mucho de lo segundo. Es con Star Trek sin límites que la franquicia encontró un punto justo de equilibrio entre ambos extremos, en mi opinión estrictamente personal por lo menos.

Lino Moinelo dijo...

La verdad es que yo tampoco los he visto de manera consecutiva ni con gran interés, pero que sea tema principal la boda de Troi con Riker me pareció un asunto que bastante poco tiene que ver con la ciencia-ficción y sí mucho con la telenovela, pero igual estoy equivocado. También he leído que Roddenberry quiso basar la nueva serie en la relación entre sus personajes.

Guillermo Ríos dijo...

Yo no le veo problema a introducir aspectos de culebrón a Star Trek, en tanto no se les vaya la mano, por supuesto. Con todo, la Nueva Generación pecó de quedarse muy estancada en una visión ética que seguía siendo de la época hippie New Age, cuando el mundo ya estaba caminando en otras direcciones. Por eso pasó lo que pasó con la franquicia. Ahora, a ver qué pasa con una eventual película 14 de la franquicia, y con la nueva serie que están prometiendo para 2.017.

Lino Moinelo dijo...

Aparte de los gustos, veo problema en añadir cualquier cosa que no tenga que ver con la trama principal y sea únicamente para llegar a un público más amplio. Precisamente, en "Sin Límites" lo han equilibrado de tal forma que los "añadidos" no desentonan. Añado que la trama principal ha de tener una relación con la ciencia-ficción, de lo contrario estamos ante otro producto con otras características. Esto es sencillamente lo que llegaba a ocurrir en la "Nueva Generación" en ocasiones, donde asuntos meramente "domésticos" adquirían una importancia que no añadía nada de valor al argumento.

En cualquier caso estoy de acuerdo con la apreciación, sobre todo también con la estética. Uniformes con hombreras, diseños "fashion" y naves "aerodinámicas" en el espacio con óvalos de colorines, personalmente de dañaba la visión.

¡Saludos!

:-)

Guillermo Ríos dijo...

Qué tan Ciencia Ficción sea Star Trek, la verdad es que no estoy ciento por ciento seguro. Tiene ciencia, correcto, pero luego se sacan unas cosas de la manga que en realidad no desentonan mucho con la fantasía cósmica vestida de Ciencia Ficción que es Star Wars. ¿Cristales de dilitio? ¿Seres quintadimensionales como los Q? ¿Pinchazo vulcano? ¿Vulcanos transfiriendo su conciencia a humanos? Pues la verdad, muy científico no lo veo, que digamos.

En general, en lo que a mí respecta por lo menos, creo que la característica más definitoria de Star Trek no es tanto el contenido científico, que no siempre está a la altura, sino una cierta perspectiva que podemos llamar muy genéricamente como valores humanistas. Eso es algo que, hasta donde recuerdo, no se ve en ninguna otra franquicia de Ciencia Ficción allá afuera. Puede que Star Trek se mande una serie de paridas desde el punto de vista científico, pero por lo menos siempre trata de justificarlo desde un aura racionalista, en vez del discurso mítico propio de otras franquicias.

En ese sentido, no me molesta que Star Trek caiga a veces en la soap opera, como lo hace por ejemplo cuando aparece el hijo perdido de Kirk en La ira de Khan, siempre y cuando no pierda de vista lo otro. Ahora bien, considerando que vi la Nueva Generación a capítulos saltados y en desorden, como decía, puede que no me haya alcanzado a dar cuenta del culebrón de fondo...

¡Vota por lo mejor de los primeros siete años de la Guillermocracia!

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