domingo, 4 de mayo de 2014

24 (1 de 4): Comienzan los días más largos de Jack Bauer.

Hoy día es el día más largo de mi vida... el primero de muchos.
"Ahora mismo, terroristas están planeando asesinar a un candidato presidencial. Mi esposa e hija han sido secuestradas. Y gente con la que trabajo podría estar involucrado en ambos asuntos. Soy el agente federal Jack Bauer - y hoy día es el día más largo de mi vida" - narración introductoria en la primera temporada de 24. Sería el primero de varios otros el día más largo de mi vida a lo largo de los años.

Una noticia ha corrido como la pólvora en las redes sociales: ¡Jack Bauer regresa! La serie de televisión 24, estrenada en 2.001, es a estas alturas del partido un clásico de culto, y había pasado por dos formatos: la serie televisiva de temporada completa con 24 capítulos, y el telefilme de dos horas. Ahora, fracasado por un motivo u otro el salto al cine, regresa ahora en 2.014 en formato de miniserie con 24: Vive un nuevo día (24: Live Another Day). Por lo mismo, vale la pena repasar un poco lo principal de una de las series más icónicas que ha producido la televisión del siglo XXI. Porque sin lugar a dudas, hablando en términos de impacto e influencia más allá de la comunidad seriéfila, las dos mayores series de la primera década de la centuria fueron 24 y Lost, y la segunda no era exactamente material premium, como tuvimos ocasión de discutir en el posteo Dos artículos sobre "Lost". 24 era en cambio sí lo era. Así por lo menos debieron considerarlo en la India como para darle luz verde a un remake. Y la serie se ponía mejor cuanto más a cuadritos le hacían la vida a su pobre protagonista, el agente contraterrorista Jack Bauer.

Una advertencia. Las cuatro entregas que tendrá esta serie de artículos estarán acribilladas hasta el sombrero con spoilers. Si no han visto la serie y desean verla, lo mejor es que se abstengan de seguir leyendo a partir de este punto en adelante.

La premisa de la serie en sus ocho temporadas, o sea dejando parcialmente de lado tanto la película 24: Redención como la miniserie 24: Vive un nuevo día, era sencilla: cada temporada representaba un día en la vida de su protagonista, Jack Bauer. Cada temporada duraba 24 episodios de una hora, y cada uno transcurría en tiempo real, de manera que una hora de programa equivalía a una hora de tiempo transcurrido dentro de la serie. De manera informal, cada temporada se conoce como Día (Día 1, Día 2, etcétera), y cada capítulo se titula como su día y franja horaria (12:00 AM - 1:00 AM, por ejemplo). Ahora bien, pragmatismo se impone, en comerciales el tiempo cronológico de la serie siempre daba un saltito hacia adelante, de manera que cada capítulo era el estándar de 40-45 minutos con comerciales, abarcando una hora de la vida de Jack Bauer. En definitiva, sin los cortes comerciales, cada temporada dura en realidad unas 18 horas. Usualmente en esos saltitos se dejaba a los protagonistas haciendo cosas mundanas que no es necesario ver con todo detalle en pantalla: esperando algo, manejando hacia alguna parte, investigando archivos, suponemos queacompañando al espectador en desaguar la vejiga urinaria, etcétera.

Este tipo de formato creó algunas anécdotas interesantes. Por ejemplo, la serie no utilizó recursos tan clásicos como la elipsis, el flashback, la cámara lenta o las ensoñaciones. La única excepción visible es el prólogo de 24: Redención, que transcurre en un momento indeterminado, y después del cual la película hace una elipsis antes de entrar a las dos horas de tiempo real del filme. Y relacionado con lo mismo, las cámaras estaban alineadas todas a nivel de la vista, poniendo al espectador al nivel de un testigo cualquiera e incrementando así el realismo; esto significa que en 24 no se ven picados ni contrapicados. Otro aspecto interesante es el tener que rodar durante meses y lidiar con un clima quizás cambiante, así como con la especial iluminación de cada hora de luz del día. La solución que terminaron encontrando fue utilizar filtros amarillos para las escenas en exteriores, algo que se hizo cada vez más obsesivo con el paso de las temporadas, hasta el punto de que 24 era la hora televisiva más saturada de amarillo desde las emisiones televisivas de Goldfinger de James Bond. En 24: Redención introdujeron una variante, y usaron un filtro azul para todas las escenas en Washington, para marcar un día templado de clima mediterráneo, y conservaron el amarillo para las escenas en Africa. Después, en el Día 7, aprovechando el cambio de locación desde la soleada Los Angeles a la más templada Nueva York, se arrojaron de lleno en los brazos del filtro azul. La trilogía que abarca 24: Redención, el Día 7 y el Día 8, desde un punto de vista visual, se distinguen sobremanera por sus tonos azules en reemplazo del clásico filtro amarillo de la serie. De todas maneras, haciendo alarde de ingenio, los guionistas siempre se las arreglaban para que en las últimas horas del día o de la noche, la acción pasara a espacios cerrados. Así, había un capítulo entero de una hora sólo en interiores, con una primera escena de día y una última de noche en exteriores, ahorrándose así de grabar el cambio de luz de los atardeceres; con los amaneceres lo hacían del mismo modo, pero a la inversa por supuesto, partiendo el episodio con un exterior de noche y terminándolo con un exterior de día.

Aún no son las siete de la mañana, y ya se puede pensar en ir a tomar el sol a la playa (tomado del episodio 1 del Día 6).
Otros aspectos divertidos de la producción es que, según la trivia de IMDb, todos los actores principales debían cortarse el pelo una vez cada cinco días. O que cualquier circunstancia casual de algún actor el primer día de rodaje se podía transformar en su sello distintivo para toda la temporada... o para lo que sobreviviera de ella. Así, una herida en la pierna del actor Kiefer Sutherland obligó a los productores a introducir una herida similar en la segunda temporada, para justificar una leve cojera del personaje a lo largo del resto del Día 2. Igual cosa sucedió con Carlos Bernard, cuyo personaje Tony Almeida se pasó toda la segunda temporada con el brazo en cabestrillo para justificar una lesión del hombro que el actor se llevó jugando al béisbol. O el bizarro caso de que el vestuario de la actriz Sarah Clarke no estaba preparado el primer día de rodaje del Día 1, por lo que ella debió empezar a grabar sus escenas de la temporada 1 con sus propias ropas de calle... y después la gente de vestuario debió tomar esas ropas y confeccionar varias copias de respaldo; dentro de la serie, que su personaje Nina Myers no utilizara su vestuario de agente de CTU fue justificado con un breve diálogo en donde ella menciona que fue llamada con urgencia, y no alcanzó a llegar a su casa a ponerse el uniforme reglamentario.

A su vez, el protagonista vivía aventuras que justificaban este formato. Lo suyo no era practicar auditorías para el Servicio de Impuestos Internos, la jardinería de geranios o la locución de triatlones de caracoles, sino algo mucho más dinámico, directo y fulminante: la lucha contra el terrorismo. Aunque lo de justificado es a medias, porque la CTU, la ficticia Unidad Contra Terrorista, por lo general no llegaba a enterarse de las amenazas sino hasta con menos de 24 horas para detenerlas. Tamaña ineficiencia en términos de inteligencia se compensaba con un Jack Bauer tan mortífero combatiendo al terrorismo, que era capaz de amenazar al Presidente de Estados Unidos con apuñalarle un ojo, pilotar aviones desde el compartimento de carga o sobrevivir a agentes biológicos de acción casi instantánea; no son exageraciones, porque las tres hazañas e incontables otras fueron efectivamente realizadas por Jack Bauer en algún minuto de su carrera. La moraleja era: el trabajo de inteligencia apesta, taladrar rodillas terroristas a balazo limpio es lo que funciona. Pero 24 tenía un inequívoco aroma a aventuras pulp de comienzos del siglo XX, sólo que adaptado a los tiempos modernos, de manera que sería tonto pretender que la serie tuviera un tono didáctico de alguna clase.

Otro punto fuerte de la serie, es el retrato de Jack Bauer como un héroe. Ya hemos escrito un posteo entero al respecto, que publicamos acá en la Guillermocracia con un título muy explicativo: ¿Por qué Jack Bauer es un héroe? Así es que sólo repetiremos los puntos fundamentales aquí. El elemento clave que hace heroico a Jack Bauer, más allá de su habilidad sobrehumana para liquidar terroristas sin acabar liquidado él mismo, es su decencia. Jack Bauer es un personaje con nociones claras del bien y del mal, y está dispuesto a sacrificarlo absolutamente todo, incluso su propia vida, con tal de defender lo que es correcto. En los hechos Jack Bauer no es un chauvinista para quien el que no es un estadounidense al menos quizás tenga la suerte de ser conquistado por Estados Unidos. Todo lo contrario, a lo largo de la serie queda muy en evidencia que la cruzada de Jack Bauer es por defender a la sociedad estadounidense y no al imperio de Estados Unidos, lo que le gana la antipatía de los grandes y poderosos de los mismos estadounidenses, los supuestos representantes y defensores de la democracia que en realidad se preocupan más de sus prebendas y asientos que de defender las libertades y bondades de un sistema político corrupto hasta la médula y acribillado por toda clase de intereses económicos. En realidad el gran enemigo de Jack Bauer no es tanto el terrorismo, que aparece bien delineado como el mal y contra el cual por lo tanto hay respaldo en la guerra, sino el enemigo interno, el conformado por empresarios y conglomerados económicos que están bien dispuestos a aprovechar e incluso financiar el terrorismo internacional para ganar mayores cuotas de poder; si con ello están minando las bases de la democracia y los derechos humanos, bueno, tanto peor, que ninguno de ambos valores se cotiza en bolsa. Por cierto, a diferencia de otros supuestos salvadores de la Patria que han combatido la amenaza marxista y otros merengues, Jack Bauer nunca dio un golpe de estado para quedarse en el poder, nunca se enriqueció ilícitamente, y nunca metió favores para su parentela. Esa es la diferencia entre el verdadero héroe y el wannabe.

Matar a Jack Bauer no le da muerte, sólo lo hace enojar. Y mucho.

Ahondando un poco más en Jack Bauer, nos encontramos que el personaje es en realidad el descendiente de un largo linaje de antihéroes urbanos que se mueven de manera inestable sobre la frágil línea genialmente descrita en Más allá del bien y del mal por Friedrich Nietzsche: "Quien combate a monstruos debería vigilar que él mismo no se convierta en un monstruo. Y si miras demasiado hacia el abismo, el abismo te devuelve la mirada". Si bien estos héroes que no tienen ambages de luchar contra el mal con las armas del mal han existido desde siempre, en la cultura popular el gran codificador probablemente sea James Bond. Hoy en día, en un mundo que ha conocido Comando de Arnold Schwarzenegger o las películas de Jason Bourne, que un agente tenga licencia para matar no parece la gran cosa, pero en 1.962, año en que se estrenó Doctor No, la publicidad gritaba al público de manera explícita que James Bond "es un agente doble cero, lo que significa que tiene licencia para matar a quien quiera, como quiera y cuando quiera"; esto era algo fuerte en una época en donde se suponía que el héroe nunca debía matar al villano. Recordemos que Batman, por ejemplo, en sus inicios usaba pistolas y en su primer cómic no tiene vacilaciones en matar al villano, pero después los editores censuraron esto y dijeron que Batman no iba a usar armas letales, e iba a adherirse a un código estricto de no matar. Que James Bond pudiera matar de manera legal, o de manera tan legal como pueda ser lo que era más o menos una patente de corso, era algo enorme para 1.962.

El siguiente gran hito fue Harry el Sucio, protagonista de la película también llamada Harry el Sucio de 1.971, y de cuatro secuelas adicionales. En esencia, Harry el Sucio es James Bond sin su glamour, y con un trabajo de inspector de homicidios en San Francisco en vez de agente secreto internacional, pero con toda su voluntad para castigar a los villanos con los mismos métodos usados por los villanos. Harry el Sucio no es el primer cowboy cop, ya que tal honor corresponde probablemente al personaje interpretado por Steve McQueen en la película Bullit de 1.968. Pero sí es el primero que se transformó en el gran referente a imitar y parodiar tratándose del tópico del policía dispuesto a todo para hacer valer la ley, la democracia y los valores estadounidenses, en términos de (citando al capitán de submarinos interpretado por Gene Hackman en la película Marea roja) "nosotros estamos para proteger la democracia, no para ejercerla". En muchos sentidos, Jack Bauer es más o menos lo que sería Harry el Sucio si se hubiera rodado un remake televisivo treinta años después de la fundacional Harry el Sucio, con terroristas villanos en vez de asesinos en serie; incluso, siguiendo el juego de referencias, Harry el Sucio mismo se enfrentó a una célula terrorista en Sin miedo a la muerte de 1.976, la tercera película de la saga, aunque dicha célula operaba sin refuerzos del enemigo interno y era descrita como el clásico terrorismo filocomunista de la década de 1.970.

De esta manera, 24 se antoja mucho menos original de lo que parece. Ahora bien, la aplicación del formato en tiempo real deriva de otra fuente: los reality shows. Los mismos habían explotado gracias a The Real World, el programa de MTV en donde un grupo de sujetos con un alegre desfile de disfuncionalidades psicológicas eran reunidos dentro de una misma casa a la fuerza para generar drama y vender morbo. 24 no era un reality show, por supuesto, sino una ficción, pero es claro que tomaba toda su estructura de cámara en mano y tiempo real de los reality shows. En muchos sentidos, 24 era escrita y dirigida como si los creadores de The Real World ya no siguieran las peripecias de unos tipejos encerrados en una casa, sino los de una agencia contraterrorista. En este sentido, otro referente clave para entender a 24 es COPS, el tantas veces parodiado programa de televisión que desde ¡1.989! presenta escenas reales de policías en plena acción policial. Lo original de 24 no es por lo tanto sus componentes, sino la ingeniosa amalgama de los mismos. Podríamos definir la fórmula en una sola frase más o menos como: una ficción que imita a un reality show al estilo COPS con un protagonista al estilo de Harry el Sucio persiguiendo tanto terroristas internacionales como estadounidenses traidores a la democracia.

El grueso de las temporadas de 24 se hilvanaban en torno en una estructura que podríamos denominar de cuatro cuartos, repartidos en dos divisiones por hemisferios. Una era por capítulos: la primera mitad de los capítulos era destinada a combatir la amenaza terrorista que era presentada en el trailer de la temporada, mientras que la segunda mitad era destinada a combatir una segunda amenaza, revelándose que la primera y ya destruida en realidad era una tapadera o distracción para el verdadero y más peligroso golpe. Ni qué decir, la primera parte tendía a ser sobre los terroristas, y en la segunda era en donde salían a la luz los enemigos internos, si bien seguían dando guerra los terroristas, fueran los mismos sobrevivientes u otros reemplazando a los caídos. La otra división era en tajo a lo largo de toda una temporada: por un lado veíamos los esfuerzos de Jack Bauer y la CTU para combatir en terreno a los terroristas, y en una narrativa paralela veíamos al Presidente de los Estados Unidos, el que estuviera de turno, secundando por un lado a la CTU, y lidiando con la política y esquivando las amenazas de los enemigos internos. Además, las tramas solían adornarse con algunas subtramas paralelas de menor envergadura o duración, que involucraban o bien a agentes secundarios de la CTU, bien a la familia o amigos o asesores del Presidente de Estados Unidos, bien a civiles comunes y corrientes que para su desgracia les tocaba ser vecinos, familiares o amantes de los terroristas, ignorando por lo general que éstos lo eran. Algunas temporadas se saltaban este esquema un tanto, por una razón u otra; volveremos sobre esto cuando detallemos el desarrollo de la serie en sí.

¿El tipo al que Jack Bauer está interrogando? Es su hermano. La familia que tortura unida, permanece unida.
Uno de los aspectos más discutidos de 24 era su ideología. Para nadie es un secreto que sus productores ejecutivos son republicanos orgullosos de serlo. Dos cuestiones atrajeron particular odio sobre la serie. Por un lado, las acusaciones de parafascismo, de justificar la política de mano dura por encima de la negociación y los buenos términos. Es la misma acusación que se hizo en su día contra las películas de Chuck Norris estilo Fuerza Delta, y razón no les falta. En realidad, la mano en los guiones estaba cargada un poco hacia dicha moraleja: los villanos eran terroristas fanáticos fundamentalistas por un lado, o bien codiciosos empresarios dueños de transnacionales con intereses dentro del poder político. Poquísimos villanos de 24, quizás ninguno, tenía un segundo matiz que contribuyera a humanizarlos. En ese sentido la moraleja hay que tomársela con cautela. Por un lado, la serie prueba que el parafascismo funciona, pero lo prueba porque los guiones están escritos para que dentro de la ficción se generen situaciones que requieren dicha aproximación, con enemigos demasiado poderosos, o insidiosos, y más que un poco sociopáticos, para ser batidos con las armas de la democracia o los derechos humanos. Quizás en donde se evidencie mejor esto es en el desaprovechadísimo personaje de Blaine Mayer, interpretado por Kurtwood Smith, que pudo haber sido el gran contrapunto al enfoque de duro contra el terrorismo; sobre este personaje volveremos más adelante.

La otra cuestión es el uso de la tortura. Uno de los alegres sobrenombres aplicados en la esfera angloparlante a la serie fue La hora de tortura de Jack Bauer, y no por nada. En la serie, el mecanismo favorito para quebrar la moral de los terroristas era aplicarles tortura a sangre fría, estilo Guantánamo, sin ninguna clase de respeto por los derechos civiles. En las escasas ocasiones en que algunos personajes tratan de hacer valer éstos, dichos personajes son descritos como obstruccionistas en el mejor de los casos, o como pobres tontos en el peor. En realidad, la aproximación de la tortura fue variando durante la serie, y ante las críticas, el rol de la tortura decreció un poco, aunque no demasiado. Y al menos en algunos casos resultó francamente inútil, cuando se le aplicó a algún sospechoso que al final resultaba inocente; aunque por otra parte, como se ha argumentado, en realidad esto propicia un doble festival de tortura, primero contra el inocente injustamente acusado y luego contra el verdadero culpable. Nuevamente, el guión favorecía esta aproximación: al mantener un formato de tiempo real, la acción era llevada al primer plano por encima del trabajo de inteligencia, más lento y laborioso, además de que la amenaza por lo general era del estilo bomba con contador haciendo tic tac. En ese sentido, otra vez hay que tomarse la serie con cierto criterio formado: dentro de 24 la tortura se justifica porque funciona para obtener información valiosa que salvará incontables vidas humanas, en tiempo limitado. En Homeland, por ejemplo, y mencionamos esta serie por haber sido hecha por la misma gente de 24, cada temporada narra hechos que pueden suceder a lo largo de semanas, y por lo tanto la tortura se justifica mucho menos, y aunque de tarde en tarde se aplica lo mismo, siempre se hace dentro de un marco más amplio de actividad de inteligencia y contrainteligencia. Lo que 24 sí nunca consiguió justificar, ni siquiera con estas triquiñuelas de guión, es que todos los terroristas, prácticamente todos, terminaban hablando bajo tortura, cuando en la vida real suele darse que algunos se quiebran enseguida o en un tiempo breve, pero otros por el contrario refuerzan su moral, todavía más convencidos de que su causa es la correcta. Es una suerte que Jack Bauer nunca tuvo que torturar a Cuauhtémoc, o de lo contrario ni toda la tortura del mundo hubiera conseguido impedir que la amenaza terrorista terminara concretándose.

Entre tantos esfuerzos de producción, resulta fácil pasar por alto lo que en realidad es uno de los mayores puntales de la serie: su impecable banda sonora. Sean Callery es un hombre poco prolífico en materia de música incidental para cine o televisión. Venía de trabajar enla serie La Femme Nikita, aunque el tema central no era suyo sino de Mark Snow, en esa época hot por haber compuesto el soundtrack de Los expedientes secretos X. Desembarcó en 24 en buena medida porque los productores de 24 eran los mismos de La Femme Nikita; a su vez, cuando éstos se movieron hacia Homeland, Sean Callery los siguió. La banda sonora de Sean Callery para 24, partiendo por su percutante tema principal, es una interesante mezcla de bases electrónicas muy marcadas y guitarras eléctricas muy afiladas, con arreglos orquestales bastante suntuosos. Por supuesto, las escenas en la Casa Blanca privilegian lo orquestal, llevándose la copa el tema de David Palmer, mientras que las escenas de acción privilegian lo eléctrico. Existen varios discos oficiales, y también un compilado no oficial, elaborado por fanáticos, con un montón de música adicional. Quizás no sea exagerado afirmar que el soundtrack de la Trilogía del Caballero Oscuro, compuesto por Hans Zimmer y James Netwon Howard, le debe una buena cuota de inspiración a la música de Sean Callery para 24; escuchando uno después del otro, las similtudes en los arreglos se hacen bastante evidentes. Simplemente, 24 no hubiera sido lo mismo si no hubiera estado Sean Callery musicalizando.

Próxima entrega: Siguen los días más largos de Jack Bauer. Hablaremos sobre los inicios de la serie, sus primeras temporadas, el ambiente político en que ésta cayó, su temprano éxito, y las primeras pérdidas personales de Jack Bauer.

23:59:58...

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4 comentarios:

Series Anatomy dijo...

Y ya tenemos aquí de nuevo a 24!!! Por ese motivo le dediqué ayer en mi blog un homenaje a sus 8 temporadas previas. Os lo dejo por si tenéis curiosidad ;)

http://seriesanatomy.blogspot.com.es/2014/05/previously-on-24.html

Un saludo!

Guillermo Ríos dijo...

24: Vive un nuevo día tuvo una buena partida. Quizás no tan grande como eran las expectativas, pero es notorio y bienvenido el soplo de aire fresco que recibió la serie, después de unas últimas temporadas en donde se empezaba a notar la fatiga. Saludos igualmente.

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Por fin tengo completita esta nueva temporada que pronto me veré. A su vez, alegre por empezar de una vez a leer tus textos dedicados a una de mis series favoritas. Por cierto, como siempre disfruté mucho la lectura de tu texto y más todavía con toda la información que diste y de la que apenas sabía.

Guillermo Ríos dijo...

La información está allá afuera, sólo hay que trastear por internet para encontrarla. Después de ver 24: Vive un nuevo día, no sentí que fuera un regreso ciento por ciento triunfal, pero la serie se merece un Día 10. O una película. A saber lo que harán en un futuro.

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