miércoles, 9 de octubre de 2013

El refuerzo de grupo.


Una de las más importantes fuerzas sicológicas que existen allá afuera, y sin embargo de las más desconocidas, es el llamado refuerzo de grupo o pensamiento de grupo. El refuerzo de grupo opera allá afuera, agazapado en la vida cotidiana de todas las personas, perjudicando a quienes no forman parte de un grupo porque los segrega y reduce al silencio, pero también perjudicando a los propios grupos porque elimina la posibilidad de innovar y cambiar.

Una de las claves evolutivas del ser humano es el grupo y el sentimiento de pertenencia. Esto no es casualidad. Ustedes de seguro conocen la historia de los hermanos que peleaban, y el padre los llevó a reventar unas ramas: cuando las ramas estaban separadas se rompían con facilidad, y cuando estaban juntas en una rama, eran irrompibles. Los hermanos aprendieron la lección y siguieron juntos. Para eso sirve un grupo: para que la debilidad individual de cada uno se disperse, para que se ayuden y apoyen mutuamente, y de esa manera surgir y salir adelante.

Sin embargo, la necesidad de seguridad introduce una distorsión. Todas las personas necesitan sentirse seguras por un imperativo básico de mantenerse vivo. Alguien que no necesita sentirse seguro, alguien que ya se siente demasiado seguro, es alguien que no evita los riesgos ni amenazas porque no los ve como tales, y por lo tanto corre el riesgo de acabar protagonizando algún episodio de 1000 maneras de morir. El grupo introduce una seguridad, y esto lleva a una dinámica de retroalimentación positiva: la defensa del grupo incrementa la seguridad que el grupo proporciona, lo que a su vez incentiva a seguir defendiendo al grupo.

Una de las preciosas cualidades intelectuales del ser humano es el pensamiento crítico. Fue el pensamiento crítico lo que hizo preguntarse al ser humano por primera vez qué eran esos puntos brillantes en el cielo de la noche. Fue el pensamiento crítico lo que hizo al ser humano renunciar al imperio de los dioses e iniciar el camino de la investigación científica, que tantas bendiciones nos ha dado. Nuestra concepción moderna occidental misma de democracia nació del pensamiento crítico: de la mente de aquellos quienes decidieron que no iban a aceptar la monarquía absoluta de derecho divino sin que el rey ofreciera a lo menos la firma notarial de Dios estampada en alguna clase de mandato.

Pero el pensamiento crítico es también una amenaza, una fuente de inseguridad. El pensamiento crítico cuestiona, y los cuestionamientos hacen que la gente se sienta más insegura. Además, el pensamiento crítico también puede ser llevado a los extremos, incluso ser utilizado como un arma de manipulación. Despues de todo, el crítico está asumiendo una posición de superioridad frente al criticado, ya que en la crítica va implícita la afirmación de que el crítico tiene los títulos y la potestad para cuestionar a los demás. ¿Podrá el grupo protegernos frente a la amenaza del pensamiento crítico?

La respuesta es sí, y aquí es donde entra el refuerzo de grupo. Si una persona pertenece a un grupo, se establece una especie de pacto tácito: la persona respeta y contribuye al grupo, y a su vez el grupo lo defiende frente a todas las amenazas externas. En muchos sentidos, el refuerzo de grupo opera casi como un pacto de vasallaje, en donde el individuo asume el rol de vasallo, y el grupo el rol de señor feudal. Esto puede ser matizado, por supuesto: hay grupos democráticos en donde sus dinámicas internas permiten repartir de manera más o menos equitativa las cuotas de poder, y hay grupos autoritarios en los cuales existe una jerarquía estricta, explícita o no. ¿A qué grupo el individuo le jurará vasallaje? Depende de su propio trasfondo sicológico. Individuos mentalmente fuertes y capaces de sentirse seguros entregando confianza a los demás, tenderán hacia grupos democráticos que lo respeten y hagan florecer como personas. Individuos inseguros que buscan reglas, protocolos y jerarquías para evitar tener que pensar demasiado por sí mismos y equivocarse, tenderán a privilegiar la pertenencia a grupos de corte más autoritario.

Como puede deducirse de todo lo anterior, el refuerzo de grupo en sí mismo no es algo negativo y perjudicial. En su vertiente positiva, el refuerzo de grupo disminuye la tensión psicológica producida por las inseguridades nacidas desde el mundo circundante. Es su exageración patológica lo que lleva al desastre. Un grupo permeable al mundo exterior puede reaccionar de manera adecuada ante las amenazas del mismo. Un grupo impermeable, no.

La mecánica es simple: opera a nivel de conversación. Si una persona tiene un problema, el resto lo apoya. Si una persona necesita ser escuchada, el grupo escucha. Si una persona necesita oportunidades, el grupo se las proporciona. A cambio, la persona debe comportarse de manera leal frente al grupo, privilegiándolo por encima de las personas que no pertenecen al mismo. Un grupo permeable equilibrará las relaciones intergrupales con aquellas foráneas, pero uno en donde el refuerzo de grupo se ha exacerbado, uno en donde la exigencia de lealtad llega hasta el fanatismo, la devoción del individuo al grupo alcanza el nivel del martirio, y la cohesión del grupo llega hasta lo inquebrantable.

Cuando el refuerzo de grupo opera de manera irrestricta, los elementos disidentes al mismo son expulsados. Puede hacerse de manera directa, como por ejemplo apresar al disidente e ingresarlo en un pabellón de cancerosos o en el Gulag, como se hacía en la Unión Soviética. O de manera indirecta como se hace en Chile: simplemente se le excluye poco a poco, se le deja de lado, se le ignora, se le ningunea, y al final el propio disidente decide marcharse. El resultado es que el grupo se hace un poco más uniforme, un poco más homogéneo.

Debido a esta mecánica, los que están de acuerdo con el grupo son premiados con promociones y privilegios, lo que incentiva a los miembros del mismo a ajustar sus opciones morales al grupo. El resultado es que el grupo pasa a desarrollar una ilusión de inmortalidad o de invulnerabilidad, de que son intocables. El resultado final es algo similar a la monarquía de derecho divino de los tiempos del Absolutismo, en que reyes, nobles y curas predicaban que el rey era rey porque Dios mismo así lo había dispuesto, de manera que criticar al rey no sólo era delito jurídico sino también pecado religioso. La moralidad del grupo se vuelve incuestionable. En tiempos más modernos, muchas personas defienden la superioridad moral de ciertos modelos políticos o económicos, con argumentos que a ratos parecen más homilía religiosa que verdadero pensamiento científico.

Para seguir manteniendo esta ilusión, el grupo debe reforzarse también en un discurso contrario a todos los otros grupos que sean o se perciban como amenazas. El grupo entra entonces en una espiral de crítica hacia los cuestionamientos externos. El grupo no responde a los cuestionamientos externos mediante la argumentación sobre las críticas, sino sobre la descalificación de quienes las formulan, partiendo desde la base que por el sólo hecho de criticar, son delincuentes o pecadores. La descalificación puede ser variada: el que critica es débil, es malvado, tiene una visión sesgada, habla desde el rencor, no tiene los estándares morales necesarios, es ignorante, es estúpido... Por ejemplo, siguiendo el caso del debate socioeconómico anterior, cuando ciertos grupos son criticados, en vez de responder con argumentos racionales prefieren recurrir a la descalificación de mayor o menor condescendencia, desde el "es que usted no sabe de Economía, déjelo en nuestras manos que somos los expertos y nosotros sí sabemos", hasta el insulto plano y llano. En todos estos casos, el ataque no se dirige contra la crítica sino contra el crítico. Lo que a su vez refuerza la creencia del grupo en su propia moralidad superior.

El resultado final es que los miembros del grupo se autocensuran para no proferir opiniones contrarias al grupo y ser excluidos del mismo. Lo que a su vez genera la sensación de que todos, al guardar silencio sobre los aspectos criticables, están tácitamente de acuerdos sobre los mismos. Asimismo, los miembros del grupo se transforman en zelotas ávidos de probar su propia lealtad al grupo escrutando a los restantes miembros del mismo, atentos a acusarlos de deslealtad a la primera oportunidad.

Por su parte, los miembros más fuertes y respetados del grupo tienden a gravitar hacia su centro y a transformarse en guardianes de la moralidad, incuestionados y por encima del bien y del mal. En realidad, el bien es lo que dichos miembros dicen, y el mal es todo lo demás. Es posible que el miembro más débil del grupo, aquel que ni puede luchar dentro de él ni abandonarlo, se transforme en el blanco designado, la persona sobre la cual todos se ponen de acuerdo en que debe ser abusado para así evitar que los abusos caigan sobre sí mismos. Nadie se ha puesto de acuerdo para nombrarlo blanco designado: es la propia dinámica del grupo la que, cada uno de los miembros buscando su autoconservación y proteger su pertenencia al mismo, radican sus ataques en el que es percibido como el más débil. Este, al recibir el ataque combinado de todo el resto del grupo en masa, carece de oportunidades de defenderse, y para no ser expulsado del grupo debe aceptar su posición de manera sumisa, lo que lleva a un recrudecimiento de los ataques. Cualquiera que conozca la historia de una víctima de bullying llevada hasta el suicidio, sabe lo que eso significa.

Irónicamente, un grupo que ha caído bajo la exageración patológica del refuerzo del grupo, es mucho más susceptible a ser destruído. Debido a su autopercibida superioridad moral, el grupo se aliena de la ayuda de otros potenciales grupos en el exterior. Si el grupo es fuerte, puede sobrevivir de manera autárquica con sus propios recursos. Pero si los demás encuentran la manera de privarlo de estos recursos, el grupo implotará de manera espectacular. Un grupo de fanáticos de una serie televisiva o de una banda no sufrirá dicha implosión en tanto exista Internet, que es en realidad el único recurso que necesitan, pero un grupo como los aristócratas rusos de 1.917, apenas sus súbditos se cansaron de ellos, puede llegar a terminar bastante mal.

Hoy en día, la liberalización de la información a través de Internet ha llevado curiosamente a una exacerbación del refuerzo de grupo. Cada persona es su propio mundo, y cosas como Facebook lo han hecho cada vez más evidente. Que cada persona pueda mostrarse de cuerpo entero a través de la red sólo hace más obvias nuestras diferencias interpersonales; antes de Internet, era más fácil disimular el pensamiento disidente, y los grupos podían relajarse un resto, haciendo la vista gorda de lo que se mantuviera escondido. Por lo tanto, la formación de grupos homogéneos en la actualidad se hace mucho más difícil. En consecuencia, irónicamente, los incentivos para entrar en una dinámica patológica de refuerzo de grupo son mayores. Cualquier persona que se haya enfrentado a los fanáticos de una serie de televisión, de un videojuego o de una película, sabe a lo que me refiero. Luego, estos patrones aprendidos se traspasan a la vida real, porque el más simple predictor de la conducta futura es la conducta pasada.

El resultado es una sociedad en donde, a pesar de existir más espacio que nunca para la libre expresión de la individualidad, exige de manera tácita y soterrada el conformismo y la estandarización más que nunca. La dinámica de los fanáticos más extremos de Game of Thrones funciona de esta manera. La dinámica detrás de la descalificación de los inútiles subversivos opera sobre patrones similares. La única manera saludable para esquivar estas trampas y evitar lo que podría ser un desastre potencial a nivel de nuestra civilización como un todo, es hacer funcionar los refuerzos de manera inversa, privilegiando a las personas que fomentan la democracia, el respeto por los demás y el pensamiento constructivo. En definitiva, empezar a hacer funcionar los refuerzos de grupo de manera inversa, y considerando a la Humanidad como un todo, como nuestro más gigantesco grupo posible.

2 comentarios:

Galic dijo...

Muy bueno, sigue así!

Guillermo Ríos dijo...

Gracias, me alegra que el artículo haya resultado ilustrativo y enriquecedor.

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