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miércoles, 24 de noviembre de 2010

Green Day en Chile y yo por accidente ahí.


La vida tiene extrañas vueltas. Aunque no es exactamente un rito ni una cábala, se ha dado que en los últimos años he ido a razón de un megarrecital por año. Iría a más, pero conspiran contra ello el presupuesto por un lado, y el que suelen ser en Santiago, lo que dificulta un poco la asistencia desde provincias. Para este año 2010 que va acabando, mi elección era el concierto de Rammstein, por primera vez en Chile, aunque más que nada para rememorar los temas clásicos de los tiempos del "Sehnsucht" y del "Mutter", porque los temas del último disco, del que previsiblemente sacarán varios cortes como promoción dentro del concierto, la verdad es que no me han gustado demasiado (cortesía de YouTube, en donde ahora se pueden escuchar discos enteros online gracias a los que suben videos con las canciones de audio y la carátula del disco como imagen). Pero no pude comprar mi entrada a tiempo, las más baratas de galería a 20.000 pesos se agotaron, y pagar 35.000 por cancha es algo que está fuera de mi presupuesto, así es que empecé a habituarme a la idea de que en 2010 no habría concierto masivo para mí. Pero claro, el hombre propone y el destino dispone...

Por una accidentada concatenación de circunstancias que no reseñaré aquí, acabé con una entrada de Green Day en la mano (en realidad con más de una, porque era con acompañante la salida), para el concierto que dio la banda el pasado domingo 24 de Octubre de 2010. Para ser sinceros, nunca me había impresionado demasiado Green Day, desde que escuchara por primera vez el famoso tema "Basket Case" por allá por 1993, año más o año menos. Primero me llamó la atención, en ese tiempo, la energía que ponían en sus canciones, pero andando el tiempo, cuando empecé a descubrir a las bandas punk más seminales (Sex Pistols, The Clash, The Ramones...), sumado a que por esos años las radios nos metieron "Basket Case" hasta que nos salieran herpes en los oídos, acabé por dejarlos de lado. Después, Green Day se volvió un número más dentro de la escena MTV, ni siquiera el más interesante de ellos, y entraron en un pronunciado declive. Cualquiera diría que con su resurrección, allá por los tiempos del "American Idiot", la banda volvería por sus fueros, pero se tardaron seis años adicionales en sacar otro disco más, que fue el "21st Century Breakdown", en el año 2009. Y es con ese disco que vinieron a dar concierto en Chile. Concierto al que, dada la reseña anterior, no hubiera ido probablemente ni a cañones, de no ser porque la entrada acabó saliéndome gratis. Extraños giros tiene la vida.


El caso es que llegamos aproximadamente a las cinco de la tarde al Estadio Bicentenario. Tuvo su gracia que nos quedamos en la fila de entrada más larga (en la calle en que llegamos), que tenía una cuadra de largo, pero después, al revisar mejor, acabamos entrando por la puerta de la Tribuna Andes, en donde no había fila y los funcionarios tenían una agradable cara de bienvenida, porque no parecían tener mucho que hacer a esa hora bajo el sol. Ahí estuvimos volviéndonos chicharrones bajo el abundante sol de la tarde, haciendo lo humanamente posible por pasar de los infaltables vasos de bebida y helados a precios de tráfico de órganos. El concierto mismo estaba programado para las nueve de la noche, pero a las siete ya había caído el sol. Y como agradable sorpresa, vinieron los primeros teloneros, porque hubo dos.

El concierto se abrió con Ratones Paranoicos (bueno, eso me dijo mi acompañante, para mí todas las bandas punk tienden a sonar más o menos igual). Un comienzo discreto, con cierto empaque, más que nada desde el punto de vista de la composición de canciones (no soy erudito en Ratones Paranoicos, así es que todo ese material era nuevo para mí), aunque un poco perjudicados por un sonido no todo lo afinado que debiera. Sumando y restando, sin quejas, porque Ratones Paranoicos se esforzaron de todas maneras. Luego vinieron los argentinos de Ataque 77, y con ellos la audiencia, que estuvo más o menos apática a Ratones Paranoicos más allá de los entusiastas de la cancha, comenzó a entrar en calor. Nunca he sido fan de Ataque 77, y la verdad es que tiendo a sufrir sus canciones más que a disfrutarlas, con su mezcla de punk con acordes de balada argentina de los setentas, pero el sonido ahora sí que mejoró una enormidad, además de que la banda se entregó por entero arriba del escenario, de manera que fue un buen espectáculo al final. Otra raya para la suma.

Diez minutos antes de la nueve, después de unos veinte minutos de la partida de Ataque 77, salió un conejo rosado, lo que fue mi momento WTF (mi acompañante, con educada y merecida condescendencia, me explicó que era uno de los chistes clásicos de Billy Joe y compañía). A las nueve de la noche clavadas empezó el concierto mismo.


Y ahí fue donde quedé listo. Porque el concierto mismo fue bestial. Lo dice alguien que, líneas más arriba lo escribí, nunca fue fanático de Green Day, y conocía sólo muy superficialmente su repertorio. Partieron, de manera inevitable, con material del "21st Century Breakdown". Con una interpretación muy energética, la audiencia se enfervorizó, y no era para menos. Y luego, una decisión bastante anormal dentro de lo común en las bandas, que llenan sus recitales con temas de su último disco para venderlo, a costa del material clásico a veces mucho mejor que el más reciente, Green Day enfiló de lleno al old school, al material de sus primeros discos, que rellenó la mayor parte del concierto en sus tres horas. Volvieron a revisitar de manera puntual temas del "21st Century Breakdown" ("21 Guns" sonó más emotiva y mucho mejor en vivo que en el disco), pero la mayor parte del material fue el Green Day clásico. No faltaron tampoco los extractos del "American Idiot", aunque el tema homónimo quedó para el bis. En un minuto hicieron un medley, o algo similar, con temas de rock clásico. De manera muy interesante, los temas incluidos eran todos de Hard Rock o Heavy Metal, cuando uno hubiera esperado en una banda punk como Green Day, que hubieran homenajeado a, digamos, The Ramones o The Clash por ejemplo. Esto es sintomático, y además coincide con el hecho de que los dos últimos discos de Green Day, en particular "21st Century Breakdown", ha ido evolucionando en una dirección más clásica, combinando punk con influencias del hard rock más seminal de los setentas: estos homenajes son la confirmación de lo que decimos.

Green Day probaron ser unos músicos quizás no inmensos en el sentido de componer himnos inolvidables, lo que por otra parte es un lastre común a la por lo general escueta fórmula punk (más allá por supuesto de "American Idiot", "Jesus of Suburbia", "Know Your Enemy" y otros temas puntuales), pero sí muy competentes a la hora de descargar adrenalina sobre el escenario: debe ser una de las pocas bandas que se escucha y suena mejor incluso en vivo que en sus discos de estudio, y todo esto aparentemente sin el menor esfuerzo, cuando la tendencia común es que los músicos de bandas deben hacer esfuerzos sobrehumanos por apenas arañar los niveles de calidad de sus sobreproducidos discos de estudio. Además, estos tipos mostraron lo mucho que aman tocar en vivo, ya que mientras otras bandas se presentan a veces un poco a desgana, tocan lo justito y después se mandan a cambiar sin mayores ceremonias (Depeche Mode en Santiago el 2009, por ejemplo, concierto que estuvo bueno, pero que con todo el repertorio a sus espaldas era como para algo más grande y mejor), dieron con toda su energía lo mejor de sí durante tres horas (el concierto más largo al que me ha tocado asistir).

Y además de la parte musical, como valor añadido, Armstrong y compañía están tallados en la madera de los showman. La banda disfruta mucho de compartir con el público, y en general durante todo el concierto estuvieron alejados de todo divismo. Billy Joe Armstrong hizo subir al escenario a varias personas en momentos distintos del concierto. Hubo momentos de humorismo tierno cuando hizo subir a un chico y le preguntó "What's your name", y ante la mirada interrogante del pequeño castellanohablante, Billy Joe mascó un "cómoh-te-llamah". Una chica vio su sueño rocker cumplido cuando subió arriba y Billy Joe le enseñó un par de acordes con la guitarra para acompañar un estribillo, mientras a otro chico lo hizo subir para cantar esa misma canción. Y eso por no hablar de las varias grupies que aprovecharon el momento para tomarse por asalto el escenario y cumplir su sueño de estar al lado de Billy Joe y los restantes miembros de la banda, cosa que los miembros de la banda se lo disfrutaron a concho. También dispararon regalos al público, aunque nunca pude enterarme de qué eran. En general, un espectáculo que combinaba a unos músicos impecables, con unos espléndidos showmen: qué más se puede pedir.

A estas alturas del partido, los fanáticos de Green Day estarán decepcionados de mi artículo: "¡Maldita sea, si todo eso yo ya lo sabía! ¿No puedes escribir algo NUEVO?". Seguramente dirán que estoy descubriendo la pólvora. Pero por otra parte, dije desde el comienzo que Green Day era territorio desconocido para mí, así es que ténganme un poco de paciencia. Y el resto, los que no son fanáticos de Green Day o los han escuchado por encima y por sobre el zumbido eterno de lo cool en MTV, en mi opinión deberían darle una oportunidad, tanto en vivo como en estudio. Me lo agradecerán, salvo claro está que sus gustos musicales vayan por el lado de Ricardo Arjona o Jonas Brothers, en cuyo caso no tengo nada que hacer con ustedes, porque no llenan ni siquiera los estándares mínimos. Para el resto, los que tenemos el gusto musical algo más refinado, Green Day es sin lugar a dudas una gran banda, y en Santiago lo demostraron con creces.

2 comentarios:

Luthien dijo...

*-* no pense que harías un arcticulo de Green Day en Chile :D Esta Genial! me alegra mucho que te haya gustado :)
Todavía no me olvido del concierto *-* fue genial jajajaja Si, soy solo un poco fanatica jajaja xD
Que estes bien Saludos
Bye! :)

Guillermo Ríos dijo...

Bueno, bueno, está bien ser fanático de Green Day. Sería preocupante si fueras fanática de La Noche o Don Omar o alguno de, ejem... ésos... Saludos. :-)

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