domingo, 14 de enero de 2018

Frankenstein o el Prometeo bicentenario.

Los Monstruos de laboratorio abandonados por su Creador y que se lanzan a una racha de truculentos homicidios, también lloran.
Ahora en Enero de 1.818, se cumple el bicentenario de la publicación de una de las novelas más influyentes de todos los tiempos: Frankenstein o el moderno Prometeo. Conocida a lo amigo como Frankenstein a secas, como sabemos. Resulta interesante observar que no abundan las gentes que en verdad se ha sentado a leerla, considerando la enorme presencia que tiene el Monstruo de Frankenstein en nuestra cultura popular; es más seguro que el grueso del público, cuando piense en el personaje, lo haga filtrado por las adaptaciones fílmicas, de las cuales se han sucedido un generoso número de ellas, desde las mortalmente serias hasta las parodias desmadradas. Además, hay quienes piensan que Frankenstein o el moderno Prometeo sería la primera novela de Ciencia Ficción, o al menos, la que marcó el sendero de manera clara hacia el futuro, hacia nuevas obras que introdujeran la ciencia de lleno como elemento narrativo.

Recapitulemos un poco. Estamos a finales del período de la Historia Inglesa conocido como la Regencia. La era de Jane Austen y por ende, de los personajes tipo Orgullo y prejuicio, para que nos entendamos; doña Austen de hecho murió en 1.817, con apenas cuarenta y un años de edad. Es un período histórico muy peculiar. Mientras el continente se desangraba con Revoluciones Francesas e Imperios Napoleónicos, y aunque Inglaterra estuvo envuelta en cuanta coalición se montó contra el Corso, el propio territorio inglés vivió en relativa paz. Pero este ambiente de estabilidad social se veía desafiado por los vientos de cambio que preludiaban el alba de una nueva era: el Romanticismo. Algo que la mencionada Austen parodia de manera brillante en su novela Sensatez y sentimientos, con dos hermanas, una que es chapada a la antigua y con la cabeza bien amueblada, versus otra que es un torbellino de pasiones, que representa esa punta de lanza romántica de la que hablábamos. Mencionamos todo esto para darle contexto social a Mary Shelley, una dama dos décadas más joven que Jane Austen, tiempo éste suficiente para un cambio generacional en que la Shelley ya es una chica del Romanticismo. Y Mary Shelley es, por supuesto, quien escribió Frankenstein o el moderno Prometeo.

Mary Wollstonecraft Godwin, nacida en 1.797, era hija de Mary Wollstonecraft, una escritora que fue también una temprana adalid de lo que hoy en día llamamos el Feminismo. Desgraciadamente, después de alumbrar a su hija, Mary Wollstonecraft se agarró una infección puerperal que la llevó a la tumba. William Godwin, padre de Mary, era un tipo de ideas más o menos liberales, pero no tanto como su ahora difunta señora. Las relaciones entre el padre viudo y la hija huérfana fueron siempre complicadas: por un lado, Mary Wollstonecraft había muerto por darla a luz, pero por el otro, la pequeña Mary era en cierto sentido el sustituto de su madre. Una de las interpretaciones clásicas de la relación entre el doctor Frankenstein y el Monstruo, en la novela de Mary Shelley, es leerla como una especie de exorcismo respecto de una serie de temas no resueltos de la propia escritora con su padre.

Siendo ya una jovencita, Mary entabló una tórrida relación con el poeta Percy Bysshe Shelley, de quien más tarde tomaría el apellido. Problema: Percy Shelley era casado. Escándalo mayúsculo, porque es de la Regencia que hablamos. Pero él era un poeta romántico, y ella había recibido una educación bastante más liberal que el uso de su época, así es que a ambos, la crítica social les traía al pairo. Incluso, la de su padre, que de pronto, al ver los pasos en que andaba su hijita, bruscamente le entró el conservador al cuerpo, lo que fue motivo de más problemas. Resultado: fuga de los dos amantes, suicidio de la esposa legítima del poeta, y subsiguiente matrimonio de Percy Shelley con Mary, ahora Mary Shelley. William Godwin había criado a su hija para que sobresaliera en dotes intelectuales, y ahora, con Percy Shelley al lado, Mary Shelley le daría lugar a una carrera literaria no especialmente prolífica, pero sí bastante contundente. Por desgracia, de la misma sólo es popular actualmente Frankenstein o el moderno Prometeo, y eso, por las adaptaciones fílmicas más que por otra razón.

Mary Shelley, la mamá del Monstruo.
En 1.816 ocurrió un evento trascendental: la llamada reunión de la Villa Diodati. Esta era una finca en Suiza, en donde encontraron refugio Percy Shelley y Mary Shelley, y también su compinche, el poeta romántico Lord Byron, con su amante y su médico personal. Los amigotes se dedicaron a hacer vida social, conversando de lo divino y lo humano sin mayor ton ni son: desde las tormentas y los rayos, hasta la relación entre la electricidad y los seres vivos, entonces de moda por los experimentos del doctor italiano Luigi Galvani, el descubridor de los reflejos galvánicos. Como buenos románticos, también conversaron sobre fantasmas. E hicieron una apuesta: cada uno escribiría su propio relato de lo que hoy en día llamamos horror gótico. Sólo dos cumplieron. Uno de ellos fue el doctor Polidori, el médico de cabecera de Lord Byron, que un poco a manera de tomadura de pelo respecto de su cliente, lo caricaturizó en un relato corto llamado El vampiro, y con ello, de manera inadvertida, le dio forma al género de la literatura vampírica tal y como lo conocemos actualmente, aunque el relato mismo no sea particularmente memorable en sí. El otro relato es, por supuesto, Frankenstein o el moderno Prometeo.

Para el lector moderno no familiarizado con el material de base, la novela se abre de una manera desconcertante: con el relato de una expedición con rumbo a la conquista del Polo Norte. Allí, el capitán se encuentra con un misterioso personaje vagando solitario en el hielo. Cuando es interrogado, el vagabundo declara llamarse Victor Frankenstein, y se encuentra en persecución de una misteriosa criatura. Posiblemente, esta narración enmarcada pretende darle algo de verosimiltud a una premisa, la de crear vida por métodos científicos, que podía ser un poquito demasiado para los lectores de ese tiempo. Además, nos da un vislumbre del posible final de la historia, y con eso, excita la curiosidad del lector: ¿quiénes son este misterioso Victor Frankenstein y la aún más misteriosa criatura, cómo fue que llegaron al Polo Norte, por qué están persiguiéndose el uno al otro...?

La novela se abre entonces a una narración enmarcada, que ocupa el grueso del libro, y en donde Victor Frankenstein refiere en primera persona la historia de su vida. Victor Frankenstein es un prototipo de personaje romántico, casi un héroe byroniano: sobresaliente en cualidades intelectuales, así como en su aspecto pasional, ególatra, impulsivo, y no demasiado preocupado por las consecuencias morales de sus actos. Casi un héroe de shōnen, para que nos entendamos. Un poco por entusiasmo científico, y un bastante por egolatría, resuelve descifrar el misterio de la vida, y para eso, se aboca a la misión de usar la ciencia moderna para resucitar a un muerto. Hora de desmontar un mito: Mary Shelley, con muy buen tacto, so pretexto de que nadie repita el experimento, nos ahorra los detalles de los mismos, y así evita describir una ciencia que podría ser inverosímil o ridícula, o bien quedarse obsoleta. ¿Esas bonitas máquinas y aparatos de las películas de Frankenstein? Inventos para el cine y la televisión, para que se luzca el departamento de efectos especiales, eso es.

Cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad. Victor Frankenstein en efecto le da vida a un ser. Pero contemplándolo, parece prácticamente un muerto viviente, cosa que muy en el fondo, en realidad es. Y hace lo que todo padre sensible y responsable, cuando tiene un hijito adoptado que le sale un poquito defectuoso: lo deja abandonado para que se muera. Campeón de los derechos de los discapacitados, el hombre. Sin embargo, el Monstruo tiene el mal gusto de no morirse. Por el contrario, se las arregla para sobrevivir, pero debido a su aspecto monstruoso, debe esconderse de los hombres.

Un hijo demandando a su padre la pensión de alimentos.
Hora de desmontar otro mito: eso de que el Monstruo mata porque le han injertado el cerebro de un asesino, es otra invención del cine. En la novela, el Monstruo parte como alguien esencialmente benigno, pero el rechazo sistemático de los seres humanos lo vuelve cruel y amargado. Además, desmontamos otro mito del cine aquí, el Monstruo no es una bestia bruta sino un ser muy sensible e inteligente, que aprende su lugar en el mundo escuchando a escondidas cómo a un ciego le leen versos de El paraíso perdido, de John Milton. La Criatura se identifica entonces con Satán, el ángel rebelde, lo que es un guiño muy romántico por parte de Shelley. Finalmente, el Monstruo decide ir a la caza del padre que lo ha creado y abandonado, al igual que Satán fue creado y luego arrojado lejos por su Padre Dios. Abriéndose la temporada de lo bueno: muertes sangrientas a tutiplén, porque es una historia de horror gótico, sobre lo que hablamos aquí.

Llegamos aquí al corazón de lo que ha hecho tan perdurable el mito de Frankenstein. Estamos en efecto ante una versión científica de la vieja leyenda de la rebelión de la criatura en contra del Creador. Igual que Adán contra Dios, los titanes contra Zeus y los Olímpicos, etcétera, el Monstruo cuestiona la autoridad y el orden divino, y es llamada al castigo por ello. Traducida al castellano, esta novela deja de lado un detalle importante que es muy revelador en el original inglés: el Monstruo se dirige a Victor Frankenstein no como "You" ("") sino como "Thou". Esta es una versión arcaica del pronombre "You", un poco como "vos" en castellano, pero en inglés, "Thou" y sus derivados "Thy" ("tu" de "tuyo") y "Thine" ("tuyo") se usan principamente para dirigirse a Dios. Por ejemplo: "Thou art God" ("Tú eres Dios"), "Thy Will be Done" ("Tu Voluntad sea hecha"), "For thine is the Kingdom" ("Porque tuyo es el Reino"). O sea, guiño de la novela aquí, el Monstruo se dirige a Victor Frankenstein de la misma manera en que el hablante del idioma inglés se dirige al Creador. El subtexto es más que claro.

La novela ha sido leída también como una parábola contra la ciencia, o al menos, contra el uso desbocado de la misma. Todos conocemos esa vena paranoica que recorre mucho de nuestra cultura moderna, en que si dejamos las manos libres a los científicos, será el fin de la sociedad y el mundo. El Monstruo de Frankenstein es así la personificación del terror a la ciencia: "¡Miren la clase de monstruos que nacen, si es que dejamos a los científicos manosear el orden natural de las cosas!". A esto, Isaac Asimov lo llamaba "el complejo de Frankenstein", directamente. Hoy en día, el complejo de Frankenstein lo vemos repartido un poco aquí y allá, y en todas partes. En el cliché actual de los zombis generados por un virus escapado de laboratorio, que leídos de esta manera, parecen caricaturas si no del Monstruo de Frankenstein, por lo menos de la percepción popular sobre éste. O en los dinosaurios de Parque Jurásico, o en Skynet la supercomputadora de la franquicia de Terminator, y otros robots que traerán sobre nosotros el apocalipsis robótico.

Angeles ayer, extraterr... perdón, robots en rebelión contra la Humanidad hoy.
Decíamos que Mary Shelley escribió algunos otros libros más, no demasiados, pero de bastante enjundia: es una lástima que Frankenstein o el moderno Prometeo los haya opacado a todos. Matilda es una novela realista más en la vena de Jane Austen, aunque con un argumento pasional que ya es Romanticismo en pleno. En esta novela, Shelley reincide sobre un tema tratado de manera metafórica en Frankenstein o el moderno Prometeo: la tempestuosa relación de la joven Matilda con su padre, que adquiere incluso tintes incestuosos. También, por si fuera poco, en 1.826 publicó El último hombre, que puede ser considerada como la primera novela postapocalíptica en el sentido moderno del término, ya que describe a un grupo de personajes en el futuro, tratando de sobrevivir al colapso de la sociedad industrial de la época shelleyana. Por desgracia, el resto de la vida de Mary Shelley se vio trufado por la tragedia. Dos de sus hijos no sobrevivieron, y luego, su propio marido Percy Bysshe Shelley, pereció ahogado. Mary Shelley falleció finalmente en 1.851, aquejada por un cáncer, con apenas cincuenta y cuatro años de edad.

Por supuesto, ya lo decíamos, y los lectores ya lo sabían de antemano en cualquier caso, el Monstruo resultó ser enormemente popular, y nunca ha abandonado realmente la escena. Ya en 1.823 se estrenó una obra teatral basada en la novela, hoy en día olvidada, pero que fue muy popular durante cerca de un siglo. Y la debemos mencionar porque la misma introdujo cambios al mito que acabaron fijados hasta un punto tal, que muchos lectores leen actualmente la novela original y se encuentran con algo muy diferente a lo que esperaban. En la obra teatral, el Monstruo es una criatura bruta y sin líneas de diálogo, y además, aparece como personaje nuevo, un asistente de laboratorio que en adelante se transformará en inseparable respecto del resto de la mitología frankensteiniana.

Hubo algunas versiones del personaje en el cine mudo, pero fue con el cine sonoro que vinieron las dos adaptaciones que consolidaron al personaje en la conciencia popular: Frankenstein de 1.931, y su secuela La novia de Frankenstein de 1.935, ambas dirigidas por James Whale, y con Boris Karloff como la versión más reconocible en lo estético del personaje: un cabeza plana de pelo corto, que tiene un clavo en el cuello. Resulta interesante observar que la primera película sigue la caracterización del Monstruo como un enorme bruto, siguiendo la obra teatral, y además, le da espacio al departamento de efectos especiales con una secuencia de creación, que como decíamos, en la novela original se omite. Además de consolidar al Monstruo como personaje popular, esta película es buena desde un punto de vista narrativo... pero en cuanto a adaptar la novela original, de ella toma poco más que el título y los personajes, y paremos de contar.

Está vivo... ¡¡¡ESTÁ VIVO!!!
Si Frankenstein de 1.931 es interesante, La novia de Frankenstein es incluso mejor. El título y el argumento hacen referencia, de hecho, a una subtrama que ocupa la segunda mitad de la novela original. Además, el Monstruo desarrolla más personalidad y se humaniza, convirtiéndose en un antihéroe trágico, mucho más en línea con la novela de Mary Shelley. La película usa una narración enmarcada en donde la propia Mary Shelley refiere la historia a un grupo de niños, lo que da ocasión a un guiño muy interesante, porque la actriz Elsa Lanchester le da vida tanto a Mary Shelley como a la mencionada Novia de Frankenstein, lo que crea muy interesantes lecturas e interconexiones entre lo que suponemos es la realidad y la ficción, exactamente como la lectura de la novela original de Mary Shelley se enriquece mucho luego de conocer la biografía de su autora.

Por cierto, por si no lo habían notado. Suele existir una falsa percepción de que Frankenstein es el nombre del Monstruo y no de su creador. Sin embargo, en la novela original, el Monstruo permanece sin nombre, o bien es llamado Adán, aunque se deja bien en claro que es más un código para referirse a él de algún modo, que un nombre propiamente tal; esto por supuesto le da un carácter todavía más monstruoso, porque es una otredad tan grande y fuera de las leyes naturales, que ni siquiera se merece un nombre propio. En cambio, el título de esta película alude directamente a un monstruo pero de sexo femenino, que es llamado la Novia de Frankenstein en vez de la Novia del Monstruo, lo que habría sido más correcto; se deja caer así que el nombre le pertenece al Monstruo y no al Creador del mismo. El título completo de la novela original, Frankenstein o el moderno Prometeo, debería ser una pista: en la Mitología Grecorromana, Prometeo es quien le entrega la chispa vital al ser humano, no la criatura o el monstruo que recibe ésta.

Con esto, creo que agotamos lo básico sobre el personaje y el moderno mito frankensteiniano, porque meterse en la enorme cantidad de adaptaciones, mutaciones, parodias e influencias sería un poco demasiado. Además, ya mencionamos su rol en la evolución de la Ciencia Ficción, en el tercer capítulo de las Crónicas CienciaFiccionísticas, así como en ¿Cuál es la primera obra de Ciencia Ficción?, aquí en la Guillermocracia. Pero no quiero dejar a un lado la película Frankenstein, dirigida por Kenneth Brannagh en 1.994. La misma presenta algunas desviaciones muy significativas respecto de la novela original, pero a rasgos generales, es la adaptación audiovisual más respetuosa con la novela original, tanto en letra como con en espíritu, al menos entre las que se cuentan dentro de mi conocimiento. De manera que si no han leído la novela original, ya están perdiendo el tiempo, pero si quieren una versión un poquito más resumida, y no contaminada en exceso con los inventos del cine y la televisión, esta adaptación es un excelente punto de partida.

A Hollywood se le están acabando las ideas.

miércoles, 10 de enero de 2018

Hacia el corazón del colosalismo.


Hoy día, 10 de Enero de 2.018, el venerable Sitio de Ciencia Ficción cumple veintiún años en línea. Hubo una época en Chile, en que tal cantidad de años marcaba la mayoría de edad, y de hecho, la calificación cinematográfica incluía las películas para adultos como "Para Mayores de 21". En fin. El caso es que, merced a la amable invitación de Don Francisco José Súñer Iglesias, guardián del pórtico en el Sitio, es que participé en este aniversario 21 con un artículo titulado Siglo XXI: De bingos y wikis, acerca de qué tan acertada o no resultó la Ciencia Ficción del siglo XX en predecir el actual siglo XXI que nos aporrea y nos aporreará durante 81 años y fracción más. Y por lo pronto, porque los articulistas sobre Ciencia Ficción golpean dos veces, aprovecho de republicar el artículo Hacia el corazón del colosalismo, que fue mi colaboración para el anterior aniversario, el número veinte, del mencionado Sitio de Ciencia Ficción, en 2.017.

Incriminando a los primeros perpetradores de ciencia-ficción, los dos sospechosos más habituales son Julio Verne y Herbert George Wells. Sin que uno desmerezca al otro en su grandeza, lo cierto es que sus obras respectivas tienen hálitos distintos. Verne es aventura ante todo, con personajes arquetípicos metidos en prodigios de la técnica: grandes cohetes espaciales, grandes submarinos, grandes ciudades futuristas, etcétera. Wells en cambio, es reflexivo, y sus escenarios tienden a ser más bien minimalistas, incluso con un recurso tan extraordinario como una máquina del tiempo entre sus manos. Verne presenta tecnología; Wells presenta las consecuencias sociológicas del uso de dicha tecnología. En la fiesta de la Ciencia Ficción, Verne es el que llega repartiendo alegría y extroversión, y Wells es el que prefiere sentarse en su cómodo rincón, charlando con dos o tres contertulios e ignorando al resto.

En la Edad de Oro de la Ciencia Ficción, los primeros pioneros del género buscaban lo colosal. En las obras de Jack Williamson o E. E. Doc Smith, lo importante era qué tan grande es la nave espacial, qué tan poderoso el imperio galáctico, qué tan amplia la galaxia que es el escenario de la gigantesca guerra espacial. Veinte años después, autores como Isaac Asimov usaban los mismos tópicos, pero de manera más comedida; en la Fundación de Asimov no es tan importante lo grande que sea su mundo ciudad de Trántor, sino cómo se administra, cuál es su sistema político, y cómo está en curso de decadencia que lo llevará a un derrumbe definitivo.


Existe una pronunciada tendencia en la Ciencia Ficción hacia el colosalismo. Mucho de la Ciencia Ficción gira en torno a qué tan faraónico va a ser lo siguiente que construyamos como especie humana. Las naves espaciales de la Ciencia Ficción no son los tarros de sardinas que eran las cápsulas Apolo de la realidad, sino enormes trastos de kilómetros de largo; las ciudades no son una colección de edificios de miserables cientos de pisos de altura, sino a veces mundos completos puestos bajo un único techo y con clima regulado; las armas no son simples dagas, pistolas o aviones, sino enormes cañones orbitales de cientos de kilómetros de diámetro, y tripulados por decenas o cientos de personal de mantenimiento.

Supongo que es natural. La tendencia de la especie humana ha sido ir siempre a lo más grande. Veinticinco siglos antes de la Era Común, la Pirámide de Keops eran el portento de los siglos; tiene su grandeza el haber apilado tantas piedras elefantiásicas en un mismo sitio, pero siguen siendo raquíticos 146 metros de altura en total. En 1.311, el récord le fue arrebatado por la Catedral de Lincoln y sus 160 metros; la antorcha fue pasada luego entre varios edificios religiosos, hasta que el civil Monumento a Washington con sus 169 metros tomó el relevo en 1.884. Todas esas cifras son una miseria frente a los 829 metros del Burj Khalifa en Dubai, casi un kilómetro en vertical, que al momento de escribir estas líneas y desde 2.007, ostenta el récord mundial. Considerando el historial, no es demasiado aventurado predecir que en algunos años más, se construirán edificios incluso más grandes. Todo depende de la capacidad tecnológica, por supuesto, pero no se trata sólo de funcionalidad: es también la exhibición, la demostración de poder económico, político y social que supone haber podido construir el edificio más grande de todos. La Historia de la Civilización es, en cierta medida, la historia de cuánto más grande se puede edificar.

Con los vehículos pasa también lo mismo. La tecnología punta para colonizar la Polinesia fueron las canoas y los catamaranes. Pronto, éstas dieron paso a las galeras, éstas a las carabelas, éstas a los galeones, éstos a los barcos a vapor, y éstos a los grandes trasatlánticos, acorazados y portaaviones.

Lo único que hace la Ciencia Ficción es extrapolar estas tendencias hacia el futuro. Si en el pasado conseguimos ir desde la choza hasta el rascacielos, quizás en un futuro consigamos ir desde el rascacielos hasta el ascensor orbital. Si en el pasado conseguimos ir desde la canoa hasta el portaaviones, quizás en el futuro consigamos ir desde el portaaviones hasta naves de dimensiones planetarias. Sólo la ciencia, los recursos y la inventiva son el límite.


Quizás la única rama de la ciencia-ficción verdaderamente exenta de colosalismo, sea el futuro postapocalíptico al estilo Mad Max. En este subgénero, lo único colosal es el desierto, o las ruinas de ciudades que después del holocausto, no hacen más que ser parte del paisaje. Aportando una prueba más de que el colosalismo parece inherente a la descripción de las civilizaciones futuras dentro del género.

Y sin embargo... hay una cierta tendencia paralela en la Ciencia Ficción, a aburrirse del colosalismo. Llega un escritor que plantea un escenario que resulta apabullante por lo grandioso del mismo. Y luego, pasada la novedad, viene la pregunta: ¿ahora qué? Una posibilidad es la fuga hacia adelante, el crear algo que sea lo mismo, pero más grande. La guerra de las galaxias de 1.977 presentaba la Estrella de la Muerte, y El despertar de la Fuerza en 2.015 presentaba una estación espacial con otro nombre, pero que funcionalmente era una Estrella de la Muerte multiplicada por mil. El propio E. E. Doc Smith pasó por lo mismo en el curso de su carrera, en su saga de los Hombres Lente, y como él, tantos otros creadores que dependieron de buscar el cada vez más grande para sorprender a su público.

La otra posibilidad es el preguntarse a dónde lleva el colosalismo, qué tanto cambiará nuestras vidas con esto. Primero fueron las naves espaciales gigantes, y luego vino la pregunta inevitable: ¿cómo sería vivir en una de esas naves? ¿Iríamos criogenizados? ¿Cómo nos afectaría la distorsión del espacio y tiempo? ¿Olvidaríamos nuestros orígenes si viajáramos en naves generacionales? Primero fueron las ciudades colosales, y luego vinieron las preguntas también inevitables: ¿sería una utopía o un infierno? ¿Habría progreso económico o sería una especie de feudalismo en versión urbana? ¿Viviríamos de manera homogénea o nos fraccionaríamos en tribus urbanas? ¿Cómo percibiríamos al mundo rural, lo percibiríamos en lo absoluto...? Y así.


Este fenómeno se hace todavía más pronunciado si comparamos a la Literatura con el Cine de ciencia Cicción. Usualmente se acusa al Cine de ser más superficial que la Literatura, en este ámbito por lo menos, pero tiende a olvidarse que esto es inevitable, dado el contexto. Las películas funcionan estimulando los sentidos, y dependen por tanto de los bonitos escenarios y efectos especiales; el Cine de ciencia-ficción ha sido así especialmente propenso al colosalismo. No en balde, varias películas en el origen del género, como De la Tierra a la Luna o Metrópolis, fueron colosalistas. Y después, el Cine de Ciencia Ficción no ha sido capaz de despegarse de esto, aunque se rueden películas en el género que son más intimistas, y casi sin efectos especiales; éstas suelen pasar desapercibidas en la taquilla.

En la Literatura, en cambio, en donde se usa más o menos la misma cantidad de palabras para describir algo grande que algo pequeño, y además el costo por palabra es mínimo, los escritores han podido alejarse un poco del colosalismo, y dedicarse a la reflexión sobre lo que dicho colosalismo significa. Es por eso que es más fácil figurarse lo que es vivir en un Imperio Galáctico leyendo a Asimov que viendo Star Wars, por ejemplo. Sin desmerecer, pero en Star Wars, un mundo ciudad como Coruscant sirve más o menos de escenario para las peripecias aventureras de unos caballeros armados con sables láser, mientras que en Asimov, un mundo ciudad como Trántor sirve como trasunto para interesantes reflexiones sociales, políticas e históricas. La escena de Robotech en que los zentraedi ponen sitio con millones de naves a la Tierra, toma dos capítulos, y suponemos que también el ingente despliegue de recursos que supone crear animación, mientras que a una escena similar en la Fundación de Asimov apenas se le dedica algunas líneas de descripción, porque el interés asimoviano está en otra parte. La Ciencia Ficción audiovisual es más esclava del colosalismo por su propia naturaleza de producción audiovisual, hecha para impactar los sentidos, mientras que la literaria puede darse el lujo de darle la vuelta y usarlo como una herramienta cualquiera más de la narrativa.

Así, pues, la Ciencia Ficción parece moverse en péndulo, en torno de estos dos extremos, la búsqueda de lo más grande por un lado, y el detenerse y parar a reflexionar sobre nuestro rol respecto de eso más grande, después. Lo colosal es una parte importante de la Ciencia Ficción, pero quedarse sólo en ello, es un reduccionismo inaceptable cuando entramos a hablar de este género.



domingo, 7 de enero de 2018

2.017: Los nuevos cauces del mundo.

"¿Y? ¿Está usted contento con este año futurista de 2.017?".
De manera tradicional, no hemos sido muy dados acá en la Guillermocracia a publicar esos posteos de evaluación acerca de cómo ha sido año anterior, que suelen verse rondando el Año Nuevo en otros lugares. La verdad, el tema se me hace un poco monótono. De partida, hay algo de artificialidad en agrupar los días por años. Eso tenía más sentido cuando el grueso de la Humanidad estaba compuesto por agricultores, y por lo tanto, el ciclo anual condicionaba la vida de todos los Homo sapiens, pero hoy en día, en que más de la mitad de la civilización humana vive en ciudades, y del resto, cada vez menos se dedican a los cultivos porque la mecanización ha permitido liberar manos del agro, lo mismo podríamos vivir en ciclos de 365 días que de 300 o 400. Las deudas, de hecho, se pagan en ciclos mucho más breves, de 30, 60 o 90 días. Y en segunda, son más bien pocos los años que podríamos calificar de rupturistas. 2.016 parece haberlo sido, en cierto sentido. ¿El resto? Quizás no tanto.

Pero vale la pena echarle un breve vistazo a lo que fue y nos dejó el 2.017, porque es el año en que vimos las secuelas de 2.016. Nos preguntábamos en su día si 2.016 fue el año en que cambió el mundo. Si lo fue, entonces 2.017 debería ser el año en que ese río conocido como Historia de la Humanidad debería haber encontrado un nuevo cauce, por el cual estaríamos circulando en este 2.018 ahora comenzando.

De manera nada sorprendente, es más bien poco lo que cambió en estos últimos 365 días. En 2.016 aconteció el Brexit, y salió elegido Donald Trump como Presidente de Estados Unidos, pero en 2.017, todos esos cambios que le dejaron la cara pintada a todo el mundo, pasaron a ser parte del paisaje de fondo, e incluso en el caso de Trump, adquirieron una cierta dimensión folclórica. Si el resto de la Presidencia de Trump sigue como hasta ahora, o sea, si no le encajan un impeachment por dedicarse al pussygrabbing, entonces la Historia lo recordará en esa galería de tipos pintorescos estilo Bill Clinton, un tanto insufribles en su día, pero divertidos de recordar cuando ya no se los debe soportar.

Este relativo conservadurismo de 2.017 alcanzó ribetes de ridículo en Chile. En Noviembre se celebraron elecciones presidenciales, y en Diciembre, la segunda vuelta de las mismas. Resultado: Sebastián Piñera es el nuevo Presidente de Chile. Lo que significa que en los dieciséis años y cuatro períodos presidenciales desde 2.006 hasta 2.022, y en un país que prohibe la reelección directa, habrán gobernado dos Presidentes en vez de cuatro, y éstos dos, de manera alternada. Valga como aclaración, las elecciones en Chile son a finales del año electoral, y la asunción del mando, a inicios del siguiente: o sea, Piñera fue elegido Presidente a finales de 2.017, pero asumirá ahora a comienzos de 2.018.

"Señor Piñera, mi contendor político, parece que debo entregarle el mando a Ud., en vez de a mi delfín... por segunda vez en la Historia de Chile. Sí que la sé hacer en política, ¿verdad...?".
Desgranemos esto como otra prueba de que Chile, muy en el fondo, tiene alma de república bananera. En 2.005 los votantes eligen a Michelle Bachelet, y le dan cuatro años más a la Concertación, que ya venía agotándose después de gobernar sin interrupción desde 1.990. Hasta ahí, bien: es una opción cívica tan respetable (o tan poco respetable) como cualquiera otra. En 2.009, Sebastián Piñera juega la carta del "ya es suficiente con lo mismo" y gana la elección presidencial, el primer Gobierno de derecha desde cierto Capitán General de cinco estrellas, de infausta memoria. OK: sigue siendo una opción cívica tan respetable (o tan poco respetable) como cualquiera otra. De manera que Piñera salvó al país del Bacheletismo, pero ahora, ¿quién salvará a Chile de Piñera? En 2.013, la primera elección con inscripción automática y voto voluntario, los votantes que le habían pedido a Piñera salvarlos de Bachelet, ahora le pidieron a Bachelet que los salvara de Piñera que los había salvado de ella misma. Es un poco esquizofrénico, pero bueno, de los arrepentidos es el Reino de los Cielos.

Y luego, en 2.017, ¿qué hace la ciudadanía? Le pide a Sebastián Piñera que los salve de Michelle Bachelet, a quien le habían pedido que los salvara de Sebastián Piñera en 2.013, a quien le habían pedido que los salvara de Michelle Bachelet en 2.009... Vale si no hubieran corrido más opciones que Piñera y Alejandro Guillier, el candidato del Bacheletismo, pero es que aparte de ellos iban otras siete opciones, nueve candidatos en total, así es que si era por hacer de la defenestración costumbre, platos había en el menú para servirse una cena distinta. Por supuesto, nada digo sobre qué tendencia política tenga méritos mayores o menores, más allá de citar las palabras del inmortal filósofo amarillo: "Y a mí qué me dices, yo voté por Kodos"...

Y ahora, en medio de tanto conservadurismo, la nota rupturista. Literalmente: quieren romper a España. El movimiento independentista catalán, que hasta el momento parecía más bien una especie de gigantesca broma dentro de la política interna española, cobró seriedad suficiente como para amenazar el mismísimo mapa político internacional. El último Estado en ejercer su derecho a la autodeterminación y sumarse al cortejo planetario fue Sudán del Sur, en 2.010, pero ahora podría venir otro más: Cataluña. Que en 2.017 celebró un plebiscito, sentándose en la institucionalidad española, como no podía ser de otro modo si la idea era independizarse de ella, justamente, igual como lo hicieron ese peligroso grupo de sediciosos conocidos como el Congreso Continental, en las Trece Colonias de 1.776. Y las autoridades catalanas declararon la independencia. Sólo que un poquito con la boca chueca, un tanto por si pasa. La reacción española fue la esperable, dadas las circunstancias: represión a mansalva. Apoyada por una comunidad internacional que en realidad tampoco mira con mucha simpatía eso de una Cataluña independiente, porque no vaya a ser que otros se entusiasmen y vengan después una Escocia independiente, una California independiente, una Araucanía independiente, o una Sealand independiente, a dónde iremos a parar. A este paso, hasta la Guillermocracia acabará por ser un país de facto en vez de como ahora, que se limita al mundo virtual.

En lo personal, miro el asunto con un poco de distancia. Vale, la cultura catalana corre riesgo de desaparecer, asimilada en la más general cultura española, pero no es como que los catalanes estén oprimidos o sean víctimas de genocidio a la escala de, digamos, los kurdos, los tutsis u otras etnias y pueblos de aquí y allá. Al final, terminará sucediendo lo de siempre: ahora se benefician unos con una Cataluña parte de España, mañana se beneficiarían otros con una eventual Cataluña independiente, pero al final el posadero, el taxista y el barrendero catalán de toda la vida tendría que levantarse igual para trabajar el día siguiente, pagar sus impuestos, etcétera. A la larga, para el pueblo llano, las independencias no conducen tanto a la libertad como a un mero cambio de amos.

Cataluña über Alles.
Hemos dejado para el final, un rubro en donde es más sencillo tomarle el pulso al mundo, simplemente porque no muchos analistas miran en esa dirección: el cine. Cuanta frivolidad, ¿no? Lo serio es mirar las elecciones de Chile o el gallinero catalán. Pero justamente por su carácter más bien frívolo, es que en las tendencias sociales tras el cine es posible detectar pequeños temblores que en otros rubros corren más subterráneos, o bien, si son visibles, a la vez son distorsionados por analistas con intereses comprometidos... hasta que se convierten en terremotos, claro está. Y en el mundo del cine nos llevamos cuatro noticias durante 2.017 que, creo yo, marcan una cierta tendencia acerca de cómo vendrá la mano durante 2.018 y en lo venidero después. Voy a partir por el detalle, y acabaré por las conclusiones.

A una de ellas, ya nos referíamos en el posteo Cannes vs Netflix: La batalla de las películas. El Festival de Cannes hizo noticia por cambiar sus normas y rechazar, a partir de 2.018, las películas que sean estrenadas en servicios tipo Netflix, y no en las salas de cine. Una noticia muy menor, incluso dentro del mundillo cinéfilo, pero que generó algún debate acerca de si el cine en cuanto Séptimo Arte lo es sólo si se estrena en salas de cine, o bien, también deberíamos considerar como cine a los largometrajes estrenados vía servicios de streaming. Parece una cuestión más o menos inocua, pero tiene una dimensión oculta. No existe una división tajante entre quienes van al cine y quienes consumen películas vía streaming, pero sí una marcada diferencia entre ambas clases de películas. Las más rentables en el cine son los blockbusters, y para serlo, deben aspirar a un mínimo común denominador, lo que podemos llamar cine de masas, mientras que las películas de streaming, al responder a un modelo diferente de distribución, pueden permitirse el lujo de ser películas más de nicho, y por lo tanto, aspirar a un público consumidor más selectivo y fragmentado. Es decir, no es un conflicto únicamente sobre qué películas debería aceptar un festival o no, sino también una fisura entre dos tipos de consumidores: el hombre masa estándar que se hincha con blockbusters genéricos, versus el tipo con ínfulas individualistas que es más selectivo y quiere una parrilla más adecuada al perfil propio.

La otra nota tiene que ver con la recaudación de las películas en el cine. Por un lado, las diez películas más rentables de 2.017 fueron todas cine de franquicias: o bien fueron secuelas directas (Rápidos y furiosos 8, Los últimos jedi, Mi villano favorito 3, Wolf Warrior 2, Guardianes de la Galaxia vol. 2, Thor: Ragnarrok, la quinta de los Piratas del Caribe), o bien spin-offs (Spiderman: De regreso a casa, y Wonder Woman, si no contamos esta última como precuela), más un remake (La bella y la bestia). Y sin embargo, aunque la taquilla alcanza niveles históricos, la cantidad de espectadores está disminuyendo; de esto sólo caben dos explicaciones, que se relacionan con el aumento del precio de la entrada, y con las películas salvavidas de finales de año tipo Los últimos jedi, que arreglan los números. En Canadá y Estados Unidos, de hecho, la recaudación de verano, la temporada de blockbusters, cayó un brutal 16%, un sexto, en apenas un año, o sea, entre el verano de 2.016 y el de 2.017. De hecho, en ambos países no se habían vendido tan pocas entradas desde 1.992. La conclusión es simple: el modelo de cine basado en franquicias que obren como locomotoras tirando el carro, está en crisis. No acabado ni mucho menos, pero sí que necesitado a lo menos de un poquito de afinación, por aquello de no seguir sangrando dinero. ¿Problema, en mi opinión? Elevados costos de producción: da lo mismo que recauden 700 millones de dólares a nivel mundial, si es que entre producción, publicidad, y compartir ingresos con distribuidoras y salas de cine, después recuperan poco o nada. El éxito durante 2.017 de películas de bajo presupuesto como Fragmentado, o ¡Huye!, debería marcar el camino, creo yo.

Supongamos que es cierto, y que el público está más que un poco remiso a comprarse la enésima nueva franquicia que salga de Hollywood. ¿Qué hacer frente a ello? La Disney lo tiene claro: seguir en la huida hacia adelante, y crecer todavía más. La tercera noticia de las cuatro que prometíamos. En Diciembre de 2.017, la Disney anunció la intención de adquirir los estudios FOX por la friolera de 66.000 millones de dólares, en Diciembre. La operación no se ha concretado porque actualmente está bajo investigación, ya que de concretarse, la Disney llegaría a copar aproximadamente el cuarenta por ciento del mercado cinematográfico mundial, con todos los conocidos efectos nefastos de una concentración a tales escalas. Por supuesto, la Disney no adquirió la FOX para agrandar su estructura productiva, sino para adquirir otro bien más preciado: franquicias. Lo ya dicho, es una huida hacia adelante: si el cine de franquicias manifiesta síntomas de agotamiento, entonces la solución es... adquirir más franquicias. Al final, aunque se llegare a aprobar la compra, si el modelo mismo está en problemas, entonces acabará siendo una solución apenas temporal.

Pasaba por aquí, me gustó esta casita, me la voy a comprar...
Y finalmente, está la oleada de escándalos sexuales que ha barrido a Hollywood, desde la defenestración de Harvey Weinstein. Cuestión en donde se cruzan varios temas. El acoso mismo, por supuesto, porque ninguna civilización democrática debiera tolerar lo que en este caso, en términos económicos y jurídicos, llamaríamos abuso de posición dominante durante la celebración del contrato. Pero también la tan omnipresente como errada idea o noción de que todo es transable en el libre mercado, y que el libre mercado siempre es bueno, viva, hurra, dos pulgares arriba... lo que convertiría todo este tema en una situación estrictamente comercial, en donde cada parte obtiene lo que quiere, o sea, gratificaciones lúbricas por un lado, y acceso a una carrera cinematográfica por el otro. Salvo el público, que no obtiene a la mejor actriz en cada rol, sino a las starlets más vistosas y dispuestas a comer huevos revueltos con plátano, cualidades que no tienen necesariamente por qué coincidir en una misma chica. Además, todo esto le da una lectura bastante siniestra al hecho de que actores ya veteranos e incluso seniles sigan teniendo presencia en la pantalla y se los valore por su talento, mientras que a las actrices se las prefiera por el físico y la juventud, la maquinaria para reemplazarlas a medida que envejecen esté mejor aceitada, y que vayan despidiéndose del cine si es que a los cuarenta ya no están bien asentadas.

Y sin embargo, por nefasta que pueda ser la costumbre del casting couch, tampoco deja de ser preocupante la virulencia de la reacción en sentido contrario. La cual parece haber llegado hasta extremos que colindan con la caza de brujas. Un principio de convivencia democrática que la gente no siempre recuerda: todos deben ser considerados inocentes hasta que se pruebe lo contrario más allá de toda duda razonable, y nadie puede ser condenado sino por el tribunal establecido de manera previa por la ley. El linchamiento popular no debe ser admitido en democracia. Algo que se le olvida a la gente que, so pretexto de lo repugnante de una situación, se transforman en fariseos vanagloriándose de su propia superioridad moral, mientras agarran la piedra para lapidar al pecador. Es fácil repartir culpas y absoluciones en esa posición, porque el revestimiento de lo sagrado, de la Ira de Dios, justifica la petulancia; lo difícil es tomar las denuncias, examinarlas con detención, y si fueren ciertas, asignarles no el castigo que nos gustaría, sino el que resulte acorde en proporción a la falta.

El elemento común en estas cuatro noticias, pareciera ser una cierta reacción individualista en contra de la estandarización producida por el modelo de cine de masas. Porque no otra cosa sino afirmar su propia individualidad frente a eso que genéricamente podemos llamar el sistema y la estandarización, hacen quienes ven películas de Netflix en vez de blockbusters, quienes rehuyen las franquicias de Hollywood, y quienes denuncian por abusos sexuales a productores y actores que forman parte de la tramoya en esa maquinaria que es Hollywood. Y por el reverso, la compra de FOX por Disney es justo lo contrario, un intento corporativo por seguir profitando de ese modelo corporativo y estandarizador, una apuesta porque todo esto no sea más que un bache en el sistema, y después los negocios vuelvan a ser los de siempre. O de cómo, muy en el fondo, la gente actualmente parecería preferir los cotos cerrados para grupos particulares, en vez de la cultura de masas dirigida al mínimo común denominador, con todo lo que eso implica para la cultura en general.

Lo interesante del caso es preguntarse si esto sucede únicamente en el cine, o en realidad es síntoma de corrientes subterráneas mucho más profundas, que no alcanzamos a percibir en la superficie de este en apariencia más calmado 2.017. Si lo pensamos bien, en 2.016 los ciudadanos de Estados Unidos votaron por Trump porque él prometió reafirmar el valor del estadounidense promedio frente al mundo, y los ingleses votaron por el Brexit para reafirmar a los británicos frente a Europa. En 2.017, los chilenos votaron por Sebastián Piñera y su discurso individualista liberal para reafirmarse en contra del Gobierno bacheletista y su discurso basado en los derechos sociales y la solidaridad con los más desfavorecidos. Por su parte, buscando independirzarse, los catalanes en realidad están intentando afirmar su individualidad frente a España, y más allá, frente a Europa. De manera que si si todo eso en efecto está conectado, como yo pienso que es, entonces las perspectivas para el futuro son... interesantes. Y dadas las circunstancias, no sé si debería escribir eso con esperanza, o con miedo. Pero sí sé que lo escribo con cautela. Porque todavía tenemos que averiguar cómo vendrá la mano del 2.018. Y luego, del 2.019, el 2.020, el 2.021... supuesto de que quede Humanidad para ese entonces.

La película de la Liga de la Justicia en batalla contra su peor enemigo: las leyes de la oferta y la demanda.

miércoles, 3 de enero de 2018

¡La Guillermocracia te convoca a opinar sobre el cine de 2.017!


Lo hicimos por primera vez el año pasado, y la iniciativa resultó bastante bien, de manera que la repetimos. Nos referimos por supuesto a la convocatoria que hicimos a los ciudadanos de la Guillermocracia para que vertieran o desparramaran sus opiniones sobre el cine de 2.016. Y ahora hacemos la segunda versión de este magno evento, en el cual los lectores contestarán la más acuciante de las preguntas que se plantearán los historiadores de la posteridad: ¿qué cine vale la pena ver (¡o no ver!) de lo estrenado en 2.017? Lo que va a ser sabroso, considerando que este año parece confirmado lo que apuntábamos en la épica jornada de los Summer Bomb Busters de 2.016: que la burbuja reventó, y el cine de franquicias, aunque lejos de agotarse, ya no es la carta segura que parecía ser hasta hace no demasiado.

El asunto va así. Los lectores de la Guillermocracia quedan cordialmente invitados para dejar sus comentarios AL PIE DE ESTE POSTEO, respecto de las películas que vieron estrenadas en cines en 2.017. O en la televisión, también, porque ya sabemos que Netflix y otras perpetradoras productoras similares están tratando de, horror de horrores, crear su propio cine para consumir en el computador en vez de estrenarlas en grandes salas y llevarlas a Cannes. Para comentarios, valen películas de 2.017, o 2.016 a lo sumo, porque ya sabemos que a veces las distribuidoras se ponen remolonas y se demoran lo suyo en estrenar. Pero no más allá: no valen reestrenos de clásicos o cosas así, vamos.

La idea es que después, haremos copiar-y-pegar de los comentarios dejados por los lectores, para construir una especie de panorama fílmico de lo que fue el 2.017, a tenor de lo que más o menos le parecieron tales o cuales películas a los lectores de la Guillermocracia. Y por favor... comentarios breves. Que el año pasado hubo quienes dejaron sus buenas parrafadas, y la idea no es extenderlo tanto.

Dentro de lo ya dicho, pueden comentar la cantidad de películas que deseen. De Hollywood o de alguna otra cinematografía. Pero que hayan visto, nada de "no la vi, no me gustó el trailer, pero parece que era mala"... Eso no vale, lo que vale es haberla visto. ¿Comentaron una cantidad X de películas, y se les quedó esta o aquella bajo el tintero? No importa, siempre pueden dejar otro comentario más.

El plazo máximo para comentar, es el día 15 de Enero del año 12.017 de la Era del Holoceno, o sea, de 2.017 después de Nuestro Señor Jesucristo Salvador y Redentor del Mundo, amén. Después recopilaremos las opiniones y las ordenaremos por películas, y... a ver qué resulta. La edición anterior salió bien, en buena medida gracias a la participación entusiasta y de qualité por parte de los lectores, así es que supongo que este año será lo mismo. Y sin más preámbulos... a opinar, a opinar, que el mundo se va a acabar. Opinar sobre las películas de 2.017, por supuesto. Nada de off-topic aquí. Y dice... ¡Ya!

domingo, 31 de diciembre de 2017

La Guillermocracia en 2.017: Discurso a la nación.


Damas, caballeros, gente intermedia, ¡guillermócratas todos! He aquí que, luego de 365 días y una vuelta completa de la Tierra alrededor del Sol, estamos rematando otro año, el que denominamos 2.017 de la Era Común, que cuenta los mismos desde aquél en el cual nació Jesús de Nazaret, que como sabemos, vino al mundo el año 4 antes de que fuera el año en que nació Jesús de Nazaret, porque El, todo lo puede. Aunque por otro lado, sería cool usar el Calendario Holoceno, y llamarlo 12.017, lo que dejaría en pañales al célebre año 10.191 de Dune. Claro, usar el Calendario Holoceno significaría hacerse un lío con las fechas antes de Cristo la Era Común, pero todo es cuestión de acostumbrarse.

Ha sido este 2.017 un año bastante peleado y sangriento. Digno heredero del 2.016 en que, supusimos en su día, pudo haber cambiado el mundo. En general, 2.017 fue un año de relativa calma. Enfasis en lo de relativo, por supuesto, y siempre en comparación al Brexit y al Trumpazo de 2.016. Los únicos grandes terremotos que tenemos registrados son los dos bestiales que, infortunio grande éste, sacudieron en espacio de apenas unos días a la hermana república de México, noble entre la nobleza de Latinoamérica. Y más metafóricamente, el terremoto de la independencia catalana. Incluso el cine, después del mítico año de las Summer Bomb Busters, se ha calmado un poco, aunque se ha consolidado un panorama en donde la recaudación va a la baja, y de hecho, ha alcanzado mínimos históricos.

También ha sido un año movido acá en la Guillermocracia. Lo de siempre: ideas que no se concretan, proyectos que no resultan, etcétera. Uno de esos años, y por este lado de la Guillermocracia, ya van unos cuantos de ésos. Aunque quizás ningún lector lo diría, considerando que en la Guillermocracia hemos batido todos los récords. Con este posteo, el último de 2.017, hemos acumulado un total de 155, publicados en el susodicho año 2.017, superando el techo de 139 que habíamos alcanzado en 2.015. ¡Y qué posteos! Además de los clásicos artículos en solitario, hemos publicado varias series de posteos, así como blogoseries. Actividad no ha faltado, por acá.

Infortunadamente, y esto cuenta como pitazo de alerta... el público no ha respondido. Después de un máximo histórico en Octubre de 2.016, en que la Guillermocracia alcanzó las 16.216 visitas, Google dixit, y salvo por un pequeño repunte entre Mayo, Junio y Julio de 2.017, las cifras de visitantes no han hecho sino bajar, estabilizándose entre las 7.000 y 8.000 visitas durante el segundo semestre de 2.017. Por supuesto, es una tendencia que, esperamos, se revierta durante el 2.018. La Guillermocracia está ahí para sus lectores, después de todo, y si éstos van desapareciendo, entonces el sentido mismo del proyecto acaba por evaporarse. La idea, suponemos, es que la Guillermocracia siga, pero hacia adelante, y no que siga el camino del dodo.

Pero pasando a las cosas que publicábamos en este 2.017... En materia de asuntos sociales estuvimos bastante movidos. Nos preguntábamos si 2.016 fue el año en que cambió el mundo, ya lo decíamos más arriba. Sus ronchas generó por su parte el posteo Para saludar en el Día Internacional de la Mujer, que le valió al Director Supremo de la Guillermocracia quien esto escribe, el retiro de saludo de varias insignes féminas alrededor, quién sabe si por haber tocado algún nervio sensible. También nos preguntábamos qué queda de los Cool Culturetas Corporativos, criaturas aparentemente humanas a quienes nos referíamos por allá en 2.011. Nos fuimos a meter en honduras en el posteo doble 8 argumentos de la religión contra la ciencia y cómo refutarlos, y en apariencia, salimos indemnes. Defendimos el concepto de micasismo como opuesto al turismo deschavetado y feisbuquero que pareciera predominar hoy por hoy. A propósito del asunto de Cataluña, ya saben cuál, hablábamos dos palabras sobre la autodeterminación de los pueblos, y siguiendo en vena política, comentábamos qué significa realmente la abstención electoral en una democracia, así como la correspondencia entre los votantes y los héroes actuales de ficción. Y, en fin, hacíamos también un recuento acerca de los ateneos, y de cómo el desuso de dicha palabra, algo dice sobre el rumbo de nuestra cultura occidental.

En el cine, por supuesto, ha sido el año de Star Wars, debido a los cuarenta años de la película que lo cambió todo en la Historia del Cine, y una franquicia que con el éxito brutal del Episodio VIII, me atrevería a decir que sigue más viva que nunca, no obstante los fanáticos tóxicos que pupulan allá afuera. A comienzos de año nos referíamos a la partida de su insigne actriz, en Diciembre de 2.016, en La muerte de Carrie Fisher: El principio del fin de una era. Y con ocasión del aniversario número cuarenta mismo, publicábamos Las generaciones de Star Wars, que probablemente será el artículo definitivo sobre la franquicia durante mucho tiempo, en lo que a la Guillermocracia se refiere. Y lo más bestial de todo, la serie de posteos 1.977 en los cines: 50 películas de hace 40 años gira justo en torno a cómo, mientras La guerra de las galaxias estaba revolucionando el cine para siempre, alrededor pupulaban otras películas, algunas destinadas a convertirse en clásicos, y otras... no tanto.

Y más allá de Star Wars, hacíamos un repaso de la franquicia de Alien, a propósito del estreno de Alien: Covenant. Publicamos un posteo doble acerca de 10 películas sobre ser una persona decente. También nos referíamos al fallecimiento de Roger Moore en El primer adiós a un 007 oficial. Hacíamos un par de reflexiones sobre el cine y las nuevas tecnologías, en Cannes vs Netflix: La batalla de las películas. Planteábamos que Loki en el Universo Cinemático Marvel es una especie de Moisés al revés, aunque puede que eso haya quedado desfasado después de los eventos de Thor: Ragnarok. Y con ocasión de recibirle en las filas de los septuagenarios, hacíamos un repaso a la escoria que Schwarzenegger se llevó, en dos partes porque... es Schwarzenegger, vamos. También comentamos la Trilogía del Planeta de los Simios. Hicimos un análisis bastante pormenorizado de Madre, la película que a Darren Aronofsky le sirvió como pasaporte para que Jennifer Lawrence fuera su mamacita. Y en una vena más humorística, dándole combustible a los escritores de fanfics, hablábamos primero de los cinco grandes cruces de franquicia que nos gustaría ver en el cine, y de ciertos aspectos lógicos que podrían emerger a partir de la premisa planteada en Coco.

En materia de manga y anime, abrimos los fuegos este año con Erase una vez... "Erase una vez... el espacio", nuestro comentario sobre esa medio olvidada pero aún interesante serie de Ciencia Ficción, producida entre Francia y Japón, así es que la metemos aquí. Y después de eso, nos largamos con una buena tirada comentando series varias de ayer y hoy: Arpeggio of Blue Steel, Macross Delta, Rokka no Yuusha, Sky Girls, Saijaku Muhai no Bahamūto, Doraemon, Mirai Nikki, Nazca y Ace Attorney. Y por si eso fuera poco, le dedicamos cinco posteos, cinco, a repasar capítulo por capítulo a Genesis Climber MOSPEADA, la serie que sirvió de base a la tercera generación de Robotech.

Faltaba más que dejáramos los temas históricos a un lado, los cuales también han tenido representación. Así, le dedicamos La Trilogía de Jared Diamond: De civilizaciones y el medio ambiente, a la obra de este insigne historiador. El juicio contra Galileo Galilei, por su parte, obtuvo posteo doble. Y con algo de sorna, le dábamos un repaso a cómo los monarcas españoles del siglo XIX hicieron deporte de irse a morir al exilio. Y aunque no un tema estrictamente histórico, mencionemos también que hicimos un paralelo entre Carlomagno, el personaje de época, y Light Yagami, el protagonista de Death Note.

Incluso hasta para los científicos alcanzó. Así, nos preguntamos en su minuto por los aspectos más irracionales y relacionados con la creatividad, que deben acompañar a la actividad científica para que prospere. Y le dedicamos una entrada a la siempre movediza clasificación de los reptiles. También, en relación a la Ciencia Ficción, nos preguntábamos si vale la pena desviarse de la ciencia para tener una buena historia de Ciencia Ficción.

En materia musical, eso sí, quedamos al debe. No publicamos casi nada al respecto. Pero algunas cosas sí. Como por ejemplo, fieles a la tradición de montar revuelta contra el Día de los Enamorados, publicamos 12 canciones para agarrar a patadas al amor. Y después publicamos XIII. Století: Marque checo para vampirismo, acerca de dicha banda de Rock o Metal Gótico de la República Checa. Y rematamos con un análisis acerca de las muy profundas y esotéricas ideas filosóficas plasmadas en la canción Despacito. Y creo que eso fue todo en cuanto a Música, durante el 2.017.

Metamos por aquí un par de posteos acerca de superhéroes, que no caben un poco ni ahí ni allá. Me refiero al que le dedicamos a la identidad secreta de los superhéroes, y otro, a la continuidad de Batman: La serie animada dentro del Universo Animado DC.

En materia de series de posteos, fue un año excepcionalmente activo. Hicimos un repaso y una fusilada en toda regla a los grandes y pequeños fracasos económicos del cine en 2.016, el año que pareció cambiarlo todo en la gran pantalla, en la serie 2.016: El año de las Summer Bomb Busters. Nos atrevimos a postular la docena de personajes que nos parecen los más importantes de la Historia Universal, en Los doce personajes de mayor impacto en la Historia Universal, justamente. Le dedicamos una serie de tres posteos a Jack Kirby, en atención al centenario del ínclito, aunque no parece haber tenido tanta repercusión, lo que es una lástima porque creo que es la serie de posteos que me quedó más lograda, de las publicadas en 2.017. También publicamos 40 actrices en peligro de no comerse al mundo antes de sus 40, acerca de cómo la maquinaria propagandística de Hollywood es como Saturno devorando a sus hijos... justo antes de que estallara el escándalo Weinstein y todo eso, y las implicaciones de la propia serie se hicieran bastante más siniestras. Puntería para meter la pata, eso es lo que tengo de sobra. Y también tuvimos espacio para recordar el medio milenio del inicio de la Reforma Protestante, en aquel lejano Octubre de 1.517, en una serie de posteos que quizás no me quedó tan redonda como quería, pero tampoco estuvo tan mal, y es otra lástima que pasara también un tanto sin pena ni gloria.

También ha sido un año activo, ya lo decíamos, en materia de blogoseries. Así, partimos el año con Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta, el reboot de la mítica franquicia. E Infra Terra: Entronización, la precuela de la otra mítica franquicia. Y Marbod el Bárbaro: Imago Dei, la secuela de esa tercera otra mítica franquicia. Luego de lo cual, nos abocamos a resucitar de entre los muertos a Bastión Esperanza, blogoserie que había quedado interrumpida en Diciembre de 2.015, y cuya continuación hemos venido publicando desde mediados de 2.017.

¿Y qué se viene para la Guillermocracia en 2.018? Por lo pronto, aprovechamos de anunciarlo: Así como lo hicimos respecto del cine en 2.016, repetiremos el evento de preguntarle a los lectores de la Guillermocracia sobre qué les pareció el cine de 2.017. Los detalles sobre esto, a publicarse en algunos días más. Y no nos hemos olvidado de las blogoseries. Hay tres proyectos que están pendientes y en carpeta. Uno de ellos, el más obvio, es continuar los capítulos de Bastión Esperanza. Los otros dos son las prometidas y tantas veces postergadas ¡¡¡BLOGOSERIE A LA CARTA!!!, y la segunda miniblogoserie ambientada en el universo de Corona de Amenofis.

De manera que la Guillermocracia sigue adelante. O esa es la idea, por lo menos. ¡Quieran los manes de la racionalidad y el empirismo, seguir iluminando y dándonos fuerzas para seguir bregando en esta empresa! Sólo resta agradecer a los lectores, a quienes han comentado, a quienes han compartido enlaces en las redes sociales, etcétera, por la fidelidad, y qué puedo decir, el nivel de los comentarios demuestra que aunque sean pocos, los lectores de la Guillermocracia son de calidad, y al final, eso es lo que cuenta, que para masas descerebradas están Twitter con sus hashtag contra Los últimos jedis, o Facebook y su interminable retahíla de fotos de "el almuerzo que me voy a comer". Ha sido un largo 2.017 el que ahora termina, y para el 2.018, los mejores parabienes a los lectores de la Guillermocracia, les desea el Director Supremo de la Guillermocracia, quien esto escribe. Hasta el 2.018.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Bastión Esperanza - "Varios planetas".

(Fuente).
Las circunstancias habían convertido actividades tan cotidianas como ducharse, en un calvario para Alba. En el baño, detrás de la cortina de la ducha, ella jabonaba su cuerpo, muy incómoda porque al otro lado de dicha cortina, dentro del mismo baño, estaba Jaana Särkkä, la agente del ESIE, siempre cumpliendo la misión que le habían asignado, de vigilar a Alba sin abandonarla ni a sol ni a sombra.

En un minuto, por reflejo nervioso, el jabón resbaló de las manos de Alba. Mientras lo recogía, soltó, con educación que no alcanzaba a cubrir todo su fastidio:

– ¿De verdad es peligroso que me duche sola?

– O te vigilo yo mientras te duchas, o lo hace Goswami – replicó Jaana Särkkä, con firme frialdad. Y luego añadió: – Tenemos órdenes, y las puedo cumplir yo, que soy mujer, o él, que es hombre.

– Ustedes, las gentes del ESIE, son demasiado duros – dijo Alba, con suavidad. Pero Jaana Särkkä no se tomó la molestia de responder.

Alba cortó el agua. Tomó la toalla, que había dejado colgada en la barra de la ducha, sin correr la cortina. Se secó, y luego extendió el brazo fuera de la ducha, buscando su ropa. Jaana Särkkä suspiró con algo de fastidio, y desviando la mirada en otra dirección, tomó la ropa y la puso en la mano de Alba. Ella dio las gracias, pero la agente del ESIE, una vez más, no respondió.

Alguien tocó la puerta del baño, por afuera, y se sintió una voz masculina, la de Goswami.

– Apareció el chico ése, Numerio.

Un rato después, ya vestida y fuera del baño, por supuesto, Alba recibió a Numerio. Ambos miraron a los dos agentes del ESIE, pero ni Goswami ni Jaana Särkkä hicieron amago de moverse.

– Lo que conversen, lo conversan delante nuestro – dijo Jaana Särkkä, con seriedad y cierta petulancia.

– ¿Por qué no te puedo encontrar vía menterminal? – preguntó Numerio a Alba.

– El Gobierno de Esperanza cortó mis comunicaciones – dijo Alba, con suavidad teñida por algo de tristeza. – Piensan que soy una especie de peligro, o algo.

– ¡Pero esto es injusto! – protestó Numerio. Y luego se dirigió a Janaa Särkkä y a Goswami. – ¡No tienen derecho a hacerle eso a Alba! ¡No tienen derecho!

Goswami dirigió la mirada hacia Jaana Särkkä, indeciso, pero ella no parecía querer reaccionar, de manera que Goswami optó por la misma solución, y se quedó quieto, impertérrito.

– Eso no importa, ya lo arreglaremos – dijo Alba. – ¿Qué pasa contigo? Te noto triste…

– Es que, Alba… no sé qué pasó. Estaba hablando con Millaray, y entonces… te vas a enojar conmigo.

– Te prometo que no me voy a enojar – dijo Alba. – Vamos, dime qué sucedió.

– Yo… empecé a insultarla, y… le dije que era fea, que no la quería, y… ¡Pero no fui yo! ¡Te lo juro! ¡Algo pasó, no sé qué, y… de pronto estaba diciendo todo eso! ¡Y no quería decirlo! ¡Te juro que no quería, no quería decirle nada malo! Ella, Millaray…

– ¿Y lo conversaste con ella?

– No quiere responderme. También traté de hablar con su hermana, con Lincopán, y… no pude. Parece que tampoco quiere hablar conmigo.

– Pero… no entiendo… por qué le dijiste…

– ¡Es que no fui yo! Es como… no sé… Era como si yo lo estuviera haciendo, pero en realidad no, yo estaba a un lado, sin poder controlar lo que hacía o lo que decía, y alguien más lo hiciera por mi…

Alba miró a Numerio. Aquello parecía la historia referida por un lunático, y sin embargo, Alba le creía. Numerio siempre había sido un buen chico y su conducta era intachable, tanto que sus compañeros de curso tendían a ser muy pesados con él, acusándole de ser poco menos que la mascota de los profesores. Y además, se le veía triste, muy triste, por lo acontecido. No podía estar mintiendo.

– Ya, no importa, Numerio. Ya veremos cómo arreglar eso. Te prometo que te voy a ayudar, ¿vale?

– ¿De veras? – preguntó Numerio, con su carita iluminándose.

– Por lo pronto, vamos a hacer otra cosa, para que se le olvide un poco todo esto. ¿Te gustaría ver si puedes ver al alienígena que capturamos? – preguntó Alba, con tono alegre para animar a Numerio.

– ¿Puedes hacer eso? – replicó Numerio, entusiasmado.

– Bueno, si pude subirte a la nave espacial Ganímedes, entonces… Vamos a ir a hablar con el profesor Higgins, y estoy seguro de que arreglará que te autoricen.

– ¡Un momento, Alba! – saltó Jaana Särkkä. – ¡Tú estás bajo vigilancia, por orden del Gobierno de Esperanza, y…!

– Entonces vigílame a donde voy – respondió Alba, con una muy educada suavidad, pero también con mucho aplomo, a través de un rostro mortalmente serio. – Si tienes algún problema con eso, entonces acompáñame. Pero ahora voy a viajar hasta donde se encuentre el profesor Higgins, y voy a tratar de que él gestione esta autorización, te guste o no. Y si no te gusta, entonces arréstame.

Jaana Särkkä miró a Goswami con un gesto que era a medias desconcierto y a medias fastidio. Luego soltó algo que podría haber sido un bufido, e hizo un gesto despectivo y petulante con la mano, a guisa de autorización.

OxxxOxOOOxOxxxO

Rantel había sido transferido al laboratorio del profesor Higgins, lugar en el cual tanto él como Sandrine trabajaban en las observaciones preliminares respecto de la tecnología a bordo de la nave alienígena, dentro de la cual había sido capturado Rantel durante la batalla en Ciudad del Progreso. Dicho lugar ya estaba reforzado, en términos de seguridad, por ser un laboratorio perteneciente a los militares y gestionado por éstos, pero ahora que Rantel estaba en su interior, las medidas se habían reforzado. El prisionero era simplemente demasiado valioso como para que le pasara algo, o como para que intentara escapar.

En el minuto, Sandrine y Rantel estaban trabajando en una sala, ella con su correspondiente traje NRBQ, acompañados ambos por una pequeña cohorte de robots. En la habitación contigua, el profesor Higgins conversaba con Alba y Numerio, siempre bajo la atenta vigilancia de los agentes del ESIE.

– ¿No tuvo problemas con el Comandante Luca, profesor? – preguntó Alba.

– El Comandante Luca protestó, bufó, se puso de mal carácter, pero al final, lo convencí de que un punto de vista externo, en particular de un niño con perspicacia, y sin la mente configurada como quienes hemos estudiado durante años, podía examinar el asunto sin ideas preconcebidas, y lograr algún avance en cómo nos comunicamos con Rantel – respondió el profesor Higgins.

– ¿Pero no se comunican con el… alienígena? – preguntó Numerio.

– A un nivel matemático, hemos conseguido construir un sistema de signos comunes con los cuales nos comunicamos ecuaciones. Gracias a eso, Rantel está explicándonos, muy lentamente, como funciona la nave arzawe que capturamos, y esperamos que eso también nos enseñe a manejar la tecnología arzawe a bordo de la nave espacial Ganímedes. Pero su idioma en sí, no lo entendemos, y él tampoco parece entender el nuestro. De manera que no sabemos casi nada sobre la historia de su especie, o sus planes, propósitos, cultura, sociedad, etcétera – explicó el profesor Higgins.

Numerio ya había estado expuesto a los patógenos arzawe y sufrido su infección, de manera que no precisaba de un traje NRBQ. Le hicieron ingresar, para conversar directamente con Rantel. La primera impresión del chico no fue favorable, en particular por el tono azul verduzco del alienígena, que le daba una apariencia algo putrefacta. Al verlo, Rantel manifestó algo que podía pasar como curiosidad, en su rostro hierático y casi sin expresiones, mientras que Sandrine soltó un suspiro de fastidio.

– Hola – dijo Numerio.

– Hola – respondió Rantel, habiendo aprendido por lo menos las reglas de uso de dicha palabra.

– Numerio – dijo éste, señalándose a sí mismo.

– Rantel – respondió éste, también señalándose a sí mismo.

Numerio miró en varias direcciones, tratando de buscar algo con qué seguir la conversación, y lo único que le vino a la mente, fue referirse a los robots que Sandrine había traído consigo.

– Robots – dijo Numerio.

– Robots – repitió Rantel.

Numerio tomó un robot de forma aracnoide, uno de los más pequeños, y lo acunó como si se tratara de un gatito regalón. Al ver el gesto hacia el robot, la usualmente seria Sandrine esbozó una sonrisa. Luego, llevado por el entusiasmo, Numerio olvidó que el alienígena no hablaba más que palabras sueltas, con suerte, y soltó una pequeña tirada acerca de lo interesante que era trabajar con robots.

Rantel respondió algo, en su propio idioma.

Numerio se detuvo en seco. Algo en el discurso de Rantel había llamado su atención. Meditó con detención, para ver cómo podía hacerle repetir lo dicho, y luego dio con la solución más obvia: repitió él mismo las palabras que había soltado, pero ahora mucho más lento, y modulando al máximo, mientras rogaba porque el alienígena entendiera lo que estaba haciendo.

Rantel pareció hacer lo propio, hablando también muy lento, en su propio idioma, y en apariencia, repitiendo lo mismo que él había dicho, palabra por palabra.

– Rant – murmuró Numerio, y luego se dirigió a Sandrine. – ¿Puedes proyectar una imagen en ese robot? ¿Una imagen de… un planeta o algo?

Sandrine suspiró, tratando de contener su fastidio, abrió lo que podría ser la nuca de otro robot aracnoide, y sacando una pantalla de ahí, mostró una imagen. Era el planeta Esperanza.

– No. No Rant – dijo Rantel.

Numerio abrió los ojos visiblemente. Si estaba entendiendo correctamente… de manera que tomó al robot con la pequeña pantalla en la nuca, y empezó a proyectar otras imágenes, también de planetas.

– Rant… no Rant. Rant… no Rant. Rant… no Rant – empezó a repetir Rantel, ante cada imagen.

– ¿Rant… no Rant?

– Rant – dijo Rantel, abriendo mucho los brazos para abarcar la mayor cantidad de espacio posible en un círculo. Y luego, abarcando con un círculo mucho menor, añadió: – No Rant.

El rostro de Numerio se iluminó. Lleno de entusiasmo infantil, agarró el robot aracnoide de Sandrine, sin pedirle permiso siquiera a la dueña, y salió corriendo de la habitación, deteniéndose lo justo para recordar sus modelos, y despedirse de Rantel.

– ¡Ya sé! – dijo Numerio. – ¡Ya sé cómo hablar con él! ¡Es tan fácil!

– Pero, Numerio… ¡Explícate! – dijo el profesor Higgins, desconcertado.

– Cuando dije algo, él me respondió algo. No sé qué, pero había una palabra, que era Rant. El se llama Rantel, ¿no? Creo que las palabras Rantel y Rant son… de algo, y creo que Rant es un planeta. Si tengo razón… entonces cuando nos dice que “Rant, no Rant”, nos quiere decir que esos planetas se parecen a Rant, pero no son Rant. Rant es un planeta como ésos, pero ninguno de ésos en particular, sino otro.

– Nos está explicando una relación de género a especie – dijo el profesor Higgins, recordando los gestos a través de los cuales Sandrine le había explicado a Rantel qué era tal clase de relación. – Y si Numerio tiene razón… entonces podría ser que existiera allá afuera un planeta llamado Rant, y que en efecto, Rant fuera el planeta nativo u originario de los arzawe…

つづく

martes, 26 de diciembre de 2017

40 actrices en peligro de no comerse al mundo antes de sus 40 (5 de 5).


Ahora que hemos llegado al final de esta épica serie de posteos, en que repasamos a varias actrices en la treintena cuyas carreras parecen en riesgo de no consolidarse antes de los cuarenta, edad limítrofe en la cual tienden a ser reemplazadas por otras guapas que vienen más atrás... les voy a hacer una confesión. Empecé a trabajar en esta serie de posteos, y a publicarla, antes de que reventara en la cara de todo el mundo la ristra de escándalos que comenzaron con acusaciones contra Harvey Weinstein, y luego, contra medio Hollywood. Lo que hace mucho más amarga la temática de esta serie de posteos. Porque hasta el momento hemos apostado a que las actrices en riesgo que incluimos en la lista, están en dicho riesgo porque no han calado en el público, no han tenido talento, han tenido mala fortuna eligiendo papeles, pero... ahora sabemos que el famoso casting couch estaba mucho más extendido de lo que pensábamos. Así es que, ¿cuántas de estas actrices vieron naufragar sus carreras también porque no les dieron pasadas a ciertas gentes de Hollywood, y ellos, en represalia, les negaron sistemáticamente los roles jugosos o las sabotearon por todo lo alto? Misterio. Por el minuto asumamos otra cosa, aunque sea porque nadie debería ser condenado sino por sentencia judicial ejecutoriada, dictada por tribunal competente y anterior a los hechos, por delitos tipificados de antemano en la ley, y pronunciada más allá de toda duda razonable. Pero, aún así...


33.- Amanda Bynes (3 de Abril de 1.986).

Llegamos hasta uno de los casos más tristes de la nómina. Porque no podemos menos que reirnos cruelmente cuando tenemos a una starlet cuyas ambiciones superan de lleno a su talento, o alegrarnos cuando en realidad no se trata de un fracaso, sino más bien de buscarse la veta en territorios alejados de la primera línea del estrellato por un tema de pura y simple satisfacción personal. En cambio, lo de Amanda Bynes tiene más bien que ver con... veamos. Ella partió en las tablas, como actriz aficionada, antes de ir escalando posiciones en la televisión hasta llegar a The Amanda Show, entre 1.999 y 2.002. Pero su gran impulso lo recibió emplazándose como la siguiente gran actriz juvenil, con Una chica en apuros de 2.006. En 2.007 recibió un nuevo espaldarazo gracias a la comedia musical Hairspray, al lado de un John Travolta travestido. En 2.010 por su parte destacó en un rol secundario de Se dice de mí, protagonizada por Emma Stone. Películas quizás no de primera fila, pero que le dieron esa notoriedad necesaria para dejarse caer de lleno en las grandes ligas.

Y aquí es en donde, en realidad, nadie sabe al ciento por ciento qué sucedió. Primero anunció que se retiraba de la actuación, sólo que... no se retiraba. Luego fue arrestada por conducir en estado de ebriedad. Y luego viene lo realmente bueno. O lo realmente malo, en realidad. La arrestaron bajo acusación de iniciar un incendio en la casa de un extraño, lo que le valió evaluación psiquiátrica primero e internación después, además de ser privada de la administración de sus bienes, la que fue confiada junto con su cuidado personal a su madre. Los lectores de la Guillermocracia ya me conocen, y seguro esperan que me deje caer con algún sarcasmo, pero la verdad es que no, porque todo esto es demasiado triste como para soltar algún chascarrillo idiota. Andando el tiempo, eso sí, parece que las cosas han ido mejorando. En 2.017, por lo menos, esta chica anunció su regreso a la actuación, aunque sólo en televisión, parece ser. Lo que decíamos al comienzo de esta serie de posteos: no todas las caídas en desgracia de chicas promovidas por el hype publicitario, son para tomárselas a guasa.


34.- Leighton Meester (9 de Abril de 1.986).

Estamos frente a otro caso de chica que tenía las papeletas para despegar... pero se desinfló sin demasiado ruido. Partamos con una anécdota: fue criada por los abuelos en los primeros años, porque su madre la parió mientras estaba en prisión. O mejor dicho, la sacaron de prisión, dio a luz en un hospital, la tuvieron bajo custodia en los primeros meses de la chica, y luego la mandaron a prisión de nuevo, a terminar de cumplir sentencia por tráfico de marihuana. Su carrera partió de la manera habitual: pequeños roles en televisión, usualmente como invitada especial en uno o dos capítulos de tal o cual serie. Incluyendo 24, de entre todos los lugares, en donde duró cuatro capítulos antes de que (spoiler) acabara envenenada; eso lo menciono sólo para incluir el enlace al antiguo posteo de la Guillermocracia, por supuesto. Finalmente en 2.007 acabó por arribar a Gossip Girl, de manera tan exitosa que casi terminó robándole el estrellato a Blake Lively, que supuestamente era la protagonista. Transformada en uno de los dos grandes rostros de una de las más exitosas series televisivas de su momento, Leighton Meester estaba lista para... ya sabemos. Dar el gran salto.

Y el saltón se convirtió en estrellón. En 2.011 interpretó a la psicópata de Peligrosa compañía, una especie de remake no oficial de Mujer soltera busca en ambiente de campus universitario que pasó sin pena ni gloria. También acompañó a Selena Gomez en Montecarlo, la gran comedia adolescente de 2.011 que no llegó a ser así de grande. En 2.012 se subió a Ese es mi hijo, comedia, o eso dicen, protagonizada por Adam Sandler, que suele ser considerada como el momento en el cual el público maduró lo suficiente como para empezar a darle la espalda al cómico, o eso dicen. Después de algunos años de travesía por el desierto, fue reclutada en el elenco de Making History de 2.017, serie de televisión que se subió al carro de los viajes en el tiempo, que se hizo moda televisiva por alguna razón. Resultado: cancelación después de apenas una temporada. Quizás porque la idea de viajeros en el tiempo durante la Guerra de Independencia de Estados Unidos, como que deja un poco frías a las audiencias extranjeras. Lo que sumado a una premisa de Ciencia Ficción y a que es la cadena FOX, conocida por su temible hacha a la hora de cancelar series, terminó de sellar el negocio. Y remataremos con el chiste fácil de rigor: para Leighton Meester, la actriz de Making History, el tiempo de hacer historia se agota...


35.- Megan Fox (16 de Mayo de 1.986).

Así a lo tonto pasa el tiempo sin que nos demos cuenta, y ahora en 2.017 se cumplieron diez años desde el estreno de Transformers, la adaptación en carne y hueso y CGI de los míticos comerciales de media hora para los juguetes transformables de Hasbro. Y con dicha adaptación tuvimos a la enésima starlet de la máquina propagandística de Hollywood: Megan Fox. La chica hizo historia con su clásica pose de pin-up, abriendo el capó de un vehículo en una manera que ojalá nunca me toque verla en un adiposo y sudoroso mecánico de verdad, por el bien de mi sanidad mental. Para esas fechas, en 2.007, Megan Fox ya tenía una carrera televisiva más o menos nutrida, incluyendo un rol recurrente en una sitcom llamada Hope and Faith. Pero Transformers la puso en el mapa. De actuar, poquito, pero de verse guapa, eso mucho. Todos recordamos el enorme hype que se construyó a su alrededor, y... El estrellón posterior fue bastante humorístico, si me preguntan.

Luego de rodar Transformers: La venganza de los caídos, la secuela de Transformers, Megan Fox tuvo la poca delicadeza de comparar el estilo de dirigir de Michael Bay con Hitler, lo cual motivó la ira del productor Steven Spielberg, que no en balde rodó La lista de Schindler, y... el personaje de Megan Fox fue reemplazado por otro interpretado por Rosie Huntington-Whiteley, que no era actriz sino modelo de Victoria's Secret, para que le tomemos el molde, y además su apellido siempre me recuerda a la corea de Huntington, no sé por qué. Como sea, Megan Fox era libre para volar hasta lo más alto... y se mandó dos estrellones sonados y sucesivos, a falta de uno, con Diabólica tentación primero, la misma película que fue la primera palada en el agujero de Amanda Seyfried, y con Jonah Hex después. Huelga decir, Megan Fox nunca ha vuelto a recuperar su sitial como superestrella fílmica en Hollywood, aunque consiguió unos minutitos más de fama interpretando a April O'Neil en el reboot de todavía otra franquicia ochentera, en concreto las dos entregas de las Tortugas Ninja. Y considerando que la taquilla de la segunda fue bastante deslavada, es poco probable que llegue a haber una tercera. No sin una reducción de presupuesto, o salto a telefilme, o quién sabe qué. Y a saber si con la Fox a bordo.


36.- Kat Dennings (13 de Junio de 1.986).

Siendo una de las más jóvenes de la lista, y contando a sus espaldas con el coprotagonismo de una serie de televisión más o menos longeva, podríamos afirmar que Kat Dennings se mantiene flotando a salvo, y podría llegar a dar el pelotazo, aunque por ahora los prospectos son... escasos. La chica empezó a construir una base a la manera moderna: combinando pequeños roles actorales aquí y allá, generalmente en televisión, con su actividad como bloguera primero, y videobloguera después. Por lo que, ya saben ustedes: a lo mejor, andando el tiempo, como bloguero acaban contratándome para el Universo Cinemático Marvel a mí también, por qué no. Aunque para esos años, ya voy a tener edad suficiente para interpretar al Tío Ben... pero me estoy desviando aquí. Fue en 2.011 cuando Kate Dennings dio de que hablar a lo grande por primera vez, cuando su personaje, la amiga de Natalie Portman, se transformó en uno de los aspectos mejor recibidos de la por otra parte divisiva Thor, incluyendo la escena en donde suelta con todo desparpajo su pregunta: "¿Miau-miau?" cuando le refieren sobre el martillo... ése martillo, como se llame. Además, la contrataron para coprotagonizar 2 Broke Girls, serie de televisión que nunca se transformó en un verdadero clásico, pero que sí mantuvo una base leal de fanáticos, y de donde salieron los cheques a lo largo de seis temporadas entre 2.012 y 2.017.

Pero aparte de eso, y de ciertas fotos caseras en donde aparecía medio desnuda y que supuestamente se filtraron, ¿alguien más recuerda otra cosa que haya hecho Kat Dennings? Yo sí. En 2.005 hizo un curioso pinito interpretando a la hija adolescente del interés romántico del protagonista de Virgen a los cuarenta, pero claro, hablamos de media década antes de hacerse famosa. ¿Y después? Vale, apareció en Thor: Un mundo oscuro, en parte por la popularidad de su personaje, pero a dicho personaje lo metieron casi con calzador en la trama. De hecho, en la tercera de Thor ni la sacan a escena siquiera. Y, ¿alguien recuerda cómo se llama el personaje? No, no vale consultar IMDb o la Wikipedia, eso es trampa. Y hablando de trampas. Creo que la trampa mortal en la que cayó Kat Dennings, es el fanservice. Porque todos la recordamos por un muy bien puesto par de atributos, y eso ayuda a que nos olvidemos que es una comediante de mucho talento, que podría dar mucho más de sí. Empero, con apenas 31 años cumplidos en 2.017, y aunque el reloj ya empieza a marcar un impaciente tic-tac, tiene algunos años por delante para terminar de concretar esa promesa que podría llegar a ser. Total, cosas más raras se han visto en este mundo.


37.- Lindsay Lohan (2 de Julio de 1.986).

Todos conocemos este caso, y es realmente trágico. Lindsay Lohan ya apuntaba maneras como actriz infantil en Sopa de gemelas de 1.998, remake de una película de 1.961. Pero fue otro remake, Un viernes de locos de 2.003, la que la puso en la pista de lanzamiento, en un rol originalmente interpretado por Jodie Foster, nada menos. Y luego, la comedia Chicas pesadas de 2.004 representó su consagración como la nueva actriz revelación, y sobre la cual hablábamos a propósito de Amanda Seyfried. Su fama aguantó incluso su paso por Herbie: A toda marcha, el fallido intento de 2.005 por rebutear la franquicia de Cupido Motorizado, tan olvidada que sólo ha salido una vez acá en la Guillermocracia, a propósito de San Francisco. Eso, además de una carrera musical brevísima y hoy en día misericordiosamente olvidada. Y luego... el desastre.

Tenemos en primer lugar las muy cuestionables elecciones de roles que remataron en dos Premios Razzie por I Know Who Killed Me en 2.007, uno como Peor Actriz y otro como Peor Pareja (¡interpretando a dos hermanas gemelas!) apenas tres años después de Chicas pesadas. Luego está su comportamiento de diva que le dio fama de intratable en el set de rodaje. Y en tercera, por una bola de historias de toques parranderos, toxicómanos y sáficos que le hicieron mucho mal a su reputación. En 2.010 intentó volver al candelero con un rol en Machete, y si bien Machete engendró una secuela... nada pasó con Lindsay Lohan. Estuvo a punto de interpretar a Linda Lovelace, la famosa actriz pornográfica, en un biopic que al último fue protagonizado por Amanda Seyfried, su antigua compañera de reparto en Chicas pesadas. Y en 2.013 decidió jugarse el todo por el todo y marchó a hacerse un nombre como musa indie, desnudos incluidos, en The Canyons. Adivinen cómo salió eso. El catastrófico 2.016 que nos trajo el Brexit, el Presidente Trump, y la muerte de David Bowie y Carrie Fisher, nos trajo también la noticia de que Lindsay Lohan estaba estudiando el Islam, además de cortarse un dedo en un insólito accidente de bote, para que el mundo no deje de ser el lugar raro que es. Bueno, el dedo se lo pegaron de nuevo, para mayor gloria de Alá y la cirugía occidental, en la medida que corresponda a cada uno. Lo que suceda en adelante con la Lohan es, por supuesto, un continuará incluso más fascinante que los de Bastión Esperanza.


38.- Ashley Greene (21 de Febrero de 1.987).

El éxito multitudinario e inesperado de cierta película de presupuesto modesto llamada Crepúsculo, le dio fama y estrellato instantáneo a prácticamente todo su elenco. Por supuesto, muchos son los llamados pero pocos los elegidos, y capitalizar el éxito les ha resultado un tanto cuesta arriba: Robert Pattinson ha luchado por ser tomado en cuenta como actor serio, Kristen Stewart acabó por no consagrarse como estrella de blockbusters aunque parece haberse reinventado con cierto éxito en el cine indie (actuó para Woody Allen en 2.016, por más señas), Taylor Lautner intentó convertirse en the next best thing y fracasó miserablemente en el empeño, y en general, sólo Anna Kendrick parece haber logrado hacerse de un hueco, no como superestrella, pero sí al menos teniendo trabajos constantes y de cierto perfil. Y luego está Ashley Greene. Una de las chicas revelación del elenco, la que probablemente acaparó todas las portadas de revistas de fotos con harta piel, y que no son National Geographic.

La chica decidió promocionarse a través de un camino ya recorrido antes por otras actrices: mostrar figura tonificada. En 2.010 dio algo de que hablar, posando desnuda y con pintura corporal para una campaña de SoBe; por esos años también se filtraron fotos amateur de ella en topless, aunque como de costumbre, siempre flota la duda acerca de qué tan casual sea la filtración. Pero la Historia ha probado una y otra vez que esta jugada es arriesgada porque, si bien asegura visibilidad, también obliga a demostrar de inmediato que es una actriz capaz de cargar una producción sobre sus hombros, o quedará encasillada para siempre como otra cara bonita sin talento. Y esa producción que ella debería cargar sobre sus hombros... nunca llegó. De actuar, siguió actuando, pero en ninguna producción que diera de qué hablar. ¿Falta de proyectos con enjundia? ¿Malas elecciones de papeles? ¿Simple falta de talento? ¿Algún productor enrabiado porque...? Quién sabe. Como sea, ya va casi una década desde que Ashley Greene dio de que hablar por primera vez, y por lo visto, salvo alguna resurrección espectacular de carrera, parece que la chica va más destinada a la sección de "¿qué ha sido de...?", que a las primeras noticias de algo. ¿O acaso alguien recuerda otra película de ella, aparte de la saga de los vampiros con chispita? ¿No? Yo tampoco.


39.- Brooklyn Decker (12 de Abril de 1.987).

Uno de los movimientos de pinzas más clásicos para las modelos de pasarela y bikini, es moverse desde ese mundillo hacia la actuación. Es lógico: las modelos, a los veinte ya deben estar dando de qué hablar si quieren contratos, a los veinticinco ya están en la cima, a los treinta todavía destacan pero ya sienten el aliento de la competencia más fresca y joven en el cuello, y a los treinta y cinco ya es mejor que vayan pensando en colgar el bikini. En cambio, como actrices, pueden llegar hasta el Oscar; esto último no es exageración, y si no, díganselo a Jessica Lange o a Kim Basinger. Y si no da para Oscar, al menos hasta alguna franquicia de acción con zombis. O hasta películas de serie B para Sci-Fi Channel, que no serán obras de arte, pero que pagan cheques con los cuales comer. Brooklyn Decker intentó derivar hacia la actuación. Trabajo como supermodelo no le ha faltado: fotos para Cosmopolitan o FHM, la sección de bikinis de Sports Illustrated, desfiles para Victoria's Secret, apariciones como la chica sexy en tal o cual videoclip... Si llegaba a saltar al mundo de la actuación, publicidad no le iba a faltar. Y de hecho, no le faltó. Lo que sí faltó fue... no sé. Díganme ustedes.

Primero, la Decker logró un rol, luciendo bikini por supuesto, en Una esposa de mentira (Just Go With It) de 2.011, escoltando a Adam Sandler y Jennifer Aniston. Luego, otro rol de apoyo, ahora en Batalla naval (Battleship) de 2.012, en donde por supuesto no es que ninguno de los involucrados necesitara un mínimo de talento para actuar. Y finalmente, Qué esperar cuando estás esperando, también de 2.012, y también en un rol de apoyo. Sólo la primera de las películas califica más o menos para éxito de taquilla, y aunque no es que se pueda culpar del fracaso a Brooklyn Decker, habida cuenta de que en las tres hacía roles secundarios, no cabe duda de que, considerando que se la promocionó a ella en conjunto con el resto, su carrera debe haber quedado un poco tocada. Desde entonces, trabajo actoral no le ha faltado, ni en cine ni en televisión, así es que siendo bien justos, es claro que el salto, de darlo, consiguió darlo. Pero ya no se la promociona como reclamo publicitario para que el público vea esa película o serie de televisión, la que esté de turno promocionar, como sucedió en su minuto.


40.- Mara Wilson (24 de Julio de 1.987).

El caso de Mara Wilson, con treinta cumplidos en 2.017, también es de los que duelen. Es posible que a ustedes no les suene el nombre, lo que es probable porque su carrera actoral fue corta, realmente corta. Y ella misma decidió retirarse, por una serie de motivos. Su estreno actoral fue a lo grande, nada menos que como hija del llorado y recordado Robin Williams en Papá por siempre, de 1.993. Luego fue elegida para Milagro en la calle 34, remake de un antiguo clásico navideño, porque los remakes existen desde que el cine es cine, montón de quejicas. Y en 1.996 protagonizó Matilda, la película que probablemente acabe siendo su rol más recordado. Entre medio actuó en un rol secundario de Melrose Place, porque hay cuentas que pagar. Por supuesto, Mara Wilson es una de las más exitosas actrices infantiles de la década de 1.990, pero sobre dichos actores infantiles siempre planea la duda acerca de si conseguirán hacer la transición hacia roles de adulto sin desaparecer de las pantallas.

Y en el caso de Mara Wilson, no sucedió así. Primero, su madre fue diagnosticada con cáncer mamario cuando la Wilson tenía siete años; luego de un año de tratamiento, la madre falleció cuando la hija tenía ocho. Como reacción, la chica sólo quiso regresar a lo que pudiera llamarse como una niñez normal, aunque eso significara dejar de lado la actuación. Todas esas presiones cristalizaron en trastorno obsesivo compulsivo, ansiedad, ataques de pánico... Tampoco ayudó que mucha gente empezó a identificarla tanto con Matilda, que ella empezó a cobrarle tirria al asunto. Finalmente, hastiada de la actuación, se retiró, salvo por alguna aparición ocasional aquí y allá, más como favor personal a algún amigo que por dinero. Y se volvió a la escritura, en donde parece sentirse más satisfecha. Por cierto, si crecieron con Matilda y tienen ganas de que yo les arruine la infancia: en el año 2.016, ya cerca de la treintena, luego del tiroteo en una disco gay en Orlando, Florida, y como apoyo a la comunidad LGBT... Mara Wilson salió del armario. Bueno, a lo mejor no les arruiné la infancia, sino que se las hice más... interesante, yo no voy a ponerme a juzgar esas cosas.


Y por supuesto, el tiempo sigue pasando, y la maquinaria de producir estrellas que es Hollywood sigue girando. En el brete que describimos para las cuarenta bellas que acaban de pasar, estuvieron otras actrices que hoy en día están por sobre la cuarentena, y antes, las que están sobre la cincuentena, y antes... Y para el otro lado, ya tenemos una constelación de chicas en la veintena que están embarcadas en la misma carrera de ratas por llegar a ser la más grande y la mejor. ¿Quién llegará, quién quedará por el camino? Quizás de aquí a diez años más, si para esas fechas sigue existiendo la Guillermocracia...

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