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miércoles, 3 de diciembre de 2014

1.939: El año de la mayoría de edad del cine.

Clark Gable y Vivien Leigh en el rodaje de Lo que el viento se llevó.
Ya se nos estaba yendo el año 2.014, y a pesar de habernos acordado de varios tres cuartos de siglo, en particular los 75 años de Batman y los 75 años de la Segunda Guerra Mundial, hay uno que se nos estaba escapando. Nos referimos a los 75 años del que ha sido a veces llamado el annus mirabilis del cine, el año de portentos en que coincidieron algunas de las más grandes e influyentes producciones de Hollywood en toda su Historia. Porque es cierto que todos los años producen clásicos, de manera que deberíamos dedicarle posteos todos los años a las películas que cumplen diez, veinte, veinticinco, cincuenta o ciento siete años de edad, pero por otra parte, pocos son los años que han tenido una cosecha tan notable como 1.939, si es que alguno. Todas estas películas han trascendido la condición de clásicos, para ir incluso un paso más allá: se han transformado en leyendas y modelos a seguir e imitar. Algunas de ellas yacen en un cierto olvido, más allá de los círculos de la cinefilia, pero su influjo todavía se puede rastrear a partir de su legado e influencia. Porque son películas alrededor de las cuales, muchos otros cineastas posteriores se formaron. Así, Lo que el viento se llevó es en muchos sentidos el modelo de toda película épica de época que ha venido después, valga el juego de palabras. O Gunga Din es el modelo por el cual la dupleta Spielberg y Lucas construyeron Indiana Jones y el Templo de la Perdición. Y así sucesivamente. Se puede decir que 1.939 fue el año en el cual el cine alcanzó su mayoría de edad, e incluso puede afirmarse que una cosecha Hollywood 1.939 es el mejor año para pedir. Y para probar el aserto, a continuación un breve comentario sobre diez películas que son prácticamente clásicos ineludibles de la edad dorada de Hollywood. Y a continuación, sin seguir ningún otro orden en particular que no sea la fluidez de la exposición...

1.- Lo que el viento se llevó.

Viéndola por primera vez, Lo que el viento se llevó se siente un poco extraña. Dura más de tres horas, casi cuatro, tiene un ritmo narrativo a veces muy poco fluido y por lo general bastante irregular, y tanto las actuaciones propias de la era anterior al método del Actors Studio, como la fotografía o la banda sonora de Max Steiner, este último un nombre ineludible en los primeros veinte años del cine sonoro, tienden a pecar de melodramáticos. Pero a poco que uno se interese por la película de manera más detenida y logre cruzar a través de esos manierismos propios de la época, tenemos una de las obras maestras más definitivas que ha producido Hollywood. Es una de las más horribles y desgarradoras historias románticas de todos los tiempos, tanto que la incluimos en el mítico posteo 10 historias románticas que terminan muy mal, acá en la Guillermocracia. Es también la crónica de todo un universo en donde sus personajes se sienten seguros y a salvo, que después estalla en pedazos y los deja destrozados, extraviados, perdidos, a la deriva. Hay películas que necesitan escenas literalmente cósmicas con planetas colisionando entre sí para ser épicas. Lo que el viento se llevó lo consigue con mucho menos, narrando cerca de diez años de la vida de la incombustible Scarlett O'Hara, con una guerra como telón de fondo que ni siquiera necesita ser mostrada en pantalla, porque se nos antoja tanto más carnicera y cruel viendo sus consecuencias en la trastienda: los heridos, los hospitales, la población civil destrozada física y moralmente... Es un tipo de cine que hoy en día ya no se podría rodar más. En primer lugar, porque en un eventual remake le meterían innecesarias escenas de masas con soldados y cañonazos, y explosiones de ser posible. Y además, porque se sentirían obligados a darle un final feliz porque los adolescentes impresionables de hoy en día hay que tratarlos entre algodones y no exponerlos a historias que muestren que a veces las cosas en la vida salen mal, salen horriblemente mal; es decir, nada de destrozarles sus bonitos sueños para que maduren y se hagan hombres y mujeres. En definitiva, Lo que el viento se llevó es el molde y modelo que toda película de cine épico debería por lo menos tener a la vista, para siquiera tener el atrevimiento de llamarse épica.

2.- El Mago de Oz.

Me pregunto si los niños pequeños se asustarán hoy en día con El mago de Oz. En su día, seguro que sí, porque hay que ver lo fea que es la bruja interpretada de manera magistral por Margaret Hamilton. Pero luego, viendo la película, resulta que la bruja en cuestión es bastante menos efectiva de lo que su apariencia quisiera indicar. Como Ronan el Acusador en Guardianes de la Galaxia, mucha parafernalia y al final para nada. Pero El mago de Oz es una de las películas fantásticas definitivas del cine. Su argumento es arquetípico a más no poder: una niña de nuestro mundo se pierde por tal o cual razón en un universo paralelo que resulta ser mucho más bonito y brillante, pero que entraña también unos cuantos peligros, los cuales deberá arrostrar con todos sus recursos, y además con la ayuda de sus nuevos ganados amigos. Pero el derroche de creatividad y el espectáculo visual que brindan esta película, son sencillamente increíbles. Esta película supera de lleno a muchas producciones actuales que se hacen con un montón de computación, para en definitiva obtener los mismos resultados o inferiores, en otra demostración clara de que una mayor cantidad de recursos no son necesariamente sustitutos de la creatividad y el talento. El único defecto real de la película es un cambio de guión respecto de la novela, en donde no hay una bruja buena sino dos; en la novela original se justifica así que la primera bruja buena no le hubiera dicho a Dorothy acerca de cómo regresar a casa (porque no sabía, mientras que la segunda bruja buena sí), mientras que en la película, al ser las dos brujas buenas condensadas en un mismo personaje, ésta queda como una manipuladora sonriente de cuidado, por no utilizar un vocabulario menos adecuado para todo espectador. Para que vean que las metidas de pata garrafales con el guión no son cuestión actual. Para muestra del influjo de la película, ¿con qué canción la gente celebró la muerte de Margaret Tatcher en 2.013? Ding Dong the Witch is Dead (Ding dong la bruja está muerta) de El Mago de Oz.

3.- Cumbres borrascosas.

La Metro Goldwyn-Mayer tenía dos grandes leviatanes fílmicos para 1.939, Lo que el viento se llevó y El mago de Oz; lo que, dicho sea de paso, originó un confuso baile de directores que no reseñaremos aquí por complicado, pero del cual hicieron un detallado (y también confuso) repaso en el blog Siglos Curiosos. Y Samuel Goldwyn, productor que había fundado uno de los estudios fusionados para crear la MGM, antes de ser echado ignominiosamente a patadas, ahora corría como productor independiente contra su antigua casa. Su carta era Cumbres borrascosas, una novela de mediados del siglo XIX que algunos consideran una gran novela romántica... a pesar de que en realidad es una violenta deconstrucción de las pasiones desatadas, además de una enorme bofetada a la cara de las novelas románticas del medio siglo precedente, con su glorificación de los romances tormentosos y destructivos. Pero ya en el siglo XX, lo que Goldwyn quería era una historia romántica en forma, de manera que pidió cincuenta millones de reescrituras al guión; para que vean que adocenar una historia al gusto adolescente pop corn no es cosa de la actualidad. Aún así, Cumbres borrascosas sigue siendo un drama romántico en forma, una de las obras maestras tanto del productor Samuel Goldwyn como del maniático y perfeccionista director William Wyler. quien acumuló tres Premios Oscar al Mejor Director en su carrera. Es una desgracia que ese mismo año, Cumbres borrascosas haya debido sufrir una competencia tan reñida por parte de otras películas, porque eso significó que al final no funcionó bien en la taquilla; vino a obtener beneficios únicamente al ser reestrenada algunos años después. Hoy en día yace semiolvidada, lo que es una injusticia, considerando que es uno de los grandes melodramas de la era clásica de Hollywood.

4.- Adios, Mr. Chips.

Ya en 1.939 se miraba con cierta nostalgia al mundo de una generación antes, anterior a la Primera Guerra Mundial, algo muy apropiado si se considera que estaban a punto de embarcarse en la Segunda. En medio de todo esto surgió una novela de James Hilton ambientada en esa era nostálgica a la sombra de muchachas en flor y con magdalenas remojadas en té; la obra en cuestión describe la historia de un profesor durante las tres últimas décadas del siglo XIX, y las tres primeras del XX, y es un melodrama acerca de la significación que tiene un profesor en la vida de sus alumnos, así como de la mantención de la tradición frente a los vientos del cambio, utilizando por una vez en la vida la palabra melodrama en su acepción positiva. La película es en general fiel a la novela, descontando algunas omisiones menores, inevitables en casi cualquier paso de la Literatura al Cine. Parte importante del encanto de esta película radica en que fue producida de verdad en Inglaterra y con actores ingleses, por obra y gracia de la división inglesa de MGM, que la estadounidense estaba ocupada con El mago de Oz y Lo que el viento se llevó... Y en un año tan reñido con los Oscares, en donde Lo que el viento se llevó fue la gran ganadora, el protagonista Robert Donat consiguió arrebatarle el Oscar al Mejor Actor en la cara a Clark Gable. De esta película existe un remake de 1.969 con Peter O'Toole que es un musical, y que siendo una película interesante, no llega a entibiar el corazón de la misma manera que esta versión en particular.

5.- La diligencia.

Esta película creó dos grandes leyendas del cine. El director John Ford había dirigido Westerns en la era del cine mudo, pero para 1.939 hacía ya una década de ello; La diligencia fue así el primer Western hablado de uno de los más icónicos directores de películas del Oeste. Para el protagónico, llamó a un actor en apariencia condenado para siempre a la serie B, y a quien no querían los tipos que se ponían con el dinero: John Wayne. La diligencia fue además el primer Western de alto presupuesto que se produjo en años, porque la moda en esa época era rodar películas de gángsters o de comedias de alta sociedad con diálogos ingeniosos. Pero esta historia de una diligencia con varios pasajeros que tienen que tratar de coexistir entre sí, enfrentados todos ellos a la amenaza externa de los apaches, se transformó en un clásico por derecho propio. Quizás como metáfora de un Estados Unidos multicultural amenazado por el totalitarismo que venía desde Europa, en el mismo año en que estallaba la Segunda Guerra Mundial. La diligencia terminó transformándose en el Western más revolucionario que conoció el cine hasta El bueno, el malo y el feo de 1.966, y la película que creó la edad dorada del género que se prolongaría durante veinte años en su esplendor, y unos cuarenta años hasta que Las puertas del Cielo de 1.980 cerraron el paraíso del género, convirtiéndolo en el zombi que es actualmente.

6.- El jorobado de Notre Dame.

En medio de todos estos clásicos del cine, El jorobado de Notre Dame pasó un poco en sordina. Y es que la competencia era mucha. Lo que es una desgracia. Esta película fue rodada inicialmente como un remake de una versión muda de 1.923 con Lon Chaney. Pero por el camino, adquirió identidad propia. Como de costumbre, la película no puede ser considerada una adaptación fiel de la novela original de Victor Hugo, y está un poco sanitizada al uso de lo que era el cine y la censura de la época. Pero a cambio tenemos al inmenso Charles Laughton dejándose el pellejo vivo en interpretar al Jorobado más entrañable que ha pasado por la gran pantalla. Para quienes están familiarizados con la historia a partir de la versión Disney de 1.996, háganse un favor y échenle un repaso a este clásico del cine. No voy a decir que es vastamente superior porque la película Disney también tiene sus méritos, pero la versión de 1.939 consigue sembrar de manera muy efectiva el hálito de tragedia que toda película sobre el pobre jorobado debe tener, tanto más porque al ser con actores de carne y hueso, duele mucho más que tratándose de dibujos animados que al último, se diga lo que se diga, entre tanta estilización animada, sigue siendo un montón de bocetos armados a lápiz y entintados con pintura.

7.- Gunga Din.

Se ha afirmado muchas veces que Indiana Jones es en realidad el homenaje afectuoso que George Lucas y Steven Spielberg hicieron a las películas de aventuras de su infancia. Tratándose de Indiana Jones y el Templo de la Perdición, el referente ineludible es Gunga Din, quizás la más clásica película del subgénero de lanceros británicos y bengalíes en la India. Hagamos memoria. Durante la primera mitad del siglo XX la India todavía era parte del Imperio Británico, y estaban todavía más o menos frescas las peripecias de los conquistadores británicos dichos territorios; considerando que la conquista de Delhi y la unificación completa de la India fue en 1.804 y que muchas películas de éstas se ambientan a mediados de siglo, para la audiencia de 1.939 era como para nosotros ver una película ambientada en la Primera Guerra Mundial. Todo este esquema imperial sirvió de inspiración para muchas películas que hoy en día no son demasiado de lo que llamaríamos corrección política, por razones obvias. En Gunga Din asistimos a un culto asesino que está sembrando en caos en la India, y amenaza con una sublevación masiva contra el dominio británico. Así, las tropas británicas se adentran en la India profunda para dar caza al misterioso líder del culto asesino. Los paralelos con la segunda película de Indiana Jones, como puede observarse, son notables. El mentado Gunga Din en realidad es un personaje secundario dentro de su propia película, porque es un chico hindú que, muy obediente él, ayuda a las tropas británicas, que son los buenos ya que son los defensores de la civilización blanca, mientras que los protagonistas son un grupo de simpáticos antihéroes de raza blanca, uno de ellos un muy joven Cary Grant. Aunque Gunga Din tiene su momento de estrellato al final porque, después de todo, la historia está vagamente inspirada en un poema de Ruyard Kipling, y en alguna parte había que meter la fuente original para decir que se trata de una adaptación. Película algo lenta y rutinaria para los estándares actuales, sigue siendo de todas maneras un clásico ineludible dentro del género del cine colonialista e imperialista anglosajón.

8.- Las mujeres.

No nos referimos al horroroso remake de 2.008 con Meg Ryan, Annette Benning y Eva Mendes, hecha para rendir homenaje al glorioso público de mujeres narcisistas que consideran que todo en la vida al final gira en torno a ellas mismas. La película de 1.939 es la adaptación de una obra teatral de 1.936 que es bastante más sibilina en sus alcances, en otra muestra de que a veces adaptar a tontas y a locas sin considerar el contexto social ni el subtexto de la obra original, es la receta segura para el desastre. La obra original se trata sobre un grupo de socialités de Manhattan que viven vidas llenas de encanto y glamour. Pero, con esa vena de crítica social que el cine de la época tenía, la película deja ver que en verdad sus vidas no son otra cosa sino manzanas podridas. Una de ellas es una cornúpeta cuyo marido la engaña con otra, y todavía otra más se encarga de revelar el affaire no tanto por sentido de la corrección como por una secreta envidia. A lo largo de esta trama, se hace una descarnada crítica de la vida en la alta sociedad, en donde las mujeres están condenadas casi por nacimiento a desempeñar un determinado rol de chicas perfectas con matrimonios perfectos, y en donde todo el glamour de sus vidas en realidad esconde un mundo de fieras devorando a fieras, porque en la alta sociedad siempre hay espacio para ser un poquito más alta... sólo que a costa de ponerse encima de los hombros de la desgraciada que trata de hacer lo mismo con uno. Esta película es notable también porque no tiene personajes masculinos, a pesar de lo cual éstos son aludidos a través del diálogo, quedando bien en claro cómo la presencia masculina es el pivote alrededor del que giran las mujeres, incluso cuando no están presentes. Suena como algo de otra época... hasta que uno recuerda las historias de farándula en donde un futbolista le pone los cuernos a una siliconada con otra siliconada, etcétera. Es decir, lo mismo sigue sucediendo, pero con menos glamour.

9.- Ninotchka.

Cincuenta años antes de la caída del Muro de Berlín, los soviéticos enviaron a Greta Garbo a Occidente por un motivo u otro, y ella descubrió fascinada que la vida en Occidente es estupenda. Greta Garbo parte siendo una mujer tremendamente seria e incluso masculina, algo que la cuidada interpretación de la Garbo logra hacer muy real, por no hablar de ciertos rumores acerca de... la vida sexual de la diva. El caso es que el lema de la película es "la Garbo ríe", porque Greta Garbo era conocida como chica de dramas con mucha ira y sufrimiento; y de manera consecuente con lo anterior, la película enfila pronto hacia la comedia. Así, a Ninotchka la puede finalmente la curiosidad, y se deja convencer por el estilo de vida occidental, descubriendo de paso las bondades de Occidente por encima de la espartana vida soviética. Una vez de regreso en la Unión Soviética, la comedia queda de lado y pasa al drama de una mujer que ha descubierto la liberación, encerrada dentro de los límites de la asfixiante y opresiva sociedad comunista. La película es una interesante mezcla de comedia romántica amable con algo de sátira social, en particular a costa del Comunismo, y puede considerársela como un clásico al respecto. Por lo menos en 1.987, cuando Arnold Schwarzenegger debió interpretar a un policía venido del país de los soviets en Danko: Al rojo vivo, le pasaron un VHS de Ninotchka para que interpretara su personaje más o menos en la línea de la Garbo. Saquen ustedes la conclusión que quieran al respecto.

10.- Caballero sin espada.

Y llegamos a la que es probablemente la mejor película política que Hollywood ha rodado jamás, una denuncia certera e implacable de la corrupción anidada en el corazón de la nación autoproclamada como baluarte de la democracia: Estados Unidos. Si no han visto esta película, digamos que Los Simpsons la han satirizado a lo menos tres veces: es la película cuyo remake trata de sacar adelante Mel Gibson y que Homero arruina con su típica vocación de ser un desastre ambulante; además, inspiró claramente el episodio en que Lisa Simpson viaja a Washington para dar un discurso patriótico y se decepciona de la corrupción dentro del sistema político; y finalmente, cuando Homero Simpson es elegido para el Congreso, la escena en que Lisa Simpson y el barrendero dicen cómo debe pasarse un proyecto de ley es en realidad un diálogo casi calcado de Caballero sin espada. ¿Y de qué se trata entonces esta película? El Sr. Smith es un tipo honesto y algo simplón que es apoyado como candidato al Congreso de los Estados Unidos precisamente porque lo ven como un tonto útil y manejable. Sin embargo, el Sr. Smith tiene una honradez a toda prueba, y cuando se da cuenta de que está siendo manipulado, y cómo, se niega a jugar de acuerdo a las reglas. En respuesta, todos los poderes fácticos que tienen intereses comprometidos en tales o cuales leyes, harán lo imposible por destrozarlo y hundirlo, con métodos de los cuales papi Goebbels habría estado orgulloso. Siendo ésta una película de Frank Capra, al final la sangre no llega al río y las fuerzas del bien triunfan. Pero a pesar de ello, en el camino la película se ha mandado una de las más feroces críticas contra la corrupción política que se hayan rodado jamás. Ayudado por la interpretación de un joven James Stewart en estado de gracia, mandándose un heroico discurso final. Esta es una de esas películas que nos recuerda que la democracia no es gratis, y que no funciona si es que las personas adoptan una actitud acomodaticia de preocuparse por ellos, su familia, su casa, su automóvil y nada más, sin preocuparse por ser además ciudadanos decentes, informados y responsables. Un mensaje que era relevante en 1.939, por supuesto, y que probablemente sea todavía más relevante en los días en que vivimos.

Al final de lo cual...

...como puede observarse, es muy difícil dar con otro año repleto de tantos clásicos y de tanta calidad como 1.939. Hay películas superiores a algunas de las reseñadas, y hay años que compiten de manera bastante fiera, pero parece ineludible concluir que ésta es una constelación de filmes que no ha vuelto a repetirse a la misma escala en lo sucesivo.


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