domingo, 3 de noviembre de 2013

"Aguas turbias": Un thriller político educativo sobre el Parlamento Europeo.

El dibujo es igual por el interior, sólo que en estricto y emocionante blanco y negro.

Trasteando por Internet, uno se encuentra con rarezas. Hace poco tiempo tuve la ocasión de leer un cómic llamado Aguas turbias (Troubled Waters), descargado directamente de Internet. De manera legal, porque es un cómic educativo creado por el Parlamento Europeo, para enseñarnos cómo funciona el mencionado organismo supranacional. Que además es un thriller político. Como yo tengo un aguzado sentido de la ironía, encontré el resultado final algo hilarante; otros lectores en cambio podrían sentirse confundidos, aburridos o irritados. Definitivamente no recomiendo su lectura, o por lo menos, no con demasiadas expectativas. Es por eso que lo voy a comentar, para que puedan saber de qué se trata sin necesidad de tener que descargárselo. Si después, aún así... Yo cumplo con avisar.

Parece ser que el cómic nació como un intento del Parlamento Europeo por hacer algo de luz sobre el funcionamiento interno de la organización, que sea un poco menos como una caja negra en donde los legos no entienden mucho cómo funciona el sistema por dentro. Intenciones loables, por supuesto. Para el cometido crearon una historia en que la protagonista es Irina Vega, una aguerrida diputada que lucha por el medio ambiente. Las dos características más acusadas del personaje son que es una mujer, lo que le hace ganar puntos en la corrección política, y además medioambientalista, lo que le hace ganar más puntos por el mismo concepto. Quizás el nombre ruso y apellido español sea un guiño: abarcamos a toda Europa de este a oeste, parecieran querer decir. Es decir, Irina Vega triunfa allí donde Napoleón Bonaparte fracasó.

Aparte de eso, Irina Vega carece de trasfondo, amistades, relaciones personales, etcétera. Es decir, es un monigote exhibido como ejemplar de la especie viviente de lo que el lector debe entender como lo políticamente correcto, una plantilla de PJ de juego de rol que el lector rellenará con sus propios gustos personales en materia de personajes protagonistas, en una clara apuesta porque dicho lector tendrá interés en pasar más allá de la segunda página.

La primera plana, porque la historia tiene entre 30 y 35 páginas, es una secuencia inicial que introduce directamente la acción, con personajes incidentales ante los cuales aparece el gran mal. Como el inicio de un capítulo regular de Los expedientes secretos X, más o menos. Sólo que, contrario a lo recomendado en estos casos, no se intenta enganchar al público con acción, suspenso o muertos. Lo que se ve es a un grupo de operarios de una planta industrial de alguna clase, siendo testigos de cómo alguien, en otra parte, está ensuciando el agua con desechos tóxicos. Se supone que el lector, muy motivado con el medio ambiente, de inmediato se dispone a pasar páginas, ávido por averiguar la identidad del malvado que se atreve a perpetrar semejante salvajada ecológica.

Luego aparece Irina Vega junto a su asesor, Alex. El tal Alex tiene tanta personalidad como su jefa, o sea, ninguna. El diálogo inicial en que se nos presenta a ambos, tiene la chispa y vitalidad de una fría maqueta para un proyecto arquitectónico:

Irina: "Hoy se decide todo en el pleno... Si no consigo convencer a mis colegas, el Parlamento habrá perdido una oportunidad de oro para ejercer sus poderes en materia de medio ambiente... Y lo que está en juego es el futuro de generaciones. ¡Y del planeta!".

Alex (sosteniendo un vaso de agua en la mano): "Servirse un vaso de agua... Dentro de algunos años, quizá sea un lujo fuera de nuestro alcance si todos los países no se ponen de acuerdo para proteger las reservas...".

Irina: "Sí, ante todo es una cuestión de SOLIDARIDAD".

Dejemos de lado el hecho de que ellos, como miembros del Parlamento Europeo, difícilmente se van a quedar sin agua aunque afuera el Grupo Quantum esté dejando a los bolivianos o a los cántabros con la garganta seca (en Chile podría ser distinto porque toda el agua está privatizada a los españoles, en otra muestra de que la realidad supera a la ficción). El hecho es que este diálogo comete un clásico error de guionista: hacer que los personajes hablen en tono de "como tú bien sabes..." y a continuación meter parrafadas informativas dirigidas al lector, pero que entre los mismos personajes no tienen sentido, porque en el universo narrado ellos están intercambiando información que se supone que ya conocen, y por lo tanto perfectamente inútil. Después de todo es la diputada hablando con su asesor, se supone que ambos saben todo lo que están conversando, no necesitan ser así de expositivos entre sí. El resultado es por supuesto que los personajes quedan como estatuas de cartón piedra, problema que interfiere de manera decisiva con un rasgo deseable de los mismos: que el lector pueda empatizar con ellos.

Aprovechemos de decir algo sobre el dibujo, antes de seguir adelante. Está bien, es funcional, aunque tiene un dejo a cómic alternativo de la década de 1.980 que parece un tanto anacrónico para un producto que, parece ser, es de 2.007. Incluso está en blanco y negro. El estilo de dibujo hubiera sido ideal para ilustrar el manual de un juego de rol de acción urbana de la década de 1.990, pero no tanto para un cómic moderno que se supone está hecho para captar y maravillar a los niños con los entresijos de la política paneuropea.

Como debería resultar obvio por tratarse de quién patrocina, el Parlamento Europeo queda como un sitio excelente para vivir. No hay demasiados conflictos, los diputados hacen tranquilamente su trabajo, no hay conspiraciones de pasillo, no hay zancadillas. Casi no hay debates, y se vota con todo orden y flema, casi como una extensión del carácter británico sobre Europa; cuando llega la hora de votar, cada uno lo hace en conciencia y se aprueba todo lo que hay que aprobar para proteger el medio ambiente. Como al Parlamento Europeo lo conozco por los libros, no tengo claro cuán ajustado sea el retrato. Pero si esos políticos son como todos los políticos, me suena a poco creíble. De todos modos, si resultara que el Parlamento Europeo es como lo retratan en el cómic, entonces ya estoy perdiendo el tiempo para hacer mis maletas, hacerme ciudadano y conseguir que, de una manera u otra, me elijan para ocupar un escaño.

En adelante, tratan de animar un poco el espectáculo con algunos tintes de thriller. Pareciera que a Irina Vega alguien la sigue, y no sabemos de momento si es un amigo en las sombras que quiere ayudar para callado, o un enemigo conspirador de alguna clase. Hay algunas presiones políticas, pero las mínimas, nada que vaya a transformar un folleto educativo en una trepidante historia de suspenso conspiranoico. Lo que produce el extraño efecto de que Irina Vega se la pasa asustada y aún así lucha con heroísmo, contra un grupo de villanos en la sombra que no hacen mucho por defender sus nefastos planes de contaminar, o por estorbar a Irina Vega en su cruzada por salvar el agua de Europa. Es como leer esos cómics clásicos en los cuales los supervillanos desarrollan terribles armaduras de combate, letales rayos de la muerte, o espantosas criaturas genéticas, y después apenas los utilizan para asaltar la caja fuerte del banco de la localidad en vez de hacerse ricos por la vía legal profitando con la patente, o simplemente utilizando su tecnología superior para aplastar como hormigas a cuantos se opongan a su dictadura planetaria. Así de ineficientes son los villanos de este cómic. Tanto, que ni siquiera optan por soluciones más realistas como amenazar con no financiar futuras campañas de Irina Vega, armar una campaña de prensa para destruir su reputación, o crearse 1.250 perfiles falsos en Twitter para crear el hashtag #megustacontaminar o #irinavegaapesta. Porque ella es tan buena e impoluta, que sacarle trapitos sucios del pasado parece estar fuera del catálogo de opciones; o es que acaso esa opción no estaba disponible porque Irina Vega, como buen personaje de cartón piedra, no parece tener mucho pasado que digamos.

A mitad de camino, las cosas se tornan un poco más realistas cuando surge una huelga de obreros de las plantas químicas, que protestan contra la legislación acuífera. Las plantas químicas amenazan que una legislación ambiental les subirá los costes, habrá despidos, etcétera. Lo que motiva uno de los diálogos más de risa del cómic: un huelguista gritando "¡NO A LA DICTADURA DEL MEDIO AMBIENTE!". Chico, el medio ambiente es en donde vive nuestra civilización, el medio ambiente es el dueño de casa, y es de mala educación faltarle el respeto a los dueños de casa en su propio hogar. En cualquier caso, en el mundo real, los que gritan contra el medio ambiente suelen ser los empresarios que desean patente de corso para contaminar, no los trabajadores huelguistas. ¿Es acaso un agente pagado por el gran capital para infiltrar el movimiento obrero y desprestigiarlo? Hubiera sido interesante que el cómic nos aclarara este punto, pero para nuestra desgracia, no lo hace.

De todos modos, ésta es de lejos la parte más interesante del cómic, ya que ¡por fin! pone un conflicto social relevante sobre la mesa. Aunque los guionistas son renuentes a abandonar su lógica de cómic, y se las arreglan en alguna parte para seguir con un esquema maniqueo de las cosas, cuando un personaje deja caer que "la causa de los despidos es la crisis del sector, y no las medidas anticontaminación". No vaya a ser cosa que los niños que sigan leyendo este cómic en vez de una tira de Superman por ejemplo, terminen pensando que la gente contra el medio ambiente pueda tener algo de razón, y se abran a un debate de ideas en vez de tomar partido ciego por una postura ecológica o ambientalista sin más. En cualquier caso, por suerte, no llevan el maniqueísmo hasta las últimas consecuencias, y el conflicto casi al final se soluciona de manera más o menos salomónica, con una legislación ambiental firme, pero con plazos para que cada gobierno la implemente sin que haya impactos negativos en el empleo.

Por cierto, hasta el minuto no hemos visto como personaje a ningún industrial. Lo mismo podría ser la mano invisible del mercado la que está en contra de los protagonistas, un poco como la Muerte anda a la siga de los protagonistas de Destino final y secuelas. Al menos, nadie puede acusar a este cómic de neoliberalismo, lo que es un punto a favor.

Este es el punto en donde voy a reventar el final; hago la advertencia por si son valientes y quieren dejar la lectura del presente artículo para leer el cómic sin otro spoiler de los que ya hemos soltado, que además resulte definitivo. Resulta que Irina Vega y un amigo van a buscar evidencias que vinculen la contaminación con la industria química, porque parece que no hay policías disponibles para la labor, y tampoco parece ser que una diputada del Parlamento Europeo tenga las conexiones o recursos necesarios para movilizar a la policía o investigadores privados en la faena, en vez de arriesgar ella misma el cuello; después de todo el esfuerzo que han puesto para mantener las cosas dentro de un margen de aburrido realismo, ahora el cómic se contradice a sí mismo y abraza sin prejuicios lo que es, su condición de cómic precisamente. Todo acaba por supuesto en la persecusión automovilística de rigor. Nada tan extremo como Rápido y furioso, eso sí, porque eso podría crear el riesgo de que el cómic se tornara interesante. Aún así, por el amor a la acción bien entendida, el vehículo de los villanos trata de arrojar al vehículo de los buenos a una zanja. Sin éxito, por supuesto. Pero al menos hemos visto por fin a los villanos hacer lo que hacen todos los villanos que contaminan el medio ambiente, o sea, eliminar testigos.

En medio de todo esto, descubren que los villanos no eran la industria A, sino la industria B, que quería incriminar a la industria A para que bajaran los precios de sus acciones y hacer una compra hostil. Pero como a lo largo del cómic se han mencionado ambas industrias a la pasada, son el enemigo sin rostro, y ninguno de sus representantes ha aparecido como personaje (o si lo hizo, se me pasó por alto, en el minuto en que levanté la cabeza para bostezar), a nosotros esa gran revelación y vuelta de tuerca final nos deja más bien fríos. La operación de compra hostil es saboteada por las pruebas fotográficas que Irina Vega aporta, los villanos son castigados, la legislación medioambiental pasa, y final feliz para todos, futuras generaciones incluidas.

En las últimas páginas viene un apéndice en donde se explican algunos detalles de la institucionalidad europea, a manera de notas a pie de página, sólo que al final y con ilustraciones. Imagino que porque la materia en el propio cómic queda un poco confusa, lo que desmiente la eficiencia de sus esfuerzos por educarnos acerca del funcionamiento interno del Parlamento Europeo. Es decir, como cómic educativo no educa mucho, y además como thriller es un poco descafeinado. Pero los diálogos destinados a crear suspenso por un lado y conciencia por el otro, la seriedad de los entresijos políticos, y la increíble tenacidad de la diputada, le confieren al producto una seriedad desarmante. Me es imposible odiarlo o despreciarlo, aunque sea porque se esfuerza en su cometido. No puedo decir que me haya aburrido leerlo, pero más que nada por la hilaridad de ver en pleno 2.007 un cómic en donde los buenos todavía hacen el bien por hacer el bien, y porque la justicia y el bien siempre vencen a la iniquidad y el mal. Sólo faltó que Irina Vega al final hubiera dicho algo en la línea de "si tan sólo hubieran dedicado sus recursos económicos para hacer el bien", y habríamos tenido el cómic de thriller político educativo definitivo.

No hay comentarios:

Related Posts with Thumbnails

¿Cuál miniblogoserie debería recibir primero una continuación en la Guillermocracia?