martes, 16 de noviembre de 2010

¿Por qué Jack Bauer es un héroe?


ATENCIÓN: ESTE ARTÍCULO HACE UN ANÁLISIS DE VARIOS PUNTOS DE LA SERIE DE TELEVISIÓN "24", Y POR LO TANTO, HACE ALUSIONES AL ARGUMENTO. HE CUIDADO AL MÁXIMO EL ENTREGAR LOS MENOS DETALLES POSIBLES, PERO AÚN ASÍ, EXISTEN VARIOS SPOILERS REPARTIDOS EN EL POSTEO.

Hace tiempo atrás que deseaba escribir acá en la Guillermocracia un artículo sobre "24", serie de televisión que acaba de finalizar hace algunos meses ahora en 2010, después de ocho temporadas y una película hecha para la televisión de manera intercalada. A estas alturas del partido, para bien o para mal, "24" ha quedado como uno de los grandes hitos televisivos de la década del 2000, y a gusto personal, es una de las mejores series televisivas jamás hechas. La serie además resultó controversial, por sus elevados niveles de violencia, y en particular debido a lo que algunos leyeron como una glorificación de la tortura. Creo que dichas críticas son injustificadas, porque en lo esencial, "24" es una ficción, muy bien armada eso sí, pero ficción a fin de cuentas, y si hay palurdos que se la toman como una realidad, es porque pretenden descargarle el muerto a la televisión de aquello que en verdad los padres y el sistema educativo deberían hacer, a saber, educar a las personas para entender que lo mostrado en pantalla no es real, sino un relato de personajes ficticios viviendo situaciones también ficticias.



Pero lo que creo hizo a "24" una serie con carácter propio, es la integridad moral de Jack Bauer. Muchas críticas a "24" apuntan a que Jack Bauer es demasiado perfecto: nunca se equivoca, tiene soluciones para todo, sigue su instinto sin apenas evidencias y aún así se las arregla para obtener resultados, nunca tiene dudas morales sobre lo que está haciendo (salvo en la sexta temporada, al comienzo, y de manera muy breve), y hace fantasmadas absolutamente inverosímiles. Pero en esto, Jack Bauer no hace sino seguir la estela de otros tantos héroes que desde el alba de los tiempos eran hombres superiores al resto, con talentos únicos que usan para imponer su ley, incluyendo a Ulises, la Pimpinela Escarlata, el Zorro, Conan el Bárbaro o James Bond (por cierto, quienes sólo conozcan las versiones fílmicas de estos personajes, podrían llevarse una sorpresa al descubrir sus más oscuras y violentas contrapartes literarias). Quizás rechine un poco porque se trató de vender a "24" como una especie de serie hiperrealista, pero la gente olvida, pero los productores no, que la gente suele sentarse a ver televisión para escapar de la realidad, no para tener una dosis adicional de ella, y por lo tanto, esperar que "24" fuera una serie con los pies en la tierra de principio a fin era quizás esperar demasiado de ella.



Pero creo que hay un valor adicional en Jack Bauer, que lo convierte en un héroe del más alto nivel. Se trata de su sentido de la decencia. Temporada tras temporada, Jack Bauer tiene que mascarse desgracias: le secuestran a su hija (varias veces), su ex amante asesina a su esposa, su hija después pasa de él temporada tras temporada tras temporada, está a punto de perecer en una explosión atómica cuando descubren un artefacto nuclear con el cual no hay tiempo de desactivarlo, se gana una adicción a las drogas, tiene que ejecutar a sangre fría con una bala en la cabeza a su jefe por chantaje del villano y más adelante para proteger a un rehén debe matar a un compañero de misión que le ha salvado la vida más de alguna vez, se echa al Gobierno chino encima y se gana una temporada de torturas en China, debe fingir su muerte y pasar a la clandestinidad, se enemista con el Presidente de Estados Unidos hasta el punto que éste usa todo su poder para tratar de matarlo, lo canjean para sacrificarlo, en Africa debe entregarse al gobierno de Estados Unidos para ser juzgado como única opción para salvar a un grupo de niños atrapado en una guerra civil, y finalmente cuando parece que va a encontrar algo de paz, debe nuevamente desaparecer después de ver que la chica con la que estaba intentando rearmar su vida recibe un tiro. Y todo esto, condimentado con los numerosos compañeros de labor que o bien van cayendo uno a uno, liquidados por el enemigo, o bien que se transforman en traidores y conspiran desde el interior. La cuestión es, ¿por qué un ser humano aguantaría tanto castigo sin siquiera rechistar, en vez de retirarse de una buena vez y vivir una vida más normal?

La respuesta tiene que ver con el sentido de la decencia que tiene Jack Bauer, que permea la serie a todo su largo. A diferencia de otras series, en que los buenos muchas veces son pícaros que tratan de robarle algo al sistema, tipos individualistas que se transforman en héroes salvadores de la sociedad de mala gana, o que simplemente pelean por sí mismos y gloria personal, en "24" los buenos son las personas decentes que por un salario de funcionario público, plantan cara al peligro una y mil veces porque son la última línea de defensa de la sociedad contra sus enemigos.



Y a su manera, esto se refleja también en el tratamiento de los villanos. Se ha acusado de "24" de ser racista y xenófoba porque los musulmanes y rusos son sistemáticamente presentados como terroristas, pero si bien esta acusación es a medias cierta, debe ser matizada porque dichos terroristas en el fondo se deja bien claro que actúan por lo que ellos consideran lo correcto (su religión, su etnia, etcétera), y en cierta medida, al igual que Jack Bauer se permite una cierta displiscencia moral con los métodos para alcanzar un fin, estos terroristas hacen un poco lo mismo. Y en "24", estos terroristas no son los peores villanos: se mueven en las sombras, es cierto, pero sus motivaciones son transparentes y luchan por una causa superior a ellos mismos. Incluso un terrorista tan peligroso como Habib Marwan, el archivillano de la cuarta temporada, prefiere sacrificar su propia vida a dejarse caer en manos del enemigo (de Jack Bauer), que por vía de tortura podría extraerle un código de seguridad necesario para desactivar un misil listo para detonar en la ciudad de Los Angeles. Asimismo, durante tres temporadas los chinos pasan a ser también villanos, pero su causa es comprensible: están actuando por razón de estado, en respuesta a una irrupción ilegal que hace Jack Bauer en la embajada de China durante la cuarta temporada. A su manera, los agentes chinos que aparecen como villanos de "24" hacen por China lo mismo que Jack Bauer hace por Estados Unidos.

Los peores villanos de "24" son, de lejos, el "enemigo interno", los traidores que operan dentro del sistema y que, amparados por sus relaciones políticas o su poder económico, muchas veces aprovechan a los terroristas como peones para sus propios juegos de poder. En la segunda temporada, el complot para detonar una bomba nuclear en Los Angeles tiene por objetivo final el provocar una guerra en el Medio Oriente para elevar los precios del petróleo, y el principal orquestador es un magnate financiero internacional. En la quinta, los terroristas son lo de menos: es el propio Presidente de Estados Unidos quién está involucrado en el encubrimiento de los atentados, listo para generar una guerra en el centro de Asia que le permita asegurar el suministro de petróleo a Estados Unidos por los siguientes treinta años, y a su vez el Presidente es la marioneta de un consorcio petrolero incluso más poderoso que él mismo. Dicho consorcio vuelve a reaparecer en la séptima temporada, en la cual se le asesta un duro golpe (aunque, se deja entrever, no fatal). El retrato de estos personajes es diferente: a ellos no los mueve ningún ideal, ni tampoco el patriotismo, ni siquiera el bien común, sino que la defensa de sus propios mezquinos intereses. Y en esto no se detienen ante nada: sus planes incluyen detonar artefactos nucleares, crear guerras de opereta, permitir la entrada de terroristas y de armas de destrucción masiva a suelo patrio, incluso contratar un francotirador para asesinar a un ex Presidente. A lo largo de la serie, estos villanos también sufren los peores castigos, porque a diferencia de los terroristas, que suelen morir dando la pelea por lo que creen justo, el enemigo interno al ser descubierto acaba cayendo de una posición en la que se sienten invulnerables y terminan perdiéndolo todo.



Esto queda de manifiesto en otra característica recurrente de "24": el enorme peso de las decisiones morales. En la mayor parte de las series de acción, el héroe de turno tiene bien claro el panorama entre el blanco y el negro, y los personajes suelen carecer de matices. Si alguno se vuelve traidor, se le persigue y punto. Y los héroes tienen éxito mediante alguna salvación milagrosa de último minuto, bien sea discurrida por el protagonista, bien sea ayudado por un tercero o por la pura suerte. En "24", las cosas son más complejas. No pocas veces, los personajes deben tomar decisiones complicadas, que implican sacrificios, y no siempre existen salvaciones de último minuto. En la mayor parte de las temporadas, los buenos consiguen la victoria, pero siempre pagando un precio exhorbitante: Jack Bauer acaba o con una muerte cercana (primera y octava temporadas), o perseguido por su Gobierno o por países extranjeros (cuarta y octava), o encarcelado (quinta y la película "Redención"), o amargado por una traición cercana (primera y séptima). Y en el transcurso, numerosas cosas deben ser sacrificadas, incluyendo la vida de colaboradores, algunos principios, etcétera.



En definitiva, lo que convierte a Jack Bauer en un héroe, y a "24" en una serie heroica, más allá de los recursos más clásicos de la historia de aventuras al estilo del folletín decimonónico, convenientemente adaptados a la cultura y sociedad de inicios del siglo XXI, no es su capacidad casi inhumana para salirse de situaciones y resolver complicados problemas a veces en el límite del tiempo, sino su enorme integridad moral, que lo lleva a los más altos sacrificios, incluso personales y aún aceptados de manera voluntaria, a la hora de tomar decisiones vitales que otra persona en sus zapatos probablemente no tomaría. Hoy en día, la decencia como un valor está de capa caída. La idea de que todos los seres humanos son iguales entre sí y que merecen un trato respetuoso por el solo hecho de serlo, si bien es loable y un gran progreso de la evolución de la mentalidad humana, es aprovechada por gente que lo considera un cheque en blanco para comportarse como se quiera y atropellando a quien se quiera. Por otra parte, la noción de que existen valores y principios que son más correctos que otros, suele ser tachada de fascista por los árbitros de la "corrección moral", a pesar de la enorme evidencia acumulada por la literatura sapiencial desde los egipcios hasta ahora de que un solo puñado básico de ideas (darás lo mejor de ti, vivirás con alegría, aceptarás las diferencias en vez de juzgarlas, no maltratarás a quien no se lo merezca... "trata a los demás como quieras que los demás te traten a tí") son los que han iluminado a los más altos códigos de conducta creados por el ser humano. En el peor de los casos, la persona decente suele ser tratada como un hipócrita, aunque es justo decir que en muchos casos la decencia es sólo una máscara sin un fondo real, y de ahí el desprestigio de este valor. En ese sentido, es bueno que existan series como "24", que nos recuerden todavía, en el movedizo inicio del siglo XXI, que la decencia tiene un valor importante en la sociedad, y que ésta funciona cuando hay gente decente dispuesta a hacer lo que nadie más estaría dispuesta a hacer, simplemente porque es lo correcto, es lo debido, y es lo que nos mantendrá en última instancia vivos como un cuerpo social.

2 comentarios:

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

¡Qué increíble lo floja que llega a ser la gente que si bien te lee, ni siquiera es capaz de dejarte unas felicitaciones tras leer un texto tan bien armado como éste! La verdad es que me llevé toda una sorpresa al encontrarme con argumentos tan ilustrativos y que dejan bien claro la calidad de Jack Bauer y su serie. Personalmente tengo muy buenos recuerdos frente a la pantalla viendo este adictivo programa y dentro de poco estoy disponiéndome a reencontrarme con ella viendo su última temporada. Una vez tras terminarme de ver la segunda o tercera temporada, justo cuando el protagonista tuvo que matar a su jefe como bien cuentas, me entró la duda acerca de la cordura mental y la calidad del espíritu de Jack; entonces recuerdo haberlo comentado con un amigo seguidor de la serie y entonces ambos llegamos a la conclusión de que al terminar ese día llorando en el estacionamiento, queda de manifiesto el peso que llevaba tras sus acciones/decisiones más difíciles, de modo que su humanidad no podía quedar en duda. Tú que bien comienzas tu texto haciendo alusión a la larga tradición heroica, te cuento que algo he escrito al respecto; por si deseas echarle un vistazo: http://www.elcubildelciclope.blogspot.com/2011/11/conan-de-robert-howard.html y http://www.elcubildelciclope.blogspot.com/2012/04/por-que-necesitamos-los-superheroes.html

Guillermo Ríos dijo...

Si consideramos que el grueso de la gente que llega a la Guillermocracia vía buscadores es porque teclean por qué los simpsons de ahora son malos o algo similar (no estoy bromeando), o buscando imágenes, que no dejen comentarios no es algo que me extrañe.

Es cierto que Jack Bauer ha tomado muchas veces decisiones morales bastante turbias e incluso reprensibles, pero creo que eso mejora mucho al personaje, lo humaniza, porque las personas en general somos así, a veces hacemos el bien y a veces hacemos el mal, a veces sin darnos cuenta y a veces bien a sabiendas. Creo mucho más interesante un personaje así, que uno eternamente siendo el bien, lo justo y lo correcto. Y la escena al final del Día 3 en donde Jack Bauer está llorando después de 24 horas de pesadilla, y en donde recibe una llamada telefónica porque todavía queda trabajo que hacer, y él virilmente se seca las lágrimas y va una vez más a cumplir con su deber, es uno de los momentos de oro de la serie.

Me llama mucho la atención el posible contraste entre Conan y Jack Bauer. Dentro del conflicto barbarie versus civilización, me da la idea de que ambos estarían en campos opuestos, Conan idealizando la barbarie, la libertad, la autenticidad, la autorrealización, y Jack Bauer idealizando la civilización, el deber, la responsabilidad, el sacrificio. Son ideales o modelos de heroísmo distinto, pero también, huelga decir, ambos personajes pertenecen a contextos sumamente diferentes entre sí. Lo que es heroico en una época, no necesariamente lo es en otra, porque las necesidades de cada individuo y de la sociedad en su conjunto varía a según qué tiempo y lugar.

Pensándolo bien, supongo que ahí puede haber material para otro posteo. Mejor no sigo componiendo con la ventana abierta...

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