domingo, 19 de noviembre de 2017

El anime de "Ace Attorney": Locademia de abogados.


Resulta probablemente curioso que yo, habiendo estudiado Derecho hace unos cuantos años atrás, ignorara casi por completo la existencia de la franquicia relacionada con Ace Attorney. Y sin embargo, así fue hasta hace unos cuantos meses atrás, cuando me senté a ver la versión en anime del asunto. Y lo que me encontré fue... ay, benditos sean Ulpiano, Gayo, Paulo, Papiniano y Modestino, porque si los cinco levantaran la cabeza, no habría rollo del Edicto Perpetuo que tuviera el largo suficiente para enjugar sus jurídicas lágrimas. Será que por saber un par de cosas de Derecho, veo cosas que el espectador corriente no, pero es que hay situaciones dentro del anime que ya rebasan la credibilidad no sólo en términos jurídicos, sino en pura y simple lógica elemental. ¿Necesito mencionar que me llevé una opinión para nada favorable de Ace Attorney...?

Partamos por el comienzo. Ace Attorney es, me voy informando, una franquicia de videojuegos o novelas visuales o lo que sea, cuyo título podría traducirse al castellano como El as de los abogados, o El as de los procuradores, porque parece ser que su público destinatario son los frikis de consolas para quienes algo ligeramente inferior a un as absoluto es inaceptable en un protagonista. Satisfacción vicaria que lo llaman, Su Señoría. El primero de los videojuegos o novelas visuales o lo que sea, es Phoenix Wright: Ace Attorney, que ya desde el título nos va informando de un par de cosas. El protagonista es un abogado al máximo, llamado Phoenix Wright, porque para qué vamos a darnos un baño de humildad con el nombre, ¿no? Ya me imagino el diálogo de los padres. "¿Cómo lo llamamos, querido? ¿Andrés por el redactor del Código Civil de Chile? ¿Ulpiano por el príncipe de los juristas? ¿Bartolo por la eminencia de los postglosadores?". Ante lo cual el padre respondería: "Querida, no. Llamémoslo Phoenix, para que resucite como el ave fénix, y los niños en el colegio después le hagan bullying diciéndole algo así como 'resucita esto, mequetrefe', ¿no te parece?". Y la historia del videojuego, o novela visual mejor dicho, es cómo Phoenix Wright va resolviendo pistas, acorralando a los testigos, burlando a la fiscalía, etcétera. Hasta ahí no hay problema. Y no comentaré más del videojuego o novela visual o lo que sea, porque no lo he jugado.

El caso es que después de una ristra de videojuegos o novelas visuales o lo que sea, finalmente llegó la adaptación en anime, que se emitió entre Mayo y Septiembre de 2.016. Y yo para mis adentros: "¿Un anime en el cual su protagonista es un abogado heroico que gana juicios? ¡Venga!". Valga como aclaración. Yo entiendo que lo que en Angloparlantelandia se llama courtroom drama, se salta a la torera mucho de cómo se ventila en verdad un juicio, por necesidades dramáticas. Incluso nos dimos un festín con eso en su día, aquí en la Guillermocracia, con el posteo Cinco películas que se meten la ley en el bolsillo. Las películas y series de televisión sobre abogados son ficciones, y como tales, su principal misión es entretener a la audiencia; si además de eso puede hacerse con una descripción fidedigna de lo que es un juicio, entonces tanto mejor, pero a veces, sacrificar un poco de realismo por drama es positivo, de cara a entretener a la audiencia. Pienso en el final de la película Los intocables de 1.987, por ejemplo, que comentábamos en el posteo de marras que citaba más arriba. Desde un punto de vista jurídico, ese final es una burrada absoluta, de vergüenza ajena. Pero no importa, porque en términos dramáticos, queda muy resultón para rematar una película de acción y suspenso muy dura. Lo ya dicho: el realismo se agradece en beneficio de la credibilidad, pero no es algo que deba seguirse a rajatabla y al ciento por ciento. El problema con Ace Attorney, la versión en anime por lo menos, es que sacrifica cualquier credibilidad a cambio de... yo qué demonios sé qué es esto.

El protagonista de la historia es Phoenix Wright, que responde a un cliché clásico: el joven idealista que además es lo máximo en lo que hace. Ya con eso, se hace odioso. Partiendo por el nombre, ya nos burlábamos de eso más arriba, y siguiendo por el hecho de que acaba siendo un Canon Sue de toda la vida. Todos conocemos esta clase de poochies: los personajes que son tan buenos, tan nobles, tan idealistas, tan perfectos, tan sin defectos, que terminan por hacerse cargantes. Me alegra no estar viendo otro anime que insista en el cliché del adolescente atormentado y con problemas de autoestima que, a pesar de toda su tortura emocional, acaba salvando al mundo, pero acá se fueron demasiado para el otro lado.

Phoenix Wright: El rostro de la justicia y el tipo que es como tú quieres ser.
Phoenix Wright tiene una jefa que no recuerdo su nombre, pero que es joven, guapa y copa D, y en uno de los pocos toques de realismo de la serie, usa unos escotes que ni una starlet de la Página 3 de la prensa británica, algo que quizás es un poco exagerado, por supuesto, pero quienes hemos pisado un tribunal, sabemos que las abogadas guapas hacen todo lo posible por usar armas de mujer para que a los actuarios y funcionarios se les caigan las babas y corran a hacerle los trámites. No sólo de conocimientos jurídicos vive el abogado, después de todo. El caso es que, volviendo a la historia del anime, después de un caso preliminar que sirve para presentarnos a los personajes, a la jefa le dan el bajo por alguna razón. Las principales sospechas recaen en la hermana de la jefa, que es una adolescente guapa pero más del tipo vecina de la puerta al lado, y por lo tanto, llega hasta copa C nada más. Phoenix Wright se aboca a la tarea de defenderla, lo que por supuesto abre un canil de gusanos. Pequeño spoiler aquí: después de algunos capítulos, Phoenix Wright consigue exculparla, acaban por darle caza al verdadero asesino, y en los siguientes episodios, ambos conforman un equipo de trabajo.

Por cierto, la hermana de la abogada asesinada es médium. No tan buena como la abogada asesinada, que también lo era, pero de todas maneras se le da el asunto de canalizar muertos, etcétera. Con lo cual, el asunto simplemente se desmadra. Piénsenlo. Los dramas de tribunales, los courtroom dramas como los llaman en el mundo anglosajón, muy en el fondo son un subgénero de la Literatura Policial: tenemos un crimen, uno o varios sospechosos, y un detective que trata de desentrañar la verdad, de acuerdo a reglas de una cierta racionalidad, sólo que en este caso, quien obra como detective suele ser el fiscal o el abogado defensor, a según la historia. Introducir elementos fantásticos en un relato policíaco es equivalente a hacerlo saltar en pedazos, porque con eso, toda la racionalidad se va por la ventana. En materia de Ciencia Ficción, se ha observado que el suspenso detectivesco puede verse arruinado porque el protagonista siempre puede sacarse un invento futurista revolucionario que solucione los problemas en cinco minutos. Sin embargo, Isaac Asimov argumentaba que sí es posible escribir historias policíacas de Ciencia Ficción, y él mismo escribió algunas bastante apreciables, como Bóvedas de acero o El sol desnudo, siempre y cuando los elementos extemporáneos a nuestra realidad estén bien definidos, y por tanto, las reglas del juego estén establecidas. De esta manera se respeta el principio de que haya una racionalidad detrás de la investigación, aunque esa racionalidad no sea la de nuestro propio mundo, sino la de unas reglas inventadas, y se cierra la posibilidad de que el escritor o guionista se haga trampas jugando al solitario.

Por desgracia, aquí en Ace Attorney, eso no está bien ejecutado. Hay como un intento, ya que se menciona que los poderes de médium que tiene la chica son limitados, lo que es necesidad narrativa porque o si no las historias se acabarían en cinco minutos, pero luego el tema se usa con tanta liberalidad, que toda lógica acaba por saltar en pedazos. En particular hay una cuestión que el anime jamás responde: si los médiums existen en este universo narrativo, ¿por qué la policía no los contrata para invocar el alma de las víctimas y así interrogarles directamente acerca de quién los mató? No sé si los videojuegos o novelas visuales o lo que sean, responden esta cuestión, pero el anime claramente no, cuando por lógica debería hacerlo.

El rival de Phoenix Wright es Miles Edgeworth, que es también otro cliché ambulante: es un joven fiscal que nunca ha perdido un caso, no trepida en los métodos más rastreros para ganar, etcétera. Pero resulta que en el pasado el protagonista y él fueron amigos, sólo que algo sucedió con Miles Edgeworth que lo convirtió en un alma atormentada cuyo único objetivo es ganar juicios sin que le importe la verdad, lo que lo convierte en algo parecido a un villano, sólo que tiene un fondo profundo que lo atormenta... ya se saben el resto. La serie se juega la carta de postergar las respuestas, de manera que no sabemos hasta más o menos la mitad de la misma cómo es que Phoenix y Miles se hicieron amigos en primer lugar, y luego por qué ambos siguieron los caminos distintos que los llevaron a convertirse en rivales. Precisamente, uno de los puntos fuertes de esta serie es el desarrollo de ese arco argumental, y el episodio en donde finalmente se devela el pasado común de ambos, es un legítimo lacrimógeno de buena ley, y seguramente el mejor de todo el anime.

Miles Edgeworth: Al final, el león no es tan fiero como lo pintan.
Por supuesto, todo eso deja a Phoenix Wright sin oponente a mitad de serie. No se preocupen: ahí está un nuevo personaje, Franziska von Karma, que es un cliché todavía más ultrajante si es que cabe. Porque Franziska von Karma es una joven fiscal que nunca ha perdido un caso, no trepida en los métodos más rastreros para ganar... ¿notan un patrón aquí?, y además, ella no es un alma atormentada sino una cínica hijita de papá que... por favor, vayan y tomen asiento porque lo que viene es de aúpa. ¿Listos? Seguimos. Es una cínica hijita de papá que lleva un látigo a los tribunales, y latiga con él a todo el mundo que se opone en su camino, incluso al juez. Lo que denota que el guionista no tiene perra idea de cómo funciona un tribunal, porque no se permiten armas en su interior por razones obvias, y a la mínima que un abogado se atreva a una ligerísima salida de libreto en contra de un juez, lo que le llega es una amonestación, y de agresiones físicas con o sin látigo ya no hablemos, porque lo que se le viene encima al pobre tarado es que lo detengan y pase procesado a fiscalía por acriminarse en contra de la autoridad pública. Todo esto se justifica por comedia chusca, eso sí, pero el problema es como comedia chusca, ni siquiera resulta gracioso, aunque sea porque ese estilo de humor era viejo en el anime en tiempos de Dragon Ball, la original y no Dragon Ball Z, así es que uno, espectador curtido en estas lides, lo que hace es echarse hacia atrás y bostezar. Porque lo hubiera dejado pasar si hubiera sido eso, gracioso, pero ni por ésas.

Las investigaciones, por otra parte, se conducen de una manera increíblemente estúpida. Porque al lado de Dick Gumshoe, el policía investigador inepto residente de la franquicia, y siempre debe haber un policía investigador inepto en toda historia policíaca que se precie de tal, al lado de Dick Gumshoe tenemos que Sango Yokomizo de Detective Conan es un Sherlock Holmes. La investigación misma es conducida por el propio Phoenix Wright, acompañado por supuesto por la chica médium. Vale por eso. No sucede así en la vida real, en donde las investigaciones privadas suelen estar proscritas o limitadas al máximo, y eso por buenos motivos, pero es un cliché de las historias policíacas, y podemos considerarlo una desviación aceptable de la realidad. Sin embargo, después en el tribunal, la palabra de los testigos que no son fuerza pública e incluso de los mismos abogados, se acepta sin más, sin cuestionamientos de ninguna clase, lo que es una burrada absoluta.

Ustedes han visto en muchas ficciones policíacas tipo Detective Conan o Reportera del crimen la siguiente línea de diálogo, más o menos con variaciones: "Sé quién lo hizo y cómo, pero me falta una última evidencia para probar que fue él". Y eso por una buena razón. Se supone que los detectives de la fuerza pública son objetivos, honestos e imparciales, y no van a falsificar ni distorsionar nada en beneficio de su caso, lo que no suele ser así con los privados, sus abogados y sus detectives particulares, por razones obvias. Hay un motivo por el cual las escenas del crimen son precintadas: para que una vez investigadas por el personal competente, que siempre es la fuerza pública, haya una seguridad mínima de que la evidencia no fue alterada para inculpar o exonerar a alguien. Si a cualquier abogado con un mínimo de competencia le pusieran una sentencia absolutoria o condenatoria dictada sobre testimonios evidentemente interesados que no fueron controvertidos, y evidencia que no fue asegurada por la presencia de funcionarios públicos que avalen su credibilidad, a ese abogado le costaría apenas el tiempo de beberse una taza de café, el preparar el escrito o presentación con el cual derribaría todo eso hasta la nada en un eventual recurso de apelación o nulidad, según proceda. De ahí que la manera de presentar prueba en los juicios del anime sea tan tarada. Incluso podría disculparse si el anime fuera de otra cosa y los juicios fueran ocasionales, pero no necesito decirlo, los juicios son la médula de la narrativa aquí.

Después de todo lo anterior, cabe la posibilidad de que algunos valientes entre ustedes aún así estén pensando en darle una oportunidad al anime. Puede ser que sean fanáticos de los videojuegos o novelas visuales o lo que sea, y quieran ver animados a sus personajes favoritos. Puede que tengan curiosidad por ver toda esta traca de sandeces y barbaridades con sus propios ojos. Puede que les guste derramar bilis sobre las producciones audiovisuales porque, hey, de alguna manera hay que sacarse del cuerpo las frustraciones de la vida cotidiana, y emprenderlas contra un producto guionizado con las pezuñas es una manera tan buena como cualquiera otra que no involucre agarrar un rifle de alta precisión y ponerse a bajar transeúntes desde lo alto de una torre. En ese caso, mi recomendación particular es que si van a darle una oportunidad, lo hagan más o menos hasta la altura del episodio 13, que es, si la memoria no me falla, ahí en donde se revela por completo el pasado común de Phoenix Wright y Miles Edgeworth. Y prescindir del resto.

¿Ven a la chica del fondo, con ropas de geisha? Es la antigua jefa del tipo de azul, el protagonista. Pero a ella la mataron. Pero la hermana usa sus poderes de médium para traerla de regreso. Traten de tomarse en serio este anime después de eso.
Abundemos en esto. Entre los primeros episodios hay uno preliminar que nos pone en situación, y el resto son pequeños arcos argumentales de tres o cuatro capítulos cada uno, que describen un juicio completo cada uno de ellos. Pero por debajo de estos pequeños arcos argumentales hay uno mayor, que es el conflicto entre Phoenix Wright y Miles Edgeworth, que viene a resolverse más o menos a la mitad del anime, tal y como lo decíamos. Estos episodios son aceptables dentro del tono más bien tarado de la serie, porque esa historia, aunque un tanto cliché, aún así tiene una cierta carga dramática que la hace interesante de seguir. Miles Edgeworth acaba resultando de hecho un personaje mucho más interesante que el mismísimo protagonista, por mucho que sea un cliché ambulante.

Pero luego, en la segunda mitad del anime, todo es cuesta abajo y sin frenos. Miles Edgeworth desaparece de escena, su sustituta Franziska von Karma es un personaje simplemente ridículo, los casos dejan de estar hilados con un arco argumental de fondo, y en general, la serie se fusila todas las virtudes que la hacían tolerable hasta ese punto, por lo que las tonterías y estupideces ahora corren rampantes a campo abierto y sin que nada las detenga. Y eso hasta un caso final que acaba por resultar simplemente penoso desde casi todo punto de vista, porque...

...Spoiler del último juicio de la serie a continuación. Al final, resulta que el último cliente de Phoenix Wright es culpable, y el protagonista sufre y agoniza porque él se hizo abogado para defender la justicia, y ahora su trabajo le exige hacer algo injusto. Nosotros entendemos que es un cliché del género que los abogados honestos defienden a clientes inocentes y los abogados corruptos defienden a clientes culpables, y lo aceptamos porque es una ficción. Pero si le dan la vuelta al concepto, lo que un abogado jamás puede hacer es dejar botado o desatendido a su cliente porque sea culpable. Por supuesto, Phoenix Wright tiene muy buenas razones para ir en contra de su cliente, pero aún así, acaba por incurrir en serias faltas éticas y profesionales que, en una ambientación más realista, acabarían por llevarle a la suspensión de su licencia para ejercer, o incluso peor. Aún así, la historia no estaría mal si se hiciera cargo de estas complicaciones... pero no lo hace. La serie manda toda la ambigüedad moral de la situación por la ventana, insiste en que Phoenix Wright es el héroe idealista y punto, y con eso, cualquier credibilidad que le quede también se va al garete, salvo que uno sea un niño de cinco años que todavía funcione con la idea de que existen los buenos a un lado y los malos al otro, y nada en el punto intermedio.

Ignoro cómo estas cuestiones fueron planteadas en el videojuego o novela visual o lo que sea. Según tengo entendido, el anime se basa en los dos primeros videojuegos o novelas visuales o lo que sea de la franquicia, lo que se nota en el brusco cambio de la serie más o menos en su mitad. Pero en el anime, es una colección de burradas tras burradas. Que intentan justificarse para mostrar situaciones cool: el héroe idealista, los villanos enfermos de maldad, las salidas inesperadas de libreto en la hora undécima, el humor chusco, etcétera. Sólo que esas situaciones cool... no son cool. Y lo que queda es el ladrillo que queda. Suerte para ustedes que me lo vi entero, porque de esa manera les ahorro la pena a ustedes. De nada.

Franziska von Karma. Nombre cool, látigo, personalidad de niñata malcriada... Alguien se esforzó un poquito demasiado acá para vendernos el personaje, por lo visto.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Bastión Esperanza - "Cambio en la estrategia arzawe".


El Cerebro Verde en el centro de la base subterránea en la Luna Menor, disminuye ligeramente el nivel de feromonas, y en consecuencia, los arzawe dirigentes adquieren un poco más de individualidad. De inmediato, comienza la conferencia acerca de los nuevos sucesos que están ocurriendo.

– Observo: Hemos adquirido la capacidad de leer las mentes humanas infectadas con el virus que hemos propagado entre ellos, las cuales ahora forman parte de nuestra colmena arzawe, y esta nueva condición puede cambiar por completo los planes militares a nuestro favor – señala el Cerebro Verde.

– Sospecho: El agente patógeno que se ha esparcido por el cuerpo de los humanos infectados, de alguna manera se ha acoplado al sistema neurológico humano, permitiéndonos captar lo que ellos perciben, a través de un enlace hexadecadimensional – apunta Useliel.

– Prevengo: Ignoramos si los humanos se darán cuenta de la existencia de la conexión de los infectados con la mente colectiva arzawe, y si es así, cuánto tiempo tardarán en darse cuenta – acota Lisandiel.

– Alerto: No debemos caer en la tentación de creer que tenemos la guerra ganada únicamente porque podemos percibir cosas a través de los sentidos de los infectados, ya que no podemos estar seguros de que los infectados conforman una cantidad decisiva de humanos, y además, no hay señales de que los mandos supremos humanos estén también infectados, por lo que sólo podemos leer sus acciones a la luz de cómo los infectados las perciban – señala Useliel.

– Observo: Además, por alguna razón, hay una humana, que llaman Alba Dunsany, que ha sido infectada con el patógeno, y aún así, ella es la excepción más visible y significativa, ya que la mente de ella, nos resulta imposible leerla, y no debemos olvidar que por las conversaciones de los infectados, podemos deducir que ella posee un rol capital en manejar la nave espacial con tecnología del Polígono, que ellos parecen llamar Ganímedes – apunta Lisandiel.

– Considero: Es posible que eso tenga que ver con el tratamiento especial que le fue administrado, para luchar contra la epidemia arzawe – apunta Useliel.

– Valoro: Vuestro análisis es completo y coherente, pero ahora es necesario formular un plan de acción – apunta el Cerebro Verde.

– Pondero: Verel ya marcha en camino a Uselas, para reportarse, tomar noticias de la ubicación de Arslan Zetten, y alcanzarle allí en donde se encuentre, por lo que cualquier decisión debe ser rápida, considerando que la llegada de una escuadra masiva enviada por Arslan Zetten podría significar enviar una señal hexadecadimensional que podría ser leída de manera inequívoca por el Polígono como signo de nuestra presencia en este sistema estelar – apunta Useliel.

– Reflexiono: Quizás sea el momento de tener una perspectiva más fresca respecto de todo este asunto – afirma el Cerebro Verde.

Poco después, ante el Cerebro Verde y los altos mandos arzawe, comparece Warma. Si ojos humanos vieran la escena, Warma aparecería como una presencia infantil, curiosa, despierta, y de carne a medias putrefacta.

– Comento: ¡Me he divertido mucho viendo a esos humanos, y en particular a ese humano llamado Numerio, y creo que lo más divertido, sería averiguar hasta qué punto podemos controlar a los humanos infectados y convertirlos en parte de nuestra colonia arzawe, para ponerlos bajo nuestro control, y hacer que se exterminen mutuamente entre ellos – suelta Warma, repleta de entusiasmo.

– Dudo: No comprendo el concepto de “diversión” – apunta Useliel.

– Explico: “Diversión” es una debilidad humana por la cual los humanos hacen cosas no por su valor racional o la utilidad que puedan reportar, sino para satisfacer la secreción encefálica de endorfinas, neurotransmisores que les provocan placer – apunta Lisandiel.

Al recibir la explicación de lo que significa “diversión”, Useliel hace un gesto de disgusto en dirección  hacia Warma. Un verdadero arzawe, después de todo, no hace las cosas por eso que llaman “diversión”, porque eso sería egoísmo, y va contra la cultura del sacrificio para la preservación de la colmena arzawe. Hace mucho tiempo, los arzawe se han comportado como individuos únicos, persiguiendo sus propios fines egoístas, pero han evolucionado para funcionar como una sociedad primero, y como una colmena después, presionados por la existencia de amenazas demasiado grandes en el universo para que su contención dependa de conciencias individuales aisladas.

Amenazas como la del Polígono, por ejemplo.

– Interrogo: Useliel, Lisandiel, opiniones respecto del plan de Warma – dice el Cerebro Verde.

– Pondero: Si la comunicación de los infectados con la colonia arzawe es en doble sentido, entonces existe la posibilidad de que en efecto podamos controlarlos, y de esa manera, hacerlos caer en el caos y la guerra civil, por lo que podríamos asestarles un golpe decisivo, incluso sin necesidad de gastar nuestros propios recursos en ello – afirma Useliel.

– Observo: El punto débil dentro del plan, involucra nuestra incapacidad para hacer ingresar a la humana Alba Dunsany dentro de nuestra colmena, incapacidad que mientras no podamos explicar, pone en riesgo todo nuestro plan, ya que el mismo se basa en el elemento sorpresa respecto de los humanos desprevenidos – apunta Lisandiel.

– Quéjome: ¡Debemos atacar ahora, es tan aburrido esperar…! – suelta Warma.

Lisandiel y Useliel se miran entre sí, y luego miran en dirección hacia el Cerebro Verde. Un incómodo silencio se impone. Tanto Lisandiel como Useliel recuerdan muy bien la fuga desde la Luna Mayor, en vísperas de la destrucción de la base anterior por parte de Ganímedes: el anterior Cerebro Verde destruido, la comunidad arzawe sin liderazgo temporal, tanto Lisandiel como Useliel temporalmente funcionando como individuos por completo independientes y por lo tanto prisioneros de la angustia existencial de ser responsables de sus propias acciones, y además el prospecto de llegar a morir sin un sentido para su propia existencia… Warma, por el contrario, parece gozar de su independencia, casi como un atavismo de las eras primitivas de los arzawe, antes de que hubieran evolucionado biológicamente hasta transformarse en una sociedad colmena. Y el pensamiento individual es siempre un peligro: a la larga, en la historia evolutiva arzawe, el colectivo acaba por imponerse al individuo, y así, el colectivo arzawe ha conseguido librar una guerra despiadada de resistencia contra el Polígono, mientras por otra parte, ha expandido su imperio para conquistar, asimilar o destruir a varias otras razas basadas en individuos libres, como los humanos por ejemplo.

Pero el plan de Warma no parecía ser realmente malo. Sólo… arriesgado.

– Observo: De todas maneras, no alcanzaremos una capacidad de fuego aceptable sino hasta poco antes de la llegada de los refuerzos enviados por Arslan Zetten, supuesto de que él los envíe en primer lugar, de manera que no tenemos nada que perder intentando el plan de Warma – afirma Useliel.

– Apunto: Primero debemos intentar averiguar si podemos controlar la mente de los infectados, y si es el caso, cuál es la extensión de dicho control, para luego diseñar un plan que funcione como un golpe único en contra de las defensas humanas en el planeta – concreta Lisandiel.

– Concluyo: Nos mantendremos observando y a la espera entonces, para asestarles a los humanos un golpe que sea único y definitivo – afirma el Cerebro Verde.

– Celebro: ¡Esto va a ser muy divertido, vamos a jugar al exterminio! – señala Warma, con los ojos brillantes por la expectativa.

Lisandiel y Useliel se miran nuevamente. Cuando Rantel se ha encontrado en medio de ellos, las cosas han sido más sencillas. Rantel ha poseído rasgos humanos, es cierto, pero no hasta el extremo de Warma. ¿Qué ha salido mal con Warma, para mostrar tanta independencia…? Cualquiera sea la respuesta, la muerte de Rantel en la superficie de Esperanza ha sido algo realmente triste…

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Finalmente, la nave espacial Ganímedes había iniciado las maniobras de descenso en Ciudad del Progreso. Las cuales no eran sencillas. Alba Dunsany poseía el control absoluto de la nave, y el Capitán Chu se veía arrinconado al mero rol de asesor, señalándole los ángulos de entrada y las precauciones que debía tener. No en balde, Ganímedes era una fortaleza espacial de más de veinticinco kilómetros de largo, más grande de lo que medía Ciudad del Progreso de parte a parte, y si semejante mole se estrellaba contra la superficie de Esperanza, el planeta afrontaría un invierno nuclear masivo que podía llevar a la completa extinción de la vida sobre el planeta.

Pero todo había funcionado bien. La nave había descendido de manera correcta, y se las había arreglado para encajonarse en la más bien plana geografía alrededor de Ciudad del Progreso.

A la tripulación le habían concedido permiso para descender. Después de todo, tanto Ciudad del Progreso como Ganímedes estaban en cuarentena, así es que, tanto más daba que la tripulación a bordo de Ganímedes se mezclara con la gente de Ciudad del Progreso.

En las afueras mismas de la ciudad, Escalante estaba presente para esperar la llegada de Alba. Ella, en conjunto con Numerio, más un par de oficiales del ESIE a manera de escolta, estaban siendo llevados en un vehículo hasta Ciudad del Progreso.

Al ver a Escalante, Alba pidió detener el vehículo. Estuvo a punto de saltar el mismo, pero su temperamento de dama educada pudo más, y se limitó a bajar del mismo con gracia y dignidad. Escalante caminó hacia Alba, a su vez. Casi sin darse cuenta, Escalante le tomó las manos a Alba.

– Alba, yo…

Hubo un breve silencio.

– ¡Ya, dile de una vez! – gritó Numerio, desde el vehículo.

– ¡Cállate, mocoso! – gritó Escalante.

Alba soltó una risilla suave.

– Ustedes dos nunca van a cambiar, ¿verdad? – preguntó Alba.

Escalante soltó las manos de Alba, y se llevó una mano a la parte trasera de la cabeza, mientras soltaba una pequeña risa.

– ¿Tú… vas a estar bien? Quiero decir, la… enfermedad…

– No te preocupes, Escalante. Jean… – empezó Alba, pero se apuró a corregirse. – El doctor Wilkinson dice que mientras me administren el suero, voy a estar bien.

– Sí – dijo Escalante, con voz queda al observar la familiaridad con la cual Alba se refería al doctor Jean Wilkinson.

Alba, al notar como Escalante había tomado distancia repentinamente, se puso seria por un instante. Luego, volvió a sonreir, pero era notorio que hacía un esfuerzo en ello.

– Bueno, voy a seguir… Tengo que reportarme… Ya sabes, controlar a Ganímedes, y todo eso…

– Sí – se limitó a decir Escalante. – Voy a escoltarlos.

Y el grupo siguió adelante, pero ahora Escalante y Alba, en vehículos distintos, no se comunicaban ni siquiera vía menterminal. Numerio, en el mismo vehículo que Alba, la miró, y suspiró con resignación, mientras se preguntaba si cuando él creciera, iba a complicar tanto las cosas como Alba y Escalante…

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En una SIMAC, el Comandante Luca sopesaba lo que le informaba el profesor Higgins, respecto del plan que le había propuesto Sandrine, la especialista en robótica que había estado investigando la tecnología a bordo de Ganímedes. No parecía descabellado. Ganímedes poseía tecnología alienígena, y por lo tanto, era posible que Sandrine sí pudiera comunicarse con Rantel, el prisionero arzawe, a un nivel científico, usando matemáticas comunes. En la SIMAC, frente al Comandante Luca, el profesor Higgins y Sandrine esperaban una respuesta. Finalmente, el Comandante Luca la dio:

– Bien. Lo autorizo, no tenemos nada que perder. A ver si usted, Sandrine, consigue comunicarse de una vez por todas con ese maldito extraterrestre…

つづく


miércoles, 15 de noviembre de 2017

1.977 en los cines: 50 películas de hace 40 años (6 de 10).


Lo prometido es deuda. En la entrega anterior de esta épica serie de posteos, decía que en la actual iba a abrir los fuegos con "la que probablemente es la peor película del pelotón", me cito textualmente a mí mismo porque soy un poquito ególatra, y... aquí viene. ¿No la han visto? ¿No saben de qué película hablo? Pues, para que se enteren. No todo iba a ser gran cine, después de todo. A veces, es positivo recordar que junto a las buenas películas existen estos otros engendros que... cómo decirlo... mejor lo decimos así: sin más preámbulos, vamos con la correspondiente nueva entrega de esta serie de posteos acerca de películas que se estrenaron en los cines hace cuarenta años, en ese ya lejano 1.977.


26.- El imperio de las hormigas (Empire of the Ants / 29 de Julio).

¿Incluí esta película en la lista por estar basada (muy libremente) en un relato de Herbert George Wells? No, aunque se supone que sea el caso. ¿Lo hice por ser un clásico de Ciencia Ficción? No, clásica no es, de hecho está casi por completo olvidada. ¿Entonces la incluí por afán de darle un poquito de variedad a esta lista? Pues, la verdad es que tampoco. ¿Lo hice entonces siquiera porque es una película buena? En fin, cómo decir esto... No. No lo es. A mí me lo pareció cuando la vi, pero entiendan que eso fue cuando era niño. Aunque yo era un chico despierto, así es que alcancé a darme cuenta de que Joan Collins estaba muy guapa. En la actualidad no he vuelto a verla, pero sí he echado un vistazo a algunos videos de YouTube, y... creo que no volveré a verla. En realidad la incluí simplemente porque esta película es un pedacito de mi infancia, quizás una de las primeras películas que vi "para adultos", en la televisión muchos años después, eso sí, y ya saben cómo funciona el factor nostalgia. Pero a lo que vamos.



El argumento de esta película se ambienta en una isla con tierras sin mayor valor, que una pizpireta vendedora de bienes raíces, la siempre guapa Joan Collins, intenta colarles a unos compradores despistados. Sin que ninguno de estos personajes lo sepa, cerca han arrojado algunos barriles con efluvios radioactivos, al más puro estilo Montgomery Burns, uno de esos barriles se ha abierto, unas hormiguitas se han bebido los jugos radioactivos... Lo que sigue es un clásico relato de fulanos atrapados en un lugar repleto de bichos que se los van merendando uno a uno. Y por "bichos que se los van merendando uno a uno", quiero decir que vemos la mitad anterior de las hormigas, moviéndose como peluches sujetados por la parte inferior y meneados por personal humano tras la cámara para hacerlos parecer vivos, barato truco que probablemente fue el que se usó en esta película, a juzgar por los resultados. Una película que ultraja el nombre del siempre venerable Herbert George Wells para subirse a la entonces floreciente moda de los bichos que se comen gente, un poco en la vena de la entonces reciente Tiburón, pero con hormigas, y muchas de ellas. Algo que no me atrevo a recomendarle a nadie, ni siquiera a los amantes del cutrerío, que siempre los hay. Salvo para echarse unas risas, pero después de tanta solemnidad alrededor de tantas películas que hemos reseñado hasta aquí, supongo que se agradece el interludio, ¿no?


27.- Locura yanqui (The Kentucky Fried Movie / 10 de Agosto).

Estamos frente a una película que jamás, nunca, never, niemals, sería producida ni menos estrenada hoy en día, cuando vivimos en una era de blockbusters planificados mediante estudios de mercado, escritos con plantilla, y que no pueden costar menos de 70 u 80 millones de dólares de presupuesto. El asunto partió cuando un trío de artistas, David Zucker, Jim Abrahams y Jerry Zucker, paseó por Hollywood la idea de rodar una película de sketches basada en su espectáculo teatral cómico. Si les suenan esos nombres, debería: estamos hablando de los ZAZ, los tipos que después crearon ¿Y dónde está el piloto?, Top Secret, e ¿Y dónde está el policía? Pero en la época los ZAZ eran básicamente nadie, y por lo tanto, nadie les prestó atención. Finalmente rodaron un segmento de diez minutos, y tuvieron casi que implorar porque le dieran un pase de prueba en una sala, antes de otra película. Como el público se partió de risa, los ZAZ obtuvieron su financiamiento, unos 650.000 dólares irrisorios incluso para esos años, y la película llegó a estrenarse.



El caso es que esta película llegó a los cines como The Kentucky Fried Movie en su título original, en alusión a su espectáculo Kentucky Fried Theater, porque a saber el caos que hubiera quedado si hubiera llegado a estrenarse bajo el título de Free Popcorn (Popcorn gratis), o peor aún, Closed for Remodeling (Cerrado por remodelaciones), como en algún minuto de hecho llegó a proponerse. El asunto fue dirigido por John Landis, que gracias a esta película se hizo del cartel suficiente para dirigir al año siguiente la seminal Colegio de animales, de la que hablamos en su minuto en Block40busters, aquí en la Guillermocracia, y de ahí fue a dirigir Los hermanos caradura, Un hombre lobo americano en Londres, De mendigo a millonario, Los tres amigos y Un príncipe en Nueva York, entre otras. Incluso esta película hasta dio para secuela, Mujeres amazonas en la Luna, estrenada en 1.987. En cuanto a los ZAZ, ya lo dijimos, esta película los puso sobre el mapa, y de aquí saltaron a dirigir ¿Y dónde está el piloto?, y de ahí, a la inmortalidad cinematográfica.


28.- Un día muy particular (Una giornata particolare / 12 de Agosto, en Italia).

El cine en Italia durante el siglo XX experimentó bandazos considerables, a tenor de sus bastantes extremas experiencias políticas. Al epic literalmente fascista siguió el Neorrealismo, y después de éste, por un lado la explosión de la serie B con sus forzudos peplumitas, sus pistoleros y sus espías, y por el otro, una revisión más o menos consciente de la evolución social italiana en el siglo XX. El cineasta Ettore Scola pertenece a la generación que se crió en la época del Neorrealismo y su más bien sórdido retrato de la Italia posterior a la Segunda Guerra Mundial, pero que reconstruye al cine como herramienta para contar historias de ficción, pero a través de las cuales se filtren comentarios a veces bastante mordaces o desencantados respecto de la realidad. Un día muy particular pertenece a este revisionismo histórico italiano, ambientándose en 1.938, o sea, cuatro décadas antes de la fecha de estreno de la película... o lo que es lo mismo, una distancia de tiempo muy cercana a la que separa a esta película misma del presente posteo.



El argumento es bastante simple: el día de 1.938 en que Adolf Hitler visita a Benito Mussolini en Italia, dos personas que son vecinos, comparten el día. Ella es un ama de casa y madre de seis chicos que están con su padre, un fascista, en el desfile, mientras que él es un locutor homosexual que está en la mira del régimen por ser homosexual y a la vez opositor. A lo largo de la película, y la convivencia entre ambos, ella va despertando, y descubriendo el grado de opresión social al cual está sometida por el sistema. El casting es célebre por incluir a Marcello Mastroianni y a Sophia Loren, considerada la dupla de oro del cine italiano en esos años, aunque con un poquito de subversión; Mastroianni, prototipo de latin lover en el cine de la época, interpreta al homosexual, y Sophia Loren, una de las mayores bombas eróticas que ha salido de Europa jamás, interpreta a una más bien corriente ama de casa. La película fue nominada al Oscar a la Mejor Película Extranjera, pero perdió ante Madame Rosa, aunque ganó el Globo de Oro a la Mejor Película Extranjera; hoy en día tiende a ser considerada como un clásico del Cine por derecho propio, y una de las joyas en la corona del señor Scola.


29.- Simbad y el ojo del tigre (Sinbad and the Eye of the Tiger / 12 de Agosto).

El subgénero de novelas, cine y televisión que podríamos llamar de aventuras arábigas, está muy de capa caída hoy en día. Los últimos ejemplos con alguna relevancia que vienen a la memoria, mundo egipcio antiguo aparte, son la adaptación para el cine de El príncipe de Persia, y mucho antes, la Aladino de Disney, aunque de esta última ya se están moviendo para rodar un remake, así es que... quién sabe. Claro, en el siglo XIX y parte del XX, el mundo islámico evocaba califas bonachones, malvados visires, monstruos míticos, y bellísimas odaliscas, mientras que hoy en día, uno tiende a pensar más bien en pastores de cabras caminando sobre desechos de cabra llevando la frente al suelo en dirección a La Meca mientras vigilan con el rabillo del ojo a los cargamentos de lanzagranadas con los cuales castigarán a los idólatras infieles que viven en Estados Unidos, el Gran Satán, todo para mayor gloria de Alá el Omnipotente. Los tiempos cambian, qué duda cabe.



Quizás por ese motivo es que Simbad y el ojo del tigre ha caído en un olvido tan profundo. Lo que es una lástima, porque se trata de una estupenda película de aventuras arábigas, ya que estamos llamando así al subgénero. Fue el intento de Ray Harryhausen por reverdecer sus ya entonces algo marchitos laureles, el genio de los entrañables muñequitos de stop-motion que ya en esa época estaban siendo superado por una nueva generación de efectos especiales, en técnica aunque no en fantasía. El argumento es lo habitual: se toma a un personaje de Las mil y una noches, se prescinde del texto para inventarse un montón de aventuras, etcétera. Además, la chica de la película es una guapísima Jane Seymour, que se había estrenado como chica Bond en Vive y deja morir de 1.973, para transformarse en número estable y actriz de lujo de varias producciones televisivas en la década posterior, como La mujer que él amó, o Remembranzas de guerra, además de Doctora Queen: La mujer que cura, por supuesto. Harryhausen volvería a intentarlo, pero ahora con los mitos griegos, en Furia de titanes de 1.981, considerada camp en su día, pero que ha sido revalorizada luego de compararla con el horror sin alma que estrenaron so pretexto de remake por allá en 2.010...


30.- Ese oscuro objeto del deseo (17 de Agosto, en Francia).

Y ahora es el turno de Luis Buñuel para saltar a la palestra. Aunque en este caso, se trata del fin de una época, porque ésta fue su última película, cerrando una cinematografía que empieza medio siglo antes, en las postrimerías del cine mudo, nada menos que con Un perro andaluz, el clásico del Surrealismo. Lejos de ser otro artista rebelde adocenado por los años y domesticado por el sistema, Buñuel siguió siendo un contestatario hasta el último, criticando la sordidez hipócrita de la gente bonita con clásicos tales como Los olvidados, Viridiana, Bella de día, o El discreto encanto de la burguesía, todo lo cual le valió tener que exiliarse fuera de su España nativa durante el Franquismo, para rodar en México y Estados Unidos durante cuatro de las cinco décadas de su carrera. Esta película es, de hecho, una coproducción entre Francia y España.



La película es una adaptación moderna de La mujer y el pelele, una novela de 1.898 que ha recibido varias otras adaptaciones, incluyendo El diablo es una mujer de 1.935 con la mítica Marlene Dietrich; esta versión tiene la peculiaridad de que su rol femenino ha sido demediado entre dos actrices, a saber, Carole Bouquet y Angela Molina. El argumento, como puede intuirse a partir del título de la novela, va sobre un pobre diablo que cae prisionero de los encantos de una chica que una y otra vez intenta seducirlo, sólo para después negársele, reforcilándose de paso en el sufrimiento del pobre infeliz al que tiene preso en sus garras. Sí, todos los varones hemos pasado por eso, y el que diga que no, miente como un bellaco. La película fue postulada al Oscar para la Mejor Película Extranjera, aunque como lo advertirán los lectores despiertos que leyeron poquito más arriba, perdió frente a Madame Rosa. En su día no tuvo mayor éxito comercial, aunque se transformó en una adorada por la crítica; con el paso del tiempo, ha sido valorizada como un clásico del cine, lo que quiere decir, sigue sin verla nadie, en particular para los hipsters para quienes el cine partió con Pulp Fiction...


Y en esta senda imparable de películas de 1.977, hace algunas entregas nos habíamos referido al estreno en sociedad de David Lynch. Ahora, para la siguiente entrega, toca el estreno de todavía otro cineasta más, uno que nos ha dado grandes alegrías y también unos cuantos pesares en el cine. Con una película no muy conocida, eso sí. Pero para eso estamos, acá en la Guillermocracia. Para que la gente sepa. Los cuatro visitantes habituales, por lo menos. Pero así se construye mundo: un pasito a la vez. Y daremos otro pasito en esta serie de posteos... con la siguiente entrega que vendrá esta serie de posteos. Sí, acabo de escribir lo obvio. Es que no tengo remedio, parece ser. Y ahora, lo que todos estaban esperando...

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martes, 14 de noviembre de 2017

1.977 en los cines: 50 películas de hace 40 años (5 de 10).


Y ya vamos llegando en esta serie de posteos dedicados a rememorar cómo era el cine hace cuarenta años atrás, hasta la mitad de 1.977. Queda otra mitad de año por delante. Y partimos con nota muy alta, porque a continuación, viene una de las mejores películas del agente 007. Porque la entrega anterior la partíamos con Jacqueline Bisset, y ahora toca Barbara Bach, poquitos años antes de ser la señora Starr... Y por supuesto que también Roger Moore, que en este 2.017 ha dejado este valle de lágrimas, ya que estamos. Y ahora, sin más preámbulos...


21.- La espía que me amó (The Spy Who Loved Me / 7 de Julio, en Inglaterra).

Ha salido varias veces al ruedo en esta serie de posteos, y por fin llegamos a ésta. Desde hacía una década que James Bond estaba en una travesía por el desierto, con un George Lazenby vilipendiado como Bond (Al Servicio Secreto de Su Majestad de 1.969), un Connery haciendo el payaso en Las Vegas (Los diamantes son eternos de 1.971), un Roger Moore contra la heroinomanía (Vive y deja morir de 1.973) y luchando contra karatekas en el Extremo Oriente (El hombre de la pistola de oro de 1.974)... Con la franquicia al borde de la extinción, se jugaron una última carta: el regreso a lo clásico, léase un argumento épico, supervillanos megalómanos tratando de destruir el mundo, exotismo a tope, etcétera. Y salió bien. Salió muy bien. La espía que me amó suele ser considerada como la mejor película Bond de Roger Moore, una de las mejores de la saga a secas, y de hecho, la película que salvó la franquicia de viajar hacia el cementerio de elefantes en donde ya descansaban y siguen descansando los huesos de Derek Flint, Matt Helm o Modesty Blaise. ¿De quiénes? Exacto.



En el argumento, un malvado empresario ha construido una ciudad bajo las aguas del océano, y en secreto ha desarrollado un plan para secuestrar submarinos nucleares y apoderarse de sus misiles, para desatar la Tercera Guerra Mundial, hacer que Estados Unidos y la Unión Soviética se exterminen mutuamente, y emerger desde el mar para conquistar lo que quede de la Tierra. James Bond debe unir fuerzas con una agente soviética, la muy neumática Barbara Bach, para detener la amenaza. Con una banda sonora a cargo por una vez no del incombustible John Barry, quien en esa época tenía un problemilla de impuestos en Inglaterra, y estaba trabajando en la banda sonora de Abismo; su reemplazo fue Marvin Hamlisch, con un trabajo tan bueno que le valió una merecida candidatura al Premio Oscar... que perdió ante John Williams y La guerra de las galaxias, por supuesto, ya se lo imaginaban. Como sea, La espía que me amó no sólo aguantó el recio chaparrón lucasiano en la sala de cine al lado, sino que además revitalizó a 007 lo suficiente como para aguantar después la temible Moonraker, la subvalorada Sólo para sus ojos, la payasa Octopussy, y la aguada En la mira de los asesinos. Pensándolo bien... parece que tenemos una Bond legendaria a razón de una cada diez años en promedio: ésta en 1.977, Su nombre es peligro en 1.987, Goldeneye en 1.995, Casino Royale en 2.006, Spectre... no, tú no.


22.- La isla del Doctor Moreau (The Island of Dr. Moreau / 13 de Julio).

Todo el mundo conoce esta historia. ¿Por haberse leído la novela original de Herbert George Wells? ¡Qué va, quién diablos lee hoy en día! Aparte de los cuatro lectores de la Guillermocracia, por supuesto. No, la gente conoce esta historia por la parodia de Los Simpsons en que el Doctor Hibbert se dedica a fabricar híbridos entre humanos y animales. Los Simpsons, siempre Los Simpsons. La novela ha sido adaptada tres veces por Hollywood para el cine, en 1.934 primero y la versión de Val Kilmer y Marlon Brando en 1.996 al último, con ésta de por medio; además de las versiones bastardas sueltas por ahí, por supuesto, que también las hay. El argumento de esta película va acerca de un náufrago que arriba a una isla misteriosa en donde se encuentra con un grupo de personajes misteriosos; por el camino se revela, claro está, que el famoso Doctor Moreau realiza experimentos con animales para dotarlos de inteligencia, humanidad, etcétera. Al final, las bestias se sublevan en contra del Doctor Moreau, que por supuesto, acaba sus días devorado por sus propias creaciones, porque hay fronteras que la ciencia no debería traspasar, conocimientos que el hombre no debería tener, ustedes ya se conocen la cantinela. Lo de siempre.



El protagonista es Michael York, galán de algún prestigio en esa época y un tanto olvidado hoy en día, con Burt Lancaster como el Doctor Moreau, y la siempre bárbara y agradecida Barbara Carrera amenizando la vista, en uno de sus primeros roles para el cine antes de ser la chica Bond de Nunca digas nunca jamás, y la chica Condorman de... Condorman. Auch. Merece mención el hecho de que en esta película se menciona que los experimentos del Doctor Moreau van sobre Genética, actualizando así el mito, ya que en la novela original, cuando la palabra misma era desconocida, los métodos eran quirúrgicos. La película fue recibida con tibieza, ni demasiado alabarla ni demasiado criticarla, y falleció de una muerte relativamente rápida e indolora en la taquilla; hoy en día, la gente en general tiende a acordarse más de la catastrófica versión de 1.996, que de ésta, aunque sea porque la versión de 1.996 es la que incluye a Marlon Brando luciendo una vistosa y muy a la moda cubeta de hielo en la cabeza. Para que luego digan que Lady Gaga es estrafalaria.


23.- MacArthur (MacArthur / 15 de Julio).

Recuerdo haber visto esta película de niño en la televisión, porque era un biopic sobre un personaje histórico, y a mí de niño me gustaban los biopics de personajes históricos, casi tanto como los animes de mechas. Debo haber sido el único prepúber que en su día se tragó por gusto y además disfrutó el biopic de Golda Meir protagonizado por Ingrid Bergman, y el de Anwar el Sadat protagonizado por Louis Gossett Jr., lo que me ponía en la muy poco envidiable posición de ser el único niño en toda la década de 1.980 que podía hacer una disertación razonable sobre la situación geopolítica contemporánea del Medio Oriente. Como pueden ver, lo de insoportable me viene desde embrión. El caso es que vi esta película en televisión, sin tener idea de que había sido estrenada en cines, y pensando con mi incipiente conocimiento cinéfilo, que seguro había sido rodada en la década de 1.960, tan pasada de moda me parecía. Y con el tiempo, mi opinión sobre la misma no ha mejorado mucho, en realidad.



No ayuda que la película adopta un tono más bien amable e incluso zalamero con el biografiado, cuando en la vida real, si bien MacArthur fue en efecto uno de los mejores generales de la Segunda Guerra Mundial, no es menos cierto que era un desgraciado que durante la Guerra de Corea estuvo dispuesto a descargar bombas nucleares sobre China, un país que en ese minuto era no beligerante, de manera oficial y sobre el papel por lo menos, y yendo contra la autoridad del Presidente Truman sobre la materia inclusive. ¿A ustedes les da terror el General Ripper de Doctor Insólito de Stanley Kubrick, que aprovechando un resquicio y saltándose las cadenas de mando mandó unos poquitos bombarderos con nenes nucleares a Rusia? Pues MacArthur estuvo a punto de ser un General Ripper de la vida real, y más de una década antes por añadidura. Más allá, poco que rescatar de la película. Es un biopic y una película de guerra de manual, al uso de cómo se hacían en el ciclo bélico de la década de 1.970, ya mencionada en esta serie de posteos, bien hechita pero poco más que eso, con un Gregory Peck inmenso como siempre, eso sí, dándole vida al protagonista. En taquilla se estrelló, y diría que, hoy en día, esta película yace en el olvido, y con bastante razón, por lo demás.


24.- Orca (Orca, también Orca: The Killer Whale / 22 de Julio).

Estrenada en medio de la fiebre por bichos masacrahumanos que invadió al cine después de Tiburón de Steven Spielberg, en 1.975, ésta es otra del mítico productos Dino de Laurentiis, quien ya había hecho su contribución al género el año anterior con King Kong, el remake del clásico de 1.933 en donde el simio de marras se sube a las Torres Gemelas en vez del Empire State. En cuanto a Orca, está basada en una novela que por supuesto, nadie ha leído, supuesto de que alguien sepa este dato... y supuesto de que alguien de una generación más reciente haya visto o incluso se haya enterado de esta película casi olvidada en nuestros días. El argumento: un cazador de ballenas arponea a una orca hembra que está preñada, y luego, la orca macho que es su pareja se lanza a una fiera venganza a través de los mares del mundo. No, el argumento no es una parodia ni una comedia, eso de una orca vengativa es completamente en serio. Con la entonces muy guapa Bo Derek metida en medio, para amenizar el camino.



Hora del humor sarcástico marca Guillermocracia aquí. Por un lado, el argumento es una especie de Moby Dick al revés, con el cetáceo persiguiendo al humano para vengarse. Por el otro, tiene algún paralelo con la algo anterior Deseo mortal, la mítica película de 1.975 en la que Charles Bronson se pone a masacrar gandules en venganza por lo que le hicieron a su familia, sólo que en este caso el rol de Charles Bronson lo interpreta una orca animatrónica... no haré un chiste al respecto porque éstos se escriben solos. Además, ironía suprema, esta película quería ser un clon de Tiburón... sólo para que el muy idiota argumento del bicho marino vengándose del humano fue reutilizado sin vergüenza ajena en Tiburón 4: La venganza, de 1.986. De la película, lo único que la crítica rescató fue el soundtrack de Ennio Morricone, de entre todos los posibles compositores; en cuanto a la taquilla, apenas respondió. Por suerte. Porque, ¿saben qué hubiera producido Dino de Laurentiis después, si hubiera tenido éxito? Exacto: una de King Kong contra la orca. Y ustedes que se reían por el anuncio de una de King Kong contra Godzilla para 2.020; dejando de un lado King Kong contra Gojira y otros sushis japoneses, por supuesto. Al final, el señor de Laurentiis sí estrenó secuela para King Kong, la también olvidada King Kong vive de 1.986, aunque sin orca de por medio. Malditos explotadores de Hollywood, décadas explotando a monstruos que lo único que quieren, es que los dejen vivir en paz...


25.- La colina de los ojos malditos (The Hills Have Eyes / 22 de Julio).

"Los suertudos la palman primero", rezaba el eslogan de esta película, y ya desde ahí, nos pone el cuerpo malo. Una de las cosas que suceden cuando regresamos a los orígenes de un género que aún no está bien asentado, es que muchas cosas son raras, y además perturbadoras si hablamos del Slasher. Sembrando un poco sobre las bases de Psicosis y de La fuente de la doncella, de ¡Ingmar Bergman!, el director Wes Craven fue uno de los que empezó a darle forma al Slasher con La última casa a la izquierda de 1.972, antes de seguir con La colina de los ojos malditos, mala traducción para Latinoamérica del original que vendría a ser Las colinas tienen ojos. La premisa: una familia se mete al Desierto de Nevada, y ojalá nunca lo hubieran hecho, porque aparecen rednecks caníbales para invitarlos a almorzar, digámoslo así. Porque si hay algo que Hollywood nos enseña una y otra vez, es que en Estados Unidos jamás salgas de las grandes ciudades, o vas a necesitar a Los Magníficos o al Auto Fantástico para sobrevivir.



La habilidad de la película para meter terror a la vena, estriba en su combinación de elementos de pesadilla: el desierto como espacio inhóspito para el ser humano, en este caso el de Nevada con su historial de explosiones nucleares de prueba o como esta película mete una sutil metáfora sobre el miedo a la radioactividad, los caníbales salvajes como reflejo brutal y distorsionado de la naturaleza bestial que tratamos de esconder en nosotros mismos, y por supuesto, el gore, aquí nada amable o estilizado como en películas posteriores. La película fue un exitazo, recaudó 25 millones de los de esa época sobre un presupuesto de apenas 230.000 dólares, y se transformó en un clásico de culto. Wes Craven dirigió después una secuela, que... bien, digamos de ella que el propio Craven admitió haberla rodado por el dinero. En 2.006 vimos un remake dirigido por Alexandre Aja, que intentó pero no pudo tener el mismo éxito que la original porque, después de todo, los tiempos evolucionan, y lo que funcionó una vez, no tiene por qué hacerlo tres décadas después, por mucha actualización que le metamos al asunto. En cuanto a Wes Craven, ya sabemos que él después creó a uno de los personajes definitivos del Slasher, a Freddy Krueger, en la película Pesadilla en la Calle Elm, pero eso es otra historia.


Y ahora que hemos llegado hasta la mitad del recuento en esta serie de posteos sobre películas estrenadas en 1.977... iniciaremos la segunda mitad de mala manera. Muy mala manera. Con la que probablemente es la peor película del pelotón, y considerando algunas perlas incluidas, eso es decir su buen poco. ¿Por qué entonces me tomé la molestia de incluirla? La respuesta, en la próxima entrega de esta alucinante serie de posteos, aquí en la Guillermocracia. Y ahora, lo que estaban esperando...

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domingo, 12 de noviembre de 2017

Esa palabra pasada de moda que es "ateneo".


Es una verdad universalmente acreditada, que todo hombre con sabiduría no anda a la búsqueda de una esposa. Quizás así lo diría la vieja mañosa de Jane Austin, o quizás no, pero como sea, la sabiduría es un bien escaso en estos días. No me refiero al conocimiento puro y bruto. Hoy en día existe más conocimiento repartido entre más personas, que en ningún otro momento de la Historia Universal. Pero otra cosa distinta es la sabiduría, o sea, esa perspicacia fina para ver a través de las circunstancias y comportarse respecto de ellas con sensatez. Lo que seguramente, algo debe relacionarse con el hecho de que la palabra "ateneo" sea tan de otra época.

Una antigua leyenda de la civilización griega refiere que en el Atica, sus habitantes deseaban fundar una ciudad. Y como en esa época los dioses caminaban sobre la Tierra, nada mejor que consagrar la misma a alguno. Se presentaron dos propuestas a licitación pública: la de Poseidón y la de Atenea. Para ganarse el título, Poseidón descargó su tridente y sacó agua desde la roca. Sí, como Moisés. Pero el agua era salobre, y por lo tanto no se podía beber. Eso, no como Moisés. Atenea en cambio hizo surgir un olivo desde la tierra, que es buen alimento, produce aceite y se vende bien en el comercio, y por lo tanto, se ganó la licitación. Desde entonces, la ciudad fundada se llamó Atenas. Ganó la sagacidad, porque Poseidón podrá ser el dios de los mares y terremotos, pero Atenea lo era de la sabiduría. Y era una diosa guerrera también, por qué no. Muchos siglos después se construyó en Atenas un templo en honor a la diosa tutelar de la ciudad, que fue llamado el Ateneo. Y como pasó con el Museo de Alejandría, que le dio nombre a todos los museos del mundo, el Ateneo le dio a su vez nombre a todos los ateneos del mundo.

Es posible, nota erudita aquí, que exista un eslabón perdido, en la persona de Ateneo de Náucratis. Este personaje, con el mismo nombre de la diosa griega, vivió en Egipto más o menos en el año 200 después de Cristo, y escribió un tratado en varios libros, llamado El banquete de los eruditos. Porque hoy en día, los eruditos dan la lata desde unos podios con micrófonos, pero en ese tiempo se conocía que el sabor es un agradecido condimento del saber, así es que los banquetes eran preferibles. Este libro es una especie de tratado sobre lo divino y lo humano, o sea, una colección de datos curiosos y de trivia hilvanados con, ya lo adivinaron, una cierta sabiduría. El patrimonio de la diosa Atenea.

Un ateneo es simplemente una reunión de eruditos dedicados a los temas científicos o literarios. Lo que hoy en día llamaríamos un centro cultural. Sin embargo, aunque en esencia significan lo mismo, la significación es diferente. Un centro cultural es... bueno, un centro cultural. Algo moderno y un poco aséptico, en donde personajes usualmente vinculados al progresismo de pose leen sus poesías y montan exposiciones en las cuales se saludan entre ellos con cocteles lubricados con cajas de vino de la calidad que alcance con las monedas de la tesorería. En cambio un ateneo tiene un aroma a clasicismo, a solemnidad bien entendida, a erudición de la antigua y artesanal, con libros añosos impresos en papel de hilo, en anaqueles con decorados barrocos, retratos de caballeros colgados en las paredes, colgados los retratos y no los caballeros por supuesto, y en general un cierto aroma a cultura tradicional.


Desde la recuperación de la cultura grecorromana durante el Renacimiento, las reuniones de eruditos eran para los cuatro gatos que podían permitirse el tiempo y el dinero para aprender a leer primero, y comprar libros que leer después. Pero a partir del siglo XVIII comenzó lo que actualmente llamamos divulgación científica en el sentido moderno del término, y luego, con la expansión de la escolarización en el siglo XIX, esa divulgación se ensanchó aún más. Los ateneos evolucionaron en concordancia. Los centros en los cuales divagaban unos pijos aristócratas, pasaron a ser puntos de encuentro para los burgueses industriales y los profesionales liberales que dedicaban los ratos muertos a las bellas letras. Y luego, con la difusión del movimiento obrero, surgieron otros ateneos cuya finalidad era la divulgación de la cultura entre las masas proletarias, con la firme convicción de que ilustrar al pueblo iba a conducir a su emancipación. Bueno, respecto de esto último...

La característica común de los ateneos suele ser su carácter de asociaciones más o menos privadas. Existen algunos ateneos que son fomentados desde el gobierno, pero por regla general, son grupos de personas fuera del Estado quienes, con la idealista misión de propagar la cultura, debatir ideas, intercambiar opiniones, etcétera, siempre sobre temas eruditos y curiosos, se reúnen y crean estos centros. Considerando que a veces entre los propios contertulios que visitan este país se intercambian opiniones y respuestas, supongo que la Guillermocracia misma cuenta como una especie de ateneo. Y a mucha honra si fuere el caso, añadiría yo.

Por eso, es que me produce un cierto sentimiento de... ¿nostalgia, pesar, resignación...?, el hecho de que la palabra misma "ateneo" esté pasada de moda. No se forman nuevos ateneos hoy por hoy. Los ya existentes, más o menos siguen ahí, pero no se forman nuevos. Centros culturales, de haberlos, los hay, y surge uno nuevo cada tres días. Pero no ateneos. En mi vida me ha tocado concurrir a centros culturales de distinto tipo, ralea y condición, y lo que no he visto es justamente la savia misma de lo que debería ser un ateneo: el intercambio y debate de ideas. En cambio, he visto mucho compadrazgo, amiguismo, clientelismo, golpecitos en el hombro y puñaladas traperas por la espalda, etcétera. Y cócteles. Muchos cócteles. Aunque casi ninguno con un vino realmente bueno. Si el bueno de Ateneo de Náucratis viviera hoy en día, su obra se llamaría El cóctel de los eruditos, o Los canapés de los eruditos, seguramente.

Supongo que es síntoma de los tiempos. Una de las características de la Modernidad, era la noción de que el debate y el intercambio de ideas llevaba a la sabiduría. No en balde, muchos escritores renacentistas y de la temprana Modernidad, a la hora de expresar sus ideas por escrito, lo hacían recurriendo a la forma del diálogo, casi como si fueran piezas teatrales: era su manera de plantearnos ideas no como ladrillazos sobre el cráneo, sino a través de convencer, argumentar, mostrar que su punto de vista era el más razonable frente a las posibles objeciones que pudieran plantearse. El sistema era tan bueno para ofrecer argumentos, que uno de esos tratados, el Diálogo sobre los dos sistemas del mundo de Galileo Galilei, a la par de ser una de las obras seminales de la ciencia moderna, le costó a su autor un arresto domiciliario que se prolongó de por vida. Mencionemos también de pasada algunos debates legendarios en el mundo científico moderno: el de Leibniz contra Newton por el cálculo infinitesimal, el de Newton contra Hooke, etcétera.


En cambio, hoy en día existe una especie de alergia casi visceral en contra del debate racional. Se ha impuesto una cierta idea de que todos tienen derecho a tener su verdad, de que todos los puntos de vista son más o menos válidos, de que no existen verdades universales, y de que cualquier intento por descalificar ideas contrarias partiendo desde los hechos objetivos, es una especie de fascismo encubierto. Si un punto de vista va perdiendo, sus defensores gimen angustiados: "¡Democracia! ¡Libertad!". Ante estas sacrosantas palabras, el debate debe detenerse porque ir más lejos significa privar al oponente de una verdad, lo que es casi un despojo de su legítimo derecho. Por supuesto, esos mismos tipejos, puestos en la situación contraria, y aprovechando el tener la razón para pasar el rodillo encima de sus oponentes, defenderán su actitud gritando, adivinen: "¡Democracia! ¡Libertad!". El mundo ha progresado mucho gracias a la generación de espacios democráticos de debate, desde luego, pero después, esos mismos espacios ahora ya no se usan para debatir, y todo en nombre de la democracia y de la libertad...

Por supuesto, la palabra misma "ateneo" es una víctima de esto. La acuñación de la misma es un tributo a las raíces grecorromanas de nuestra cultura. No son nuestras únicas raíces, por supuesto: ahí está la cultura judeocristiana, y en menor medida, la germánica, la arábiga en el caso del mundo hispánico, y la amerindia en el de Latinoamérica. Pero hoy en día, el elemento grecorromano de nuestra cultura parece ir en retroceso; hay casi como una vergüenza en regresar sobre el mismo. Cuando lo único que sabemos del mito clásico de Hércules es el falto de respeto musical de Disney de 1.997, o "la verdadera historia" que ni es verdadera ni es Historia, de la película con Dwayne Johnson de 2.014, entonces ya podemos irle tomando las medidas a la cultura grecorromana para construirle un cajón. Y no creo que sea casualidad. La cultura grecorromana clásica se basa en la racionalidad, la armonía, la perspectiva y la serenidad, todos valores que se oponen con fuerza a la vocinglería y al chivateo que son las señales características de nuestra cultura. Así, no es sólo que la palabra "ateneo" haya sido dejada de lado como un arcaísmo o por pasada de moda, sino porque representa activamente valores que nuestra cultura de barbarie e irracionalidad odia de manera casi genética.

Dentro de este contexto, un ateneo carece de sentido. Un ateneo no es un sólo un espacio de conocimientos brutos. En ese caso, un ateneo sería lo mismo que una biblioteca, o que la Wikipedia. Un ateneo es además un punto en donde se debaten ideas y conceptos, y al final, a partir de las perlas de sabiduría que todos pueden verter, todos los participantes salen enriquecidos. Pero los ateneos son para gentes con la piel resistente. Para quienes entienden que el derecho a tener y mantener una idea significa también la responsabilidad de cambiar de idea cuando ésta se prueba errónea más allá de toda duda razonable. El ateneo es el alambique mágico que filtra el conocimiento y lo destila en sabiduría; la mengua de los ateneos como concepto y como espacios culturales, dice mucho respecto de cómo hoy en día nuestra sociedad tiene más conocimientos brutos, pero al mismo tiempo, paradojalmente, es menos sabia, más bruta e ignorante. Proceso que, además, se ha visto acelerado gracias a Internet. Hoy en día, Internet es una gigantesca red de eso que en la Edad de Oro de la Ciencia Ficción se llamaba los cerebros electrónicos, pero los espacios dentro de la red que pueden considerarse como ateneos son los mínimos; salvo que consideremos las chicas practicando yoga, por decirlo de una manera sutil, como algo que nos hace más sabios como seres humanos, lo que es defendible desde cierto punto de vista, pero no desde uno que involucre lo científico o lo literario, por lo menos. Se echan de menos los ateneos, y se echan de menos por lo que constituye su razón de ser: encontrarse con otros seres humanos para debatir ideas y, al final del día, salir un poquito más sabios de ellos.

(Fuente).

jueves, 9 de noviembre de 2017

Bastión Esperanza - "Regreso desde la Luna Mayor".


Habían pasado algunos días, y la situación en Ciudad del Progreso lucía más controlada, en lo que cabía después de la devastación del ataque alienígena, y de que los incontables cadáveres de los arzawe hubieran empezado a descomponerse y propagar infecciones, con las primeras infecciones de un nuevo brote epidémico. El gobierno de Esperanza se encontraba acuartelado, y la cuarentena sobre Ciudad del Progreso estaba en pleno vigor.

Al menos, las comunicaciones vía menterminal habían sido restauradas. Sin embargo, los técnicos seguían investigando el fallo en la batalla, sin poder explicarlo. El sistema mismo de comunicaciones, parecía operar de manera correcta. Dentro de la nave arzawe varada en Ciudad del Progreso, por su parte, no parecía haber nada similar a un aparato que sirviera para interceptar comunicaciones, aunque por supuesto, toda la tecnología arzawe estaba sentada sobre bases biológicas, no electrónicas, de manera que los ingenieros especializados apenas podían entender cómo funcionaba todo a bordo.

Con Rantel, por su parte, no parecía que hubiera avances. El prisionero arzawe parecía mostrarse bien dispuesto: no se comportaba hosco ni agresivo, e incluso, cuando por señas le habían invitado a que hablara, éste había dicho algunas palabras en su idioma. Pero a partir de esas grabaciones, los lingüistas no atinaban a descifrar nada del idioma. Muy en el fondo, todo idioma es un sistema lógico que puede ser descifrado de manera matemática, pero eso es muy difícil cuando no se sabe qué cosa exactamente quiere expresarse en una palabra o una frase. A la larga, seguramente los lingüistas podrían crear un modelo matemático que les permitiera entender el idioma de Rantel, pero eso tomaría tiempo, y éste era un recurso del cual nadie sabía cuánto disponía Esperanza. La base en la Luna Mayor había sido destruido, cierto, pero algunas naves habían conseguido escapar, y se sabía que existían más arzawe dando vueltas por el cosmos. Un nuevo ataque podía llegar mañana o dentro de diez años.

Al menos, Rantel comía con buen apetito. A partir de su perfil bioquímico, Flora Nair y un equipo de nutricionistas habían desarrollado lo que parecía ser una dieta adecuada para el arzawe. No era demasiado distinta a una dieta humana: proteínas, grasas, hidratos de carbono, vitaminas, minerales… más o menos lo mismo que un humano. Pero cada pedazo de carne o cada trozo de hortaliza tiene unos dos mil a tres mil componentes químicos distintos, y era muy difícil determinar si alguno de éstos, inocuo para los humanos, pudiera caer como bomba en el metabolismo de Rantel, emponzoñándolo. De manera que los nutricionistas a las órdenes de Flora Nair trabajaban con mucha cautela, para no envenenar accidentalmente al que quizás fuera la única carta de triunfo contra los arzawe…

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La nave espacial Ganímedes se aproximaba a la órbita de Esperanza. Pronto, el Capitán Chu la pondría en curso de descenso hacia Ciudad del Progreso. Sería la primera vez en que Ganímedes se posaría sobre la superficie de Esperanza, desde que despegara durante la Batalla de la Orbita. Estando tanto Ganímedes como Ciudad del Progreso en cuarentena, no había mayor diferencia en que los tripulantes de la nave ahora permanecieran en la ciudad.

El profesor Higgins arregló que se abrieran comunicaciones entre Alba y Escalante, vía menterminal.

– Hola, Alba – dijo Escalante, sin saber muy bien qué decir.

– Hola, Escalante – respondió ella, con amabilidad.

– ¿La… enfermedad…?

– El doctor Wilkinson… Jean… bueno, él encontró un antídoto. No estoy curada, pero dice que puede mantenerme estable.

– ¿Entonces la enfermedad tiene cura? – preguntó Escalante, esperanzado, y recordando que tanto él como sus hombres eran víctimas potenciales, expuestos como habían estado a los arzawe.

– Todavía no. El doctor Wilkinson dice que la cura le fue sugerida por la computadora de Ganímedes, usando mi perfil genético. Sólo sirve para mí. Pero está trabajando en un antídoto general.

– Me alegro – dijo Escalante.

Ambos se quedaron en silencio.

Luego ambos hablaron, se interrumpieron al darse cuenta de que el otro estaba hablando, y soltaron una risita cada uno.

– Alba, yo… quería decirte… – empezó Escalante, y se interrumpió cuando se dio cuenta de que las palabras se negaban de manera obstinada a formarse dentro de su cerebro.

– ¿Sí, Escalante? – preguntó Alba, ahora con un poquito de ansiedad.

– Alba… – apareció el doctor Wilkinson, no vía menterminal por supuesto sino en persona a bordo de Ganímedes. Como no hubiera respuesta, siguió hablando: – Disculpa por interrumpir, pero es la hora de la siguiente dosis.

– Ah… sí, claro – dijo Alba.

El doctor Wilkinson se instaló a un costado, fuera de la comunicación, no pudo oir lo que terminaban de decir Alba y Escalante.

– ¿Qué me querías decir, Escalante…?

– Yo… nada – dijo Escalante. – O sea, sí, que… que te recuperes.

– Ah… bueno… Gracias. ¿Tú, cómo estás? ¿Tus hombres? ¿Lincopán?

– Bien… bien… estamos bien – dijo Escalante, sin querer entrar en detalles. – No hagas perder tiempo al doctor Wilkinson. A… Jean.

– ¿Estás celoso? – sonrió Alba. Y luego, pensando en que quizás había sido demasiado atrevida, echó pie atrás. – Lo siento. No quise… No quise ser impertinente.

– No importa. Tengo asuntos que atender aquí, también, así es que… que estés bien.

Y Escalante cortó la comunicación, mientras rumiaba para sus adentros si ese doctorcillo, el tal Jean Wilkinson, había aparecido con el asunto de la dosis justo en el minuto por casualidad, o por…

– No seas malpensado, Escalante – se dijo para sí mismo. – Es un doctor, un profesional. No creo…

Mientras tanto, a bordo de Ganímedes, Alba miraba al doctor Wilkinson mientras éste y la enfermera Marelize se aplicaban a la labor de aplicar la dosis de antídoto a la paciente.

– Está usted muy serio hoy día, doctor – dijo Alba, con su amabilidad característica ahora acompañada con una cierta dosis de sorna, inusual en ella.

– Es sólo que… bueno, me alegra de haber conseguido preparar este antídoto, señorita Dunsany…

– Alba, doctor Wilkinson – sonrió ella.

En vez del habitual “Jean, llámame Jean” por parte del doctor Wilkinson, éste guardó silencio, y se sumergió en el análisis de las estadísticas biométricas de la paciente.

Mientras aplicaba la dosis, Marelize miraba de reojo a Alba y al doctor Wilkinson, y ahogó un suspiro, mordiéndose la lengua para no soltar un comentario sarcástico sobre la situación.

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No era cualquier cosa, estar reportándose nada menos que ante el mismísimo Comandante Luca. Pero eso era justo lo que estaba ocurriendo, vía menterminal debido a las reglas de la cuarentena, en una conexión SIMAC. En la misma estaban presentes el Comandante Luca, Escalante, Jenkins, Brown, Seong, Paparizou, Lincopán, y cerca de una veintena de hombres más.

– Hombres… – partió el Comandante Luca, con un tono quizás algo melodramático. – No es un secreto para nadie que estamos librando una guerra devastadora, que ha significado un genocidio brutal para nosotros, los habitantes de Esperanza, por no hablar de nuestras fuerzas diezmadas. Y no sabemos lo que vendrá a continuación, si hemos vencido en definitiva a los arzawe, o volveremos a enfrentarlos en un futuro más o menos próximo. Desde los tiempos de la Rebelión Mendeliana, nuestra organización militar fue diseñada para luchar con amenazas en contra del gobierno de Ganímedes en la superficie, no contra invasores del espacio. Lo que nos obliga a una completa reestructuración de nuestras fuerzas militares. Mientras estamos a la espera del diseño definitivo del organigrama de nuestras fuerzas militares, ya tenemos claridad sobre un aspecto. Escalante…

– ¡Señor! – gritó éste, con marcialidad.

– Usted ha sido el héroe de la jornada. Ha ingresado usted con sus fuerzas a la nave enemiga, y ha conseguido reducir y capturar al que parece ser el principal jerarca enemigo al interior de la misma, lo que podría proporcionarnos la clave para terminar de comprender a los arzawe y diseñar así métodos efectivos para contenerlos, combatirlos, y exterminarlos si fuere el caso. Es por eso que el Alto Mando lo promueve al rango de Teniente Primero. En cuanto a la unidad de Jenkins, toda ella será reestructurada, y puesta bajo su mando.

– Tu mala madre – dijo Jenkins entre dientes, no en el SIMAC sino en el mundo real, encerrado en su habitación como estaba. En esas condiciones, nadie lo escuchó decir eso, por supuesto.

– Escalante… estamos orgullosos de sus logros. Hombres… están a cargo de un héroe de guerra ahora. Sean dignos de su mando militar y de su uniforme, y recuerden: Esperanza por sobre todo.

– ¡Sí, señor! – gritaron todos al unísono.

El Comandante Luca abandonó SIMAC. Varios hombres aprovecharon de felicitar a Escalante, bien sea por sincero aprecio ante un héroe de guerra, bien sea por la autoconservación elemental de quedar bien con el nuevo jefe. Por disciplina y protocolo, Jenkins se sumó al saludo, aunque de manera fría e impersonal, sin molestarse en disimularlo.

– Algo más que decirle a su chica a bordo de Ganímedes, señor – se permitió bromear Lincopán, quien no estaba ni de lejos saludable todavía, aunque esto no se advertía vía menterminal, por supuesto.

– Eh… sí – dijo Escalante, y entonces recordó las palabras que Jenkins le había dicho, días atrás. ¿Qué tanto se lo debía a su propio esfuerzo y talento, y qué tanto, a su amistad con la única persona capaz de controlar a la única nave espacial capaz de mantener a raya a los arzawe…?

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Entre las varias comunicaciones vía menterminal que iban entre Ganímedes y el planeta Esperanza, Numerio recibió una de Lincopán. Luego de informarle sumariamente del ascenso de Escalante, y advertirle que no le dijera nada a Alba para que Escalante mismo le diera la sorpresa, Lincopán le cedió la comunicación a su hermana Millaray.

– ¡Numerio, me dijeron que estabas enfermo! – dijo Millaray, con todo el entusiasmo y el candor propio de una niña de nueve años.

– Sí… estuve… – se rio Numerio, rascándose la cabeza. – ¿Cómo estás tú?

– ¡Tonto, me tenías preocupado! ¡No quiero que nunca más te enfermes!

– No te preocupes, ya nos encargamos de los malos. No van a volver.

– ¿O sea que vamos a ser amigos y vamos a jugar juntos? – preguntó Millaray.

– Ajá… – dijo Numerio.

Mientras tanto, en las abismales profundidades geológicas de la Luna Menor, alguien escucha la conversación. No interceptando la comunicación vía menterminal, sino a partir de las mismísimas conexiones neuronales de Numerio. Este se encontraba estabilizado, pero los agentes patógenos que lo habían atacado, algunos de ellos han mutado y se han unido a las neuronas de Numerio. Esto significa que ahora el mismísimo Numerio forma parte de la enorme mente colmena que gira alrededor del Cerebro Verde en el interior de la Luna Menor, sin siquiera advertirlo…

– Pregunto: ¿Jugar juntos, qué es jugar…? – se interroga Warma, luego de escuchar lo que Millaray ha dicho, siempre a través de la mente de Numerio. Y luego, con un salvajismo que no busca limitarse, bañado en inocencia infantil como está, añade: – ¡Declaro: Si jugar significa exterminar humanos, entonces yo también quiero jugar!

つづく

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