domingo, 20 de septiembre de 2015

Blockbusters genéricos: El guión tipo.


En las últimas cuatro décadas, el cine ha experimentado la revolución del blockbuster. Admitámoslo, los productores siempre tenían en mente ganar dinero, pero antaño había además un cierto orgullo en eso que genéricamente puede llamarse la calidad artística. Una película como Lo que el viento se llevó, por ejemplo, aunque diseñada para arrasar con la taquilla, lo hacía desde ciertos valores de producción, que a su vez eran un mínimo de exigentes con el público. Lo que descubrieron Tiburón primero, y La guerra de las galaxias después, es que era posible arrasar con la taquilla creando un cine mucho más relajado, con menos ideas. Hoy en día, ambas películas son un prodigio de creatividad, pero para los estándares de la década de 1.970, eran filmes poco comprometidos, con una muy baja carga ideológica, y en donde el espectador promedio debía pensar muy poco para asimilar la experiencia. Llegaron inevitablemente los clones, y los estudios descubrieron que habían dado con la fórmula. La idea es acostumbrar al público a una determinada fórmula que sea poco exigente, que aporte muchas emociones superficiales, y que no haga pensar, todo eso revestido de lo último en efectos especiales para disimular la pobreza de ideas. Entra aquí entonces... el guión tipo. Estándar. Que verás repetido en estas producciones una y mil veces, porque la idea es que el espectador esté entrenado para salivar de manera pavloviana, y sentir que valió la pena invertir su dinero (el cual ahora está en el bolsillo de la poderosa megacorporación, claro). Acá en la Guillermocracia repasaremos cuáles son los ingredientes para escribir este guión tipo. Los cuales son, sin más preámbulos...

1.- El pseudoescenario.

De entrada, hay un dilema. El público quiere un escenario distinto que el último blockbuster, pero por otra parte, quiere lo mismo de siempre. ¿Cómo satisfacerlo? Simple: crear un escenario que tenga una cosmética distinta, pero que el trasfondo sea el mismo. Dicho trasfondo será, de una u otra manera, la sociedad de Estados Unidos del siglo XXI, porque es en el Estados Unidos del siglo XXI en donde se recauda la mitad de la taquilla de un blockbuster promedio. El lugar de ambientación es así sólo un decorado. Sea en la Francia de los Tres Mosqueteros o la Grecia de Hércules, siempre los protagonistas buscan ese valor tan estadounidense que es la libertad; poco importa que en otros tiempos y lugares, por tales o cuales circunstancias, la gente tendiera a asumir con cierta resignación que los gobiernos absolutos e incluso despóticos forman parte de la naturaleza. En definitiva, se asume que todas las sociedades de todos los lugares y todas las épocas tienen una única escala de valores, la estadounidense conservadora tradicional de la actualidad, y por ende, todas las gentes quieren exactamente lo mismo. Al final, en consecuencia, cualquiera de estas películas en el fondo se transforman en versiones épicas e hipertrofiadas del viejo esquema de Los magníficos en donde los héroes llegan hasta un pueblo perdido de Dios en donde el matón de turno aflige a los buenos pueblerinos, y los héroes les ponen las peras a cuatro. Y he escrito película allí donde en algunos casos deberíamos escribir trilogías, porque en espíritu y esencia, la Trilogía del Hobbit se parece tanto a la novela tolkieniana original como la investigación de Rambo sobre qué pasó con los prisioneros de guerra en Vietnam, a las investigaciones policíacas del Sherlock Holmes original de Conan Doyle.

2.- La ciudad sin nombre ni identidad.

Dentro de ese pseudoescenario, tenemos la ciudad en la cual los protagonistas tendrán sus aventuras. Parte de la trama puede tener lugar en la naturaleza salvaje, de preferencia en un bosque para evocar un cierto aire de épica germánica, porque ninguna película épica que se precie de tal, tiene escenas en un desierto en donde no se pueda lucir el CGI. Pero al principio o al final, al menos, la trama va a llevar a la ciudad. Como esta ciudad está dentro de un pseudoescenario, entonces no debemos esperar que presente características sociales determinadas de ninguna clase. Nunca sabremos si su principal actividad económica es la pesca, el comercio de pescado, la industria de arpones para cazar pescados, o el dinero que deje el turismo del Museo de Dragones Comepescados. Tampoco tendremos demasiadas noticias sobre su régimen de gobierno. Por lo general, todo el sistema político, económico y social se reduce a alguien que gobierna, sea un alcalde o un rey, su bella hija, algún funcionario que quiere ser califa en lugar del califa, y algunos tenderos de alguna clase que serán la ayuda indispensable del héroe. Pero como una ciudad sin nombre ni identidad no tiene demasiada chicha, hay que darle algo de personalidad, y para ello, nada mejor que los monumentos históricos: por eso es que no importa por qué ventana de París mires, siempre y de manera teseractiana terminarás por ver la Torre Eiffel. En algunos casos, por eso de la personalidad, meterán alguna escena chusca en donde se mencione al pasar alguna curiosa costumbre de esos salvajes necesitados de un héroe que los salve del tirano de turno. Como la costumbre de quemar santos, en la España mitológica de Misión Imposible II. Porque sólo faltó una española que se llamara Isabela, Lupe o Remedios, y ya tenemos el exotismo asegurado, de cara al mercado anglosajón.

3.- El protagonista atormentado por su pasado.

El héroe cuya motivación para luchar por la justicia es el simple y puro amor a la justicia, está pasado de moda. Si llegamos a ver alguno en un blockbuster actual, es en el tono más paródico que se pueda, como por ejemplo en Capitán Sky y el Mundo del Mañana. ¿Quién, en estos tiempos, quiere ver a un tipo recto, responsable y amable que ayuda a los más débiles por pura generosidad? Hoy en día sabemos muy bien que existen dos clases de gente sinceramente generosa: los imbéciles y los perdedores, siendo ambas categorías no por necesidad excluyentes una de la otra. Pero como tener un protagonista egoísta y pesado que se ríe en la cara de la gente es algo que da asquito, entonces debemos darle una motivación para ser un egoísta y pesado que se ríe en la cara de la gente. Entra aquí entonces... el trauma de infancia. Dicho trauma será casi siempre la muerte de una figura paterna; por regla general es el propio padre, aunque también puede ser un hermano mayor o un mentor. Tenemos aquí una carta ganadora: el protagonista tiene un obstáculo psicológico que superar, tenemos definido el malo malísimo, y tenemos una venganza que rematará en una cruel y merecida muerte. Por cierto, esa figura muerta no será casi nunca la madre: vengar al padre o hermano mayor tiene un componente viril del niño que se hace hombre, mientras que vengar a la madre por el contrario hace ver al héroe como un pobre diablo ridículamente edípico. George Lucas no tomó nota de esto último en El ataque de los clones, cuando mató a la mamá de Bambi de Anakin, y ya ven. En algunos casos, eso sí, si queremos hacerlo más profesional, podemos poner como trauma, el haber fracasado en una determinada misión, que le costó la vida a la esposa, al compañero de misión, al mejor amigo, o como brillantemente parodia Ralph el demoledor con la Teniente Callahan, a alguien que combine las tres juntas (suponemos que el prometido de ella era también el mejor amigo, ¿por qué no?). Esta última opción narrativa es muy recomendable si el protagonista es alguna clase de figura encargada de hacer cumplir la ley y el orden: un policía por supuesto, un soldado, un espía, un hombre del servicio secreto, un crítico de cine, etcétera.

4.- El protagonista es especial.

Pero todavía falta algo. Vale que el protagonista a lo mejor es un pesado, y tiene un pasado tormentoso, pero bien podría ser que el espectador no terminara de identificarse con él, por un factor bastante sencillo llamado sanidad mental. Nosotros en nuestra vida cotidiana queremos estar rodeados de gente que sume, no que reste, ¿verdad? Es decir, queremos estar al lado de los ganadores, no de los perdedores traumados. Entonces, ¿cómo conseguir que aceptemos a ese pringado como nuestro nuevo mejor amigo? Fácil. Lo hacemos... EL ELEGIDO. Así, con mayúsculas. El decorado es lo más fácil del mundo: hacemos entrar una profecía en juego, o alguna misteriosa regla cósmica que justo, ni que cortada la tela por un sastre, le encaja como guante en el dedo al protagonista. Entonces, estás obligado a amar al protagonista porque después de todo es EL ELEGIDO. Si fuera un humano común y corriente, podrías odiarlo y no pasaría nada. Pero como él es EL ELEGIDO, entonces si lo odias, eres malo y además quieres la destrucción del mundo. Pero con eso, ni siquiera te sientes forzado a amarlo, porque en el fondo ya lo amas. Después de todo es EL ELEGIDO... igual como te gustaría serlo a ti. Te gustaría poder mentirte a ti mismo y decir que el mundo sería un mejor lugar si todos hicieran lo que tú quisieras. Y te gustaría que toda la gente que te tiene mala, te la tuviera no por ti o por cualquier motivo, sino porque son malvados. Es decir, el protagonista de la película tiene que ser EL ELEGIDO porque tú quieres ser también EL ELEGIDO. Y ya que no puedes serlo en la vida real, por lo menos que el cine te proporcione esa experiencia vicaria, que para eso pagamos entrada en esta sala, y no la de la otra sala en donde están exhibiendo algún latazo del pesado de Ingmar Bergman.

5.- La chica tonificada pero fría.

Y ya que estamos en un blockbuster puesto para llenar fantasías, ¿por qué no darle lugar a la fantasía más apetitosa de todas, que es echarse entre pecho y espalda a la chica más poderosa del mundo? Porque yo lo valgo, por supuesto. Y por poderosa queremos decir alguna o varias de las siguientes: prominente, voluptuosa, curvilínea, tonificada, atlética, etcétera. Porque para chicas a mitad de camino, que se llevan a patadas con el gimnasio al tiempo que se hinchan a carbohidratos, para eso ya está la vida real. De manera que todo buen blockbuster debe contratar a una de estas chicas poderosas para ser la compañera del héroe. Ahora bien, ahora que el CGI de humanos todavía le faltan un par de afinaciones, todavía es necesario que alguna actriz satisfaga esos criterios. Y esto significa que éstas deben matarse veinte horas diarias en el gimnasio y una a la semana en clases de actuación, e ingerir y tragar a saber qué clase de brebajes verdosos pasados por la juguera, y confeccionados con hortalizas cocinadas de maneras que en lo gastronómico tienen más bien poco que ver con la cocina francesa, aunque en eso, puede incluso que tengan gusto a escargot. El caso es que esta chica... no se lanzará directamente a los brazos del héroe. Porque eso significa que es una chica fácil, y quedaría instalada la duda acerca de que con cuántos ha estado antes. Por el contrario, es necesario dejar bien en claro la masculinidad del héroe, que es EL ELEGIDO porque es como tú, haciendo que la chica lo rechace y lo rechace y lo rechace... hasta que se deja seducir y convencer, y lo acepta en exclusiva a él. Y como esto podría ser, quizás, algo insultante para las chicas de la platea, por la insinuación de que, muy en el fondo, ella es una arribista que no se conforma con menos que EL ELEGIDO, entonces es necesario crearle un trasfondo dramático. El villano mató a la gente de su aldea, su primer novio es el villano, su primer novio fue asesinado por el villano, o simplemente es la mejor de la mejor y por lo tanto es tan buena como quisiera serlo la chica de la platea, todo vale para que ella tenga el pretexto necesario para despreciar al héroe, hasta que descubra que él es EL ELEGIDO y decida que quiere casarse con él y ser la madre de su prole.

6.- Mamporro tras mamporro tras mamporro.

De manera que tenemos el pseudoescenario, el héroe, y la chica del héroe. Ya estamos listos para empezar la aventura. Y lo importante de la aventura son... los mamporros. ¿Progresión dramática? ¿Intrincadas conspiraciones en la trastienda? ¿Diálogos con sutilezas? ¿Personajes con finas psicologías e interesantes dilemas morales? Todo eso es para idiotas que se queman el coco con tonterías. Lo importante es que se debe llevar la historia desde el momento en que EL ELEGIDO se embarca en su búsqueda o misión, hasta el duelo final, que es el MAMPORRO FINAL. Y como hay que rellenar entre una hora con treinta hasta tres, se hace con... mamporros. Los protagonistas van a un lugar, y se lían a mamporros. En ese lugar descubren que el siguiente enemigo está en otro lugar... y van hasta ese lugar y se lían a mamporros. A su vez, en ese lugar descubren que el siguiente objeto a recolectar está en un tercer lugar, y van a ese tercer lugar y se lían a mamporros. Y luego descubren que la clave del misterio está todavía en otro lugar, y van hasta ese todavía otro lugar y, adivinen... se lían a mamporros. El argumento es un pretexto para hilvanar mamporro tras mamporro tras mamporro, pero... ¡qué importa! ¡Se ve tan bonito en pantalla! Y esto no es para tomárselo a broma. Michael Bay ha generado una saga entera de robots que se lían a mamporro tras mamporro tras mamporro, y ninguna de estas películas baja de las dos horas con treinta, llenándose los bolsillos de dinero de paso. Pero queda apenas de virrey frente al rey absoluto que es Peter Jackson, quien con la filosofía del mamporro tras mamporro tras mamporro consiguió sacar tres películas de tres horas sobre una novela de trescientas páginas, lo que significa dedicarle casi dos minutos de metraje a cada página. O de cómo consiguió la alquimia de transformar a El Hobbit de Tolkien en Dragon Ball Z. Pero como todo esto podría ser demasiado monótono, entonces pasamos al...

7.- ¡Todo está perdido!

Como los héroes ganando siempre se torna aburrido, en algún minuto es necesario que pierdan. Usualmente la derrota épica va más hacia el final, como seña hacia el espectador de que ahora se pone serio. En este punto muere el mentor, o el mejor amigo, o la mascota heroica, o capturan a la chica del héroe, o incendian la ciudad, o cualquier cosa por el estilo. O bien, si el mejor amigo ha conseguido sobrevivir hasta el minuto, misteriosamente y de la nada se va a enojar y se va a marchar, lo que hace preguntarse cómo es que el protagonista ha considerado amigo a esa porquería que lo abandona en la hora de mayor necesidad. Solitario, abatido, derrotado y apaleado, el protagonista se deja vencer por el desaliento, se queda mirando al horizonte con la mirada extraviada, y en general, desarrollaría una actitud catatónica propia de psiquiátrico, si los psiquiátricos existieran en estos mundos de fantasía. Incluso hasta la orquesta de fondo, que hasta el minuto suena alegre y vibrante, con muchos instrumentos de viento, particularmente trompetas, se toman su minutito de descanso, y dejan a un único y solitario violín sonando de manera plañidera, y tocando la melodía del protagonista, pero ahora en tono menor. Pero en prevención de este momento, porque las chicas son más sabias, una de ellas (la madre, la hermana, la chica, la mascota hembra) le ha pasado un medallón que le recuerda al protagonista por qué lucha: por la Patria, por la venganza, por la justicia, für Wurst mit Sauerkraut... Y entonces entran los otros instrumentos musicales en un crescendo, con una música solemne pero más alegre, hasta llegar al estallido de instrumentos con los tambores y timbales retumbando a toda máquina y los instrumentos de cuerdas al ritmo, mientras el héroe se pone de pie de manera dosmiluniana, y empieza a caminar con rumbo hacia la batalla final, con el corazón henchido de voluntad y determinación. Como tú la última vez que fuiste a dar tus exámenes de final de semestre en la Universidad, sin ir más lejos.

8.- El discurso para el bronce.

Sin embargo, aunque tenemos al protagonista yendo recto al encuentro con su Destino porque es EL ELEGIDO, aún falta algo. Puede que acontezca cuando el protagonista reúne un ejército para ir a la batalla final. O antes de empezar ésta. Pero como los antiácidos y los anticonceptivos, nunca después. Nos referimos al discurso en el cual, de manera infalible, levantará la moral alicaída de los suyos, inspirándoles hasta el punto que conseguirá sacar lo mejor de ellos en la hora decisiva, etcétera. Ahora bien, por ejército puede ser todo Gondor en plan MacArthur, o el puente de mando compuesto por compañeros y no por simples asalariados, o bien los cuatro pringados que han seguido con el héroe hasta el final. En cualquier caso, el héroe se encomendará a los manes de Demóstenes, y lanzará el discurso más épico de toda su vida, un verdadero Guionista ex machina en términos intelectuales. Primero se referirá a cómo la cosa está castaña tirando a color carbón, y de cómo la desesperanza ha invadido los corazones, para luego, una de tres opciones: o le pide a sus camaradas un último y heroico esfuerzo por salvar la cara con dignidad, o bien les promete que si no lo siguen irá a luchar solo, o por último, con toda la cara del mundo, declara que esta noche cancelamos el Apocalipsis porque somos lo más de lo más. En cualquier caso, la petición es tan entrañable, o el ejemplo del sacrificio es tan inspirador, o la convicción casi maníaca en la victoria final es tan emotiva, que los que secundan no pueden menos que levantar sus brazos gritando como posesos, para luego ir hacia el Destino. Si son los compañeros de la banda del héroe, es probable que todos o casi todos sobrevivan, pero si es un ejército conformado por chaquetas rojas, van a caer como moscas, víctimas de un discurso que para ellos, al final, ha resultado engañoso. Pero no importa. Se habrán dado el gusto de aplaudir y gritar frente al discurso. Porque llegarán días en que los blockbusters se acaben, y el valor de los discursos falle... ¡pero ese día no es hoy día!

9.- La batalla decisiva.

Por regla general, la batalla final ha comenzado antes de que arribe el héroe. Si al villano le faltaran todavía dos o tres semanas por delante para ejecutar su plan maligno, entonces el héroe tendría tiempo para planificar una estrategia. Pero las planificaciones son aburridas, y además en ese período no veríamos escenas de destrucción masiva que justifiquen los efectos especiales y el abuso de infrasonidos que hagan retumbar la sala hasta hacer temer al público que las paredes cedan a la fatiga estructural y se vengan abajo. Por lo que ponemos al villano ya ejecutando su plan diabólico. Que no consiste en un asesinato selectivo o un ingenioso plan para robarse el Koh-i-Noor sin derramamiento de sangre, sino en algo que involucre mucha, realmente mucha destrucción, y si es con genocidio, tanto mejor. El héroe por lo tanto siente la urgencia de derrotar cuanto antes al villano porque, bueno, es el héroe y también EL ELEGIDO. En este momento, actúa de común acuerdo con la chica, que a estas alturas se está ablandando, o ya se ha derretido del todo por el héroe. Además aparece el mejor amigo con el cual se había peleado, quien reaparece a tiempo para matar a alguien que estaba a punto de acabar con el héroe por la espalda y a traición. A lo que el héroe dirá algo en la línea de: "Pensaba que te habías ido". Y el mejor amigo responderá con mucha bebida gaseosa: "Yo también pensaba". Y el público bicurioso se derretirá ante tanta masculinidad desatada, por supuesto. Juntos, el terceto conformado por EL ELEGIDO, la chica y el mejor amigo, plantarán cara al mal, y lo derrotarán y sobrevivirán, salvo que el mejor amigo sea negro, en cuyo caso su probabilidad de supervivencia es significativamente menor. Pero, ¡momento! Parecía que el villano había sido derrotado, pero no, porque resucita y activa un nuevo y más mortífero plan. En este punto el héroe se desata por completo, y el villano termina baleado, empalado, descuartizado y quemado hasta las cenizas. Ante lo cual el héroe lanzará una frase de tipo: "Estás como para morirse", u otra frase igual de idiota y supuestamente chistosa. Algunas veces, tocan un par de minutos más para desactivar la máquina del villano, que tiene un reloj muy visible señalando cuántos segundos faltan; por lo general se desactiva en el segundo 001 e incluso en el 000, salvo que se trate de cierta franquicia en la cual sea más gracioso que el reloj se detenga en el segundo 007.

10.- El premio final.

Por lo general, el héroe que es EL ELEGIDO ha venido de un pasado atormentado, y no tiene mayores ambiciones sobre la Tierra. De manera que no le pagarán por sus servicios, y si lo hacen, él rechazará virilmente el pago, porque la justicia es su única recompensa. La tecnología o magia peligrosa con la cual el villano ha estado a punto de cargarse la ciudad, el reino o el mundo, si no es destruida, entonces quedará en manos de los aliados del héroe, que como son los buenos, jamás de los jamases discurrirán algo tan mala clase como usarla para propósitos nefandos, sus ambiciones incluidas. Pero aunque el héroe no se lleve oro, dinero, diamantes o la corona (incluso aunque se la ofrezcan), sí se lleva a la chica. Si la película es Todo Espectador, la historia se cerrará con un muerdelabios, mientras que si es para público adolescente, habrá escena de sexo, aunque con los dos protagonistas con los cuerpos tapados por las sábanas desde los talones hasta el bulbo raquídeo, y conversando en el momento anterior o posterior al coito, jamás en el momento mismo de la consumación de las pasiones lúbricas. En este minuto ustedes deben aprovechar de echarle un buen vistazo a la chica, porque será la última vez que aparecerá: si se rueda una secuela, ella estará por completo ausente y habrá otra chica con la que reiniciar el ciclo de pelearse y encamarse, o bien ella aparecerá en la primera escena para morir de manera ignominiosa, y darle motivos al protagonista para vengarse, al lado de otra chica que iba pasando por ahí, y con la que reiniciar el ciclo de pelearse y encamarse. Y así, hasta que la franquicia deje de ser redituable, en cuyo caso pasarán algunos años, y luego vendrá el reboot, y...

La gente de Hollywood, ellos sí que saben.

4 comentarios:

Cidroq dijo...

bastante completa esta receta, si acaso como algun detalle extra, el amigo o pareja de compañeros sobre los que recaen los gags comicos.

Guillermo Ríos dijo...

Eso lo he visto un poco más espaciado, pero sí es cierto, qué habría sido de Calabozos y dragones en donde Jeremy Irons era el malo, sin el amigo "chistoso" del protagonista.

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Por fin me pude leerme entero este post tuyo, a lo que tras llegar a ello me pregunto ¿Desprecias en realidad todos los filmes aquí mencionados directa o indirectamente o todo ha sido una repasada inteligentemente irónica respecto a sus habituales leiv motivs? Por cierto, te he dedicado unas cuantas líneas en la entrevista que acabo de publicar en mi blog.

Guillermo Ríos dijo...

Vale al respecto aquello de que el noventa por ciento de los blockbusters son malos, pero lo son no porque sean blockbusters, sino simplemente porque el noventa por ciento de cualquier cosa es malo. Los blockbusters actuales son productos de fórmula, pero la fórmula se puede aplicar bien, y resulta una película entretenida, llevadera, e incluso que en algunos casos haga pensar, y en otros casos resultan productos olvidables que, de hecho, se olvidan rápido.

En cualquier caso, el cine malo por llamarlo de alguna manera no partió con la era de los blockbusters. Películas olvidables existen desde que el cine es cine. Sólo que todos las hemos olvidado justamente por eso, porque eran olvidables...

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