miércoles, 12 de diciembre de 2012

"Cobre": Obteniendo la medalla... de cobre.


Ahora en Diciembre de 2012 acaba de terminar Cobre, una miniserie de época en diez episodios que se exhibió por las pantallas de Mega en Chile a partir de Octubre. La premisa va de lo que sigue. A finales de la década de 1920, después de un accidente que le cuesta la vida a dos cateadores, sus herederos forman una sociedad que se preocupa de sacar adelante el yacimiento de cobre de Buenaventura en las cercanías de Antofagasta. Estos herederos son por un lado los hijos de uno de los cateadores, los hermanos Serrano, y por el otro la familia española del otro cateador, es decir su esposa (su viuda ahora en realidad) y su hijo. Frente a ellos se alza Guillermo Blake, un empresario que aparentemente busca crear un monopolio de la explotación del cobre en la región. La serie avanzará en el tiempo desde la época inmediatamente preliminar a la Gran Depresión, hasta poco después de la Segunda Guerra Mundial, siguiendo los avatares de los personajes con la situación mundial golpeando la producción del cobre como trasfondo.

La idea parecía muy buena, pero por desgracia la realización se quedó en un montón de buenas intenciones. La historia, para empezar, resulta anodina y poco interesante. A ratos pareciera que los guionistas se inspiraron en Los pilares de la Tierra, sólo que cambiando la construcción de la catedral por la explotación de una mina. Más lejos en el tiempo, los claros precedentes son series como Dallas o Falcon Crest, en donde el mcguffin de rigor es la empresa por cuya posesión luchan los protagonistas. Incluso yo mismo he utilizado ese concepto en Corona de Amenofis. El quid del asunto es que importe más bien poco lo que es el objeto de lucha: lo importante es su valor implícito, y que está ahí para que los protagonistas luchen unos contra otros. Es decir, no hay nada de malo con el concepto. Pero de ahí a la ejecución, hay un trecho.

El problema es que las peripecias de los personajes resultan aburridas y sin substancia. El primer episodio resulta un tanto moroso, pero eso es de esperarse, ya que debe invertir en presentar a los variados personajes de la historia. Entre los episodios segundo y tercero la historia comienza a despegar, ya que empiezan a desplegarse las intrigas del malvado Guillermo Blake para apoderarse de la mina. Por desgracia, esta joven promesa está destinada a frustrarse. Después de sus primeros intentos por hacerse del control de la mina, recurriendo a algunos trucos muy sucios, el fuego de Guillermo Blake parece apagarse. Hay un recambio de villanos a mitad de serie, casi promediando el final, pero la historia de éstos parece separar aguas de la principal, la sociedad de los cuatro, y de hecho al final ni siquiera llegan a juntarse.

Luego viene el final. No lo adelantaré, pero sí diré que peca de ser demasiado blando. Una pareja separada se reconcilia porque va siendo hora de cerrar la historia, a un villano se lo cargan de una manera indigna, otro personaje queda en ruta hacia la política sin que se defina nada sobre su futuro, etcétera. Lo peor es que la serie termina con un cartel que dice "FIN"... después de haber dejado varios cabos sueltos respecto de los villanos, sin ninguna situación resuelta, con obvias miras a una eventual continuación.

El guión además resulta ser a veces bastante atropellado. En una miniserie de estas características, que busca abarcar prácticamente dos décadas, es natural el uso de la elipsis para acelerar los hitos menos relevantes para la trama. Sin embargo, los guionistas metieron el pie en el acelerador quizás demasiado, y se nota. Algunos hechos relevantes para la historia pasan tan a vuelapluma que cuesta seguirle el rastro a algunos personajes secundarios vitales, como por ejemplo el químico que aparece en el primer capítulo, y reaparece mucho después, cuando ya ningún espectador se acuerda de él; tampoco el diálogo nos refresca la memoria sobre el mismo. Hubiera sido preferible que la misma historia se la hubieran tomado con más calma y el doble de capítulos, quizás esperando a que la miniserie sacara una segunda temporada, y hubieran trabajado un poco más la construcción de situaciones. Porque cuando las situaciones pasan rápido, no hay tiempo para que el espectador sienta la tensión: en un minuto los personajes están en la picota, y al siguiente todo está resuelto y los personajes están en otra situación.

Algo que tampoco ayuda a la historia, es la sensación de estar viviendo lo que informalmente se llama el comic book time. En el segundo capítulo, por los titulares de la prensa, se nos informa que ha estallado la crisis de 1929; esto tendrá repercusiones para Buenaventura, que pasará tiempos duros. Pero luego, en la historia personal de los personajes no pareciera transcurrir más que algunos meses, mientras que en el mundo exterior pasan años. Hay un poco de romance y un poco de cortejo, y algo de intriga entre los personajes, y mientras tanto estalla la Guerra Civil en España, y luego la Segunda Guerra Mundial. Al final de la historia, ya ha terminado la Segunda Guerra Mundial, y sin embargo los personajes siguen tan frescos y jóvenes como el primer día. Al final uno termina con la sensación de estar viendo Los Simpsons, en donde Bart Simpson siempre tiene diez años aunque de fondo el Presidente sea George Bush, después Bill Clinton, después George W. Bush, después Barack Obama... Un ejemplo flagrante de este tratamiento del tiempo son los estudios de ingeniería del hermano menor de los Serrano: el tópico de si estudia ingeniería en Santiago o no debería haber tardado a lo sumo un par de años de historia interna de la serie, pero se está planteando desde el primer episodio, y en el último ni siquiera ha terminado sus estudios. Otro caso es el cortejo de la española, que no debería haber tomado más de algunos meses, pero que contrastado con el mundo exterior, en realidad deberían ser años.

Los personajes por su parte están muy mal dibujados, y algunos de ellos además mal actuados. Los hermanos Serrano son interpretados bastante bien por Cristián Riquelme y Francisco Gormaz, pero por desgracia la teleserie nunca se da el tiempo para ahondar en sus motivaciones, más allá de la rivalidad que viven ambos por el amor de una misma mujer; rivalidad que para colmo se resuelve a mitad de la historia. La sensación final es que los dos hermanos terminan enfrentados un poco porque sí, porque se supone que dos hermanos protagonistas dentro de una teleserie deben enfrentarse para que haya drama. Y el razonable esfuerzo de los actores por encarnarlos de manera convincente se pierde por falta de caracterización. Pero el personaje más extremo es el chico español: se nos lo presenta como un malcriado y caprichoso incapaz de sentar cabeza, lo que está bien para crear conflicto. Pero luego nunca se nos explica por qué el personaje es como es, nunca se nos entrega un aspecto humano que nos haga, si no justificarlo, al menos comprenderlo. De esta manera se transforma en un secundario idiota e irritante; además, si bien su presencia mueve parte de la historia en los primeros capítulos, en la segunda mitad deja de tener relevancia en lo absoluto, y su escena final en el banco pareciera estar insertada únicamente con miras a una eventual continuación. El actor Alejandro Montes hace un buen trabajo de interpretación, pero con un personaje tan mal dibujado, es poco lo que se puede hacer. Quizás el gran punto superlativo de la serie sea Antonia Zegers interpretando a una española de armas tomar: ella a través de su actuación y algunas líneas de diálogo sueltas por aquí y por allá nos deja adivinar la vida dura que le ha tocado, teniendo que criar a un hijo, moviéndose de España a América, enviudando, y siendo después una luchadora infatigable para ayudar a los Serrano en alcanzar el éxito en Buenaventura.


Dicen que una historia es tan alta como la estatura de sus villanos, y en este caso quedamos en deuda. Bastián Bodenhöfer es por lo general uno de los más grandes actores chilenos, pero aquí no parece tocar bien la cuerda como Guillermo Blake. Su actuación tiene toques de dandismo que lo hacen una especie de villano de opereta, muy alejado del tono serio que pretende el resto de la producción. Apoyado por un tema musical que es de vodevil, para colmo. Para que sepamos que es el villano, se nos lo muestra teniendo como mascota un escorpión dentro de una pecera, quizás porque el presupuesto no alcanzó para contratar un gato blanco que acariciar maquiavélicamente en su regazo. Su hija Verónica está interpretada por Ignacia Allamand, quien tiene dos modos de actuación por default: o recitar los diálogos de la manera plana y mecánica propia de una kermesse escolar, o gritar y hacer berrinche. A mitad de camino se suben como villanos Marcial Tagle como el futuro esposo de Verónica Blake, y Gloria Munchmeyer como la madre del susodicho; pero ambos villanos, aunque interpretados con solvencia mucho mayor, tienen tan poco tiempo de escena y alcanzan a hacer tan poco, que no alcanzan a levantar una producción demasiado alicaída de conflicto. Premio especial se merece Ramón González como Cansino, el matón de Blake, el único villano que realmente inspira alguna clase de suspenso, y que en el primer capítulo amenaza con quemarle la cara a un químico con un mechero de su propio laboratorio, e incendia la casa de los protagonistas; por desgracia, en capítulos sucesivos su presencia se irá desdibujando, y terminará siendo despachado de una manera completamente estúpida y trivial.

En forma adicional, la serie tiene algunas desafortunadas implicaciones. Los obreros y mineros propiamente tales tienen muy poca participación en la serie, y cuando lo hacen, es a título de masa: salvo los dirigentes sindicales, no hay ningún personaje minero. Los empresarios se dividen en héroes y villanos según si tratan de darle a los obreros una calidad de vida digna o si los utilizan como peones para sus propios aviesos fines, pero los obreros son unánimemente tontos y cretinos. Cuando los empresarios tratan de implementar medidas de seguridad para combatir la silicosis, los obreros se sublevan porque lo consideran un pretexto para no mejorar sus salarios; por otra parte, no mejorar los salarios de los obreros está plenamente justificado por la trama, ya que se defiende la tesis de que en tiempos de crisis los obreros deben amarrarse el cinturón e incluso trabajar por gratis para que la empresa siga adelante. Peor aún, andando la serie se descubre que los obreros huelguistas en realidad están siendo soliviantados por Guillermo Blake, que le está pagando a los dirigentes sindicales para crear problemas en Buenaventura y conseguir que los hermanos se aburran y se marchen. El mensaje es desafortunado: las huelgas y demandas sindicales no son causas relacionadas con la dignidad social, sino resultado de la estupidez y la codicia de los malvados obreros que no son capaces de comprender la bondad inherente de los empresarios que les entregan beneficios de manera paternalista. Por supuesto que hablamos de una ficción y por lo tanto no debemos tomárnoslo como un discurso social sobre los inútiles subversivos, pero sería desafortunado que alguien viera esta serie como un fiel retrato histórico de las luchas obreras de la época. Por otra parte hablamos de Mega, el canal más reaccionario de Chile, así es que nadie debería esperar una serie sobre el cobre que se centre en los obreros en vez de los empresarios, que utilice una estética de Canto Nuevo, o que incorpore música de Quilapayún como banda sonora. Las novelas de Hernán Rivera Letelier sobre el mundo obrero y minero del norte tendrán que seguir en la cola de espera por el minuto.

En donde sí la serie consigue puntos, es en la recreación de época. La serie fue grabada en varios lugares de Valparaíso y Sewell, y eso mejora mucho la calidad de la producción. Los automóviles y el vestuario en general dan la impresión de época, más allá de que no se ve mucha evolución en la estética o la moda, pero eso es un pecado perdonable si se consideran los costos de producción que son inherentes a toda serie de época.

El otro punto en donde la serie brilla, es en algo que otras tienden a fracasar, o ni siquiera prestarle atención. La mina de cobre no es sólo un mcguffin como lo es por ejemplo la empresa petrolera de Dinastía, en donde nunca los problemas de producción de petróleo de Denver Oil forman parte real de la trama. Acá, parte importante del argumento se dedica a los aspectos técnicos de la explotación del cobre. Así, vemos por ejemplo cómo se discute la manera de excavar túneles alrededor del yacimiento para explotarlo de la manera más efectiva, o la lucha de los protagonistas para conseguir refinar cobre a partir de la atacamita. No es algo demasiado técnico, nada que esté más allá de las dos primeras clases de una carrera regular de Ingeniería en Minas, pero aún así, para el grueso público ignorante en estas materias, no deja de ser una adición interesante.

Todos estos factores deben haber contribuido a la debacle generalizada que sufrió Cobre durante la exhibición de sus diez capítulos. Según este artículo del diario La Tercera y este artículo de Terra, el debut de Cobre puntuó apenas 6,2 puntos de rating, lejos de los 16,4 puntos de El reemplazante en TVN. No debe haber ayudado que el debut de la serie se hizo un domingo en la tarde, en vez de su horario definitivo del lunes en la noche, una pésima decisión de cara a promocionar una serie adulta, entendiendo por adulta una que muestra a chicas en topless en algunas escenas perdidas; el primer capítulo no tiene esta clase de escenas, por supuesto. Es una lástima que una producción diferente y arriesgada como ésta, haya terminado en lo que terminó. Una mejor elección de algunos actores, y sobre todo un guión mucho más sólido, hubieran hecho maravillas por convertir a Cobre en algo parecido a Falcon Crest, incluso a Los pilares de la Tierra, serie esta última que no era más que un divertimento sin pretensiones, pero sí bien hecha de principio a fin. Puede que Los pilares de la Tierra era inglesa, pero considerando que los chilenos insisten en ser los ingleses de Latinoamérica...

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