domingo, 20 de mayo de 2012

Crónicas Antrópicas 21 - "Hacia el Renacimiento".


La recuperación de Aristóteles durante el siglo XIII tuvo un efecto considerable en la manera en que los europeos veían el universo. A diferencia de otros filósofos griegos, Aristóteles había desarrollado una extensa obra científica que descansaba enormemente en la observación, por lo que los escolásticos de repente se encontraban frente al embrollo de tratar de conciliar a Aristóteles con la Biblia. Santo Tomás de Aquino consiguió con su "Suma Teológica" conciliar a ambos dándole la razón a Aristóteles en todo lo que fueran cuestiones lógicas o de observación, pero dejando fuera todo lo aristotélico que contradijera a la Biblia. Por ejemplo, Aristóteles no parecía creer en el comienzo del mundo, y la Biblia predica que sí hubo una Creación, por lo que Tomás de Aquino se inclinó hacia la Biblia. Durante el siglo XIII, estos compromisos funcionaron. Pero entonces llegó el siglo XIV.



A inicios del siglo XIV, la expansión demográfica sostenida de Europa se vio frenada por la enorme hambruna de 1315, a las que siguieron varias otras. Luego, entre 1348 y 1352, Europa se vio azotada por la Peste Negra, una plaga venida desde oriente a través de las rutas comerciales; cerca de 25 millones de europeos, la cuarta parte del continente, fue masacrada en apenas cuatro años. Aunque a primera vista no parezca haber relación, la Peste Negra sí marcó un antes y un después en el pensamiento en general. En primer lugar, debido a la concentración poblacional, las principales víctimas de la epidemia fueron los habitantes de las ciudades, es decir, incluyendo a la gente erudita entre ellos, ya que los campesinos menos cultivados también estuvieron menos afectados. Además, la Peste Negra reforzó el motivo de la brevedad de la vida, lo que ayudó a potenciar la mentalidad burguesa del disfrute de la vida efímera, lo que a su vez incrementó la ruptura de los burgueses con los dogmas de la Iglesia Católica.



A inicios del siglo XV, la sociedad europea era fuerte y cosmopolita, muy distinta a la sociedad medieval agraria y provinciana de doscientos años atrás. Algunos navegantes se arrojaron a explorar el mundo, en particular los enviados por Enrique el Navegante desde la Escuela de Sagres en Portugal, y con ello, la mentalidad geográfica iba a experimentar una revolución. En paralelo, debido a sus redes comerciales en oriente, Italia había tomado la delantera cultural y estaba sentando las bases de lo que después va a ser el Renacimiento. En 1453 cayó Constantinopla en manos de los turcos otomanos, y varios eruditos griegos buscaron refugio en Italia, llevándose textos griegos consigo que, por supuesto, enseñaron a sus huéspedes occidentales: con ellos, la velocidad del Renacimiento se incrementó.



Un nuevo frente de presión sobre la mentalidad cultural de la época se abrió con la invención de la imprenta de tipos móviles. En realidad, la imprenta existía de antemano en Europa, pero el método de impresión eran las planchas de impresión o xilografías. Imprimir un libro hubiera significado tallar y entintar centenares de planchas de un texto que muy seguramente no se vendería tanto para justificar el costo de tiempo y dinero; por lo tanto, los únicos impresos que existían eran grabados, o los omnipresentes naipes y barajas, cuyas planchas de impresión nunca parecían descansar. Al inventar los tipos móviles, con una aleación de plomo, estaño y antimonio que era más resistente que la madera, Gutenberg abarató el costo de la impresión a niveles que por primera vez el libro impreso podía competir con los antiguos libros manuscritos por los monjes copistas.



Un par de siglos antes, y la imprenta de tipos móviles quizás hubiera sido utilizada para propagar textos escolásticos. A mediados del siglo XV, una de las primeras impresiones fue la Biblia, pero no por prurito religioso sino por puro y simple capitalismo: era el libro más demandado y cotizado en Europa, y por lo tanto, el que tenía mayores posibilidades de agotar su tiraje. A la vuelta de medio siglo, la imprenta había sido utilizada para propagar toda clase de escritos, no necesariamente religiosos, sino también muchos panfletos políticos y de protesta social, y también incipientes tratados científicos. De esta manera, a mediados del siglo XV, el monopolio del pensamiento intelectual detentado por la Iglesia Católica estaba prácticamente quebrado. Como todo progreso en el arte de la acumulación del conocimiento, la imprenta iba a promover un gran salto hacia adelante. La Revolución Científica ya estaba a la vuelta de la esquina.

Próxima entrega: "El Nuevo Mundo".

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