jueves, 26 de noviembre de 2015

007x25 (5 de 5) - James Bond contra el Terror.

Daniel Craig como James Bond en Casino Royale.
A punto de entrar al siglo XXI, James Bond volvía a estar en la picota. La pausa de seis años entre Licencia para matar y Goldeneye le habían hecho mella, en particular por el final de la Guerra Fría, y de pronto, no poca gente se preguntaba si 007 seguiría siendo relevante como ícono de la cultura popular. Entonces llegó Goldeneye, que fue saludada como un regreso en gloria y majestad, sólo para que sucediera un poco lo mismo que con La espía que me amó, en su minuto, que en vez de haber iniciado una segunda edad de oro para la franquicia, fue apenas una pausa entre películas mediocres. Porque con El mañana nunca muere y El mundo no basta, la franquicia estaba diluyéndose otra vez. Y en medio de esto, llegó el aniversario número 40, en 2.002, que los productores celebraron con la entrega número 20 de la franquicia oficial, 21 en nuestro conteo porque hemos incluido a la no oficial Nunca digas nunca jamás, y con ello, la ocasión de rodar una entrega Bond particularmente salvaje, y memorable. La intención era ésa, al menos, porque la verdad es que Otro día para morir fue saludada con befas y cuchufletas por todas partes.

Si hay algo que ha caracterizado a los productores de películas Bond, es de ir tomando notas acerca de qué funciona en determinadas épocas y subirse a los carros. Esta vez, notaron el éxito de la franquicia de Jason Bourne, particularmente de La supremacía de Bourne de 2.004, además del concepto de reboot que venía ventilándose con Batman inicia, la verdadera detonante de esa moda. De manera que decidieron aplicar un reboot a James Bond, eliminando los aspectos más camp de la franquicia, y volviendo a lo básico y esencial. El resultado son las cuatro películas que Daniel Craig ha rodado entre 2.006 y 2.015 en el personaje, y que sin lugar a dudas, son las más divisivas dentro de la franquicia, porque ninguna otra etapa ha resultado tan combativa entre quienes las adoran, quienes las odian, y quienes las encuentran que sí pero no, o no pero sí. Pero lo que nadie discute, es que el Bond de Craig en definitiva no se parece a ningún Bond fílmico anterior, salvo en cierta medida al de Timothy Dalton, y para quienes han leído las novelas... es el primer James Bond fílmico que sí más o menos se parece, en cuanto a carácter, al Bond de las novelas.

21.- Die Another Day (2.002).

  • Títulos varios: Otro día para morir en Argentina, 007: Otro día para morir en México, Muere otro día en España (la franquicia estuvo a punto de morirse el mismo día, lo que hubiera sido irónico).

Siguiendo la tónica de una película Bond nueva cada dos años, la sucesora de El mundo no basta debería haberse estrenado en 2.001; sin embargo, fue postergada hasta 2.002 para coincidir con los cuarenta años de la franquicia, y los cincuenta años de la publicación de Casino Royale, la primera novela de James Bond. Hubo rumores acerca de que el argumento iba a ser significativo para Inglaterra, incluyendo la idea de que 007 iba a ir al rescate del Primer Ministro de Inglaterra, secuestrado en Irlanda; al final, esto no llegó a ser. Pierce Brosnan regresó por cuarta y última vez al rol, mientras que Toby Stephens fue contratado como el villano. Una de las chicas Bond es Halle Berry como Jinx, una poco convincente agente de la CIA, aunque su bikini naranja terminó siendo un momento icónico de la saga; su casting generó una curiosa situación de trivia cuando se transformó en la primera chica Bond en ganar un Oscar de manera simultánea a estar rodando una película Bond: lo hizo por Cambio de vida. La otra chica Bond es Rosamund Pike, más famosa hoy en día como la psicopática esposa de Perdida, de David Fincher. A veces se acredita a Madonna como chica Bond, atendido a que es la primera cantante de una canción Bond que hace un cameo en la película. John Cleese, presentado en la entrega anterior, ahora pasa a ser el nuevo Q, aunque sólo por esta película, debido a que en la siguiente entrega, Casino Royale, los gadgets serían arrojados por la ventana, y Q con ellos. Es también la última película en que Samantha Bond, la Moneypenny de todo el período de Pierce Brosnan, interpreta al personaje. Por ende, Judi Dench como M es la única actriz que siguió interpretando su rol en el reboot Casino Royale. En la dirección estuvo Lee Tamahori, quien había llamado la atención desde su Nueva Zelanda nativa con El amor y la furia en 1.994, y que sufrió el destino de tantas jóvenes promesas que llegan a Hollywood, rodando la rutinaria Mullholland Falls, la interesante Al filo del peligro, y la mediocre Telaraña; después de Otro día para morir, terminaría de despeñarse con xXx: Estado de emergencia y El vidente. En la banda sonora repitió David Arnold, mientras que Madonna interpretó la canción Bond, y en este caso usamos la palabra canción como una mera formalidad, porque este montón de chirridos electroclash es seria candidata a peor canción Bond de todas.


"Tenías una cápsula de cianuro" (M, cuestionando a Bond por dejarse capturar). "La arrojé años atrás" (respuesta de 007, irónica si se piensa que ésta es la última Bond de Brosnan).
La película se abre en Corea, otra vez con Bond infiltrado en una turbia operación comercial, sólo para variar un poco. Alguien sospecha, lo identifican, y James Bond tiene que salir escopetado. Luego de una persecución por todo lo alto, vemos lo nunca visto: ¡la escena de precréditos termina con Bond capturado! Luego, al ritmo de la mencionada horrible canción electroclash de Madonna, uno de los puntos más negros en la música de la saga bondiana, lo repetimos para remachar el concepto, vemos como Bond es torturado con hielo y escorpiones, o algo así. Catorce meses después, Bond es liberado en un intercambio de rehenes al estilo Puente de espías. M lo suspende, pero Bond está convencido de que alguien dentro del Servicio Secreto lo ha traicionado, y se lanza a investigar por su cuenta. Todo lo va a llevar hasta una oscura conspiración que involucra a Corea del Norte, un millonario megalomaníaco, y por supuesto, no podía ser menos tratándose de un hito tan icónico como la película veinte en el cumpleaños cuarenta... un satélite artificial como arma de destrucción masiva. Acompañado por la agente de la CIA llamada Jinx, siguiendo los denodados esfuerzos de la franquicia por presentar chicas Bond fuertes, y por Miranda Frost, agente británica interpretada por Rosamund Pike, y que desata uno de los spoilers más adivinables en toda la historia de la franquicia.

La idea y conceptos de la película, acerca de un Bond capturado y torturado, y por lo tanto no plenamente confiable a su regreso porque podría haber sido convertido en un agente manchuriano (como de hecho ocurre en la última novela de Ian Fleming, en otro contexto) no parecían malos a priori, pero en su afán por llevar la acción Bond al máximo, se pasaron algunos pueblos. En esta película vemos a James Bond haciendo surf, algo no demasiado propio del personaje, además de un automóvil invisible, un castillo de hielo, y manipulación genética que aparentemente funciona con magia; huelga decir, todos estos elementos cubrieron de ridículo a la película. También, el intento de crear un híbrido entre el James Bond más geopolítico, con una intriga centrada en las dos Coreas, con el James Bond más extravagante, con un satélite artificial utilizado como arma de destrucción calorífica, fue algo que no terminó de cuajar bien del todo. En Corea del Sur, la película fue recibida con rechiflas, irónicamente si se considera que los surcoreanos en ella son los buenos, contra los malvados norcoreanos: que los soldados surcoreanos sean presentados como patiños de los estadounidenses, o que Bond al final de la película elija un templo budista para hacer gimnasia erótica con Jinx, algo ayudó a eso. La película lo hizo bastante bien en cortar boletos, siendo de hecho la sexta película más taquillera de 2.002, superada sólo por Las dos torres, Harry Potter y la cámara de los secretos, Spider-Man, El ataque de los clones y Hombres de negro II, pero para todo el mundo, productores incluidos, resultaba claro que la primera película Bond del siglo XXI todavía olía excesivamente a siglo XX, y que si iban a seguir manteniendo la franquicia con vida, debían tirar hacia otros rumbos. De todos modos, se planificó un spin-off con Jinx, pero después de los relativos fiascos de Los ángeles de Charlie: Al límite, y de Lara Croft: La cuna de la vida, al proyectado spin-off le cortaron el cable de alimentación. Nunca sabremos si Halle Berry hubiera hecho el ridículo o no, pero al menos, por un tema de agenda, quizás no habría estado disponible para rodar Gatúbela en 2.004, porque ya sabemos en qué acabó eso.

22.- Casino Royale (2.006).

  • Títulos varios: 007: Casino Royale en México.

Después del relativo bochorno de Otro día para morir, se imponía un cambio, algo que se hacía más desesperado considerando que el hiato de cuatro años fue el más larga desde la espera de seis años para Goldeneye. Pero los productores tenían un as bajo la manga, nunca mejor dicho tratándose de una película con casino en el título: en 2.000, se habían hecho con los derechos de Casino Royale, la primera novela de James Bond, única que había quedado fuera de la adquisición del personaje por Albert Broccoli en su día porque sus derechos ya habían sido vendidos para el programa televisivo Climax de 1.954. Quedó decidido: la siguiente película de 007 iba a ser un reboot en donde se narraría cómo Bond llegó a ser Bond, y se basaría en esa novela. Acto seguido, Brosnan fue despedido esencialmente por viejo, y la búsqueda de un nuevo Bond llevó hasta Daniel Craig, actor que algo se había hecho notar gracias a Lara Croft: Tomb Raider, Camino a la perdición y Munich, además de por No todo es lo que parece, película esta última que le garantizó el rol de Bond. En el camino quedaron cerca de 200 actores, incluyendo a Julian McMahon, Dominic West, Gerard Butler y Henry Cavill (sí, Superman), mientras que Hugh Jackman... lo rechazó. Un síntoma del recambio: Craig es el primer actor que interpreta a Bond, y que nació después de 1.962, el año en que empezó la serie de películas. El propio Craig no estaba convencido de tomar un papel que en la época era tan formulaico, pero cambió de idea tras leer el guión. Para el rol, Craig tuvo que subir siete kilogramos de masa muscular, y que por preparación no se quede, habló con agentes del Mossad y del Servicio Secreto británico que habían prestado asesoría en Munich. Apenas se supo del casting, las críticas arreciaron, en parte por ser rubio, lo que le ganó el apodo de James Blond... y más aún cuando Daniel Craig apareció en una presentación pública en una lancha con chaleco salvavidas, aparentemente porque la gente es demasiado estúpida como para distinguir al personaje, que desayuna peligro mezclado con trinitrotolueno, con el actor, que sí debe cuidarse un resto, aunque sea para que se quede quieta la aseguradora; ya vendría la película para taparles a todos la boca. El villano Bond fue interpretado por Mads Mikkelsen, en el rol que lo catapultó a la fama, y algo menos de una década antes de interpretar a Hannibal Lecter. Jeffrey Wright fue contratado para interpretar al primer Felix Leiter negro; el personaje aparece en la novela, pero acá sirve para remarcar que es un reboot porque en la continuidad original, recordemos, Leiter había acabado como bufete para tiburones, en Licencia para matar. La chica Bond aquí fue Eva Green como Vesper Lynd, en el rol que la lanzó a la fama; la actriz dejó en el camino a Cecile de France y Audrey Tautou, ambas buenas actrices y también francesas, pero... algo menos favorecidas, digámoslo así. Otras descartadas de otras nacionalidades fueron Aishwarya Rai, Jennifer Connelly, Rachel McAdams y Olivia Wilde. En la dirección reapareció Martin Campbell, director de Goldeneye, el primero en repetirse el puesto desde Scott Glen casi dos décadas antes; así, Campbell ayudó a salvar dos veces a Bond, primero rodando la primera y mejor película de Brosnan, y ahora rodando la primera y mejor película de Craig. De paso, no habría Q ni Moneypenny, sólo para remachar más el punto de que es un nuevo comienzo; Judi Dench, eso sí, siguió como M porque su interpretación le gustaba mucho a Campbell, por lo que al final la buena señora apareció en ocho películas Bond (aunque en Spectre lo hace apenas en video). Otro que sobrevivió a la escabechina generalizada fue David Arnold, quien se hizo cargo de la banda sonora por cuarta vez en la franquicia, mientras que la canción Bond cayó en las manos de Chris Cornell, porque nada dice más recambio que contratar a un antiguo vocalista grunge, género musical que partió contestatario al sistema, para darle voz a una canción Bond, defensor del capitalismo por antonomasia.


"Vodka martini" (James Bond, después de que se le ha ido una mano millonaria). "¿Batido o revuelto?" (el cantinero, por supuesto). "¿Me veo como alguien a quien eso le importe un carajo?" (Bond mostrando que todavía no es completamente Bond).
En un escenario tan icónico de la Guerra Fría como lo es una Praga en blanco y negro, vemos como James Bond embosca a un pobre diablo que ha estado vendiendo secretos de los que no deben venderse porque son secretos, justamente. Luego de meterle bala al traidor, queda implícito que James Bond adquiere su licencia para matar, no explicando nunca cómo es que se obtiene la licencia para matar después de haber matado a un par de infelices, y no antes. Como sea, vemos en la siguiente secuencia a un James Bond más físico que nunca, persiguiendo a un fulano que está en alguna clase de relación con un tipo que mueve finanzas para el terrorismo internacional. Bond se carga al terrorista y ocasiona un incidente internacional, pero las pistas le permiten investigar a otro sujeto en las Bahamas, lo que lleva a evitar un atentado terrorista en Miami. Todo eso pone al descubierto a un sujeto llamado Le Chiffre, que se ha quedado sin finanzas, y ahora es perseguido por la organización para la que debe recaudar fondos. Por lo que recurre a una maniobra desesperada: una kermesse de colegio partida de póker con apuestas millonarias, en donde espera recuperar todo lo perdido. Partida a la que 007, financiado por el Servicio Secreto británico, deberá entrar, aún a riesgo de que si Bond pierde, el dinero del Gobierno británico habrá ayudado a financiar el terrorismo internacional...

Decir a estas alturas que la película fue saludada con honores y gloria, es una obviedad. Después de años con 007 más o menos navegando por las aguas de la intrascendencia, de pronto Bond era importante otra vez. Ayudó mucho, por supuesto, que la película logró un regreso a lo básico muy aceptable; en lo físico de la acción, en la implicación de la geopolítica internacional, y en el concepto de una organización siniestra manejándolo todo en las sombras, esta película invoca muchas vibraciones procedentes de Desde Rusia con amor. También, esta película aterrizó a James Bond muy bien dentro de un mundo envuelto en la llamada Guerra contra el Terror. Al mismo tiempo, su negativa persistente a no usar, o bien su uso subversivo de conceptos claves de la franquicia, ayudan mucho a su aroma de historia de los orígenes: vemos a Bond mejorando su gusto en trajes o fastidiándose porque le preguntan si un trago debe ser de tal o cual manera, Bond por una vez en la vida realmente se enamora (la otra es Al servicio secreto de Su Majestad), el villano prefiere métodos simples de tortura en vez de las sofisticadas trampas estilo Austin Powers, etcétera. También el casting de Daniel Craig resultó ser perfecto, probablemente el mejor Bond desde el mismísimo Connery, con perdón de Timothy Dalton, que lo hizo muy bien, pero que tuvo apenas dos películas para probarse, y una de ellas, Licencia para matar, no demasiado Bond durante la casi totalidad del metraje. Hubo críticas negativas, eso sí, incluyendo las que acusaron a la franquicia de imitar a Jason Bourne, y más lejanamente, a Jack Bauer en 24, las cuales siguieron con Quantum of Solace por supuesto, y la verdad es que razón no les falta. Sin embargo, sumando y restando, resultó que nuevamente la franquicia estaba caminando como un titán sobre sus dos pies. Pero sin embargo...

23.- Quantum of Solace (2.008).

  • Títulos varios: 007: Quantum of Solace en Argentina y España, 007: Quantum en México.

Casino Royale había significado el regreso de Bond en gloria y majestad. Sin embargo, dicho regreso había dejado la vara demasiado alta. Los productores decidieron arriesgarse con un concepto novedoso en la franquicia: la secuela directa. En las primeras películas Bond, en la era de Connery, puede alegarse que existe algo parecido a una continuidad, en particular entre Al servicio secreto de Su Majestad y Los diamantes son eternos, y películas posteriores han hecho guiños a entregas anteriores. Pero nunca se había rodado una película Bond que fuera continuación realmente directa de la anterior, y ésta lo es, hasta el punto que su primera escena transcurre apenas minutos después, dentro del universo narrativo, que la escena final de la anterior. Hubiera sido una buena idea... de no ser porque el guionista Paul Haggis acabó su labor apenas un par de horas antes de que comenzara el paro masivo de guionistas de 2.007, y las prisas al respecto le pasaron una pesada factura al resultado final; de hecho, la idea misma de que Bond está motivado por venganza, nuclear a la película... es una adición de último minuto entre Craig y el director. Después de esta película, y en vista de los resultados, Craig juró no volver a rodar nada que no tuviera un guión ya perfecto y acabado. Y hablando del sillín de director, Marc Forster reemplazó a Martin Campbell como director, y su idea de cómo es dirigir una película de acción fue seguir punto por punto el manual del cine de acción de esos años, incluyendo el horroroso abuso de la cámara en mano que era herencia de Rescatando al soldado Ryan y La caída del Halcón Negro entre otras, lo que incidió en el negativo resultado final. Mathieu Amalric interpretó a Dominic Greene, el villano, pero Marc Forster tenía la idea de que el principal oponente de Quantum debía carecer de rasgos distintivos para representar mejor el camuflaje de Quantum con el resto de la sociedad... olvidando que una de las características básicas de toda película Bond, es que el villano debe tener algún rasgo físico especial, aunque sea sutil. La chica Bond principal fue la boliviana Camille, interpretada por la ucraniana Olga Kurylenko, en uno de los errores de casting más absolutos de toda la franquicia, en particular considerando que existe plenitud de actrices latinas en Estados Unidos, no necesariamente bolivianas, que hubieran dado mucho más el tipo tanto en lo físico como en lo actoral. En la banda sonora repite David Arnold por quinta vez, mientras que Alicia Keys y Jack White interpretan Another Way to Die, otro serio contendor a peor canción Bond de la historia. Para la anécdota quedó el momento en el rodaje en pleno Desierto de Atacama en Chile, utilizado como locación para representar a Bolivia, en que una autoridad chilena intentó irrumpir en una camioneta, porque le era intolerable que el suelo chileno fuera utilizado como territorio de Bolivia; cómo Evo Morales no se colgó de alguna manera de ese incidente y no utilizó como antecedente en su demanda ante La Haya para demostrar que los chilenos son malos malísimos, es un misterio para las edades venideras.


"La primera cosa que debes saber sobre nosotros es... tenemos gente en todas partes" (el Sr. White, siendo interrogado acerca del grupo Quantum).
James Bond ha capturado al Sr. White, y lo lleva a sitio seguro para interrogarlo. Desafortunadamente, uno de los agentes que custodian al Sr. White en realidad trabaja para el enemigo, y siembra el caos. El agente en cuestión acaba muerto por Bond, mientras que el Sr. White desaparece, pero una pista en concreto lleva a Bond hasta Haití, hasta un asesino contratado para matar a Camille Montes, la chica que es amante del ambientalista Dominic Greene. Este personaje sigue la tradición propia de Hollywood, de que todos los empresarios que tienen conciencia ecológica en realidad son villanos hipócritas. Bond inicia entonces una persecución a través de varios continentes, siempre siguiendo la pista de Greene y Mr. White, quienes tienen alguna clase de relación con un oscuro grupo financiero llamado Quantum, que no pudo ser Spectre por problemas de derechos de autor, pero que muy en el fondo, ejerce el rol que en la continuidad anterior Bond, cumplía SPECTRE. En medio de todo esto, 007 se ve involucrado en un diabólico plan para privatizar el agua de Bolivia. Vista en Chile, buena parte del público se partió de la risa ante la ingenuidad desarmante de la película, que presenta semejante plan como un acto de villanía sin igual: en Chile, toda el agua ya está privatizada en beneficio de empresas españolas, lo que hace buena la pregunta de si el capitalismo financiero español trabaja o no para Quantum.

Quantum of Solace en general fue mal recibida. Demasiado oscura, demasiado dependiente de su carácter de secuela, y con un Bond que cuando al final de la película anterior por fin llegaba a ser el 007 de toda la vida, sigue pareciendo muy poco Bond, como un remake poco afortunado de Licencia para matar. Pero con todos sus importantes defectos, Quantum of Solace consigue algo inédito en las películas Bond: crear un terrorífico ambiente de paranoia internacional. En las películas Bond siempre se ha planteado que el sistema es más o menos perfecto, y los enemigos vienen siempre desde afuera para subvertirlo. El grupo Quantum podrá ser un sustituto de Spectre amigable con los abogados (se aplicará retrocontinuidad sobre esto en Spectre, por supuesto), pero en algo difiere: mientras que Spectre siempre operaba un tanto en los márgenes del sistema, creando el caos más bien desde el exterior, Quantum por el contrario lo ha conseguido infiltrar hasta el punto en que puede gritarse Heil Hydra!!! sostenerse que Quantum de una forma u otra, si no es el sistema, al menos tiene un enorme grado de control sobre el mismo. Quantum of Solace se las arregla para proyectar una paranoia muy real a comienzos del siglo XXI: que es muy posible que la democracia y nuestros sistemas políticos ya no nos pertenezcan, sino que hayan sido secuestrados por un sistema financiero internacional que no tenga muchas intenciones de dárnoslo de vuelta.

24.- Skyfall (2.012).

  • Títulos varios: 007: Operación Skyfall en toda Latinoamérica.

Después de la recepción más bien gélida de Quantum of Solace, la franquicia tuvo problemas serios en encarrilarse, que venían de otra parte: la estrepitosa quiebra de MGM, que privó de financiamiento a la por ese entonces llamada Bond 23. Pero 007 es una gallina cuyos huevos de oro son demasiado dorados, de manera que el polvo se asentó bastante rápido, lo suficiente como para que entrara una nueva película en producción; aún así, los cuatro años entre Quantum of Solace y Skyfall son tan largos como el reboot que significó Casino Royale. Y es revelador que Skyfall termina siendo no una secuela directa como Quantum of Solace, sino que incluso deja por completo de lado la subtrama del grupo Quantum, para centrarse en un villano completamente diferente, a lo menos hasta que Spectre en 2.015 nos revele que Silva, de alguna manera, sí tenía conexiones con Quantum. Había también un motivo adicional para apurar la secuela: estrenarla en 2.012 la hacía coincidir con los 50 años de la franquicia en el cine. Como director fue llamado Sam Mendes, que si bien había rodado algunas escenas que califican como de acción, tiende a ser un director contemplativo, lo que lo hace una elección extraña; se puede discutir sobre el resultado final, pero es innegable que el ritmo algo más pausado y la peculiar cinematografía son cosas que no se habían probado en una película Bond. En el rol del villano fue contratado Javier Bardem como Silva, y su interpretación resultó... divisiva, en realidad, considerando que con él, regresó una buena cuota del camp que había sido dejado de lado con Casino Royale y Quantum of Solace. Esta entrega marcó también el regreso de dos personajes clásicos, aunque reimaginados para los nuevos tiempos: Moneypenny, interpretada por Naomi Harris un poco más como una chica de acción y ligeramente más sexualizada, y Q, interpretado por Ben Whishaw como un adorable y joven nerd. La banda sonora recayó ahora en Thomas Newman, colaborador habitual de Sam Mendes; la canción Bond por su parte sería interpretada por Adele, de manera tan gloriosa que le mereció uno de los poquísimos Premios Oscar que se ha ganado la franquicia.


"Estoy asustada porque a nuestros enemigos ya no los conocemos. Ellos no existen en un mapa. Ellos no son naciones, sino individuos. Y miren alrededor de ustedes. ¿A quiénes temen? ¿Pueden ver una cara, un uniforme, una bandera? ¡No! ¡Nuestro mundo no es más transparente ahora, es más opaco! Está en las sombras. Es en donde debemos batallar. Así es que antes de que nos declaren irrelevantes, pregúntense a ustedes mismos, ¿cuán seguros se sienten?" (M, en audiencia ante un comité).
En Estambul, James Bond está a la caza de un mercenario que se ha robado un disco duro con una nómina de agentes secretos repartidos por todas partes, lo que lo lleva a una estrambótica escena de acción en un tren que, pese a estar bajo ataque, por alguna razón no se detiene. Se libra una batalla decisiva entre 007 y el blanco enemigo sobre el techo del tren, y M decide irse a la segura y hacer que una agente femenina dispare un tiro. Por accidente, el mismo llega hasta Bond, que cae a un río y se lo da por muerto, aunque por supuesto, siendo la franquicia sobre 007, en realidad no está muerto. Poco después, el Servicio Secreto de Inglaterra sufre un devastador ataque terrorista, que pone a éste y a su jefa M bajo el escrutinio de los políticos. En este minuto es cuando 007 hace su reaparición. Tras una serie de exámenes físicos que demuestran la incapacidad de Bond para el servicio, aún así M lo pone en el campo de nuevo, y lo envía a Shanghai, probando una vez más que sale más a cuenta caerle bien a los superiores que sacarse buenas notas en este mundo. Comienza así la persecución de Silva, un peligroso ciberterrorista que, según se revelará, tiene cuentas pendientes con M.

A pesar de tener sus detractores, lo cierto es que Skyfall resultó un bulldozer en todos los respectos: la crítica la adoró, y el público la encumbró hasta la película Bond más taquillera del primer medio siglo de la franquicia, ajustes por inflación inclusive, la primera en pasar la barrera de los mil millones de dólares de recaudación, y siendo superada sólo por Los Vengadores en la taquilla de 2.012. Algo bastante raro si se piensa que, desde cierto punto de vista, Skyfall no es exactamente una película Bond típica. El villano es un terrorista informático que siembra el caos a su alrededor, pero su objetivo no es el dominio mundial sino una venganza privada. Tampoco tiene a disposición una base de operaciones demasiado aparatosa ni incontables reservas de matones, aunque en la siguiente película se especifica que está conectado con Spectre, que parece estarlo financiando. El villano es capturado a mitad de película, y después el problema es en realidad qué hacer con él, también otro argumento inusual en una película Bond. Toda la segunda mitad de la película transcurre en Inglaterra, la patria nativa de Bond, en vez de que éste viaje a otra locación exótica, como es lo habitual. Y la secuencia final, lejos de ser una aparatosa batalla final o un asalto contra la guarida del villano, presenta por el contrario una batallita en el hogar ancestral de James Bond, entre Bond, M y un tercer personaje por un lado, y un pelotón de mercenarios por el otro... con el villano obteniendo el triunfo final, aunque a un alto costo personal. En resumen, Skyfall es prácticamente una subversión del guión promedio de las películas Bond, tan gigantesca que cuesta creer que no la hayan escrito así a propósito. A la luz de todo esto, uno puede preguntarse cuánto en realidad es odiado el antiguo Bond en la actualidad, si una de las películas Bond recientes más aclamadas es una que da vuelta a la torera el grueso de los tópicos propios de la franquicia, en vez de seguirlos de manera canónica.

25.- Spectre (2.015).

  • Títulos varios: 007 Spectre en México, Spectre 007 en España.

Al igual que después de Casino Royale, Skyfall había dejado la vara alta para su sucesora, y más aún cuando se reveló que el título de la nueva película iba a ser Spectre, refiriéndose por supuesto a la mítica organización secreta contra la cual luchara el Bond de Connery. Por un minuto se barajó que Christopher Nolan la dirigiera, lo que hubiera resultado graciosísimo considerando lo mucho que Skyfall le debía a The Dark Knight. Otros nombres potenciales fueron Ang Lee (Hulk), David Yates (las últimas de Harry Potter), Danny Boyle (Sunshine) y Shane Black (Iron Man 3); pero finalmente, Sam Mendes decidió repetirse el plato. El rol del villano fue a dar a las manos de Christoph Waltz, después de que Gary Oldman lo declinara. La chica Bond principal fue Léa Seydoux, quien hilarantemente ya había sido asesina a sueldo en Misión Imposible: Protocolo Fantasma. Pero el verdadero ruido lo hizo el casting de Monica Bellucci como chica Bond a sus cincuenta bien cumplidos, superando la marca de 39 años de Honor Blackman, aunque luego resulte que la Bellucci aparezca apenas en dos secuencias; la propia Bellucci estaba tan sorprendida por el llamado, que pensó inicialmente que le estaban pidiendo interpretar a una nueva M, en reemplazo de Judi Dench y yo hubiera pagado por ver eso. Irónicamente, casi dos décadas antes, la Bellucci estuvo a punto de ser Paris Carver, la chica Bond de El mañana nunca muere, pero al final, como sabemos, el rol acabó siendo para Teri Hatcher... Para matón del villano fue llamado Dave Bautista, famoso por ser Drax en Guardianes de la Galaxia, aunque luego su personaje dice menos palabras que Groot, lo que es una clase de récord, y no estoy bromeando en esto. Jesper Christensen repite por tercera vez como el Sr. White, villano recurrente del Bond de Craig, vinculado a Quantum. Por segunda vez en una racha, Thomas Newman se hizo cargo de la banda sonora, mientras que la brutal y grotescamente sobreproducida canción Bond, titulada Writing's on the Wall, fue interpretada por Sam Smith.


"Un hombre vive dentro de su cabeza; ahí es donde está la semilla de su alma. James y yo estuvimos ambos presentes recientemente cuando un hombre fue privado de sus ojos, y la cosa más asombrosa sucedió, ¿no te diste cuenta? El ya no estaba más ahí. El se había ido a pesar de que estaba todavía vivo, así es que en ese breve momento entre la vida y la muerte, no había nadie dentro de su cráneo. Muy extraño" (Blofeld, en un clásico momento de psiquiátrico).
En la secuencia de precréditos, que recupera la apertura inicial con el disparo contra el cañón de la pistola, vemos a James Bond correteando por los tejados de Ciudad de México, dejando atrás a una chica para jugar con su arma en solitario perseguir y eventualmente meterle un tiro a un terrorista al que le va siguiendo la pista. Cuando está a punto de cargárselo, el grupito terrorista se da cuenta y dispara de vuelta. 007 inicia entonces una persecución que lo lleva hasta el helicóptero mismo en donde su oponente se está fugando, obteniendo por el camino un valioso anillo con un símbolo: un pulpo. En realidad, 007 ha estado siguiendo las instrucciones que la anterior M le ha dejado en un video, en orden a matar al sicario que ahora está muerto, e ir al funeral. El objetivo es la viuda del terrorista, una despampanante Monica Bellucci a la cual protegerá de un par de matones enviados a liquidarla porque sabe demasiado. Ella es la clave para ir al encuentro de una organización secreta llamada Spectre, dentro de la cual James Bond descubrirá un oscurísimo secreto de su pasado, aparte de iniciar la cacería del líder de la misma.

En cierta medida, Spectre encarrila de nuevo la franquicia dentro de cauces más tradicionales, luego de que tanto Casino Royale como Quantum of Solace y Skyfall exploraran otras posibles narrativas para 007, siendo la primera una historia de los orígenes del personaje, la segunda una en que 007 se vuelve un agente renegado para perseguir una venganza personal, y la tercera una en que tanto la utilidad y función de la sección doble cero en un mundo informatizado, y los mismísimos mecanismos narrativos de la franquicia, son examinados y cuestionados. Spectre por el contrario presenta más o menos el guión Bond estándar, y también un villano que es tambíen la némesis tradicional del agente secreto, o eso por lo menos hasta un acto tercero en donde todo se sale de madre, en realidad. Como sea, el clasicismo de esta entrega ha ocasionado que algunos cuestionen a la película porque temen que signifique negar lo que se perciben como avances que ayudan a sacarse la pesada carcasa de las convenciones narrativas antiguas, mientras que otros por el contrario la consideren un regreso más o menos saludable a lo que Bond quizás nunca debiera haber dejado de ser. De todas maneras, la taquilla ha respondido, y al momento de escribir estas líneas, Spectre va camino a convertirse en una de las entregas de mayor recaudación en la franquicia, en vías de romper el récord de Skyfall, además de haber sobrepasado a Misión Imposible: Nación secreta, película esta última mucho más bondiana de estilo clásico de lo que se quiere admitir, haciendo buena la decisión de los productores de esta última, de haber anticipado el estreno en medio año, o la recaudación quizás hubiera sido significativamente menor.

Pero sea que Spectre sea un saludable retorno a los orígenes o por el contrario el ponzoñoso regreso de una fórmula rancia, lo cierto es que con este comentario le ponemos término a este repaso de veinticinco películas Bond, que se han extendido a lo largo de más de medio siglo, y lo hacemos dejando a la saga en un punto muy alto. Porque para bien o para mal, James Bond es parte de la cultura popular, y si ha conseguido sobrevivir durante tantos años, es por la prolongada habilidad de sus productores para ir adaptando al personaje, a veces bien y a veces mal, a las nuevas modas, tendencias y eventos históricos que se han ido produciendo, en vez de permanecer anclados en la añosa receta de la década de 1.960 en que se originó la franquicia fílmica. El Bond de Craig a estas alturas no es sólo una prolongación de la saga sino una redefinición de la misma, y sus rasgos peculiares no son meros accidentes en el camino, sino transformaciones que hoy por hoy parecen irreversibles; si Bond va después en otra dirección, es seguro que no será hacia atrás, hacia el pasado, o si lo hace, será desde la perspectiva del presente, más o menos como lo hace Spectre. El 007 de Craig es en general tan válido como el de Connery o Moore; y quizás sea mejor apreciado por quienes crecieron viéndolo, en vez de haber crecido con el Bond de Brosnan o el de Moore, que también eran válidos, pero también muy diferentes. No cabe duda de que los defensores del actual Bond de Craig, cuando llegue uno nuevo con un rumbo diferente, abominarán de él porque su Bond es el craiguiano, y no el brosnaniano ni el mooriano. Estos debates y divisiones son muy saludables porque revelan que, en efecto, James Bond es más que una mera propiedad intelectual, y ahora es tan parte del folclor moderno como Superman, los mosqueteros de Dumas, los detectives privados de novela negra o Luke Skywalker. El tenso equilibrio entre la fórmula tradicional y la revisión periódica de la misma, es la savia misma desde la cual se ha alimentado la franquicia, y bien llevado, dicho tenso equilibrio seguirá siendo el motor de la misma, de manera que James Bond pareciera en definitiva tener todo el tiempo del mundo por delante.

2 comentarios:

Cidroq dijo...

Fue un excelnte viaje por la saga Bond, gracias Guillermo por contarnos la historia de uno de los iconos de la cultura popular

Guillermo Ríos dijo...

De nada. Una de las intenciones de esta serie de posteos era mejorar y ampliar lo que, en líneas generales, ya había tratado en una Interminablelogía, y parece ser que los resultados han sido buenos en ese respecto.

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