domingo, 28 de noviembre de 2010

Crónicas CienciaFiccionísticas 13 - La Revolución Campbelliana.


En 1937, el editor John W. Campbell asumió la dirección de la revista pulp "Astounding Science Fiction", y la Ciencia Ficción nunca más volvió a ser la misma. Con Campbell, algunas tendencias que venían desde los tiempos de Gernsback se agudizaron, pero por otra parte, las ideas campbellianas regirían a la Ciencia Ficción durante dos décadas a lo menos, e incluso tres si contamos el quiebre definitivo en la antología "Visiones Peligrosas" de 1967. Pero no nos adelantemos tanto, y regresemos a 1937.


La revista "Astounding Stories" habían principiado en 1930, como parte de la explosión de revistas pulps durante la Gran Depresión, que seguían el ejemplo de "Amazing Stories" de Hugo Gernsback. En ella se cobijaron escritores de la época como Murray Leinster y Jack Williamson, a quienes la posteridad considerará como desarrolladores de muchos conceptos nuevos. Leinster (quien ya publicaba en 1919) fue, entre otras cosas, uno de los primeros que desarrolló en profundidad el concepto de "universo paralelo", utilizando para ello la por ese entonces todavía caliente Teoría de la Relatividad, idea que será después explotada hasta la saciedad en novelas, cuentos, películas y cómics (qué sería del Universo Marvel sin él). Williamson, por su parte, había renovado substancialmente el género de la aventura espacial, la Space Opera, con su serie de la Legión del Espacio, apartándola del Romance Planetario a lo Edgar Rice Burroughs y dándole un tratamiento más "científico" (para la época). Pero el relato más importante de la época precampbelliana no fue publicado en "Astounding Stories" sino en "Wonder Stories": se trataba de "A Martian Odyssey", de Stanley G. Weinbaum, que en 1934 impactó de lleno a la comunidad de la ciencia ficción, con su escritura más fluida que el común de los relatos de la época, su respeto irrestricto por los conocimientos científicos de la época, y lo más fundamental, por presentar a un personaje extraterrestre que era una criatura digna en sí misma y no como un simple monstruo extraterrestre que debía ser liquidado por el héroe. Desafortunadamente, la temprana muerte de Weinbaum, víctima de un cáncer en 1935, con apenas 33 años de vida, le impidió ocupar el rol de figura señera del género al que parecía estar destinado.


Volviendo a "Astounding Stories", la revista se transformó en el referente indiscutible del género sólo a partir de la férula de John W. Campbell Jr. (1910-1971). Campbell tenía una sólida formación científica, pero a diferencia de Gernsback, no consideraba que ésta debiera sólo educar, sino que también debía entretener. Había escrito ya algunos relatos de ciencia ficción, cuando en 1937 se hizo cargo de "Astounding Stories", y junto con cambiarle el nombre a "Astounding Science-Fiction", disparó todo un recambio generacional. Algunos autores (los citados Leinster y Williamson, por ejemplo) pudieron mantenerse, pero otros quedaron rápidamente pasados de moda. Campbell se apoyó fuertemente en un grupo de fanáticos llamados los Futurianos, quienes no sólo leían Ciencia Ficción, sino que también la escribían. Todos los futurianos rondaban entre los 15 y los 25 años, y muchos de ellos, con el correr de los años, se transformarían en nombres reconocibles del género: Isaac Asimov, James Blish, Damon Knight, Cyril Kornbluth, Judith Merril, Frederic Pohl, Donald A. Wollheim... Pero no fueron los Futurianos el único semillero de futuras luminarias de la Ciencia Ficción: fuera del grupo empezaban a dar que hablar Robert Heinlein, Arthur C. Clark, A. E. Van Vogt, Lester del Rey...


Campbell tenía una línea editorial clara. Los relatos de su revista (que se transformó en LA revista del género) debían tener un fuerte componente científico, incluso por sobre el literario. En general debían ser tecnooptimistas y describir el futuro con tintes luminosos. En la Space Opera, el subgénero de aventuras espaciales, los buenos y los malos debían estar perfectamente definidos, sin mucho espacio para la ambigüedad moral. Era también un editor exigente y controlaba lo suyo a sus escritores, exigiendo a veces cambios profundos en las historias si no las rechazaba. Según refiere Isaac Asimov, en una ocasión le preguntó a Campbell si se sentía desdichado por tener que abandonar la escritura para abrazar el trabajo editorial, a lo que Campbell habría respondido: "Cuando era escritor sólo podía escribir una historia a la vez. Ahora puedo escribir cincuenta historias a la vez. Hay cincuenta escritores allá afuera que están escribiendo historias que discutieron conmigo. Estoy trabajando en cincuenta historias".


Convencionalmente se suele fechar con la ascensión de Campbell al despacho editorial de "Astounding Science-Fiction", el inicio de la llamada Edad de Oro de la Ciencia Ficción. Esto, aunque el nombre mismo venga, o al menos haya sido fuertemente apoyado, por un escritor criado en dicha hornada, como lo era Isaac Asimov, por lo que no puede ser considerado una opinión de férrea imparcialidad. Lo cierto es que con Campbell, la Ciencia Ficción terminó de adquirir algunas características bien marcadas. El ghetto de fanáticos, mirados muchas veces como lunáticos por la gente común, terminó de definirse. También cristalizó la separación entre "escritor serio" y "escritor de Ciencia Ficción", proceso que ya Gernsback había puesto en marcha. Esto, tanto por la relativa falta de exigencias de estilo literario por parte de Campbell, como por el marcado acento científico que exigía a sus publicaciones. El período del cuarto de siglo que principia en 1937 (hasta el advenimiento de la Nueva Ola), puede llamarse con justicia la Edad de Oro, pero no sería poco apropiado llamarla también la Era B.E.M., por los Bug-Eyed Monsters ("Monstruos de Ojos de Bicho") que eran característicos de muchos relatos de aquel tiempo.

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